Hegemonía y Guerra

Teorías sobre los conflictos bélicos

Imagen: los asistentes a la Conferencia de Yalta en febrero de 1945, Winston Churchill, Franklin D. RoosveltIósif Stalin. La conferencia marcó el fin de la II Guerra Mundial, la más reciente «guerra hegemónica» en la que el liderazgo mundial pasó del Reino Unido a los Estados Unidos de América. Fuente.

El conflicto bélico ha existido entre los seres humanos desde que existen estados, incluyendo las primeras ciudades-estado, la forma territorial más pequeña (aproximadamente en el año -4000). La primera guerra de que se tiene constancia sucedió en -2450 entre las ciudades de Lagash y Umma, en Sumeria.

La violencia antes del estado era frecuente, la gran mayoría de sociedades entablaban conflictos violentos entre ellas habitualmente y en muchos casos de gran crueldad (Jebel Sahaba, por ejemplo, en -13000 o Naturuk en -8000). Pero el nivel de organización, los recursos movilizados, el número de combatientes, las motivaciones y los intereses de los instigadores diferían bastante.

En esta entrada por hegemonía entendemos la preeminencia de un estado en el orden internacional capaz de modificar las leyes, políticas y economía mediante la diplomacia, la coerción o la persuasión. Usualmente la existencia de un estado hegemónico favorece la estabilidad y el desarrollo económico en el ámbito global, pero no siempre es así. Para alzarse como poder dirigente un estado necesita una gran capacidad militar y una economía floreciente que además le permita el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Desde que el sistema mundial se estableció durante el siglo XVI ha habido diversos estados hegemónicos que han liderado la política internacional. Durante el siglo XVI la España de los Habsburgo marcaba el paso a seguir en Europa y la colonización y dominio de América, en el siglo XVII los Países Bajos gracias a la creación de la economía financiera, su comercio e incipiente industrialización lograron controlar los flujos económicos mundiales, en los siglos XVIII y XIX Gran Bretaña recogió el testigo dominando el tráfico marítimo y la producción industrial, así como colonizando gran parte del planeta, en el siglo XX los Estados Unidos de América han ejercido el control de las instituciones políticas y económicas y el poder militar. Actualmente ese liderazgo podría estar en peligro debido al crecimiento económico y militar de China.

Todos estos liderazgos no han sido incuestionados ni han sucedido sin oposición. Normalmente un poder hegemónico pierde competitividad a medida que sus logros tecnológicos y organizativos se difunden entre el resto de países gracias a que previamente ha presionado para la abertura de mercados y de esta manera poder entrar en ellos y dominarlos. Esto produce un coste menor para otros estados que pueden incorporar esos logros de forma barata y usar el resto de recursos para crear innovaciones. Además el coste militar de mantener la hegemonía resulta en contra del líder, lo que favorece el surgimiento de un poder antagónico alternativo. Es común que el hegemon se vea amenazado y se torne hacia políticas proteccionistas creando a su vez menor competitividad y, finalmente, es posible un conflicto bélico internacional por ver cuál de los poderes se alza con el liderazgo. Paradójicamente no suele ser el aspirante quien es el nuevo hegemon si no un país aliado de similar ideología, pero que no se ha desgastado enormemente en la guerra.

Países que han sido aspirantes a liderar la hegemonía han sido el Imperio Otomano durante el siglo XVI, Suecia durante el siglo XVII, Francia durante el siglo XVIII o Alemania durante el XIX. Grandes guerras resultantes de los conflictos por la hegemonía en el pasado han sido la Guerra de los Treinta Años, las Guerras Napoleónicas y las dos Guerras Mundiales, por ejemplo. Otros estados a tener en cuenta en la carrera por la dominación han sido, y actualmente siguen siéndolo, Rusia, Japón y China. La guerra por tanto es consecuencia de una transición en el liderazgo mundial conducida en mayor parte por diferencias en el desarrollo económico.

power-cycle
Gráfica que muestra el porcentaje de poder de las principales potencias desde el siglo XVI por Doran (1965-1993). Se basa en el personal militar, el consumo de energía, la producción de hierro y acero, la población urbana y la población total de cada estado. Fuente.

Existen numerosas corrientes y teorías que intentan explicar el porqué de las guerras, el alzamiento de poderes hegemónicos y las idas y venidas de los diferentes estados. Lo expuesto hasta ahora corresponde en parte a la teoría de Gilpin de Transiciones Hegemónicas, la teoría de Ciclo Largo de Modelski, el Sistema-Mundo de Wallerstein, los ciclos de Kondratieff y la Teoría de Poder Relativo de Doran. Vamos a verlas con un poco más de detalle.

Teoría de Transición Hegemónica

La teoría de Robert Gilpin es muy parecida a la teoría de Transición de Poder de Organski (1968). Ambas se centran en explicar los conflictos entre los estados principales del sistema mundial por el liderazgo, las mencionadas guerras por la hegemonía más arriba. Estas guerras, como decíamos, se caracterizan por el conflicto entre un hegemon y un aspirante por el liderazgo mundial. Gilpin se centra más en los aspectos políticos y de prestigio que no en los económicos, aunque reconoce la importancia de factores materiales como la población, el PIB o la tecnología. El problema de la teoría de Transición Hegemónica radica en que no siempre la existencia de un poder fuerte favorece la estabilidad del sistema y por tanto no es la inestabilidad la que provocaría el conflicto, dejando sus hipótesis no probadas.

Teoría de Ciclo Largo

Modelski y Thompson desarrollaron esta teoría en 1989 que se basa en tres subsistemas mundiales: político, económico y cultural. Aunque consideran el sistema político mundial prácticamente anárquico apuntan que la existencia de un poder dominante, el hegemon, permite ordenar ese sistema. La teoría establece una alternancia cíclica entre los líderes del sistema político, empezando cada ciclo con una guerra global por la hegemonía. Esta teoría da mucha importancia al poder militar, particularmente el marítimo. Cuando el hegemon empieza a declinar se empieza a su vez a generar desorden en el sistema lo que conduce a un conflicto por la hegemonía. Los ciclos que mencionan suelen tener una duración de aproximadamente 100 años. La inestabilidad patente durante los periodos de hegemonía al igual que grandes conflictos entre grandes estados durante los supuestos periodos de estabilidad provocan que esta teoría tampoco sea totalmente adecuada para explicar los conflictos bélicos y la hegemonía mundial.

Teoría de Sistema-Mundo

Wallerstein (1974) se basa en la desigualdad económica y la dependencia para explicar los conflictos bélicos, aunque la teoría no se centra en explicar la guerra. El sistema mundial es caracterizado también como anárquico y competitivo, lo que impide a un solo poder controlar toda la economía. Esto conduce a la división internacional del trabajo dentro de un sistema capitalista dividendo los estados en tres grupos el centro, la periferia y la semi-periferia.

El hegemon sería un estado del centro que tiene una posición de dominio, normalmente por poseer determinado tipo de industrias, tecnología y alta atracción de capitales que le permite imponer determinadas normas internacionales. Como mantener la hegemonía resulta en altamente costoso en gastos militares y de gestión invariablemente el estado hegemónico perderá competitividad verso a otro estado central, además la subida del nivel de vida hará huir la inversión de capital a otro estado más barato gracias al libre mercado. Las innovaciones, como ya hemos comentado, serán copiadas sin posibilidad de evitarlo. La guerra será el medio de abrir mercados y la manera de plasmar los cambios producidos por esta redistribución del poder.

La teoría, junto a Christopher Chase-Dunn, propone una alternativa para evitar las guerras por la hegemonía y el control de recursos: un sistema mundo socialista de economía racional y liderazgo global mediante un gobierno planetario, federalista y democrático. La teoría de Wallerstein flaquea al no tener en cuenta factores culturales o ideológicos a la hora de predecir los conflictos, lo que impide que sea totalmente fiable por sí sola.

Teoría de Ciclos de Kondrátiev

Goldstein en 1988 desarrolló la teoría económica de Nikolái Kondrátiev (1920) y esta ha sido incorporada tanto en la Teoría de Ciclo Largo como en la de Sistema-Mundo. Kondrátiev aseguraba haber observado una serie de ciclos económicos de unos 50 años de duración en la economía de países capitalistas que se correlacionaban con cambios en la economía mundial y con las guerras más importantes. Cuando en un estado se produce un crecimiento económico la necesidad de abrir mercados y de materias primeras conduce a conflictos con otros estados para permitir crecer a sus empresas que se verían constreñidas si no fuera así.

Teoría de Ciclo de Poder Relativo

Esta teoría fue desarrollada por Charles Doran (1963) y su principal aportación es tener en consideración no el poder absoluto de un estado como factor determinante de su posición en el sistema global, sino su poder relativo a otras potencias. Por ejemplo la Francia de 1914 era mucho más poderosa que la de 1850, pero quedaba eclipsada por una Alemania en auge. Seguidamente Doran añade que esa posición es cíclica a través de varias etapas de crecimiento, maduración y declive, y este ciclo está influido mayormente por un crecimiento desigual entre los estados. La posición en el sistema de poder y en el ciclo determinaría la política a seguir de cada estado en un momento dado. Así pues, la guerra es más probable que suceda cuando un estado llega a ciertos momentos críticos del ciclo, estos momentos aparecen de forma abrupta y no son predecibles con lo que la reacción del estado a estos momentos de cambio puede ser exagerada. Los cambios que se producen son fundamentalmente en la posición relativa de poder y en el papel del estado dentro del sistema internacional, como estado hegemónico, aliado o aspirante, por ejemplo.

Doran establece que la guerra es producto de las decisiones en esos momentos críticos a partir de las expectativas del estado de cuál será su papel en el futuro, normalmente extraídas de su papel en épocas anteriores. Al ser momentos impredecibles de alta inseguridad, junto a expectativas a veces irreales (por haber sido una gran potencia en el pasado, por ejemplo) y a posibles amenazas de pérdida de posición relativa o por necesidades del propio estado (económicas o sociales, por ejemplo) es muy probable que el estado se movilice para una gran guerra.

Entre 1989 y 2013 las posiciones en base al PIB de los mayores productores del mundo han cambiado para varios de los actores mundiales (Pepe, M. S. y Krolik, K., 2017), como se puede ver en la siguiente lista:

Posición                   1989                                    2013

  1.                          Estados Unidos                Estados Unidos
  2.                          Japón                                 China
  3.                          Alemania                           Japón
  4.                          Francia                              Alemania
  5.                          Italia                                   Francia
  6.                         Reino Unido                      Reino Unido
  7.                         Canadá                               Brasil
  8.                         Rusia                                   Rusia
  9.                         Brasil                                  Italia
  10.                         España                               India
  11.                         China                                  Canadá
  12.                         India                                   Australia
  13.                         Australia                            España

El Índice Compuesto de Capacidad Nacional (ICCN) de David Singer (1963) utiliza el gasto militar, el personal militar, el consumo de energía, la producción de hierro y acero, la población urbana y la población total. Posteriormente se han añadido el PIB y el porcentaje de gasto en defensa a los indicadores en algunas ocasiones. El ranking de poder mundial resultante sería el siguiente en 2007 (Fuente):

Posición              ICCN en 2007

  1.                          China
  2.                          Estados Unidos
  3.                          India
  4.                          Japón
  5.                          Rusia
  6.                          Brasil
  7.                          Alemania
  8.                          Corea del Sur
  9.                          Reino Unido
  10.                          Francia
  11.                          Italia
  12.                          Turquía
  13.                          Pakistán

La tendencia actual marca un ascenso de China claramente a una posición relativa de poder mucho mayor de la que ha tenido en las décadas pasadas junto a un Japón con un crecimiento mucho más moderado, pero en ambos casos superando a los EUA en porcentaje del poder relativo en 2014 y 2030 respectivamente (Kyssane, 2005). Cuáles serán las decisiones que tomen los diferentes actores no podemos saberlo, pero está claro que la hegemonía mundial de los Estados Unidos de América se ve amenazada por un estado como China con capacidad económica, militar y tecnológica suficiente para ser el nuevo hegemon del siglo XXI. Si habrá conflicto o no dependerá de las decisiones que se tomen en los puntos críticos que nos encontremos. Y en caso de haberlo, ¿resistiría China el conflicto? ¿Tomaría Rusia la hegemonía como aliada de la aspirante asiática? ¿Sería Japón el nuevo hegemon si venciera el bando estadounidense? ¿Será India un freno para China por su influencia regional? Las repuestas las veremos en las siguientes décadas.

Kyssane, D. (2005): «2015 and the Rise of China: Power Cycle Analysis and the Implications for Australia» en Security Challenges Vol. 1 (1), pp. 105-121.

Pepe, M. S. y Krolik, K. (2017): «Using Power Cycle Theory and Role Realignment Theory to Recognize the International Roles of China and the United States» en International Journal of Business and Social Science Vol. 8 (4), pp. 20-28.

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