El Absolutismo (I)

Francia – el Poder Real

Imagen: palacio de Versalles y parte de la orangerie del palacio en 2015. El Estilo Luis XIV o Clasicismo francés glorificaba el reinado del monarca, aunque enmarcado dentro del Barroco las influencias del Clasicismo renacentista son muy patentes. Los jardines simétricos son muy característicos y en el caso de Versalles se organizan entorno a la estatua de Apolo, que representa al monarca, el Rey Sol, gobernando sobre la naturaleza.

Durante el siglo XVII se produce un fenómeno propio de esa época, conocido como Absolutismo. El Absolutismo proviene del Derecho Divino europeo de los siglos anteriores, por la cual un soberano gobierna por la voluntad de Dios. De esta manera el soberano no responde ante nada ni nadie y sus actos son una prolongación de la ley divina. Se produce por tanto un poder absoluto del monarca, aunque como veremos, con marcados matices. En las siguientes entradas veremos tres ejemplos del Absolutismo:

Francia – el Poder Real

Inglaterra – el Parlamentarismo

España – La Decadencia

Francia

El rey Luis XIV (1638-1715), el monarca absoluto francés, arrastraba los problemas derivados de las Guerras de Religión del siglo XVI, que se habían acabado con el Edicto de Nantes en 1598. El decreto establecía la libertad religiosa en Francia para aquellos seguidores de la fe protestante y reformista, aunque con limitaciones y sin eliminar del todo as persecuciones y levantamientos. Ya en 1629 el cardenal Richelieu había combatido y derrotado a los hugonotes bajo el reinado de Luis XIII. Para Luis XIV la libertad religiosa suponía un problema para la unificación social del país y por tanto intentó eliminar los efectos del Edicto tanto como pudo. En 1685 se derogó el Edicto de Nantes y la persecución de minorías religiosas se incrementó, con el cierre de iglesias y locales. Además de los hugonotes otras minorías importantes fueron los jansenistas.

La monarquía francesa inició su hegemonía en el reino a partir de decretos ley para poder recaudar impuestos sin tener en cuenta las decisiones de las cortes. La Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que se inició como una guerra de religión, se transformó rápidamente en una guerra por la hegemonía de Europa, lo que impulsó a las monarquías europeas a controlar cada vez más los aspectos económicos, políticos y militares de sus reinos.

También se realizaron políticas de racionalización en la recaudación de impuestos, que convivirían con las prácticas y los malos usos posteriores, que dejaban prácticamente exentos de pagar impuestos a la iglesia y la nobleza. Consecuentemente la carga impositiva recaía mayoritariamente sobre los más pobres. Las posibles revueltas campesinas (jaqueries) que se pudieran producir fueron aplacadas debido al estado económico de subsistencia de la población. Hambrunas generalizadas y pestes por toda Europa central y septentrional (desde el norte de Italia hasta los Países Bajos) produjeron mortandades hasta del 30% lo que evitó que se pudieran organizar revueltas significativas.

Jean Colbert (1619-1683) fue el valido del rey Luis XIV y propició importantes reformas económico-políticas enfocadas a dirigir la economía del país desde el gobierno. Utilizó a la burguesía mercantil enriquecida, de la cual formaba parte, para establecer el control del comercio y favorecer el enriquecimiento del país. Se crearon monopolios y se racionalizó la economía a partir de cinco grandes compañías mercantiles: la de Levante, la de las Indias Occidentales, la del Senegal, la del Norte y la de las Indias Orientales. Se incentivaron las manufacturas para evitar la inflación y el estilo de vida parasitario de la nobleza española, aumentando la productividad, y los productos franceses empezaron a competir con los mercados de Venecia y de Amberes. Por otra parte las campañas militares francesas fueron infructuosas, siempre luchando contra grandes coaliciones; a pesar de los esfuerzos de Colbert la corona se vería casi arruinada debido al enorme gasto militar.

El monarca también consiguió el nombramiento de los obispos por parte del rey, uno de los elementos de escisión de la iglesia anglicana, permitiendo la autonomía de hecho de la iglesia francesa del Vaticano y aumentando el control del rey sobre el territorio.

En 1671 se inició la construcción del palacio de Versalles. El palacio representaba el aislamiento del rey respecto a la corte de París, de sus nobles, sus burgueses y de la inestabilidad de la ciudad. También era una demostración de grandeza, una demostración de poder que consolidó con el traslado de la corte allí en 1682. La maniobra política de Luis XIV obligó a los nobles a dejar sus villas solariegas y sus tierras para trasladarse a la corte de Versalles, convirtiéndolos en cortesanos. De esta manera les quitó el poder militar y local a cambio del único poder que servía en la corte: el favor real. Versalles representa, en el campo de la cultura, el clasicismo francés, una referencia al poder imperial romano, el reflejo del aumento del poder del rey, un retorno al Imperio.

La iconoclastia

Imagen: mosaico de la iglesia de San Demetrio en Tesalónica mostrando al santo, el obispo y al eparca (siglo VII). La veneración de los santos locales fue el principal problema de la iconoclastia. Fuente.

León III el isáurico, stratega de Anatolia, se impuso como emperador tras las revueltas en los themas fronterizos durante 717. La dinastía isáurica tuvo muchos más problemas exteriores que sus antecesores heráclidas, sobre todo con los árabes y los pueblos del norte. Durante su reinado se produjo una apertura hacia el mundo eslavo y húngaro, principalmente con los rusos y el principal problema que tuvieron que gestionar fue la iconoclastia. La iconoclastia fue una querella intelectual y religiosa que dirigió la historia del Imperio Romano de Oriente durante un siglo. En el fondo escondía una pugna político-social y los esfuerzos de la dinastía isáurica por superar las crisis del siglo anterior y restaurar la eficacia política del emperador.

Primer periodo iconoclasta

               León III (717-741) – retira la imagen de bronce de Cristo del palacio imperial.

               Constantino V (741-775) – concilio iconoclasta en Hieria en 754.

               León IV e Irene (775-780)

Periodo iconódulo

               Irene (780-790) –  regente, II concilio de Nicea en 787.

               Constantino VI (790-797) – depuesto por su madre, Irene.

               Irene (797-802)

               Nicéforo I (802-811)

               Miguel I (811-813)

Segundo periodo iconoclasta

               León V (813-820) – concilio iconoclasta en Constantinopla en 815.

               Miguel II (820-829)

               Teófilo (829-842)

               Teodora (842-867) – regente.

La iglesia cristiana representaba las imágenes divinas sin ningún problema anteriormente, pero durante los siglos V y VI hubo una proliferación masiva de imágenes de Cristo, María y los santos. El conflicto iconoclasta tuvo más que ver con la representación de los santos (hombres no divinos, sagrados para el pueblo, pero no para la institución eclesiástica), que  con el debate intelectual sobre lo que se puede o no se puede representar en imágenes. En el siglo VII hubo un auténtico frenesí por la veneración de los iconos. Se empezó a desplazar la autoridad del emperador hacia la imagen, no se reconocía al emperador como salvador victorioso sino al icono del santo o de la virgen. La discusión se produjo sobre todo entre la jerarquía eclesiástica y el estado contra los monjes, los depositarios de la tradición del “Hombre Santo”.

León III inició la disputa al tiempo que intentaba establecer una relación más estrecha con el papa Gregorio II.  Al principio depuso al patriarca de Constantinopla por uno favorable a la iconoclastia y al poco redactó el decreto que obligaba a destruir las imágenes en todo el imperio. Como resultado las relaciones con Roma se rompieron. Su sucesor Constantino V fue el iconoclasta más radical. En el primer concilio iconoclasta asistieron más de 300 obispos y se prohibieron todas las imágenes en las iglesias. No sólo eso sino que también empezaron a realizarse persecuciones contra los monjes y los ermitaños.

La emperatriz Irene consiguió regresar a una política centralista, pero de carácter iconodulio. Para ello se apoyó en la burocracia e incluso nombró a funcionarios como sacerdotes y patriarcas. Tras el II concilio de Nicea la iconodulia volvió al Imperio de Oriente. Pero tras la emperatriz el poder de la maquinaria del estado era tal que los emperadores fueron impuestos por los burócratas y los militares hasta León V. León volvió a la iconoclastia proclamando las mismas medidas que sus antecesores, hasta que la emperatriz Teodora instauró de nuevo la iconodulia en el Imperio.

El resultado de esta crisis afectó a la situación de lo sagrado en Europa, permitiendo el culto a la imagen y su difusión, hasta el siglo XVIII. El punto de partida fue el valor real de la imagen. Aunque las fuentes iconódulas pretenden mostrar la herejía iconoclasta como algo fuera del ámbito del imperio, en realidad es un asunto totalmente interno. El conflicto político y social Resultó en un choque con la tradición iconódula del imperio mismo y del propio cristianismo. El debate se centró en discernir qué es lo sagrado en el imperio y, sobre todo, quién lo gestiona.

Según los iconoclastas lo sagrado es aquello que ha sido bendito por un sacerdote, los espacios consagrados por un obispo y, finalmente, el signo de la cruz. Para los iconódulos las imágenes son ilustrativas, conmovedoras y representativas de escenas bíblicas y rostros conocidos. Pero para el imperio del siglo VII no representaban a lo sagrado, sino que son sagradas y pueden interactuar con el mundo. Afirmaban que las imágenes hechas por el ser humano rememoran el prototipo del icono original de aquel tipo y por eso mismo son sagradas. Por ejemplo, que todas las imágenes de la Virgen provienen de la que dejó San Lucas y por tanto comparten una línea sacra.

Según Ernst Kitzinger la iconodulia siempre ha sido básica en el Mediterráneo excepto entre los judíos y los musulmanes. El cristianismo adoptó la iconodulia anterior y la sacralizó, aunque con cierto freno y distanciamiento. Durante el siglo VII este freno de la iglesia se disipó, sobre todo a partir de Justiniano II y el uso que hacían los emperadores de las imágenes. A partir de Peter Brown, durante los siglos V y VI se expandió rápidamente la veneración del “Hombre Santo”, resultando en un culto al icono viviente del emperador y del anacoreta, que una vez muertos se vuelven iconos santos en sus lugares de influencia. Estos santos no son sacerdotes nombrados por un obispo y por tanto no estarían consagrados por la iglesia y se situarían fuera de su control.

Finalmente, los motivos que llevaron a la disputa estaban más centrados en la lucha de la autoridad carismática individual (los santos) contra la autoridad institucional (el estado). La pérdida de fronteras, el auge del Islam, la pérdida de confianza en la política y la militarización del Imperio influyeron ampliamente en el viraje hacia una autoridad más local y carismática. Los poderes locales (santos, ermitaños y nobles) se afianzaron mientras que el estado y el emperador buscaban centralizar la política y destruir esas imágenes de descentralización regional. De esta manera el conflicto iconoclasta se basaría en una lucha del estado contra los monjes y anacoretas rompiendo el icono, y con ello la influencia del santo presente y futura, para poder recuperar la autoridad central.

La Roma de los románticos

Primer poema de las Elegías Romanas

Imagen: Columna de Focas (608) y Arco de Séptimo Severo (203) en el Foro Romano, al fondo a la derecha la iglesia de San Lucas y Santa Martina (1635), y a la izquierda parte del monumento a Víctor Manuel II (1911) y de la iglesia de San José de los Carpinteros (1663) en 2013.

Saget, Steine, mir an, o sprecht, ihr hohen Paläste!
Straβen, redet ein Wort! Genius, regst du dich nicht?
Ja, es ist alles beseelt in deinen heilingen Mauern,
Ewige Roma; nur mir schweiget noch alles so still.
O wer flüstert mir zu, an welchem Fenster erblick ich
Einst das holde Geschöpf, das mich versengend erquickt?
Ahn ich die Wege noch nicht, durch die ich immer und immer,
Zu ihr und von ihr zu gehen opfre die köstliche Zeit?
Noch betracht ich Kirch und Palast, Ruinen un Säulen,
Wie ein bedächtiger Mann schiklich die Reise benutz.
Doch bald ist es vorbei; dann wird ein enziger Tempel,
Amors Tempel, nur sein, der den Geweihten empfägnt.
Eine Welt zwar bist du, o Rom; doch ohne die Liebe
Wäre die Welt nicht die Welt, wäre denn Rom auch nicht Rom.

– Johann Wolfgang von Goethe, Römische Elegien

Decidme, piedras ¡Hablad, altos palacios!
Calles ¡solo una palabra! Genio ¿no estás inspirado?
Sí, todo está animado entre tus santos muros,
Eterna Roma; pero conmigo eres silenciosa, tan tranquila.
¿Quién me susurrará? ¿En qué ventana veré
A la hermosa criatura que me deleita y me consume?
Todavía no veo los caminos que recorreré
Para encontrarla y el precioso tiempo sacrificado.
Aún miro iglesias, palacios, ruinas y columnas,
Como acostumbra un hombre reflexivo en un viaje.
Pero pronto se terminará; habrá un único templo,
El templo del Amor, para ser alabado por los devotos.
Eres un mundo, Roma; pero sin el amor
El mundo no sería el mundo, ni Roma sería Roma.

– Johann Wolfgang von Goethe, Elegías Romanas

Países de ficción en el cómic

Ejemplos del Universo Marvel

Imagen: el país africano ficticio de Wakanda tal y como se representa en la serie de animación The Avengers: Earth’s Mightiest Heroes producida por Marvel Animation (2010-2012). Fuente.

El cómic, al igual que la literatura, ha permitido reflejar los deseos, imaginarios y características de las sociedades que lo crean. El mundo del llamado noveno arte es muy extenso y contamos con obras producidas en los Estados Unidos, Japón y Europa como las más prominentes y premiadas, con un gran volumen de negocio (aunque en otros países se producen cómics, tanto en Sudamérica como en Asia, no llegan a mover una cantidad de dinero ni seguidores similar).

En esta entrada vamos a presentar los ejemplos de varios países ficticios del Universo Marvel, que representan el imaginario de la sociedad norteamericana sobre ciertos lugares del mundo, son utilizados como alegorías para explicar problemas sociales o sirven para tratar temas políticos internacionales sin mencionar explícitamente una región del mundo real. El Universo Marvel es un mundo de ficción que transcurre principalmente en comic-books (revistas de cómic periódicas, comúnmente de 24 páginas y mensuales) producidos por la editorial Marvel de los Estados Unidos de América.

Aunque estrictamente el Universo Marvel surge a finales de los años 30 del siglo XX bajo el sello editorial de Timely no sería hasta 1961 con la aparición del primer número de la revista The Fantastic Four cuando se estructuraría esta ficción compartida entre varias revistas de comic-books donde los sucesos en un título afectarían a los otros y donde los personajes aparecían en distintas series, dando la ilusión de que la narración reflejaba un universo real; además de tratar personalidades más complejas que en épocas anteriores y las referencias a lugares y sucesos culturales contemporáneos. Otras revistas surgidas en aquella época (y que continúan hoy en día, aunque en volúmenes y nomenclaturas diferentes) fueron The Incredible Hulk (1962), The Avengers (1963), The Amazing Spider-Man (1963) o The X-Men (1963), por ejemplo.

Existen docenas de países ficticios en el Universo Marvel, situados en lugares que corresponden a otros países del mundo real, pero con cambios de fronteras y en algunos casos hasta del relieve. Solamente comentaremos algunos de los más relevantes e importantes:

Genosha

La República de Genosha es un pequeño estado insular situado cerca de las islas Seychelles, al norte de Madagascar. Fue creada por el escritor Chris Claremont y el dibujante Rick Leonardi en 1988 y apareció por primera vez en la revista The Uncanny X-Men número 235 del mismo año. Esta pequeña ex-colonia británica sin nativos conocidos utiliza individuos con poderes extraordinarios innatos (mutantes) como mano de obra esclava, convirtiéndola en una nación muy rica a pesar de su falta de recursos. El país es utilizado para tratar temas como la esclavitud, el apartheid, la guerra, los estados raciales y las zonas de desastre (como podrían ser Siria desde 2011 o Manhattan tras el 11-S).

Latveria

El Reino de Latveria es un micro-estado europeo situado entre Hungría, Rumanía y Serbia. Su primera aparición fue en Fantastic Four Annual número 2 de 1964 creado por Stan lee y Jack Kirby. Latveria es una monarquía absoluta gobernada por un tirano ególatra llamado Dr. Víctor von Doom. Es uno de los países que representa el ideario de Europa Central y Oriental Norteamericano, junto a Symkaria y Transia. Una tierra atrasada, poblada por gitanos y que mezcla la típica imagen del Tirol del siglo XIX y los Balcanes, con la corrupción y las mafias. También sirve para explicar y satirizar las dictaduras totalitarias con líderes supremos, como la de Corea del Norte.

Madripur

El Principado de Madripur es otro estado isleño situado en alguna de las múltiples islas del archipiélago que hay entre la ciudad-estado de Singapur y la gran isla de Sumatra. El país fue creado por Chris Claremont y Steve Leialoha en el número 32 de New Mutants (1985). Representa las diferencias sociales extremas y el crimen organizado, con una cultura asiática de origen chino y malayo, principalmente. Madripur busca reflejar las desigualdades en el sudeste asiático, cómo los grandes centros financieros como Hong-Kong y los paraísos fiscales (como Singapur) conviven junto a lugares de extrema pobreza como Camboya o Myanmar. También se utiliza como sátira de los pequeños estados absolutistas, como el sultanato de Brunéi.

Tierra Verde

La República de Tierra Verde es un pequeño estado centroamericano que colinda con México al norte, Guatemala y otro micro-estado ficticio, Costa Verde, al este y el Océano Pacífico al oeste. Fue creada por el guionista Archie Goodwin y el dibujante John Buscema en Fantastic Four número 117 (1971). Por un lado se realiza una cierta caricatura de la población indígena de origen maya, presentándolos como adoradores de esa religión aunque en la región el 90% son cristianos; por otro se presenta el país al más puro estilo de República Bananera Tropical, dirigida por una dictadura militar. Este país se utiliza para mostrar los narco-estados, las guerras civiles centroamericanas (como en Nicaragua), la injerencia de los Estados Unidos en las contrarrevoluciones de América Latina e incluso la superveniencia de nazis en ese territorio.

Wakanda

El Reino de Wakanda se sitúa entre Etiopía, Kenia, Sudán y Uganda, rodeado de otros pequeños estados ficticios. Su creación se debe al dúo de Stan Lee y Jack Kirby en el Fantastic Four número 52 de 1966 y lo podemos ver en la película Black Panther de 2018. Wakanda recoge la vieja idea pulp del reino oculto en medio del territorio salvaje, pero que posee una tecnología futurista, una idea que podríamos recorrer hasta el Reino del Preste Juan medieval. El país intenta poner en duda el racismo presentando una nación africana que es, en muchos aspectos, superior a las occidentales sociedades blancas. Sin embargo respetan sus tradiciones culturales ancestrales, su propia religión totémica y las diferentes tribus que la conforman. ¿El secreto? Un metal, el Vibranium, con propiedades especiales que conforma la base de toda su tecnología, respetuosa con el medio ambiente, por cierto.

Heidelberg, ciudad del paisaje romántico

Imagen: Piedra conmemorativa a Eichendorff en Heidelberg en el Philosophenweg (Paseo de los universitarios).

«In dieses Märchens Bann verzaubert stehen
Die Wandrer still. – Zieh weiter, wer da kann!
So hatten sie’s in Träumen wohl gesehen,
Und jeden blickt’s wie seine Heimat an,
Und keinem hat der Zauber noch gelogen,
Denn Heidelberg war’s, wo sie eingezogen.»

– Joseph Freiherr von Eichendorff (1788-1857) studierte 1807-1808 in Heidelberg.

«Por este hechizo de cuento de hadas déjate encantar.
Los viajeros se detuvieron ¿quién podría continuar?
Así lo habían visto en sus sueños,
y a todos les parecía su hogar,
y ninguna magia nunca ha mentido,
se fueron a Heidelberg a mudar.»

– Joseph Freiherr von Eichendorff (1788-1857) estudió de 1807 a 1808 en Heidelberg.

Heidelberg, junto a Dresde y Berlín, se puede considerar uno de los centros del Romanticismo Alemán. Es aquí donde el interés romántico pasa por las leyendas, la historia y el saber popular. Hölderlin llamaba Madre (Mutter) a Heidelberg, y fue tal vez cierto, ya que en la ciudad podemos observar, en cierta medida, el nacimiento del nacionalismo alemán.

Es la vinculación de la tierra natal, el paisaje, con la propia alma, el re-descubrimiento de la historia pasada, de lo que nos une, del recuerdo y, en buena medida, de lo irracional que hay en todos nosotros. Observar el paisaje, lo exterior, era necesario para entenderse a uno mismo, lo interior. Eichendorff creó allí una poesía donde el paisaje es reflejo del alma y Novalis buscó en ese mundo externo la ascensión mística del alma del poeta.

Ya en el siglo XVIII empieza el interés por el paisaje en Alemania, pero no será hasta el XIX cuando, tras las guerras contra Napoleón, ensalcen el Volkgeist, el espíritu común que emana de la tierra, que cala las almas de sus habitantes y se refleja en el paisaje. Gracias al auge del patriotismo y el nacionalismo fruto de las Guerras Napoleónicas se ve en esos cuentos del pasado una manera de restaurar algo que se había perdido, una reacción contra las ideas de la Revolución y a la vez una resistencia contra el invasor extranjero.

La revista Zeitung für Einsiedler (Periódico para eremitas), el equivalente de Heidelberg del Athenäum de Jena, recopila canciones populares e inicia el periodismo político moderno al oponerse a Napoleón en sus textos. Los conocidos hermanos Grimm iniciaron la lingüística y filología alemanas y elaboraron, a partir de tradiciones populares, sus famosos cuentos. La mitología nórdica, la nostalgia y la Edad Media caracterizan al grupo de autores de Heidelberg: Arndt, Arnim, Brentano, Creuzer, Görres, Eichendorff, Motte-Fouqué y Werner [1]

El Romanticismo se expresa como una crisis de consciencia provocada por la Revolución Industrial y la Revolución Francesa, un intento de conciliar la vida moderna de la Ilustración con todo lo anterior. Muestra lo indefenso del individuo frente a la potencia de la máquina y la abrumadora razón y es la sensibilidad de ese individuo (Die Leiden des Jungen Werther) el punto de partida. Es en Alemania entre 1793-1797, en Berlín y en Jena con Shakespeare’s Behandlung des Wunderbaren y Der blonde Eckbert, cuando se da el inicio de una tendencia a sintetizar lo nuevo y lo moderno [2], el primer Romanticismo, el Frühromantik, tras el Sturm und Drang. Entre los años 1806-1808 se produce la cumbre de ese Romanticismo en Heidelberg cuando Arnim y Brentano publican Des Knaben Wunderhorn (una recopilación de antiguas canciones).

Heidelberg destaca en desarrollar el canon romántico de las Geisteswissenschaften (Humanidades), muchas veces con personalidades contradictorias, que intentan encajar la razón y la emoción. La tradición neo-platónica les caracteriza, a veces, queriendo utilizar los nuevos avances de la Ilustración junto a las ideas alquímicas medievales, por ejemplo. Ligado a éstos está el estudio del símbolo, de la lengua, la fonética y del significado propio de Creuzer y también de los Grimm [3].

En definitiva, podemos considerar a la ciudad de Heidelberg como núcleo de la segunda fase del Romanticismo Alemán, el Hochromantik, entre 1800 y 1815. Posteriormente, gracias al esplendor de ciudades como Heidelberg, el Romanticismo alcanzaría gran popularidad, pero ya con menos vitalidad, hasta 1835 con el Romanticismo Tardío, el Spätromantik.

Podemos ver que hay una doble vertiente en la poesía romántica del paisaje: Una interior, de acercamiento a lo divino, del deseo de lo ideal, de Dios y de la consciencia de la imperfección del mundo (Novalis, Hölderlin); mientras hay otra vertiente que percibe ese ideal en la naturaleza, el pueblo y las gestas, más grandes que la vida misma, que éste puede realizar (Eichendorff).

Eichendorff creía que el ser humano debía encontrar la felicidad en el entendimiento de la naturaleza y de sus cambiantes estados de ánimo y aspecto. Los viajes, el amor y la melancolía son partes de un ansía humana que en realidad lo que busca es la paz interior. Aunque muy relacionado con la poesía de otros románticos, Eichendorff parece mucho más positivo en su angustia existencial.

No es el caso de Hölderlin, cuya esquizofrenia afectó en gran medida a su poesía de tintes muy pesimistas. Sus primeras obras cantan a la inocencia del mundo natural mientras que al final de su vida, tras verse también afectado por la muerte de seres queridos, afirma que el mal y la corrupción también existen en la naturaleza y el ser humano es un producto de ellos. Novalis en cambio observa su entorno desde un punto de vista místico, casi mágico. Su objetivo es crear, sintetizar, una armonía a partir de lo material y lo espiritual, de lo natural y de lo divino.

Es el romántico quien cultiva más profundamente el género del paisaje en literatura y pintura, y es en Alemania donde residen sus más ilustres autores. El sentimiento religioso, la alegoría, el interés por lo sobrenatural y la búsqueda de lo celestial empapan las obras de Caspar David Friederich y de Carl Gustav Carus [4]. En conclusión podemos afirmar que la combinación de la cultura, la religiosidad y las peculiaridades paisajistas alemanas producen un sentimiento diferente, una mística nada desdeñable y la ciudad de Heidelberg se convierte en una visita obligada para entender qué fomentó las pasiones románticas del siglo XIX.

[1] Gras Balaguer, M. (1983). El Romanticismo como espíritu de la modernidad. Barcelona: Montesinos, p. 68-71.

[2] Jamme, C. et al. (1998). El movimiento Romántico, Madrid: Akal, p. 12-15.

[3] Ferraris, M. (2002). Historia de la Hermenéutica, México: Siglo XXI, p. 112-114.

[4] Martínez, L. (2007). El paisaje: el Romanticismo como búsqueda de lo sobrenatural, de lo trascendental, de la divinidad en la naturaleza. Valencia: UPV.