Actividades humanas en Andalucía

Población, economía y patrimonio

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Imagen: La Alhambra de Granada, 2017.

El subsistema humano es el conjunto de actividades, asentamientos, paisajes, organizaciones y cultura que todo el ser humano realiza en una región concreta. Éste se establece como un sustrato superior al subsistema biofísico, lo modifica y es influido a su vez por él. Los factores clave dentro del territorio andaluz son la población, la economía y el patrimonio, dentro de ellos encontramos elementos propios del sistema que analizaremos a continuación.

La población

La migración del campo a la ciudad explica el despoblamiento cada vez más acusado del primero, debido a la falta de oportunidades, y la consecuente concentración en las ciudades, sobre todo en las costeras con una actividad turística muy dinámica. El turismo del sol y playa de los últimos 50 años y la importancia de los puertos andaluces con el comercio americano potencia la concentración en la costa. Eso no impide que el peso económico del campo en Andalucía sea importante, pero el poblamiento andaluz es latifundista, con carencia de pueblos pequeños y medianos, lo que hace que económicamente tenga mucho peso, pero demográficamente no.

La falta de infraestructuras hace que el policentrismo urbano sea posible ya que la distribución de los recursos no es fácil y se tiende a un mercado provincial, tanto laboral como económico. El principal interés de la ordenación territorial andaluza de las últimas décadas ha sido el dotar de una extensa red de autovías a la comunidad. De esta manera encontramos ciudades medianas, con pocos desequilibrios entre provincias, excepto entre el interior y la costa. Ciudades como Sevilla, Málaga y Córdoba son las más importantes, seguidas de Granada, Jerez y Almería, sin despreciar a Cádiz, Huelva o Jaén.  Sevilla ejerce una atracción alta y presenta cierta centralidad, pero no tan grande como, por ejemplo, Barcelona en relación a Cataluña.

La economía

La economía andaluza depende mucho del resto de factores y sobre todo del subsistema biofísico; en el primer caso debido al poblamiento histórico andaluz y, en el último, de los recursos que puede obtener el sistema. Debido a la falta de hierro y carbón de calidad durante la revolución industrial la región no pudo despegar a pesar de la presencia minera en Sierra Morena durante los siglos XIX y XX. El carácter agrario se intensificó, por tanto, favorecido por el latifundismo que conformaba unas ciudades poco orientadas al comercio y enfocadas a la residencia de mano de obra rural barata y un artesanado de alcance local. Hasta la obertura al turismo de los años 60 y 70 del siglo XX Andalucía era una región pobre y ruralizada con industria deficiente.

Los grandes beneficios del turismo han hecho que sea la actividad predominante de la comunidad autónoma, junto a los servicios personales ligados a él. La temporalidad de la actividad agraria y la falta de expectativas han potenciado la migración hacia zonas turísticas. El turismo se beneficia de un patrimonio cultural y un buen tiempo durante casi todo el año, mientras el agro no tiene interés en mejorar la productividad debido a la concentración de la propiedad. La pesca en cambio ha sido una actividad tradicionalmente importante, gracias a su proximidad a los bancos de pesca atlánticos.

Para poder desarrollar la región y corregir los desequilibrios del campo y la costa y respecto a otras regiones europeas, Andalucía recibe subvenciones del estado español y de la Unión Europea en forma de planes especiales de desarrollo y fondos de cohesión.

El patrimonio

Los dos elementos principales son la historia y la cultura andaluzas. Las inercias del pasado que hemos visto han provocado el subdesarrollo de muchos sectores económicos andaluces, pero también han potenciado otros. El patrimonio cultural andaluz es muy importante ya que permite a la región enfocarse en un turismo de calidad y de mayor valor añadido lo que ha permitido a ciudades como Sevilla y Córdoba tener una potente atracción. El patrimonio natural en forma de espacios protegidos son parte, también, del motor económico andaluz. Es fundamental, por tanto, que la comunidad extienda el conocimiento de su cultura y patrimonio, de su legado histórico y que potencie la vertiente de calidad del turismo.

Para concluir destacaremos varias lineas que podría seguir la ordenación territorial andaluza para potenciar el desarrollo y corregir desequilibrios. Por un lado la mencionada potenciación del turismo de calidad, cultural e histórico; por otro dar ventajas a la mejora de la productividad en el campo (sector vitivinícola, por ejemplo); contnuar con la creación de infraestructuras e invertir en aquellos centros urbanos que permiten una economía de escala como Sevilla o Málaga para conseguir un entorno favorable a la industria y el I+D; finalmente apostar por un entorno energético sostenible que potencie el patrimonio natural y genere industria relacionada.

Gestión e intervención territoriales

Políticas para el espacio-territorio

La intervención en nuestro entorno consiste en modificar las tendencias y los procesos que se presentan en él para cambiarlos respecto a cómo se desarrollarían si no actuáramos. La humanidad tiene la capacidad de modificar los procesos naturales -los sucesos que pasarían si nadie interviniera- a una escala muchísimo mayor que la de cualquier otro ser vivo y tanto en la naturaleza como en la sociedad existen unas leyes, o formas de actuación, que no son aleatorias y responden a una relación de factores y elementos. Si queremos modificar uno de los elementos debemos saber cómo se comportan los factores que lo afectan para que se produzca esa modificación.

La intención de la planificación no es transformar las relaciones entre elementos y factores, sino aplicar una serie de acciones para conseguir lo que deseamos, observar las diversas variables, alterarlas y realizar una previsión del comportamiento de lo que cambiamos y de cómo funcionará en el futuro. Hay que tener en cuenta, de todas maneras, que no siempre conocemos todos los factores que intervienen por falta de conocimiento de los procesos y leyes que los gobiernan y por tanto nuestra actuación puede resultar en un efecto no del todo como el que buscábamos, a veces desastroso.

Existen dos grandes grupos de factores desde el punto de vista geográfico: los factores físicos y los factores humanos. Los factores físicos consisten en los elementos naturales tales como precipitaciones, temperaturas, vientos, cursos de agua, costas, suelos, recursos minerales, vegetación y fauna, por ejemplo. Los factores humanos son, en cambio, factores sociales o culturales como la productividad, el tiempo de ocio, la forma de sociedad, la estructura laboral o los medios de transporte.

En el medio físico las regularidades son siempre las mismas y la naturaleza no reacciona verso a los impactos humanos, no toma decisiones de actuación y se comporta como una máquina, pudiéndose aplicar un modelo determinista. En el medio social el ser humano sí puede aplicar contra-medidas, aceptar o negar las modificaciones hechas -por el propio ser humano- y nos encontramos, entonces, dentro de un modelo estocástico. Si realizamos la acción A, existen tres posibilidades: la aceptación de A, la negación de A o la modificación de A, siendo esta última además no dicotómica y sí gradual.

En definitiva, la planificación territorial consiste en una dialéctica entre todos los agentes envueltos en ella, dónde todos los factores sociales implicados toman decisiones en un escenario pasivo reaccionario como es la naturaleza, del cual no conocemos todas sus variables. Las decisiones que tomemos son fundamentales para nuestra calidad de vida y, de esta manera, tienen que ser lo más racionales posibles, realizándose una previsión de cuáles serán las consecuencias de nuestras propuestas y actuaciones.