¿Quién puede intervenir en el territorio?

Los agentes y la normativa

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Imagen: manifestación contra el trasvase del Ebro en Barcelona, el 9 de marzo del 2002. Fuente.

Como comentábamos en una entrada anterior existe una dialéctica entre la humanidad y la naturaleza donde la primera es capaz de tomar decisiones que afectan a ambas. La naturaleza, en cambio, no escoge como responder a esas decisiones, lo hace mecánicamente, mientras que el ser humano sí escoge la respuesta. En este último caso la elección puede desembocar en desastres medioambientales, fruto del desconocimiento de lo que puede suceder al modificar las condiciones naturales. En esta entrada vamos a profundizar algo más en quién puede tomar esas decisiones, y de qué manera, en el medio que nos rodea.

Un agente de intervención es aquel que desea y pude modificar el medio. Puede ser de carácter público o privado y aquí también encontramos una dialéctica de poder y contra-poder. Por ejemplo la generación de movimientos sociales de oposición o a favor de determinada actuación territorial, creando agentes de apoyo o agentes de oposición a la intervención. Los agentes suelen ser impredecibles, pueden variar de opinión y a qué dan su apoyo. La respuesta a una modificación del territorio, por tanto, es imposible de predecir al cien por cien.

Los agentes pueden intervenir dentro de un ámbito social y físico delimitado por el espacio geográfico. Este socio-territorio tiene una delimitación física en forma de fronteras y relieve, por ejemplo, y una delimitación social en forma de limitaciones legales y políticas de gestión y actuación. Esto último nos marca claramente quien puede intervenir en el territorio en base a dos factores principales.

El primer factor define quien tiene la legitimidad de actuar, que es, fundamentalmente, quien tiene la propiedad del territorio a intervenir. Esto implica la necesidad de expropiaciones o compras por parte de la administración para realizar obras públicas y en consecuencia la necesidad de procesos legales jurídicos o negociaciones si existe oposición. Toda intervención implica la propiedad del territorio, las normas conceden derechos o indicaciones de intervención, pero no propiedad. Por ejemplo, los planes urbanísticos indican qué se puede edificar, pero no el derecho a hacerlo, mientras que las leyes superiores, autonómicas o estatales, establecen los derechos necesarios para esa intervención urbanística. En definitiva: la actuación debe estar sujeta a las normas vigentes en ese territorio.

El segundo factor trata sobre quien crea y hace cumplir las normas. Toda organización social tiene una estructura de poder, en el caso de los estados democráticos poder procede de la transferencia de legitimidad de un conjunto de personas a unos políticos mediante elecciones y durante un tiempo limitado. Los políticos utilizan para difundir sus ideas un programa electoral que marca las lineas de actuación que realizaran si salen escogidos, normalmente asociado a un partido político, en España. El programa electoral es un instrumento de administración y gestión de los partidos con propuestas, adecuadas a la escala administrativa a la que se presentan, que decidirán cómo actuar, administrar e intervenir en el socio-territorio.

Los que están en contra de las actuaciones del poder se suelen manifestar dando su opinión sobre la intervención y a menudo haciendo contra-propuestas. Estas manifestaciones pueden ser ocasionales o permanentes y crean la existencia de un contra-poder útil para frenar el abuso del poder en un estado democrático. Las normas que crean los representantes electos tienen la forma de políticas: educativas, de vivienda, de suelo, ambientales, etc. Estas políticas definen cómo se piensa actuar en los diferentes ambientes, y de qué manera, para poder llegar a unos objetivos políticos definidos en el programa electoral.

Hemos visto, como conclusión, las bases de la intervención territorial en los estados democráticos y de cómo se equilibra el poder necesariamente con un contra-poder apoyado en la libertad de expresión. También hemos visto que la legitimidad de los políticos procede de los votantes y es responsabilidad de éstos votar al programa electoral que más se adecue a sus objetivos personales o sociales. Finalmente también ha quedado claro que solo la propiedad del territorio da el derecho a intervenir, más adelante hablaremos sobre las características de ese territorio y de cómo se puede gestionar.

Actividades humanas en Andalucía

Población, economía y patrimonio

Imagen: La Alhambra de Granada, 2017.

El subsistema humano es el conjunto de actividades, asentamientos, paisajes, organizaciones y cultura que todo el ser humano realiza en una región concreta. Éste se establece como un sustrato superior al subsistema biofísico, lo modifica y es influido a su vez por él. Los factores clave dentro del territorio andaluz son la población, la economía y el patrimonio, dentro de ellos encontramos elementos propios del sistema que analizaremos a continuación.

La población

La migración del campo a la ciudad explica el despoblamiento cada vez más acusado del primero, debido a la falta de oportunidades, y la consecuente concentración en las ciudades, sobre todo en las costeras con una actividad turística muy dinámica. El turismo del sol y playa de los últimos 50 años y la importancia de los puertos andaluces con el comercio americano potencia la concentración en la costa. Eso no impide que el peso económico del campo en Andalucía sea importante, pero el poblamiento andaluz es latifundista, con carencia de pueblos pequeños y medianos, lo que hace que económicamente tenga mucho peso, pero demográficamente no.

La falta de infraestructuras hace que el policentrismo urbano sea posible ya que la distribución de los recursos no es fácil y se tiende a un mercado provincial, tanto laboral como económico. El principal interés de la ordenación territorial andaluza de las últimas décadas ha sido el dotar de una extensa red de autovías a la comunidad. De esta manera encontramos ciudades medianas, con pocos desequilibrios entre provincias, excepto entre el interior y la costa. Ciudades como Sevilla, Málaga y Córdoba son las más importantes, seguidas de Granada, Jerez y Almería, sin despreciar a Cádiz, Huelva o Jaén.  Sevilla ejerce una atracción alta y presenta cierta centralidad, pero no tan grande como, por ejemplo, Barcelona en relación a Cataluña.

La economía

La economía andaluza depende mucho del resto de factores y sobre todo del subsistema biofísico; en el primer caso debido al poblamiento histórico andaluz y, en el último, de los recursos que puede obtener el sistema. Debido a la falta de hierro y carbón de calidad durante la revolución industrial la región no pudo despegar a pesar de la presencia minera en Sierra Morena durante los siglos XIX y XX. El carácter agrario se intensificó, por tanto, favorecido por el latifundismo que conformaba unas ciudades poco orientadas al comercio y enfocadas a la residencia de mano de obra rural barata y un artesanado de alcance local. Hasta la obertura al turismo de los años 60 y 70 del siglo XX Andalucía era una región pobre y ruralizada con industria deficiente.

Los grandes beneficios del turismo han hecho que sea la actividad predominante de la comunidad autónoma, junto a los servicios personales ligados a él. La temporalidad de la actividad agraria y la falta de expectativas han potenciado la migración hacia zonas turísticas. El turismo se beneficia de un patrimonio cultural y un buen tiempo durante casi todo el año, mientras el agro no tiene interés en mejorar la productividad debido a la concentración de la propiedad. La pesca en cambio ha sido una actividad tradicionalmente importante, gracias a su proximidad a los bancos de pesca atlánticos.

Para poder desarrollar la región y corregir los desequilibrios del campo y la costa y respecto a otras regiones europeas, Andalucía recibe subvenciones del estado español y de la Unión Europea en forma de planes especiales de desarrollo y fondos de cohesión.

El patrimonio

Los dos elementos principales son la historia y la cultura andaluzas. Las inercias del pasado que hemos visto han provocado el subdesarrollo de muchos sectores económicos andaluces, pero también han potenciado otros. El patrimonio cultural andaluz es muy importante ya que permite a la región enfocarse en un turismo de calidad y de mayor valor añadido lo que ha permitido a ciudades como Sevilla y Córdoba tener una potente atracción. El patrimonio natural en forma de espacios protegidos son parte, también, del motor económico andaluz. Es fundamental, por tanto, que la comunidad extienda el conocimiento de su cultura y patrimonio, de su legado histórico y que potencie la vertiente de calidad del turismo.

Para concluir destacaremos varias lineas que podría seguir la ordenación territorial andaluza para potenciar el desarrollo y corregir desequilibrios. Por un lado la mencionada potenciación del turismo de calidad, cultural e histórico; por otro dar ventajas a la mejora de la productividad en el campo (sector vitivinícola, por ejemplo); contnuar con la creación de infraestructuras e invertir en aquellos centros urbanos que permiten una economía de escala como Sevilla o Málaga para conseguir un entorno favorable a la industria y el I+D; finalmente apostar por un entorno energético sostenible que potencie el patrimonio natural y genere industria relacionada.

Gestión e intervención territoriales

Políticas para el espacio-territorio

La intervención en nuestro entorno consiste en modificar las tendencias y los procesos que se presentan en él para cambiarlos respecto a cómo se desarrollarían si no actuáramos. La humanidad tiene la capacidad de modificar los procesos naturales -los sucesos que pasarían si nadie interviniera- a una escala muchísimo mayor que la de cualquier otro ser vivo y tanto en la naturaleza como en la sociedad existen unas leyes, o formas de actuación, que no son aleatorias y responden a una relación de factores y elementos. Si queremos modificar uno de los elementos debemos saber cómo se comportan los factores que lo afectan para que se produzca esa modificación.

La intención de la planificación no es transformar las relaciones entre elementos y factores, sino aplicar una serie de acciones para conseguir lo que deseamos, observar las diversas variables, alterarlas y realizar una previsión del comportamiento de lo que cambiamos y de cómo funcionará en el futuro. Hay que tener en cuenta, de todas maneras, que no siempre conocemos todos los factores que intervienen por falta de conocimiento de los procesos y leyes que los gobiernan y por tanto nuestra actuación puede resultar en un efecto no del todo como el que buscábamos, a veces desastroso.

Existen dos grandes grupos de factores desde el punto de vista geográfico: los factores físicos y los factores humanos. Los factores físicos consisten en los elementos naturales tales como precipitaciones, temperaturas, vientos, cursos de agua, costas, suelos, recursos minerales, vegetación y fauna, por ejemplo. Los factores humanos son, en cambio, factores sociales o culturales como la productividad, el tiempo de ocio, la forma de sociedad, la estructura laboral o los medios de transporte.

En el medio físico las regularidades son siempre las mismas y la naturaleza no reacciona verso a los impactos humanos, no toma decisiones de actuación y se comporta como una máquina, pudiéndose aplicar un modelo determinista. En el medio social el ser humano sí puede aplicar contra-medidas, aceptar o negar las modificaciones hechas -por el propio ser humano- y nos encontramos, entonces, dentro de un modelo estocástico. Si realizamos la acción A, existen tres posibilidades: la aceptación de A, la negación de A o la modificación de A, siendo esta última además no dicotómica y sí gradual.

En definitiva, la planificación territorial consiste en una dialéctica entre todos los agentes envueltos en ella, dónde todos los factores sociales implicados toman decisiones en un escenario pasivo reaccionario como es la naturaleza, del cual no conocemos todas sus variables. Las decisiones que tomemos son fundamentales para nuestra calidad de vida y, de esta manera, tienen que ser lo más racionales posibles, realizándose una previsión de cuáles serán las consecuencias de nuestras propuestas y actuaciones.