La guerra durante el siglo XVIII

Táctica, uniformes y armamento

Imagen: Ataque de la infantería prusiana en la batalla de Hohenfriedberg (1745) durante la Guerra de Sucesión Austriaca (1740-1748) por Carl Röchling (1855-1920). Se puede apreciar el avance en linea de tres filas de la infantería armada con fusiles y bayonetas dirigida por los oficiales mientras algunos soldados caen por el fuego de los defensores. Nótese también la uniformidad de las casacas de color azul marino, con forros rojos y calzas de color crema. Los gorros indican que son granaderos. Fuente.

En esta entrada vamos a describir cómo eran los ejércitos y las tácticas bélicas básicas durante el siglo XVIII. Durante este siglo sucedieron conflictos muy importantes como la Guerra de Sucesión Española (1701-1715), la Guerra de los Siete Años (1756-1763), la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos de América (1775-1783) y las Guerras Revolucionarias Francesas (1789-1799). Gracias a la labor de investigación sobre la Guerra de Sucesión en Cataluña de Francesc Xavier Hernández Cardona disponemos de detallada información sobre este periodo.

Los mosquetes y arcabuces, junto a las picas, habían dominado los campos de batalla durante el siglo XVII. La aparición del fusil con bayoneta cambió este panorama permitiendo combinar el cuerpo a cuerpo con las armas de fuego, erradicando rápidamente las viejas armas y cambiando el estilo de combate. Las formaciones se fueron estirando para permitir mayores disparos simultáneos y se concretaron en líneas de tres o cuatro filas. La llamada infantería de línea duró hasta el siglo XIX y permitía sucesivas salvas una tras otra: mientras una línea recargaba otra se desplazaba al frente y disparaba.

Juntamente a la infantería de línea se utilizaban unidades de elite llamadas granaderos. Los granaderos eran expertos en el uso de granadas, armas muy inestables y peligrosas que no gozaron de mucha popularidad. La función principal de estas unidades era el choque y el asalto cuerpo a cuerpo, las componían soldados en los que primaba la fuerza bruta. Para complementar el ejército en misiones de exploración, guerrillas, cobertura en retiradas y apoyo en el campo de batalla se crearon escuadrones de infantería ligera. La caballería se dividía en coraceros -caballería de asalto cuerpo a cuerpo-, dragones -infantería montada- y húsares -caballería ligera de elite-.

El combate con fusil se realizaba erguido ya que era muy difícil recargar el arma en cualquier otra posición y además permitía la movilidad necesaria del infante para cambiar a diversas formaciones, avanzar o cargar. El alcance efectivo del fusil era de 150 metros, siendo los 100 metros una distancia orientativa máxima a la que se podía atacar al enemigo. La táctica habitual era disparar masivamente toda una línea de fusileros a corta distancia, lo que aseguraba acertar a la formación enemiga. La recarga del fusil era bastante más rápida que la de las anteriores armas de fuego lo que permitía a un infante disparar, normalmente, tres tiros cada dos minutos.

El éxito en el campo de batalla dependía de la habilidad de los oficiales de calcular la distancia adecuada, respecto al enemigo, para dar la orden de disparar. Los atacantes avanzaban a paso ligero, pero sin correr para evitar romper la formación y la línea, al ritmo del tambor y los pífanos. Se procuraba prescindir de gastar energías al principio de la batalla ya que serían necesarias al final en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo o la huida. Mientras avanzaban, la artillería defensora procuraba menguar su número. En el caso de que una línea se viera tocada por un proyectil de artillería los soldados de las filas traseras avanzaban al frente. Al llegar a una distancia adecuada se detenían y realizaban una descarga, acto seguido se lanzaban a la carga con las bayonetas para evitar recibir una descarga de respuesta del defensor.

Los defensores solían esperar a que los atacantes estuvieran aproximadamente a 100 metros para realizar una descarga. La humareda que creaban los disparos ocultaba la línea defensora y perjudicaba los cálculos y la puntería de los atacantes cuando se detuvieran a disparar. En ese tiempo recargaban y realizaban una segunda descarga antes avanzar con la bayoneta para entrar en cuerpo a cuerpo. Esta segunda descarga era posible siempre que los atacantes no estuvieran demasiado cerca o avanzaran demasiado rápido, por tanto decidir cuándo disparar por ambas partes y calcular la distancia del enfrentamiento era vital.

A finales del siglo XVII los tercios españoles aún se organizaban en compañías que contenían piqueros, arcabuceros y mosqueteros. Los primeros cambios se realizaron al incorporar compañías de granaderos que disponían de los nuevos fusiles. Durante la Guerra de Sucesión Española se reformaron los ejércitos franceses y españoles hacía una infantería de fusileros con bayoneta. Los ejércitos se organizaban en regimientos, substituyendo a los tercios, que se subdividan en dos o tres batallones y éstos en varias compañías de 50 a 150 hombres, una compañía de cada 10 solía ser de granaderos.

Los soldados empezaron a vestir de forma uniformada y con el mismo color en la casaca según su afiliación, pudiéndose identificar a los diferentes regimientos según el color de los forros de las casacas, de las chupas o las puñetas. Incluso el color de las corbatas y las calzas servía para dar más granularidad e identificar divisiones ya que las combinaciones de colores eran limitadas. Por ejemplo el color blanco de las casacas se utilizaba, mayoritariamente, por parte de las tropas españolas, el azul o el gris por las francesas, el rojo por las británicas, el blanco o el gris en las austriacas y el azul marino por las prusianas. Así se solía utilizar un color auxiliar para el forro, como el rojo para las tropas españolas, y otro, para las divisiones dentro del mismo ejército, para las calzas.

El uniforme -llamado vestido de munición- se caracterizaba por un sombrero o tricornio, una casaca, la chupa, una corbata o lazo en el cuello, calzas, medias, polainas y zapatos. La caballería llevaba botas, en el caso de los coraceros, y botines en el caso de los dragones y se cubrían con una manta ribeteada. Los granaderos llevaban gorra y la infantería ligera prescindía de la corbata,  llevaba un gambeto en lugar de la casaca, camisola en lugar de chupa y las calzas eran más anchas. Las alpargatas eran frecuentes en toda la infantería.

Las armas de la infantería consistían en fusil con bayoneta, espada y cartuchera de hasta 20 unidades. Para los granaderos se añadían un hacha de mano y granadas; la pistola, la carabina y el sable eran para la caballería junto a una cartuchera más ligera. La infantería ligera era más heterodoxa, aunque se fue confundiendo cada vez más con las tropas regulares, en lugar de cartuchera llevaban una pequeña bolsa con municiones y herramientas, el arma más común era el fusil -a menudo con bayoneta- y, en ocasiones, llevaban escopeta. Algunos utilizaban en su lugar par de pistolas y puñales. Se utilizaban tambores, pífanos y otros instrumentos musicales, como trompetas, para marcar el ritmo de avance de las tropas y comunicar órdenes.

Durante las Guerras Napoleónicas este modelo bélico cambió, la movilidad ganó protagonismo frente a la rigidez de la línea de infantería, la artillería se convirtió en una unidad en sí misma y no solamente como apoyo, la logística y la estandarización volvieron más versátiles a los ejércitos y el número de soldados reclutados aumento enormemente gracias a la capacidad de producción industrial de armamento. Poco a poco la aplicación de las mejoras técnicas y la racionalización cambiaron la forma de hacer la guerra, haciéndola cada vez más mortífera hasta su eclosión durante la I Guerra Mundial y el horror que provocaría.

Bibliografía:

Hernández, F. X. y Riart, F. (2007). Els exèrcits de Catalunya 1713-1714. Barcelona: Rafael Dalmau Editor.

Hegemonía y Guerra

Teorías sobre los conflictos bélicos

Imagen: los asistentes a la Conferencia de Yalta en febrero de 1945, Winston Churchill, Franklin D. RoosveltIósif Stalin. La conferencia marcó el fin de la II Guerra Mundial, la más reciente «guerra hegemónica» en la que el liderazgo mundial pasó del Reino Unido a los Estados Unidos de América. Fuente.

El conflicto bélico ha existido entre los seres humanos desde que existen estados, incluyendo las primeras ciudades-estado, la forma territorial más pequeña (aproximadamente en el año -4000). La primera guerra de que se tiene constancia sucedió en -2450 entre las ciudades de Lagash y Umma, en Sumeria.

La violencia antes del estado era frecuente, la gran mayoría de sociedades entablaban conflictos violentos entre ellas habitualmente y en muchos casos de gran crueldad (Jebel Sahaba, por ejemplo, en -13000 o Naturuk en -8000). Pero el nivel de organización, los recursos movilizados, el número de combatientes, las motivaciones y los intereses de los instigadores diferían bastante.

En esta entrada por hegemonía entendemos la preeminencia de un estado en el orden internacional capaz de modificar las leyes, políticas y economía mediante la diplomacia, la coerción o la persuasión. Usualmente la existencia de un estado hegemónico favorece la estabilidad y el desarrollo económico en el ámbito global, pero no siempre es así. Para alzarse como poder dirigente un estado necesita una gran capacidad militar y una economía floreciente que además le permita el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Desde que el sistema mundial se estableció durante el siglo XVI ha habido diversos estados hegemónicos que han liderado la política internacional. Durante el siglo XVI la España de los Habsburgo marcaba el paso a seguir en Europa y la colonización y dominio de América, en el siglo XVII los Países Bajos gracias a la creación de la economía financiera, su comercio e incipiente industrialización lograron controlar los flujos económicos mundiales, en los siglos XVIII y XIX Gran Bretaña recogió el testigo dominando el tráfico marítimo y la producción industrial, así como colonizando gran parte del planeta, en el siglo XX los Estados Unidos de América han ejercido el control de las instituciones políticas y económicas y el poder militar. Actualmente ese liderazgo podría estar en peligro debido al crecimiento económico y militar de China.

Todos estos liderazgos no han sido incuestionados ni han sucedido sin oposición. Normalmente un poder hegemónico pierde competitividad a medida que sus logros tecnológicos y organizativos se difunden entre el resto de países gracias a que previamente ha presionado para la abertura de mercados y de esta manera poder entrar en ellos y dominarlos. Esto produce un coste menor para otros estados que pueden incorporar esos logros de forma barata y usar el resto de recursos para crear innovaciones. Además el coste militar de mantener la hegemonía resulta en contra del líder, lo que favorece el surgimiento de un poder antagónico alternativo. Es común que el hegemon se vea amenazado y se torne hacia políticas proteccionistas creando a su vez menor competitividad y, finalmente, es posible un conflicto bélico internacional por ver cuál de los poderes se alza con el liderazgo. Paradójicamente no suele ser el aspirante quien es el nuevo hegemon si no un país aliado de similar ideología, pero que no se ha desgastado enormemente en la guerra.

Países que han sido aspirantes a liderar la hegemonía han sido el Imperio Otomano durante el siglo XVI, Suecia durante el siglo XVII, Francia durante el siglo XVIII o Alemania durante el XIX. Grandes guerras resultantes de los conflictos por la hegemonía en el pasado han sido la Guerra de los Treinta Años, las Guerras Napoleónicas y las dos Guerras Mundiales, por ejemplo. Otros estados a tener en cuenta en la carrera por la dominación han sido, y actualmente siguen siéndolo, Rusia, Japón y China. La guerra por tanto es consecuencia de una transición en el liderazgo mundial conducida en mayor parte por diferencias en el desarrollo económico.

power-cycle
Gráfica que muestra el porcentaje de poder de las principales potencias desde el siglo XVI por Doran (1965-1993). Se basa en el personal militar, el consumo de energía, la producción de hierro y acero, la población urbana y la población total de cada estado. Fuente.

Existen numerosas corrientes y teorías que intentan explicar el porqué de las guerras, el alzamiento de poderes hegemónicos y las idas y venidas de los diferentes estados. Lo expuesto hasta ahora corresponde en parte a la teoría de Gilpin de Transiciones Hegemónicas, la teoría de Ciclo Largo de Modelski, el Sistema-Mundo de Wallerstein, los ciclos de Kondratieff y la Teoría de Poder Relativo de Doran. Vamos a verlas con un poco más de detalle.

Teoría de Transición Hegemónica

La teoría de Robert Gilpin es muy parecida a la teoría de Transición de Poder de Organski (1968). Ambas se centran en explicar los conflictos entre los estados principales del sistema mundial por el liderazgo, las mencionadas guerras por la hegemonía más arriba. Estas guerras, como decíamos, se caracterizan por el conflicto entre un hegemon y un aspirante por el liderazgo mundial. Gilpin se centra más en los aspectos políticos y de prestigio que no en los económicos, aunque reconoce la importancia de factores materiales como la población, el PIB o la tecnología. El problema de la teoría de Transición Hegemónica radica en que no siempre la existencia de un poder fuerte favorece la estabilidad del sistema y por tanto no es la inestabilidad la que provocaría el conflicto, dejando sus hipótesis no probadas.

Teoría de Ciclo Largo

Modelski y Thompson desarrollaron esta teoría en 1989 que se basa en tres subsistemas mundiales: político, económico y cultural. Aunque consideran el sistema político mundial prácticamente anárquico apuntan que la existencia de un poder dominante, el hegemon, permite ordenar ese sistema. La teoría establece una alternancia cíclica entre los líderes del sistema político, empezando cada ciclo con una guerra global por la hegemonía. Esta teoría da mucha importancia al poder militar, particularmente el marítimo. Cuando el hegemon empieza a declinar se empieza a su vez a generar desorden en el sistema lo que conduce a un conflicto por la hegemonía. Los ciclos que mencionan suelen tener una duración de aproximadamente 100 años. La inestabilidad patente durante los periodos de hegemonía al igual que grandes conflictos entre grandes estados durante los supuestos periodos de estabilidad provocan que esta teoría tampoco sea totalmente adecuada para explicar los conflictos bélicos y la hegemonía mundial.

Teoría de Sistema-Mundo

Wallerstein (1974) se basa en la desigualdad económica y la dependencia para explicar los conflictos bélicos, aunque la teoría no se centra en explicar la guerra. El sistema mundial es caracterizado también como anárquico y competitivo, lo que impide a un solo poder controlar toda la economía. Esto conduce a la división internacional del trabajo dentro de un sistema capitalista dividendo los estados en tres grupos el centro, la periferia y la semi-periferia.

El hegemon sería un estado del centro que tiene una posición de dominio, normalmente por poseer determinado tipo de industrias, tecnología y alta atracción de capitales que le permite imponer determinadas normas internacionales. Como mantener la hegemonía resulta en altamente costoso en gastos militares y de gestión invariablemente el estado hegemónico perderá competitividad verso a otro estado central, además la subida del nivel de vida hará huir la inversión de capital a otro estado más barato gracias al libre mercado. Las innovaciones, como ya hemos comentado, serán copiadas sin posibilidad de evitarlo. La guerra será el medio de abrir mercados y la manera de plasmar los cambios producidos por esta redistribución del poder.

La teoría, junto a Christopher Chase-Dunn, propone una alternativa para evitar las guerras por la hegemonía y el control de recursos: un sistema mundo socialista de economía racional y liderazgo global mediante un gobierno planetario, federalista y democrático. La teoría de Wallerstein flaquea al no tener en cuenta factores culturales o ideológicos a la hora de predecir los conflictos, lo que impide que sea totalmente fiable por sí sola.

Teoría de Ciclos de Kondrátiev

Goldstein en 1988 desarrolló la teoría económica de Nikolái Kondrátiev (1920) y esta ha sido incorporada tanto en la Teoría de Ciclo Largo como en la de Sistema-Mundo. Kondrátiev aseguraba haber observado una serie de ciclos económicos de unos 50 años de duración en la economía de países capitalistas que se correlacionaban con cambios en la economía mundial y con las guerras más importantes. Cuando en un estado se produce un crecimiento económico la necesidad de abrir mercados y de materias primeras conduce a conflictos con otros estados para permitir crecer a sus empresas que se verían constreñidas si no fuera así.

Teoría de Ciclo de Poder Relativo

Esta teoría fue desarrollada por Charles Doran (1963) y su principal aportación es tener en consideración no el poder absoluto de un estado como factor determinante de su posición en el sistema global, sino su poder relativo a otras potencias. Por ejemplo la Francia de 1914 era mucho más poderosa que la de 1850, pero quedaba eclipsada por una Alemania en auge. Seguidamente Doran añade que esa posición es cíclica a través de varias etapas de crecimiento, maduración y declive, y este ciclo está influido mayormente por un crecimiento desigual entre los estados. La posición en el sistema de poder y en el ciclo determinaría la política a seguir de cada estado en un momento dado. Así pues, la guerra es más probable que suceda cuando un estado llega a ciertos momentos críticos del ciclo, estos momentos aparecen de forma abrupta y no son predecibles con lo que la reacción del estado a estos momentos de cambio puede ser exagerada. Los cambios que se producen son fundamentalmente en la posición relativa de poder y en el papel del estado dentro del sistema internacional, como estado hegemónico, aliado o aspirante, por ejemplo.

Doran establece que la guerra es producto de las decisiones en esos momentos críticos a partir de las expectativas del estado de cuál será su papel en el futuro, normalmente extraídas de su papel en épocas anteriores. Al ser momentos impredecibles de alta inseguridad, junto a expectativas a veces irreales (por haber sido una gran potencia en el pasado, por ejemplo) y a posibles amenazas de pérdida de posición relativa o por necesidades del propio estado (económicas o sociales, por ejemplo) es muy probable que el estado se movilice para una gran guerra.

Entre 1989 y 2013 las posiciones en base al PIB de los mayores productores del mundo han cambiado para varios de los actores mundiales (Pepe, M. S. y Krolik, K., 2017), como se puede ver en la siguiente lista:

Posición                   1989                                    2013

  1.                          Estados Unidos                Estados Unidos
  2.                          Japón                                 China
  3.                          Alemania                           Japón
  4.                          Francia                              Alemania
  5.                          Italia                                   Francia
  6.                         Reino Unido                      Reino Unido
  7.                         Canadá                               Brasil
  8.                         Rusia                                   Rusia
  9.                         Brasil                                  Italia
  10.                         España                               India
  11.                         China                                  Canadá
  12.                         India                                   Australia
  13.                         Australia                            España

El Índice Compuesto de Capacidad Nacional (ICCN) de David Singer (1963) utiliza el gasto militar, el personal militar, el consumo de energía, la producción de hierro y acero, la población urbana y la población total. Posteriormente se han añadido el PIB y el porcentaje de gasto en defensa a los indicadores en algunas ocasiones. El ranking de poder mundial resultante sería el siguiente en 2007 (Fuente):

Posición              ICCN en 2007

  1.                          China
  2.                          Estados Unidos
  3.                          India
  4.                          Japón
  5.                          Rusia
  6.                          Brasil
  7.                          Alemania
  8.                          Corea del Sur
  9.                          Reino Unido
  10.                          Francia
  11.                          Italia
  12.                          Turquía
  13.                          Pakistán

La tendencia actual marca un ascenso de China claramente a una posición relativa de poder mucho mayor de la que ha tenido en las décadas pasadas junto a un Japón con un crecimiento mucho más moderado, pero en ambos casos superando a los EUA en porcentaje del poder relativo en 2014 y 2030 respectivamente (Kyssane, 2005). Cuáles serán las decisiones que tomen los diferentes actores no podemos saberlo, pero está claro que la hegemonía mundial de los Estados Unidos de América se ve amenazada por un estado como China con capacidad económica, militar y tecnológica suficiente para ser el nuevo hegemon del siglo XXI. Si habrá conflicto o no dependerá de las decisiones que se tomen en los puntos críticos que nos encontremos. Y en caso de haberlo, ¿resistiría China el conflicto? ¿Tomaría Rusia la hegemonía como aliada de la aspirante asiática? ¿Sería Japón el nuevo hegemon si venciera el bando estadounidense? ¿Será India un freno para China por su influencia regional? Las repuestas las veremos en las siguientes décadas.

Kyssane, D. (2005): «2015 and the Rise of China: Power Cycle Analysis and the Implications for Australia» en Security Challenges Vol. 1 (1), pp. 105-121.

Pepe, M. S. y Krolik, K. (2017): «Using Power Cycle Theory and Role Realignment Theory to Recognize the International Roles of China and the United States» en International Journal of Business and Social Science Vol. 8 (4), pp. 20-28.

El Absolutismo (III)

La decadencia española

Imagen: La rendición de Breda de Diego Velázquez (1635), también conocido como Las Lanzas. Justino de Nassau rinde la ciudad de Breda a las tropas españolas en 1625 dirigidas por Ambrosio Spínola, la escena se enmarca en el embate del rey Felipe IV para recuperar los territorios de Flandes tras la tregua e intentar restaurar la hegemonía española.

El Imperio Español fue un referente europeo de gran estado durante los reinados de Carlos I y de Felipe II. La muerte del segundo monarca Habsburgo en 1598 inició el fin de la hegemonía española, que iría languideciendo durante todo el siglo XVII. Su hijo, Felipe III, tuvo una gestión muy complicada, con varias guerras abiertas y una bancarrota. Aun así, la hegemonía política estuvo acompañada de un auge cultural conocido como el Siglo de Oro que duró desde el siglo XV hasta entrado el XVII.

Durante el siglo XVI España estuvo considerada un modelo de estado a seguir: una monarquía potente con un gran reino. Sin embargo no consiguió la unificación de la Península Ibérica, el monarca era un rey de reinos no de un único estado. Además se utilizó el recurso de la guerra para la expansión de forma permanente, lo que implicaba grandes gastos. Esto provocó una necesidad acuciante de impuestos y finalmente la bancarrota.

Durante el reinado de Felipe III el gobierno recayó en Francisco de Sandoval y Rojas (más conocido como el Duque de Lerma), debido a la inexperiencia del monarca. El duque se encontró una corona caracterizada por grandes diferencias entre los muchos estados bajo su dominio, en especial referente a la recaudación de impuestos, lo que dificultaba la capacidad para financiar guerras. Como resultaba imposible realizar una recaudación efectiva Felipe III se vio obligado a un periodo de paz conocido como Pax Hispanica.

En 1604 se firmó la paz de la Guerra Anglo-española y se establecieron 12 años de tregua con los Países Bajos en 1609. Entre 1600 y 1620 el objetivo de la corona española fue el crecimiento agrícola y el aumento de la producción artesanal para poder recaudar más impuestos. La visión cultural española de las clases nobles en contra del trabajo manual permeaba hacia las clases populares lo que promovía ganarse la vida dentro del ejército, un aumento de la mendicidad y de la delincuencia creando la conocida picaresca española reflejada en la novela anónima de Vida de Lazarillo de Tormes (1554) o en Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (1599).

La economía española dependía demasiado de las importaciones debido a los flujos de plata y oro procedentes de América juntamente a la falta de producción interna debido a un estilo de vida que no incentivaba la creación de artesanía o las innovaciones. Para poder aumentar la recaudación el gobierno español tenía que crear una clase empresarial como en el norte de Europa y esto implicaba luchar también contra las maneras decadentes de la nobleza, problema que arrastraría durante siglos.

Hubo dos grandes problemas que afectaron a la capacidad española de producción. Por un lado la expulsión de los moriscos en 1609 y por otro la epidemia de peste de 1599. Los moriscos eran musulmanes convertidos al cristianismo forzadamente desde 1502 que en muchos casos continuaban siguiendo el islam en secreto. La desconfianza y rechazo que se daban contra ellos provocaron su expulsión. Como consecuencia la población se redujo entre un 20% y un 35% en el Reino de Aragón y en el de Valencia, unas pérdidas enormes que provocaron una caída gigantesca de la producción agrícola, lo que aumento la mortalidad en el resto de la Península. Las epidemias de peste, como la de 1599, reforzaron esa mortalidad y provocaron la pérdida de una octava parte de la población en todo el territorio peninsular.

En 1621 subió al trono Felipe IV y escogió como valido a Gaspar de Guzmán (más conocido como el Conde-Duque de Olivares) que en las intrigas palaciegas había resultado en su aliado contra el valido de su padre. Los dos retos principales que se encontraron fueron la reconquista de Flandes tras los años de tregua, que habían supuesto una independencia de facto, y recomponer las finanzas de la corona mediante una serie de reformas fiscales y financieras para poder recaudar impuestos más efectivamente. Inicialmente se avanzó en la conquista de los Países Bajos, pero no disponían de suficientes recursos y se tuvo que recurrir a préstamos a la banca de Génova. La economía española fue incapaz de poder retornarlos y se volvió producir una bancarrota.

El reinado de Felipe IV también se vio implicado en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), una guerra de religión que se convirtió rápidamente en una guerra por el control hegemónico de Europa. El conflicto inicial implicaba a los católicos y protestantes alemanes y se expandió por Francia, Italia y España. La monarquía española apoyó al bando imperial católico alemán mientras que los protestantes de los Países Bajos, Suecia y los Príncipes alemanes fueron apoyados por Francia e Inglaterra.

Mientras las tropas españolas tenían que lidiar con una guerra por todo el continente en 1640 se produjo una revuelta en Cataluña conocida como Guerra de los Segadores. Las tropas españolas atravesaban habitualmente Cataluña para poder llegar a los combates en Francia y los ejércitos de la época tenían que ser abastecidos por los locales, dándoles cobijo y alimentos. Normalmente las tropas tenían un comportamiento caótico, produciéndose abusos, peleas y bastantes molestias a los campesinos. Hartos de este proceder los agricultores catalanes se alzaron en protesta contra los tercios y la nobleza.

Al tiempo que sucedían las revueltas catalanas Portugal declaró la independencia de la corona, este último factor unido a la convulsión en el campo favoreció la independencia de Cataluña en los siguientes años. Siendo incapaz de controlar la situación el gobierno catalán pidió ayuda a la monarquía francesa lo que acabó convirtiendo Cataluña en el campo de batalla entre ambas coronas. En 1652 termina la autonomía catalana tras el asedio de Barcelona por las tropas de Felipe IV, se volvía a reconocer al rey como soberano y éste juraba respetar las constituciones catalanas. En 1658 Flandes consiguió la independencia y las tropas retornaron, finalmente en 1659 se cedieron los territorios catalanes transpirenaicos a Francia.

Las consecuencias de la guerra fueron nefastas, el campo castellano estaba arruinado así como la capacidad militar catalana. La moneda de plata desapareció, los precios eran muy inestables y la moneda tuvo que ser reevaluada constantemente debido a una inflación que llegaba al 50%. En 1661 Carlos II heredó una España con una crisis demográfica y económica y una gran inestabilidad. Debido a la incapacidad del rey una junta de gobierno asumió el poder en 1665, contaba con representantes nobles de diferentes territorios. Poco a poco la monarquía española se fue desarticulando, Juan de Austria realizó un pronunciamiento militar en 1669 y la periferia se recuperaba lentamente sin la intercesión de la corona: por ejemplo, mediante los talleres textiles en Cataluña.

En 1700 murió Carlos II sin descendencia y se produjo una Guerra de Sucesión entre Felipe de Anjou y Carlos de Austria con la victoria del primero en 1714. Felipe V, primero de la casa de Borbón, castigó severamente a sus oponentes en la guerra lo que acrecentó la crisis económica, pero empezó un siglo de reformas que permitió a los Borbones eliminar las particularidades económicas y sociales medievales que arrastraba el país. España había dejado de ser el gran imperio de los siglos anteriores que aglutinaba diversos territorios con diferentes características y se instauró una monarquía absolutista centralista de corte francés, manteniendo aun las colonias en América, pero que poco a poco iban sintiéndose más y más alejadas de la corona y la península.

El Japón medieval (I)

Periodos y cronología (siglos XII al XVI)

Imagen: representación de la Guerra de Ōnin (1467) por Utagawa Yoshitora (c. 1870).

A principios del siglo XII en Japón la tierra pertenecía a los aristócratas, los monasterios budistas, los funcionarios imperiales y los terratenientes locales, donada por el emperador, y mucha de esa tierra estaba exenta de impuestos, los llamados shoen. El shoen facilitó la formación de  poderosos clanes militares ya que estaba fuera de la administración civil y se otorgaba o se donaba con concesiones sobre sus beneficios, literalmente el shoen estaba fuera de toda inferencia del gobierno.

Los propietarios donaban parte del beneficio del shoen a señores más poderosos a cambio de protección. Éstos formaban sus propias milicias para proteger y ampliar sus posesiones estableciéndose una relación de señor-vasallo. Con el tiempo los jefes provinciales y sus vasallos formarían grupos armados con espadas que se convertirían en la clase samurái (servidores). Dos clanes militares gobernaban la periferia de la isla principal en esa época, el clan Minamoto (de la región de Kanto) y el clan Taira (de la región de Chugoku).

Periodo Kamakura (1185 a 1333)

El primer shogunato de Japón tenía como base la ciudad de Kamakura (cercana a la actual Tokio). El gobierno era de corte militar y representaba la toma del poder de la casta guerrera y la feudalización del país. Anteriormente el poder del estado estaba representado y se ejercía desde el emperador, el gobierno civil y la aristocracia. Tras la guerra Genpei entre los clanes Minamoto y Taira por diferentes pretendientes al trono imperial Minamoto Yoritomo se consolidó como gobernante de facto de Japón, derrotó al clan Taira y el emperador no tuvo más remedio que reconocerle como Seitaishōgun (gran general que derrota a los bárbaros) en 1192. Se reconocía de esta manera la supremacía del poder militar y se creó el bakufu (gobierno militar, literalmente gobierno de la tienda).

Cuando el emperador nombró shogun a Yoritomo perdió el poder administrativo y no lo recuperaría hasta la era Meiji, se rechazó también en ese momento el modo de vida de la corte de Kioto.

Se nombraron a los shugo, protectores militares de las provincias que acabarían apropiándose de ellas formando dominios latifundistas y nombrándose posteriormente daimio (gran nombre), nobles militares. Los títulos de protector se otorgaban según la fidelidad y el éxito militar y, aunque subordinados a la autoridad del shogun, a la práctica eran muy autónomos.

La cultura del bushido surgió en esta época, gracias al dominio de las clases guerreras, y el budismo se expandió y se diversificó en varias escuelas adaptándose a la mentalidad nipona. Se fomentó la austeridad, las artes y las disciplinas marciales propias del samurái. El shogun actuaba en nombre del emperador, tenía el poder militar y político, recaudaba impuestos, nombraba a los gobernadores provinciales (jitō) y a los condestables (shugo). Era un sistema similar al feudalismo donde a cambio de sus servicios el señor concedía derecho a recaudar rentas de la tierra.

A partir de 1203 el clan Hōjō se convirtió en regente del shogunato de forma hereditaria a partir de la viuda de Yoritomo, lo que a la práctica convertía al clan en gobernante del país, influyendo y deponiendo a los shogunes según sus intereses. Esto se acrecentó tras el fallido golpe de estado del emperador Go-Toba en 1221 que además hizo que se nombraran miembros de otras familias o de la dinastía imperial como shogun.

Kublai Kan, emperador mongol chino de la dinastía Yuan exigió la sumisión de Japón a su imperio en 1274. La negativa del bakufu forzó la invasión por mar que fue suprimida gracias al kamikaze (viento divino), un huracán que destruyó la armada mongol en 1281.

El paso del tiempo erosionó los recuerdos y lealtades de la guerra Genpei entre los militares del bakufu y sus descendientes y la lealtad al shogun era cada vez menor, mientras que su compromiso con los poderosos jefes locales aumentaba. También había cada vez más problemas económicos, hambrunas y levantamientos. Los Hōjō además despertaban mucho recelo entre los demás clanes por su posición de regentes y en 1331 el emperador Go-Daigo intentó un golpe de estado contra ellos.

Periodo Muromachi o Ashikaga (1336 a 1573)

Se estableció así el segundo shogunato de la historia de Japón por Ashikaga Takauji tras el fallido intento del emperador Go-Daigo de retomar en el poder. Takauji apoyaba inicialmente al emperador contra el shogunato kamakura, pero el intento de crear un gobierno imperial fuerte al estilo chino y de eliminar la presencia samurái de la política provocó una serie de revueltas contra el emperador que Takauji utilizó para proclamarse shogun (restauración Kenmu, 1333 a 1338).

El shogunato tuvo problemas de recaudación de impuestos durante esta época, mientras los shugo se hacían con el poder en las provincias y se acabaron convirtiendo en Daimio formando grandes latifundios.

Muromachi era el área de Kioto donde residía bakufu. Los daimio controlaban los feudos (que formarían la base de los han del periodo Edo), mientras que el shogunato perdía cada vez más poder con shogunes más y más ineptos que dependían de la lealtad de sus vasallos directos. La economía en este periodo, por contra, era floreciente, mejorando gracias a la explotación de la tierra por parte de los daimios y el comercio con China en la primera mitad del periodo. Tras el bloqueo chino se introdujo el comercio con Europa que no paró de aumentar hasta el aislamiento del periodo Edo-Tokugawa. El budismo zen, la ceremonia del té y el fueron expresiones culturales en expansión durante este periodo.

Periodo Nanbokucho (capitales del sur y el norte, 1336 a 1392)

Durante este periodo existieron dos cortes imperiales y sendas capitales en Japón. La corte del norte (hokuchō), con base en Kioto, era respaldada por el shogunato, mientras que la del sur (nanchō), con base en Yoshino (provincia de Kii), recibía el apoyo de una rama de la familia imperial que no aceptaba la entronización del emperador que había hecho Takauji. En 1392 tras años de declive y lucha, la corte del sur reconoció a la corte del norte como legitima y se fueron alternando en el poder, aunque de hecho la corte del norte era la auténtica gobernante.

Periodo Sengoku (Estados guerreros, 1467 a 1568)

Fue una guerra civil que empezó con la guerra de Ōnin, una disputa por el título de shogun. El poder del shogunato de los Ashikaga fue eliminado, reduciendo su esfera de influencia a la ciudad de Kioto. En las provincias los daimios luchaban por la supremacía militar y el dominio del país. El comercio con China se resintió y la piratería era frecuente, en consecuencia la China Ming dejó de comerciar con Japón favoreciendo la entrada de comerciantes Europeos.

En esta época solo contaba el poder militar, el número de guerreros y la acumulación de feudos, se impuso el mayorazgo (heredaba el varón mayor) y las mujeres perdieron todos sus derechos. Las guerras, plagas, sequías e impuestos provocaron insurrecciones campesinas y algunos campesinos lograron hacerse samuráis. La base económica era la agricultura, de la cual los campesinos entregaban más del 75% de la cosecha en impuestos, lo que provocaba que vendieran a sus hijas a los burdeles y entregaran a sus hijos a los monasterios. Las ciudades crecieron, así como los gremios de artesanos y el comercio y los daimios se enriquecieron con él.

Periodo Azuchi-Momoyama (1568 a 1603)

Periodo nombrado así por los castillos de Oda Nobunaga y de Toyotomi Hideyoshi. Nobunaga entró en la capital de Kioto victorioso en 1568 para poner en el poder al último shogun Ashikaga. Nobunaga se consolidó como el daimio más fuerte del país, eliminando a todos sus rivales y estableciendo un libre mercado en la isla, aboliendo finalmente el shogunato de los Ashikaga en 1573 cuando el último de ellos se exilió.

Con ayuda de Hideyoshi, gobernador de la capital, pactó con los daimios amigos, redujo a los hostiles, sometió a los templos budistas expansionistas, restauró el orden y acogió favorablemente a los misioneros y comerciantes portugueses llegados desde 1542.

Finalmente fue traicionado y obligado a cometer seppuku en 1582. Hideyoshi lo sucedió y acabó siendo nombrado kanpaku (regente) del Japón. En 1590 acabó derrotando a los pocos clanes que se le oponían y unificó el país. Hideyoshi remodeló en parte el sistema productivo y de peajes, consolidó el sistema de castas y controlaba la regencia desde la posición de regente retirado (taikō, gran príncipe). Continuó la reunificación, estimuló el comercio con Filipinas, Camboya y Siam, construyó los palacios de Yoraku y Momoyama, así como el castillo de Osaka, puso en explotación minas de oro y plata, sometió a los daimios y fomentó la cultura.

En 1592 concibió la magna idea de conquistar la China Ming pasando por Corea, la campaña fue algo desastrosa y termino con la muerte de Hideyosi en 1598. Los cinco daimios más importantes gobernaron brevemente el país hasta la batalla de Sekigahara donde Tokugawa Ieyasu se proclamó vencedor lo que le llevaría a ser nombrado shogun y trasladar la capital a Edo (Tokio) en 1603.

Cronología

Siglo XII

1156: Taira Kiyomori respalda al emperador Go-Shirakawa en la Rebelión Hōgen, los Taira derrotan a los Minamoto que apoyaban al rebelde emperador retirado Sutoku.

1160: Rebelión Heiji, Taira Kiyomori se convierte en el gobernante de hecho de Japón derrotando a los Minamoto que buscaban venganza y recibiendo los más altos honores y rango.

1180: Primer caso registrado de un seppuku formal, Minamoto Yorimasa.

1175: Hōnen introduce la secta Jodo-shu del budismo, secta de la tierra pura.

1177: Un incendio destruye el centro de Kioto.

1180: Por miedo a un golpe de estado Kiyomori traslada la capital a Fukuhara (actual Kobe).

1185: Guerra Genpei, los Minamoto destruyen a los Taira, batalla de Dan-no-ura.

1192: Minamoto Yoritomo nombrado primer shogun, establece el gobierno en Kamakura.

Siglo XIII

Eisai establece el budismo zen en Japón.

1203: El clan Hōjō asciende al poder como regentes.

1221: Guerra Jōkyū, los emperadores retirados Go-Toba y Juntoku incitan a los samuráis a rebelarse contra los Hōjō. Hōjō Yoshiyoki los derrota y confisca las haciendas imperiales.

1257: Kamakura sufre graves daños por un terremoto.

1268: La primera de varias delegaciones chinas (mongoles) exige tributo a Japón.

1274: Primera invasión mongol de Kyushu.

1275: Se ejecuta a los enviados chinos (mongoles) que exigían tributo.

1281: Segunda invasión mongol, las fuerzas de Kublai Kan son derrotadas por el kamikaze.

Siglo XIV

El teatro florece bajo patrocinio samurái.

1331: Guerra Genko, el emperador Go-Daigo incita una rebelión contra los Hōjō. Busca la ayuda de aliados en Kusunoki Masashige pero es capturado por Hōjō Takatoki.

1332: Go-Daigo se exilia y vuelve con refuerzos; Ashikaga Takauji, inicialmente aliado de los Hōjō, los traiciona y se une al emperador.

1333: Las fuerzas imperiales incendian Kamakura bajo mando de Nitta Yoshisada, Takatoki comete seppuku.

1336: Takauji se rebela contra Go-Daigo y se nombra shogun, Masashige y Yoshisada se mantienen fieles. Dos cortes, una en Kioto y otra en Yoshino. Takauji depone a Go-Daigo y nombra emperador a Kōmyō.

1338: Takauji destina el bakufu al distrito de Muromachi en Kioto.

1392: Reunificación de las cortes.

Siglo XV

1412: Go-Komatsu abdica como emperador, revueltas en las provincias.

1418: Ashikaga Yoshimochi mata a su hermano Yoshitsugu en la aspiración a shogun.

1428: El shogun Ashikaga Yoshinori nombra a Go-Hanazono emperador, revueltas en Ise.

1441: Akamatsu Mitsusuke asesina al shogun por miedo a su propio asesinato, los seguidores del shogun le persiguen y comete seppuku.

1449: La peste asola Kioto.

1457: Revuelta de los ainos que es aplastada.

1467: Guerra Ōnin, facciones familiares rivales se disputan el shogunato, Kioto queda deshabitada y la familia imperial arruinada.

1477: Fin de la guerra por agotamiento de los participantes.

Siglo XVI

Aparecen el ikebana, los jardines de piedras y el uso de netsuke.

1536: Todos los templos de la secta Nichiren son arrasados por la secta Enryaku en Kioto.

1542: Llegada de los portugueses, los misioneros, las armas de fuego y las enfermedades venéreas.

1549: San Francisco Javier llega a Kyushu.

1568: Nobunaga llega a Kioto y destruye los templos budistas.

1573: Oda Nobunaga depone al último shogun Ashikaga.

1582: Nobunaga es asesinado.

1588: Edicto que limita la religión cristiana; se impiden las armas a los campesinos.

1590: Toyotomi Hideyoshi se convierte en kanpaku, regente.

1598: Hideyoshi realiza la invasión de Corea, pero su muerte frustra la acción.

Siglo XVII

Se populariza la pintura Ukiyo-e.

1600: Se introducen los peces de colores de China. Tokugawa Ieyasu aplasta a la oposición en la batalla de Sekigahara.

1603: Ieyasu establece el shogunato en Edo. Primera representación de kabuki.

La política estadounidense en Oriente Medio

Imagen: Soldados estadounidenses en Irak en 2009.

La Guerra del Golfo de 1991 es un momento histórico importante, implica una re-fundación de la situación del mundo árabe. El orden mundial había cambiado tras el fin de la Guerra Fría y el siglo XX corto de Hobsbawm había terminado, empezaban los fundamentos del siglo XXI que ahora nos toca vivir. La hegemonía de los Estados Unidos de América (EUA) era patente y se pretendía realizar una política pro-americana en Oriente Medio, acorde a la opinión de Israel de la situación estratégica de la región.

En el escenario bélico resultante de la guerra los EUA no permiten, por tanto, que las Naciones Unidas negocien una salida diplomática a la invasión de Kuwait por Irak. De esta manera se elige una vía de conflicto que buscaría sustentar las bases del nuevo orden mundial: toda la comunidad internacional debía seguir a los EUA.

Tras la guerra se establece una nueva división del mundo, de forma arbitraria, entre estados legítimos y estados «bastardos», «canallas» o «parias» (Rogue states). Casi todos estos estados son musulmanes, excepto Corea del Norte y Venezuela; como ejemplos notables tenemos a Irán, Sudán, Siria, Afganistán, Irak o Libia. George W. Bush en 2002 utilizaría la expresión «Eje del Mal» para referirse a algunos de estos estados dándole un toque fundamentalista cristiano. Así pues tenemos una serie de estados aliados y clientes de los EUA y otros que no se doblegan ante el poder hegemónico de la potencia. No hay otros criterios de división ya que países que no respetan los derechos humanos, no tienen libertad de mercado o no son democráticos están dentro del primer grupo de países respetados.

El tratamiento que reciben estos estados es acorde a su acomodamiento a la política estadounidense. El foco de atención de los cambios de gobierno se centraba en si aceptaban a los EUA como líder no en si había un cambio de poder o de reparto de la riqueza. En otras palabras, en plegarse a las líneas políticas y estratégicas internacionales de los EUA, mientras en el interior de las fronteras todo podía seguir igual. Ejemplos de estos cambios se produjeron en Sudán y Libia.

A partir de 1991 se crea una red militarizada en la región centrada en Arabia Saudí y en los Emiratos del Golfo Pérsico. Los EUA quieren garantizarse un estado de clientelismo de las elites gobernantes y que estas sean incapaces de defender sus intereses regionales sino los de los estados unidos. Hay que entender que en estas sociedades hay una relación de gran desigualdad y falta de legitimación entre los gobernantes y la población. Los primeros monopolizan el bien público y los sistemas económicos del país, además de existir una gran corrupción y prácticas de tortura. Todos estos factores son generadores de radicalización entre la población.

Los regímenes resultantes son muy vulnerables y no pueden mantener el poder sin el apoyo externo de los EUA. Ese apoyo se da de forma política, diplomática, económica y militar, además de una concesión de impunidad para la gestión interna de la sociedad creando un proceso creciente de vulneración de los derechos humanos. Un claro ejemplo es el Egipto de Mubarak.

Mientras tanto en Occidente se produce una enajenación respecto a los problemas de Oriente. Tras la Guerra Fría se desplaza el eje del conflicto de la ideología a la cultura, mediante una revisión del culturalismo colonial del XIX y el orientalismo. Se plantea una superioridad cultural de la hegemonía, todo lo autóctono es anti-moderno, y se establece el modelo europeo como universal y civilizado. Así se desvía el problema político a una incompatibilidad de culturas y un choque con «bárbaros», «salvajes», «retrasados» y «razas». No se piensa en responsabilidades políticas sobre las decisiones tomadas y sus consecuencias si no en el choque religioso y cultural, en factores inherentes en el Islam como los productores de los problemas. El principal instigador de estas tesis es Samuel Huntington con su libro El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial.

La información occidental esta muy impregnada del culturalismo y se produce un procesos de des-humanización de los musulmanes que junto al terrorismo justifica la guerra por encima de los derechos humanos. La guerra, el culturalismo, la tortura y la corrupción radicalizan a su vez las posturas de los terroristas generando un sistema que se retro-alimenta.

Existe también una des-localización de la tortura en Occidente, llevando a prisioneros a países árabes para que sean torturados allí, juntamente a leyes anti-terroristas en los países clientes que sirven para aplicarlas a cualquier disidente político local. Además los líderes de los nuevos estados surgidos de las guerras son ciudadanos americanos inmigrantes de esos países que son colocados en el gobierno para favorecer los intereses norteamericanos.