Hegemonía y Guerra

Teorías sobre los conflictos bélicos

Imagen: los asistentes a la Conferencia de Yalta en febrero de 1945, Winston Churchill, Franklin D. RoosveltIósif Stalin. La conferencia marcó el fin de la II Guerra Mundial, la más reciente «guerra hegemónica» en la que el liderazgo mundial pasó del Reino Unido a los Estados Unidos de América. Fuente.

El conflicto bélico ha existido entre los seres humanos desde que existen estados, incluyendo las primeras ciudades-estado, la forma territorial más pequeña (aproximadamente en el año -4000). La primera guerra de que se tiene constancia sucedió en -2450 entre las ciudades de Lagash y Umma, en Sumeria.

La violencia antes del estado era frecuente, la gran mayoría de sociedades entablaban conflictos violentos entre ellas habitualmente y en muchos casos de gran crueldad (Jebel Sahaba, por ejemplo, en -13000 o Naturuk en -8000). Pero el nivel de organización, los recursos movilizados, el número de combatientes, las motivaciones y los intereses de los instigadores diferían bastante.

En esta entrada por hegemonía entendemos la preeminencia de un estado en el orden internacional capaz de modificar las leyes, políticas y economía mediante la diplomacia, la coerción o la persuasión. Usualmente la existencia de un estado hegemónico favorece la estabilidad y el desarrollo económico en el ámbito global, pero no siempre es así. Para alzarse como poder dirigente un estado necesita una gran capacidad militar y una economía floreciente que además le permita el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Desde que el sistema mundial se estableció durante el siglo XVI ha habido diversos estados hegemónicos que han liderado la política internacional. Durante el siglo XVI la España de los Habsburgo marcaba el paso a seguir en Europa y la colonización y dominio de América, en el siglo XVII los Países Bajos gracias a la creación de la economía financiera, su comercio e incipiente industrialización lograron controlar los flujos económicos mundiales, en los siglos XVIII y XIX Gran Bretaña recogió el testigo dominando el tráfico marítimo y la producción industrial, así como colonizando gran parte del planeta, en el siglo XX los Estados Unidos de América han ejercido el control de las instituciones políticas y económicas y el poder militar. Actualmente ese liderazgo podría estar en peligro debido al crecimiento económico y militar de China.

Todos estos liderazgos no han sido incuestionados ni han sucedido sin oposición. Normalmente un poder hegemónico pierde competitividad a medida que sus logros tecnológicos y organizativos se difunden entre el resto de países gracias a que previamente ha presionado para la abertura de mercados y de esta manera poder entrar en ellos y dominarlos. Esto produce un coste menor para otros estados que pueden incorporar esos logros de forma barata y usar el resto de recursos para crear innovaciones. Además el coste militar de mantener la hegemonía resulta en contra del líder, lo que favorece el surgimiento de un poder antagónico alternativo. Es común que el hegemon se vea amenazado y se torne hacia políticas proteccionistas creando a su vez menor competitividad y, finalmente, es posible un conflicto bélico internacional por ver cuál de los poderes se alza con el liderazgo. Paradójicamente no suele ser el aspirante quien es el nuevo hegemon si no un país aliado de similar ideología, pero que no se ha desgastado enormemente en la guerra.

Países que han sido aspirantes a liderar la hegemonía han sido el Imperio Otomano durante el siglo XVI, Suecia durante el siglo XVII, Francia durante el siglo XVIII o Alemania durante el XIX. Grandes guerras resultantes de los conflictos por la hegemonía en el pasado han sido la Guerra de los Treinta Años, las Guerras Napoleónicas y las dos Guerras Mundiales, por ejemplo. Otros estados a tener en cuenta en la carrera por la dominación han sido, y actualmente siguen siéndolo, Rusia, Japón y China. La guerra por tanto es consecuencia de una transición en el liderazgo mundial conducida en mayor parte por diferencias en el desarrollo económico.

power-cycle
Gráfica que muestra el porcentaje de poder de las principales potencias desde el siglo XVI por Doran (1965-1993). Se basa en el personal militar, el consumo de energía, la producción de hierro y acero, la población urbana y la población total de cada estado. Fuente.

Existen numerosas corrientes y teorías que intentan explicar el porqué de las guerras, el alzamiento de poderes hegemónicos y las idas y venidas de los diferentes estados. Lo expuesto hasta ahora corresponde en parte a la teoría de Gilpin de Transiciones Hegemónicas, la teoría de Ciclo Largo de Modelski, el Sistema-Mundo de Wallerstein, los ciclos de Kondratieff y la Teoría de Poder Relativo de Doran. Vamos a verlas con un poco más de detalle.

Teoría de Transición Hegemónica

La teoría de Robert Gilpin es muy parecida a la teoría de Transición de Poder de Organski (1968). Ambas se centran en explicar los conflictos entre los estados principales del sistema mundial por el liderazgo, las mencionadas guerras por la hegemonía más arriba. Estas guerras, como decíamos, se caracterizan por el conflicto entre un hegemon y un aspirante por el liderazgo mundial. Gilpin se centra más en los aspectos políticos y de prestigio que no en los económicos, aunque reconoce la importancia de factores materiales como la población, el PIB o la tecnología. El problema de la teoría de Transición Hegemónica radica en que no siempre la existencia de un poder fuerte favorece la estabilidad del sistema y por tanto no es la inestabilidad la que provocaría el conflicto, dejando sus hipótesis no probadas.

Teoría de Ciclo Largo

Modelski y Thompson desarrollaron esta teoría en 1989 que se basa en tres subsistemas mundiales: político, económico y cultural. Aunque consideran el sistema político mundial prácticamente anárquico apuntan que la existencia de un poder dominante, el hegemon, permite ordenar ese sistema. La teoría establece una alternancia cíclica entre los líderes del sistema político, empezando cada ciclo con una guerra global por la hegemonía. Esta teoría da mucha importancia al poder militar, particularmente el marítimo. Cuando el hegemon empieza a declinar se empieza a su vez a generar desorden en el sistema lo que conduce a un conflicto por la hegemonía. Los ciclos que mencionan suelen tener una duración de aproximadamente 100 años. La inestabilidad patente durante los periodos de hegemonía al igual que grandes conflictos entre grandes estados durante los supuestos periodos de estabilidad provocan que esta teoría tampoco sea totalmente adecuada para explicar los conflictos bélicos y la hegemonía mundial.

Teoría de Sistema-Mundo

Wallerstein (1974) se basa en la desigualdad económica y la dependencia para explicar los conflictos bélicos, aunque la teoría no se centra en explicar la guerra. El sistema mundial es caracterizado también como anárquico y competitivo, lo que impide a un solo poder controlar toda la economía. Esto conduce a la división internacional del trabajo dentro de un sistema capitalista dividendo los estados en tres grupos el centro, la periferia y la semi-periferia.

El hegemon sería un estado del centro que tiene una posición de dominio, normalmente por poseer determinado tipo de industrias, tecnología y alta atracción de capitales que le permite imponer determinadas normas internacionales. Como mantener la hegemonía resulta en altamente costoso en gastos militares y de gestión invariablemente el estado hegemónico perderá competitividad verso a otro estado central, además la subida del nivel de vida hará huir la inversión de capital a otro estado más barato gracias al libre mercado. Las innovaciones, como ya hemos comentado, serán copiadas sin posibilidad de evitarlo. La guerra será el medio de abrir mercados y la manera de plasmar los cambios producidos por esta redistribución del poder.

La teoría, junto a Christopher Chase-Dunn, propone una alternativa para evitar las guerras por la hegemonía y el control de recursos: un sistema mundo socialista de economía racional y liderazgo global mediante un gobierno planetario, federalista y democrático. La teoría de Wallerstein flaquea al no tener en cuenta factores culturales o ideológicos a la hora de predecir los conflictos, lo que impide que sea totalmente fiable por sí sola.

Teoría de Ciclos de Kondrátiev

Goldstein en 1988 desarrolló la teoría económica de Nikolái Kondrátiev (1920) y esta ha sido incorporada tanto en la Teoría de Ciclo Largo como en la de Sistema-Mundo. Kondrátiev aseguraba haber observado una serie de ciclos económicos de unos 50 años de duración en la economía de países capitalistas que se correlacionaban con cambios en la economía mundial y con las guerras más importantes. Cuando en un estado se produce un crecimiento económico la necesidad de abrir mercados y de materias primeras conduce a conflictos con otros estados para permitir crecer a sus empresas que se verían constreñidas si no fuera así.

Teoría de Ciclo de Poder Relativo

Esta teoría fue desarrollada por Charles Doran (1963) y su principal aportación es tener en consideración no el poder absoluto de un estado como factor determinante de su posición en el sistema global, sino su poder relativo a otras potencias. Por ejemplo la Francia de 1914 era mucho más poderosa que la de 1850, pero quedaba eclipsada por una Alemania en auge. Seguidamente Doran añade que esa posición es cíclica a través de varias etapas de crecimiento, maduración y declive, y este ciclo está influido mayormente por un crecimiento desigual entre los estados. La posición en el sistema de poder y en el ciclo determinaría la política a seguir de cada estado en un momento dado. Así pues, la guerra es más probable que suceda cuando un estado llega a ciertos momentos críticos del ciclo, estos momentos aparecen de forma abrupta y no son predecibles con lo que la reacción del estado a estos momentos de cambio puede ser exagerada. Los cambios que se producen son fundamentalmente en la posición relativa de poder y en el papel del estado dentro del sistema internacional, como estado hegemónico, aliado o aspirante, por ejemplo.

Doran establece que la guerra es producto de las decisiones en esos momentos críticos a partir de las expectativas del estado de cuál será su papel en el futuro, normalmente extraídas de su papel en épocas anteriores. Al ser momentos impredecibles de alta inseguridad, junto a expectativas a veces irreales (por haber sido una gran potencia en el pasado, por ejemplo) y a posibles amenazas de pérdida de posición relativa o por necesidades del propio estado (económicas o sociales, por ejemplo) es muy probable que el estado se movilice para una gran guerra.

Entre 1989 y 2013 las posiciones en base al PIB de los mayores productores del mundo han cambiado para varios de los actores mundiales (Pepe, M. S. y Krolik, K., 2017), como se puede ver en la siguiente lista:

Posición                   1989                                    2013

  1.                          Estados Unidos                Estados Unidos
  2.                          Japón                                 China
  3.                          Alemania                           Japón
  4.                          Francia                              Alemania
  5.                          Italia                                   Francia
  6.                         Reino Unido                      Reino Unido
  7.                         Canadá                               Brasil
  8.                         Rusia                                   Rusia
  9.                         Brasil                                  Italia
  10.                         España                               India
  11.                         China                                  Canadá
  12.                         India                                   Australia
  13.                         Australia                            España

El Índice Compuesto de Capacidad Nacional (ICCN) de David Singer (1963) utiliza el gasto militar, el personal militar, el consumo de energía, la producción de hierro y acero, la población urbana y la población total. Posteriormente se han añadido el PIB y el porcentaje de gasto en defensa a los indicadores en algunas ocasiones. El ranking de poder mundial resultante sería el siguiente en 2007 (Fuente):

Posición              ICCN en 2007

  1.                          China
  2.                          Estados Unidos
  3.                          India
  4.                          Japón
  5.                          Rusia
  6.                          Brasil
  7.                          Alemania
  8.                          Corea del Sur
  9.                          Reino Unido
  10.                          Francia
  11.                          Italia
  12.                          Turquía
  13.                          Pakistán

La tendencia actual marca un ascenso de China claramente a una posición relativa de poder mucho mayor de la que ha tenido en las décadas pasadas junto a un Japón con un crecimiento mucho más moderado, pero en ambos casos superando a los EUA en porcentaje del poder relativo en 2014 y 2030 respectivamente (Kyssane, 2005). Cuáles serán las decisiones que tomen los diferentes actores no podemos saberlo, pero está claro que la hegemonía mundial de los Estados Unidos de América se ve amenazada por un estado como China con capacidad económica, militar y tecnológica suficiente para ser el nuevo hegemon del siglo XXI. Si habrá conflicto o no dependerá de las decisiones que se tomen en los puntos críticos que nos encontremos. Y en caso de haberlo, ¿resistiría China el conflicto? ¿Tomaría Rusia la hegemonía como aliada de la aspirante asiática? ¿Sería Japón el nuevo hegemon si venciera el bando estadounidense? ¿Será India un freno para China por su influencia regional? Las repuestas las veremos en las siguientes décadas.

Kyssane, D. (2005): «2015 and the Rise of China: Power Cycle Analysis and the Implications for Australia» en Security Challenges Vol. 1 (1), pp. 105-121.

Pepe, M. S. y Krolik, K. (2017): «Using Power Cycle Theory and Role Realignment Theory to Recognize the International Roles of China and the United States» en International Journal of Business and Social Science Vol. 8 (4), pp. 20-28.

El Absolutismo (III)

La decadencia española

Imagen: La rendición de Breda de Diego Velázquez (1635), también conocido como Las Lanzas. Justino de Nassau rinde la ciudad de Breda a las tropas españolas en 1625 dirigidas por Ambrosio Spínola, la escena se enmarca en el embate del rey Felipe IV para recuperar los territorios de Flandes tras la tregua e intentar restaurar la hegemonía española.

El Imperio Español fue un referente europeo de gran estado durante los reinados de Carlos I y de Felipe II. La muerte del segundo monarca Habsburgo en 1598 inició el fin de la hegemonía española, que iría languideciendo durante todo el siglo XVII. Su hijo, Felipe III, tuvo una gestión muy complicada, con varias guerras abiertas y una bancarrota. Aun así, la hegemonía política estuvo acompañada de un auge cultural conocido como el Siglo de Oro que duró desde el siglo XV hasta entrado el XVII.

Durante el siglo XVI España estuvo considerada un modelo de estado a seguir: una monarquía potente con un gran reino. Sin embargo no consiguió la unificación de la Península Ibérica, el monarca era un rey de reinos no de un único estado. Además se utilizó el recurso de la guerra para la expansión de forma permanente, lo que implicaba grandes gastos. Esto provocó una necesidad acuciante de impuestos y finalmente la bancarrota.

Durante el reinado de Felipe III el gobierno recayó en Francisco de Sandoval y Rojas (más conocido como el Duque de Lerma), debido a la inexperiencia del monarca. El duque se encontró una corona caracterizada por grandes diferencias entre los muchos estados bajo su dominio, en especial referente a la recaudación de impuestos, lo que dificultaba la capacidad para financiar guerras. Como resultaba imposible realizar una recaudación efectiva Felipe III se vio obligado a un periodo de paz conocido como Pax Hispanica.

En 1604 se firmó la paz de la Guerra Anglo-española y se establecieron 12 años de tregua con los Países Bajos en 1609. Entre 1600 y 1620 el objetivo de la corona española fue el crecimiento agrícola y el aumento de la producción artesanal para poder recaudar más impuestos. La visión cultural española de las clases nobles en contra del trabajo manual permeaba hacia las clases populares lo que promovía ganarse la vida dentro del ejército, un aumento de la mendicidad y de la delincuencia creando la conocida picaresca española reflejada en la novela anónima de Vida de Lazarillo de Tormes (1554) o en Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (1599).

La economía española dependía demasiado de las importaciones debido a los flujos de plata y oro procedentes de América juntamente a la falta de producción interna debido a un estilo de vida que no incentivaba la creación de artesanía o las innovaciones. Para poder aumentar la recaudación el gobierno español tenía que crear una clase empresarial como en el norte de Europa y esto implicaba luchar también contra las maneras decadentes de la nobleza, problema que arrastraría durante siglos.

Hubo dos grandes problemas que afectaron a la capacidad española de producción. Por un lado la expulsión de los moriscos en 1609 y por otro la epidemia de peste de 1599. Los moriscos eran musulmanes convertidos al cristianismo forzadamente desde 1502 que en muchos casos continuaban siguiendo el islam en secreto. La desconfianza y rechazo que se daban contra ellos provocaron su expulsión. Como consecuencia la población se redujo entre un 20% y un 35% en el Reino de Aragón y en el de Valencia, unas pérdidas enormes que provocaron una caída gigantesca de la producción agrícola, lo que aumento la mortalidad en el resto de la Península. Las epidemias de peste, como la de 1599, reforzaron esa mortalidad y provocaron la pérdida de una octava parte de la población en todo el territorio peninsular.

En 1621 subió al trono Felipe IV y escogió como valido a Gaspar de Guzmán (más conocido como el Conde-Duque de Olivares) que en las intrigas palaciegas había resultado en su aliado contra el valido de su padre. Los dos retos principales que se encontraron fueron la reconquista de Flandes tras los años de tregua, que habían supuesto una independencia de facto, y recomponer las finanzas de la corona mediante una serie de reformas fiscales y financieras para poder recaudar impuestos más efectivamente. Inicialmente se avanzó en la conquista de los Países Bajos, pero no disponían de suficientes recursos y se tuvo que recurrir a préstamos a la banca de Génova. La economía española fue incapaz de poder retornarlos y se volvió producir una bancarrota.

El reinado de Felipe IV también se vio implicado en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), una guerra de religión que se convirtió rápidamente en una guerra por el control hegemónico de Europa. El conflicto inicial implicaba a los católicos y protestantes alemanes y se expandió por Francia, Italia y España. La monarquía española apoyó al bando imperial católico alemán mientras que los protestantes de los Países Bajos, Suecia y los Príncipes alemanes fueron apoyados por Francia e Inglaterra.

Mientras las tropas españolas tenían que lidiar con una guerra por todo el continente en 1640 se produjo una revuelta en Cataluña conocida como Guerra de los Segadores. Las tropas españolas atravesaban habitualmente Cataluña para poder llegar a los combates en Francia y los ejércitos de la época tenían que ser abastecidos por los locales, dándoles cobijo y alimentos. Normalmente las tropas tenían un comportamiento caótico, produciéndose abusos, peleas y bastantes molestias a los campesinos. Hartos de este proceder los agricultores catalanes se alzaron en protesta contra los tercios y la nobleza.

Al tiempo que sucedían las revueltas catalanas Portugal declaró la independencia de la corona, este último factor unido a la convulsión en el campo favoreció la independencia de Cataluña en los siguientes años. Siendo incapaz de controlar la situación el gobierno catalán pidió ayuda a la monarquía francesa lo que acabó convirtiendo Cataluña en el campo de batalla entre ambas coronas. En 1652 termina la autonomía catalana tras el asedio de Barcelona por las tropas de Felipe IV, se volvía a reconocer al rey como soberano y éste juraba respetar las constituciones catalanas. En 1658 Flandes consiguió la independencia y las tropas retornaron, finalmente en 1659 se cedieron los territorios catalanes transpirenaicos a Francia.

Las consecuencias de la guerra fueron nefastas, el campo castellano estaba arruinado así como la capacidad militar catalana. La moneda de plata desapareció, los precios eran muy inestables y la moneda tuvo que ser reevaluada constantemente debido a una inflación que llegaba al 50%. En 1661 Carlos II heredó una España con una crisis demográfica y económica y una gran inestabilidad. Debido a la incapacidad del rey una junta de gobierno asumió el poder en 1665, contaba con representantes nobles de diferentes territorios. Poco a poco la monarquía española se fue desarticulando, Juan de Austria realizó un pronunciamiento militar en 1669 y la periferia se recuperaba lentamente sin la intercesión de la corona: por ejemplo, mediante los talleres textiles en Cataluña.

En 1700 murió Carlos II sin descendencia y se produjo una Guerra de Sucesión entre Felipe de Anjou y Carlos de Austria con la victoria del primero en 1714. Felipe V, primero de la casa de Borbón, castigó severamente a sus oponentes en la guerra lo que acrecentó la crisis económica, pero empezó un siglo de reformas que permitió a los Borbones eliminar las particularidades económicas y sociales medievales que arrastraba el país. España había dejado de ser el gran imperio de los siglos anteriores que aglutinaba diversos territorios con diferentes características y se instauró una monarquía absolutista centralista de corte francés, manteniendo aun las colonias en América, pero que poco a poco iban sintiéndose más y más alejadas de la corona y la península.

El Absolutismo (II)

El Parlamentarismo Inglés

Imagen: La ejecución de Carlos I de autor desconocido (1649). El retrato de la parte superior izquierda es el de Carlos I, a la derecha el de su verdugo, abajo a la izquierda Carlos camino del cadalso y a la derecha gente mojando pañuelos en su sangre. Fuente.

Durante el siglo XVII en Inglaterra hubo un intento monárquico de crear un estado absolutista, pero se encontró con unos cuerpos sociales muy organizados que lo impidieron. En 1603 murió Isabel I sin descendencia y heredó la corona inglesa su primo Jacobo I, rey de Escocia. El monarca unió los dos reinos bajo la misma corona e inició un proceso de unificación religiosa y territorial mediante la iglesia anglicana. En aquella época existían muchas sectas protestantes y los escoceses en su mayoría eran presbiterianos; la idea de Jacobo era, como en otros territorios europeos, agrupar la sociedad y el territorio bajo su corona en una única religión.

Jacobo I era defensor del derecho divino y la monarquía absoluta y escribió el tratado “The True Law of Free Monarchies” en 1598 donde exponía sus ideas. Inglaterra, no obstante, contaba con un parlamento formado por dos cámaras desde el siglo XIV:

  • Cámara de los Lores: formada por nobles y obispos anglicanos (nombrado por el rey).
  • Cámara de los Comunes: representaba a la población de 46 condados, mediante 611 diputados.

Era necesaria la aprobación de ambas cámaras para definir los impuestos y esto provocó el enfrentamiento entre al rey y el parlamento.

Además Jacobo también tuvo problemas con los protestantes que veían el anglicanismo como una copia de la iglesia romana; en consecuencia pedían que se respetara la libertad de consciencia y el derecho de la comunidad a elegir a la jerarquía eclesiástica, lo que formaría el inicio del concepto de soberanía popular.

En 1625 murió el rey Jacobo y le sucedió su hijo Carlos I el cual quiso continuar la labor de su padre formando una monarquía absoluta. Pero sus objetivos se vieron divididos en varios frentes debido a la crisis económica y agrícola del siglo XVII y a su enfrentamiento por la hegemonía contra los Países Bajos, primera potencia económica del momento.

Carlos intentó convencer al Parlamento para que financiara una guerra contra los Países Bajos. Las cámaras accedieron a darle el poder de recaudar impuestos durante un año, pero al finalizar ese periodo le retiraron la potestad y exigieron la dimisión del primer ministro George Villiers. El rey en respuesta ordenó la detención de aquellos magistrados que no colaboraban con él y convocó las cortes otra vez en 1628. El Parlamento reivindicó su fuerza y no cedió a las presiones reales proclamando que el monarca había de aceptar la Carta Magna de 1215 y estaba sujeto a la autoridad del Parlamento, que representaba al pueblo (Petición de Derechos).

El Parlamento fue disuelto por el rey en 1629 e intentó gobernar sin él, provocando el descontento de los súbditos (los 11 Años de Tiranía) y el surgimiento de una revuelta en Escocia donde ya estaban hartos del intrusismo de la iglesia anglicana. Los nobles escoceses invadieron Inglaterra y Carlos convocó el Parlamento en 1640 pensando que le daría todos los poderes para detenerlos. El Parlamento se negó a dárselos y además pidió derogar todos los impuestos aprobados de forma inconstitucional. El rey disolvió el parlamento y empezó un periodo de guerra civil.

El miembro del Parlamento y del Partido Puritano John Pym llegó a realizar incluso una propuesta de República en vista de que el despotismo real era total. En 1641 el Parlamento promovió la condena a muerte del primer ministro y estableció la obligatoriedad de convocarlo cada 3 años como mínimo, quiera o no el monarca, además de eliminar el derecho del rey a disolverlo. Carlos intentó detener por la fuerza a todos los contrarios a su política y su persona, pero las revueltas en Irlanda le obligaron a movilizar tropas y recursos hacia allí.

Los puritanos también se alzaron en contra del rey para combatir la hegemonía anglicana en Inglaterra y los instrumentos del gobierno que cortaban la libertad religiosa en el país. Carlos logró organizar un ejército que se enfrentó a las tropas parlamentarias en medio de un ambiente revolucionario, pero le fue imposible vencer. Se rindió y fue aprisionado, pero logró huir en 1647. Mientras tanto se sucedieron calurosos debates en el parlamento entre varios sectores radicales que querían una democratización de la guerra como los Niveladores y los Cavadores. Finalmente, el rey fue derrotado en batalla y ejecutado públicamente en 1649.

El 13 de marzo de 1649 se alzó Oliver Cromwell como líder de la nueva República Inglesa. El Parlamento (llamado el Parlamento Largo, por su larga duración) continuó en funcionamiento hasta 1653  cuando fue disuelto por presiones puritanas. Cromwell se convirtió en dictador de hecho bajo el título de Lord Protector y estableció la libertad religiosa excepto para los católicos, incuso llegando a la represión en Irlanda.

En 1654 aprobó la Ley de Navegación que obligaba a las colonias a comercial exclusivamente con Inglaterra intentando de esta manera evitar el comercio con los Países Bajos y murió en 1658 dejando a su hijo como Lord Protector. En 1659 un golpe de estado depuso a Richard Cromwell y convocó un nuevo Parlamento, que nombró al hijo de Carlos, Carlos II como rey en 1660. El nuevo monarca no realizó medidas represivas contra los republicanos, excepto la disolución de su ejército, dio apoyo al anglicanismo de nuevo, en detrimento de los puritanos, y fomentó la autoridad parlamentaria.

En 1662 se aprobó la ley que favorecía la liturgia y textos anglicanos, pero dando libertad a los puritanos para establecer los suyos. Diez años más tarde el rey casó con la hija del rey de Portugal, católica, lo que reavivó los miedos de los protestantes. Esto se vio reafirmado tras el intento de reformas legales que resultaban en mayor tolerancia hacia los católicos. El parlamento se pronunció en contra de estas medidas y se mantuvo la prohibición de cargos públicos para los católicos en 1678. Carlos incluso llego a pactar en secreto con Luis XIV la reintroducción del catolicismo en Inglaterra.

Al morir sin hijos heredó el trono su hermano Jacobo II, también católico con una esposa italiana católica. El Parlamento no lo aceptó y nombró herederas a las hijas de su primer matrimonio, que eran protestantes, pero no tuvo éxito. Las reformas de Jacobo continuaron encontrando oposición en el parlamento que finalmente propuso como rey a Guillermo de Orange-Nassau que atacó con una armada de 12 000 hombres en 1688, provocando el exilio de Jacobo a Francia.

El Parlamento emitió la Ley de Afirmación que establecía su poder como preeminente, el rey solamente podía ejercer el suyo con el consentimiento del parlamento. En aquel entonces había dos grandes facciones:

  • Los Whig (cuatrero en gaélico, palabra que se refería a los fanáticos presbiterianos) que apoyaban la elección de la jerarquía eclesiástica por el pueblo y estaban a favor de la libertad religiosa.
  • Los Tories (tory, bandido, en irlandés) que apoyaban el absolutismo.

El sufragio en la cámara baja era reducido, alrededor de 250 000 electores, y solamente podían votar propietarios con recursos suficiente para que pudieran ser independientes. Debido al sistema electoral había infrarrepresentación de algunos territorios y sobrerrepresentación de otros, ya que no se tenía en cuenta la población.

La Constitución Inglesa fue establecida finalmente a partir de diversas leyes entre 1653 y 1689 que establecían:

  • La naturaleza contractual de la soberanía real.
  • Que el rey sólo puede gobernar con la confianza del parlamento, y
  • La garantía de las libertades individuales: imprenta, reunión y habeas corpus.

El Absolutismo (I)

Francia – el Poder Real

Imagen: palacio de Versalles y parte de la orangerie del palacio en 2015. El Estilo Luis XIV o Clasicismo francés glorificaba el reinado del monarca, aunque enmarcado dentro del Barroco las influencias del Clasicismo renacentista son muy patentes. Los jardines simétricos son muy característicos y en el caso de Versalles se organizan entorno a la estatua de Apolo, que representa al monarca, el Rey Sol, gobernando sobre la naturaleza.

Durante el siglo XVII se produce un fenómeno propio de esa época, conocido como Absolutismo. El Absolutismo proviene del Derecho Divino europeo de los siglos anteriores, por la cual un soberano gobierna por la voluntad de Dios. De esta manera el soberano no responde ante nada ni nadie y sus actos son una prolongación de la ley divina. Se produce por tanto un poder absoluto del monarca, aunque como veremos, con marcados matices. En las siguientes entradas veremos tres ejemplos del Absolutismo:

Francia – el Poder Real

Inglaterra – el Parlamentarismo

España – La Decadencia

Francia

El rey Luis XIV (1638-1715), el monarca absoluto francés, arrastraba los problemas derivados de las Guerras de Religión del siglo XVI, que se habían acabado con el Edicto de Nantes en 1598. El decreto establecía la libertad religiosa en Francia para aquellos seguidores de la fe protestante y reformista, aunque con limitaciones y sin eliminar del todo as persecuciones y levantamientos. Ya en 1629 el cardenal Richelieu había combatido y derrotado a los hugonotes bajo el reinado de Luis XIII. Para Luis XIV la libertad religiosa suponía un problema para la unificación social del país y por tanto intentó eliminar los efectos del Edicto tanto como pudo. En 1685 se derogó el Edicto de Nantes y la persecución de minorías religiosas se incrementó, con el cierre de iglesias y locales. Además de los hugonotes otras minorías importantes fueron los jansenistas.

La monarquía francesa inició su hegemonía en el reino a partir de decretos ley para poder recaudar impuestos sin tener en cuenta las decisiones de las cortes. La Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que se inició como una guerra de religión, se transformó rápidamente en una guerra por la hegemonía de Europa, lo que impulsó a las monarquías europeas a controlar cada vez más los aspectos económicos, políticos y militares de sus reinos.

También se realizaron políticas de racionalización en la recaudación de impuestos, que convivirían con las prácticas y los malos usos posteriores, que dejaban prácticamente exentos de pagar impuestos a la iglesia y la nobleza. Consecuentemente la carga impositiva recaía mayoritariamente sobre los más pobres. Las posibles revueltas campesinas (jaqueries) que se pudieran producir fueron aplacadas debido al estado económico de subsistencia de la población. Hambrunas generalizadas y pestes por toda Europa central y septentrional (desde el norte de Italia hasta los Países Bajos) produjeron mortandades hasta del 30% lo que evitó que se pudieran organizar revueltas significativas.

Jean Colbert (1619-1683) fue el valido del rey Luis XIV y propició importantes reformas económico-políticas enfocadas a dirigir la economía del país desde el gobierno. Utilizó a la burguesía mercantil enriquecida, de la cual formaba parte, para establecer el control del comercio y favorecer el enriquecimiento del país. Se crearon monopolios y se racionalizó la economía a partir de cinco grandes compañías mercantiles: la de Levante, la de las Indias Occidentales, la del Senegal, la del Norte y la de las Indias Orientales. Se incentivaron las manufacturas para evitar la inflación y el estilo de vida parasitario de la nobleza española, aumentando la productividad, y los productos franceses empezaron a competir con los mercados de Venecia y de Amberes. Por otra parte las campañas militares francesas fueron infructuosas, siempre luchando contra grandes coaliciones; a pesar de los esfuerzos de Colbert la corona se vería casi arruinada debido al enorme gasto militar.

El monarca también consiguió el nombramiento de los obispos por parte del rey, uno de los elementos de escisión de la iglesia anglicana, permitiendo la autonomía de hecho de la iglesia francesa del Vaticano y aumentando el control del rey sobre el territorio.

En 1671 se inició la construcción del palacio de Versalles. El palacio representaba el aislamiento del rey respecto a la corte de París, de sus nobles, sus burgueses y de la inestabilidad de la ciudad. También era una demostración de grandeza, una demostración de poder que consolidó con el traslado de la corte allí en 1682. La maniobra política de Luis XIV obligó a los nobles a dejar sus villas solariegas y sus tierras para trasladarse a la corte de Versalles, convirtiéndolos en cortesanos. De esta manera les quitó el poder militar y local a cambio del único poder que servía en la corte: el favor real. Versalles representa, en el campo de la cultura, el clasicismo francés, una referencia al poder imperial romano, el reflejo del aumento del poder del rey, un retorno al Imperio.

Conciencia planetaria y medio ambiente

Imagen: una costa inundada por residuos de plástico en 2018. Fuente.

En los últimos 45 años han surgido fenómenos sociopolíticos que ya no podemos considerar “nuevos” sino que se han consolidado en el escenario político. El feminismo, el ecologismo y el pacifismo han permeado a todos los partidos políticos en mayor o menor medida y además han permitido que surgieran nuevos partidos que defienden en la actualidad esas agendas.

Existen una serie de crecientes problemas medioambientales ligados al consumo, el crecimiento sin límites y las relaciones desiguales del uso de los recursos. Ya a partir de los años 70 del siglo XX se evidenciaba una crisis del progreso con la eliminación paulatina del estado del bienestar. La masificación de las ciudades y el empeoramiento de la calidad de vida eran más patentes y además los accidentes ambientales graves eran más frecuentes debido al mayor consumo y la masificación, como el caso de Seveso en 1976 y el de Harrisburg en 1979.

Todo esto daba argumentos al movimiento ecologistas que se alzó de unas posiciones marginales, a menudo dentro de la contracultura, hacia una visibilidad mucho más popular. Empezó a crearse una nueva sensibilidad en los países industrializados y una influencia política que ha ido creciendo hasta nuestros días. Desde entonces se ha ido configurando la manera en que concebimos la economía, la sociedad y el medio ambiente, sobre todo a partir de los movimientos en los Estados Unidos de América (EUA) y Alemania. La preocupación por la seguridad humana a partir de entonces no ha hecho más que aumentar.

La composición y las formas de expresión de estos movimientos son muy diversas. Los intereses de defensa del medio ambiente se articulan de manera diferente según el tipo de transformación social que conllevan.

El conservacionismo aboga por una protección de la naturaleza tal y como la conocemos actualmente, sobre todo de las especies vivas, y fundamentalmente de los animales. No conlleva una propuesta de cambio social alguno y data ya del siglo XIX en Gran Bretaña y los EUA. Son los llamados “amantes de la naturaleza”.

El ambientalismo está claramente orientado hacia el ser humano. Articula los intentos de conciliar el crecimiento económico con el desarrollo sostenible y la equidad social. Buscan modificaciones que beneficien al medio ambiente sin crear cambios sociales fundamentales, mediante una compatibilidad con el capitalismo, en cierta medida. El eco-reformismo inicial de Jorge Riechmann sería un ejemplo de ambientalismo.

Finalmente, el ecologismo busca un cambio social, una modificación sustancial de la relación entre la humanidad y el medio ambiente. Rechaza las bases del sistema social y económico en vigor a partir de un diagnóstico crítico de muchos de sus aspectos. Subraya que los problemas ambientales son también de índole social, económica y política, acentuando la existencia de injusticias que evitan que el acceso a los recursos sea igualitario, provocando hambrunas, guerras y pobreza en la periferia y acumulación y despilfarro en el centro. Además toma en serio la condición de finitud el planeta, incompatible con un crecimiento ilimitado.

Para poder combatir las complejas problemáticas económicas y sociales que afectan al medio, y por ende a la calidad de vida humana, es necesario realizar una labor de cooperación a varios niveles.

En un primer nivel, a escala global, son necesarios grades acuerdos para poder actuar ante amenazas que afectan a la totalidad del planeta. Por ejemplo la reducción del ozono, la lluvia ácida, el aumento de dióxido de carbono o la distribución de recursos. Es necesario que organismos como la ONU y el Banco Mundial (BM) dirijan cooperaciones multilaterales para que los países del centro realicen transferencias tecnológicas y financieras a la periferia para poder tratar esos problemas.

Un segundo nivel requiere de un cierto reordenamiento del sistema económico mundial. Las crisis ambientales son producto de desequilibrios funcionales de la economía global que habría que corregir. Para realizarlo es necesaria la cooperación de numerosas entidades internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el BM y la Organización Mundial del Comercio que controlan los flujos económicos globales y podrían dirigir los esfuerzos para corregir los desequilibrios más acuciantes.

El tercer y último nivel se basaría en la cooperación bilateral entre países con medidas concretas de desarrollo económico y protección ambiental. Es el nivel más realista e inmediato con una gran eficacia gracias a su rápida capacidad de actuación y su influencia local. Este nivel debería priorizar el medio ambiente en la cooperación para el desarrollo, que resultaría en una doble ganancia, tanto para los países del centro como los de la periferia, ya que las problemáticas de los segundos acaban creando crisis en los primeros (como las migratorias). Las principales aportaciones se centrarían en medidas de gestión como transferencia de conocimientos, mayor formación de profesionales y científicos, asistencia técnica, planificación territorial y estudios de impacto ambiental.

Como apartado final vamos a enumerar diferentes problemáticas ambientales actuales y que requieren de las actuaciones y reformas que hemos comentado previamente:

  • Consumo de plásticos: producidos por la industria petrolífera que provocan, por un lado, mayor emisión de contaminantes a la atmósfera y por otro la sedimentación de plásticos en mares y costas.
  • Uso de combustibles fósiles: crean el efecto invernadero y merman de la salud en las ciudades.
  • Automóviles y turismo (aviones, cruceros): también contribuyen al efecto invernadero y a la insalubridad urbana, además hacen un uso excesivo de plásticos y de agua.
  • Extinción de especies masiva: la actividad humana ha aumentado el ritmo de extinción por encima del de creación de nuevas especies, asimismo solo el 4% de la biomasa mamífera es libre, el resto son seres humanos y animales domesticados.
  • Cambio climático: provocará stress hídrico por la falta de agua debido a una sobreexplotación de los acuíferos que puede provocar su agotamiento. Conjuntamente de un aumento de los desastres climáticos, desertización y erosión en las áreas subtropicales, como la mediterránea.
  • Vulnerabilidad de los pobres ante los desastres climáticos, que provocan a su vez mayor pobreza.
  • Uso desigual de recursos: el 80% de los recursos los usa el 20% de la población (situada en el centro) y el 1% de la población mundial concentra el 50% de la riqueza. Muy importante es la distribución de la comida ya que hay alimentos suficientes para todo el mundo, pero no llegan a muchas personas.
  • Uso masivo de agricultura para el ganado y el monocultivo que provoca deforestación, creando a su vez una aceleración del cambio climático.
  • Guerras por los recursos: de carácter militar en países periféricos y de carácter económico-político en el centro: aranceles y control de la tecnología, por ejemplo. Normalmente es por recursos escasos o estratégicos como el petróleo, el gas o los materiales para crear teléfonos móviles.
  • Migraciones por el cambio climático, la pobreza y las guerras hacia el norte.
  • Masificación urbana, calentamiento urbano e insalubridad, abandono del campo, mayor gasto energético por necesidades de infraestructuras y edificación. Aumento de los incendios por abandono de los bosques.

La iconoclastia

Imagen: mosaico de la iglesia de San Demetrio en Tesalónica mostrando al santo, el obispo y al eparca (siglo VII). La veneración de los santos locales fue el principal problema de la iconoclastia. Fuente.

León III el isáurico, stratega de Anatolia, se impuso como emperador tras las revueltas en los themas fronterizos durante 717. La dinastía isáurica tuvo muchos más problemas exteriores que sus antecesores heráclidas, sobre todo con los árabes y los pueblos del norte. Durante su reinado se produjo una apertura hacia el mundo eslavo y húngaro, principalmente con los rusos y el principal problema que tuvieron que gestionar fue la iconoclastia. La iconoclastia fue una querella intelectual y religiosa que dirigió la historia del Imperio Romano de Oriente durante un siglo. En el fondo escondía una pugna político-social y los esfuerzos de la dinastía isáurica por superar las crisis del siglo anterior y restaurar la eficacia política del emperador.

Primer periodo iconoclasta

               León III (717-741) – retira la imagen de bronce de Cristo del palacio imperial.

               Constantino V (741-775) – concilio iconoclasta en Hieria en 754.

               León IV e Irene (775-780)

Periodo iconódulo

               Irene (780-790) –  regente, II concilio de Nicea en 787.

               Constantino VI (790-797) – depuesto por su madre, Irene.

               Irene (797-802)

               Nicéforo I (802-811)

               Miguel I (811-813)

Segundo periodo iconoclasta

               León V (813-820) – concilio iconoclasta en Constantinopla en 815.

               Miguel II (820-829)

               Teófilo (829-842)

               Teodora (842-867) – regente.

La iglesia cristiana representaba las imágenes divinas sin ningún problema anteriormente, pero durante los siglos V y VI hubo una proliferación masiva de imágenes de Cristo, María y los santos. El conflicto iconoclasta tuvo más que ver con la representación de los santos (hombres no divinos, sagrados para el pueblo, pero no para la institución eclesiástica), que  con el debate intelectual sobre lo que se puede o no se puede representar en imágenes. En el siglo VII hubo un auténtico frenesí por la veneración de los iconos. Se empezó a desplazar la autoridad del emperador hacia la imagen, no se reconocía al emperador como salvador victorioso sino al icono del santo o de la virgen. La discusión se produjo sobre todo entre la jerarquía eclesiástica y el estado contra los monjes, los depositarios de la tradición del “Hombre Santo”.

León III inició la disputa al tiempo que intentaba establecer una relación más estrecha con el papa Gregorio II.  Al principio depuso al patriarca de Constantinopla por uno favorable a la iconoclastia y al poco redactó el decreto que obligaba a destruir las imágenes en todo el imperio. Como resultado las relaciones con Roma se rompieron. Su sucesor Constantino V fue el iconoclasta más radical. En el primer concilio iconoclasta asistieron más de 300 obispos y se prohibieron todas las imágenes en las iglesias. No sólo eso sino que también empezaron a realizarse persecuciones contra los monjes y los ermitaños.

La emperatriz Irene consiguió regresar a una política centralista, pero de carácter iconodulio. Para ello se apoyó en la burocracia e incluso nombró a funcionarios como sacerdotes y patriarcas. Tras el II concilio de Nicea la iconodulia volvió al Imperio de Oriente. Pero tras la emperatriz el poder de la maquinaria del estado era tal que los emperadores fueron impuestos por los burócratas y los militares hasta León V. León volvió a la iconoclastia proclamando las mismas medidas que sus antecesores, hasta que la emperatriz Teodora instauró de nuevo la iconodulia en el Imperio.

El resultado de esta crisis afectó a la situación de lo sagrado en Europa, permitiendo el culto a la imagen y su difusión, hasta el siglo XVIII. El punto de partida fue el valor real de la imagen. Aunque las fuentes iconódulas pretenden mostrar la herejía iconoclasta como algo fuera del ámbito del imperio, en realidad es un asunto totalmente interno. El conflicto político y social Resultó en un choque con la tradición iconódula del imperio mismo y del propio cristianismo. El debate se centró en discernir qué es lo sagrado en el imperio y, sobre todo, quién lo gestiona.

Según los iconoclastas lo sagrado es aquello que ha sido bendito por un sacerdote, los espacios consagrados por un obispo y, finalmente, el signo de la cruz. Para los iconódulos las imágenes son ilustrativas, conmovedoras y representativas de escenas bíblicas y rostros conocidos. Pero para el imperio del siglo VII no representaban a lo sagrado, sino que son sagradas y pueden interactuar con el mundo. Afirmaban que las imágenes hechas por el ser humano rememoran el prototipo del icono original de aquel tipo y por eso mismo son sagradas. Por ejemplo, que todas las imágenes de la Virgen provienen de la que dejó San Lucas y por tanto comparten una línea sacra.

Según Ernst Kitzinger la iconodulia siempre ha sido básica en el Mediterráneo excepto entre los judíos y los musulmanes. El cristianismo adoptó la iconodulia anterior y la sacralizó, aunque con cierto freno y distanciamiento. Durante el siglo VII este freno de la iglesia se disipó, sobre todo a partir de Justiniano II y el uso que hacían los emperadores de las imágenes. A partir de Peter Brown, durante los siglos V y VI se expandió rápidamente la veneración del “Hombre Santo”, resultando en un culto al icono viviente del emperador y del anacoreta, que una vez muertos se vuelven iconos santos en sus lugares de influencia. Estos santos no son sacerdotes nombrados por un obispo y por tanto no estarían consagrados por la iglesia y se situarían fuera de su control.

Finalmente, los motivos que llevaron a la disputa estaban más centrados en la lucha de la autoridad carismática individual (los santos) contra la autoridad institucional (el estado). La pérdida de fronteras, el auge del Islam, la pérdida de confianza en la política y la militarización del Imperio influyeron ampliamente en el viraje hacia una autoridad más local y carismática. Los poderes locales (santos, ermitaños y nobles) se afianzaron mientras que el estado y el emperador buscaban centralizar la política y destruir esas imágenes de descentralización regional. De esta manera el conflicto iconoclasta se basaría en una lucha del estado contra los monjes y anacoretas rompiendo el icono, y con ello la influencia del santo presente y futura, para poder recuperar la autoridad central.

El Parlamento Europeo

Imagen: El Rapto de Europa de Tiziano, 1561. Representa el secuestro por parte de Zeus en forma de toro de la fenicia Europa, que es llevada a Creta donde el dios revelará su auténtica identidad y ella se convertirá en la primera reina de la isla. El nombre de las tierras e islas del mar Egeo y su continente se denominaría posteriormente con el nombre de la reina. Fuente.

El próximo domingo día 26 de mayo de 2019 se celebran elecciones al Parlamento Europeo. El Parlamento Europeo es la institución de la Unión Europea (UE) que representa a sus ciudadanos mediante sufragio directo, universal, libre y secreto cada 5 años. Sus funciones son legislativas, presupuestarias y de control político.

El Parlamento se compone de 751 representantes, llamados Eurodiputados. La unidad electoral es el Estado y cada miembro de la UE tiene asignados un número de escaños acorde a su población. En 2014 los países con más escaños del parlamento fueron: Alemania con 96, Francia con 74, Reino Unido con 73, Italia con 73, España con 54 y Polonia con 51.

Actualmente varios grupos políticos componen la Eurocámara, las definiciones presentadas a continuación son bastante simplificadas, solamente para dar una idea de la tendencia política de cada grupo parlamentario:

  • El Partido Popular Europeo, conservadores liberales, de centro-derecha. 216 representantes.
  • La Alianza Socialista Europea, socialdemócratas, de centro-izquierda. 185 representantes.
  • El Grupo Conservador Europeo, conservadores, de derechas. 77 representantes.
  • La Alianza Liberal, liberales, de centro. 69 representantes.
  • La Confederación de Izquierda Europea, comunistas, de izquierdas. 52 representantes.
  • Grupo de Los Verdes, ecologistas, de centro-izquierda. 52 representantes.
  • Europa de la Libertad, euro-escépticos, de derechas. 42 representantes.
  • Movimiento de las Naciones, nacionalistas, de extrema derecha. 36 representantes.
  • No inscritos, aglutina a varios partidos de diversa índole. 20 representantes.

Aunque parezca algo alejado de las vidas de los ciudadanos de la UE, el Parlamento y el resto de instituciones europeas marcan mucho el desarrollo, la economía y las libertades que nos afectan a todos. Desde el Tratado de Maastricht de 1993 se ha ido ampliando y mejorando la Unión hasta llegar a 28 países, con una moneda única (a pesar de su desventajas en algunos aspectos), la libre circulación de los ciudadanos de los estados miembros y un Banco Central. La UE ha permitido regular de forma efectiva el comercio internacional, la pesca, la agricultura, el medio ambiente y el desarrollo regional creando una normativa que permea a los niveles inferiores: estados, regiones y municipios. Lógicamente aún queda mucho por hacer y los retos como la migración, el envejecimiento, el cambio climático, las energías renovables, el turismo, las nuevas tecnologías, las industrias en decadencia, los paraísos fiscales y el desempleo son los frentes más acuciantes en la actualidad.

El presupuesto europeo se dedica a fomentar la competitividad, la educación y el empleo (45%), ayudas económicas por fluctuaciones del mercado (31%), desarrollo rural (11%), política exterior y de cooperación internacional (6%), administración interna (6%), ciudadanía, seguridad y justicia (1%) como gastos principales. El presupuesto equivale a un 1,27% del PIB de los países miembros.

Uno de los símbolos de la UE es el Himno de Europa, formado a partir de la Novena Sinfonía en Re menor (Op. 125) de Ludwig van Beethoven de 1824. El compositor utilizó el poema Oda a la Alegría (An die Fraude – A la Alegría) de Friedrich von Schiller de 1785 como inspiración y el actual himno es un arreglo de Herbert von Karajan que se adoptó como oficial en 1985. Aunque oficialmente no tiene letra para evitar que un idioma sea predominante frente a otros, reproducimos aquí la primera estrofa del poema de Schiller del principio del cuarto movimiento de la sinfonía:

Freude, schöner Götterfunken,
Tochter aus Elysium!
Wir betreten feuertrunken,
Himmlische, Dein Heiligtum.
Deine Zauber binden wieder,
Was die Mode streng getheilt,
Alle Menschen werden Brüder,
Wo Dein sanfter Flügel weilt.

¡Alegría, bella centella de los dioses,
Hija del Elíseo!
Entramos embriagados de entusiasmo,
Ser celestial, en tu santuario.
Tu hechizo une de nuevo
Lo que las estrictas normas han dividido,
Todas las personas se convierten en hermanas
Allá donde reposan tus suaves alas.

Himno de Europa interpretado por la Wiener Philharmoniker y Franz Welser-Möst. Sarajevo (Bosnia y Herzegovina), 2014.

El Egipto antiguo (II)

Desde los orígenes hasta la invasión de los hicsos

Imagen: Las divinidades Osiris (sentado) y Horus (derecha) en una pintura de la tumba del faraón Seti I. Fuente.

En esta entrada continuamos con el gran periodo histórico que fue el antiguo Egipto. Iremos desde sus orígenes hasta el II periodo intermedio y veremos su sociedad, política y algo de su religión. Al ser un periodo tan largo no es posible tratar con detalle todos los aspectos, así que pretendemos dar una visión general, pera entender su evolución y dar una dimensión de cambio a un país que parece que siempre haya sido igual en el imaginario colectivo, y no es así. Parte de este texto está extraído del curso de la Universidad de Barcelona Virtual «Com hem arribat fins aquí? Un viatge interactiu a través de la História» de 2005.

Periodo predinástico

En este periodo la población que habitaba el Sáhara se empieza a concentrar alrededor del Nilo huyendo de la desertización. La agricultura formaba parte de la vida de estas personas, combinada con la caza y la pesca, y con el tiempo fueron incorporando la cerámica y la ganadería a sus prácticas, posiblemente por difusión desde Mesopotamia. Las comunidades se agrupaban entorno a jefaturas que se corresponderían con los futuros nomos administrativos, cada una de ellas poseía un tótem que identificaba a su deidad protectora y además a su tribu. Los diversos tótems evolucionarían en las divinidades patronales de cada nomos. La ciudad principal de esta época es Tinis que tenía como patrón al halcón, el dios Horus.

Periodo Arcaico

La creación del estado egipcio parece vinculada a una drástica reducción de los niveles de las crecidas, que se produjo hacia el -3300. Esto habría conducido a una mayor necesidad de organización de las comunidades tanto para afrontar las pobres cosechas obtenidas como para redistribuir el espacio al disminuir el área inundada por el río. La tierra se convirtió en objeto de dura competencia y los conflictos entre comunidades arreciaron. Todo ello propició la aparición o el refuerzo de los jefes y líderes triunfantes ante las dificultades, que ganaron prestigio y poder en el proceso sin que el conjunto de la comunidad pudiese valorar las consecuencias que ello tendría a largo plazo. Una de las principales ciudades que quedó reforzada con estos cambios fue Hieracómpolis (Nejen), en el Alto Egipto, con una población aproximada de 10 000 habitantes hacia el -3400, que inició un proceso de expansión por su área y acabó unificando el país. En el Bajo Egipto dominaba la ciudad de Buto, ya desde el periodo predinástico.

Finalmente, tras un periodo de conflictos continuos, se cree que llegaron los procesos de integración: las jefaturas del sur se unieron en un reino del Alto Egipto, que con el tiempo logró dominar al Bajo Egipto. Aunque se trata de un periodo del que hay pocos datos, se considera que el primer rey que ejerció su autoridad sobre todo Egipto fue Narmer (Menes), rey del Alto Egipto, que conquistó el país hacia el -3000 y estableció su capital en Menfis. De esta época data la aparición de la escritura jeroglífica.

Posiblemente se estableciese ya una monarquía teocrática, que constituiría la base del antiguo estado egipcio. Los símbolos propios de la realeza -falda, plumas, corona blanca y roja, bastón de mando y cetro, funda alargada en la barbilla- y la imaginería y el ceremonial que envolvería su figura son propios también de esta fase, aunque tardarían centenares de años en convertirse en elementos indisolubles de la cultura egipcia. El mito de Osiris también parece tener origen alrededor del -3000.

Durante los siguientes siglos (-2900 a -2600) los reyes de Egipto desarrollaron una administración con vocación centralista. Según los datos de los que se dispone, desde muy pronto se había llegado a un modelo que en lo esencial había de conservarse igual durante 3000 años. El rey gobernaba por sí mismo, con la ayuda de una administración que ejecutaba sus órdenes tanto en la capital, Menfis, como en las provincias, denominadas nomos. Se trataba de una administración dual: la Casa Blanca del Sur y la Casa Roja del Norte, distinción que posteriormente desapareció. Por otra parte, los gobernantes de los nomos, descendientes de las antiguas jefaturas, se habían convertido en los nobles que asistían al rey.

Menfis ocupaba una posición estratégica cerca del delta del Nilo, controlando esta zona y las rutas de comercio con el Sinaí, que suministraban cobre y turquesas. En el otro extremo del país eran también importantes los contactos con Nubia, que proporcionaban al país esclavos y materias primas. A través de las rutas comerciales circulaban también las ideas y creencias: algunos motivos del arte Egipto, como los grifos alados y las serpientes gemelas enroscadas llegaron al país procedentes de Súmer o incluso más al este, de Elam.

Reino Antiguo

Este periodo da nombre al estado gobernado desde Menfis por una sucesión de cuatro dinastías durante el que maduraron los fundamentos del mundo egipcio. Durante el reino antiguo destacan los reyes Keops, Kefrén y Micerino que construirían las grandes pirámides. La deidad principal de Menfis era Ptah y a partir del nombre griego del templo mayor, Aegyptos, pasará a denominarse así todo el país.

Se cree que Egipto estaba gobernado por unas eficaces burocracias central y local, y era administrado como una propiedad personal del rey: la burocracia central era una extensión de la casa real. El funcionario de mayor rango era el visir, que se encargaba de la supervisión de la administración de justicia y los impuestos. Tras él seguía una numerosa burocracia formada por los cancilleres, los administradores de los almacenes, etc., que recibían el apoyo del personal subalterno, un conjunto de escribas hábiles en la escritura y la contabilidad. En el ámbito local, el país se dividía en nomos, gobernados por miembros de las familias nobles o la propia familia real.

Según las fuentes, el rey era en sí mismo el estado. Se le consideraba un personaje de carácter divino, y se le atribuían propiedades mágicas, que permitirían el mantenimiento del orden, de la estabilidad en el estado y la crecida periódica del Nilo. Sus poderes habían de renovarse, en consecuencia, por procedimientos mágicos.

Sus tumbas, mastabas o pirámides suponen una imponente demostración del poder que los reyes egipcios ejercían y tienen su máximo exponente en la pirámide de 146 metros de altura levantada para Keops (pirámide de Guiza en -2558) y la de su hijo Kefrén, un poco más pequeña. En -2600 se construyó la Esfinge y las últimas pirámides en -2235.

A partir de las fuentes de que se dispone se ha deducido que la pirámide social egipcia del -2500 estaba segmentada en tres grupos: el faraón y la familia real, cuya personalidad era divina, vinculada a la alta nobleza local y a la alta jerarquía religiosa; la nobleza menor y los funcionarios; y los artesanos y los campesinos. La burocracia estaba muy desarrollada y existía una clase media relativamente numerosa y culta, puesto que la instrucción había llegado a las familias pudientes.

Las tierras tendían a concentrarse en manos de grandes terratenientes, con vastas extensiones de terreno. Los pequeños propietarios vivían en haciendas de unas pocas hectáreas; en general, no se dedicaban directamente al cultivo de la tierra, puesto que ocupaban cargos administrativos; solían emplear a jornaleros, que recibían una paga mensual, o establecían contratos de arrendamiento con otros aldeanos. Se conoce la existencia de campesinos vinculados a la tierra, aunque se debate si eran egipcios o prisioneros de guerra cedidos por el monarca a propietarios privados.

La población urbana se concentraba esencialmente en el delta, aunque no ha podido constatarse arqueológicamente ya que todos los restos han sido sepultados por los aluviones del río. Los núcleos urbanos mantenían sus funciones ceremoniales, con grandes santuarios, pero en el Bajo y el Medio Egipto se habían convertido en centros comerciales muy dinámicos, con grupos de ricos propietarios y comerciantes, armadores y fabricantes, y una masa de marineros y asalariados que vivían en condiciones muy precarias. Solían trabajar en grupos de diez, dirigidos por intendentes y el salario se pagaba en especie (pan, cerveza, trigo, tejidos, etc.).

La monarquía se debilitó progresivamente desde el -2500, ya que el rey aumentó las concesiones de tierras a la nobleza como pago a sus servicios. Hacia el -2100 se cree que se combinaron varios factores con gran capacidad de desestabilización:

– El retroceso del poder real. Los gobiernos provinciales se convirtieron en hereditarios y, poco a poco, escaparon al control de la monarquía. Los templos, favorecidos por el faraón para atraer a los sacerdotes, adquirieron grandes propiedades territoriales; y los altos puestos del gobierno se hicieron accesibles a los sectores urbanos enriquecidos.

– Crecidas, hambre y crisis social. Tuvo lugar un periodo de crecidas poco abundantes del Nilo, que provocaron hambre y escasez, en un clima de decepción y escepticismo.

Así la autoridad del monarca se vino abajo: el estado del reino antiguo se desmoronó y Egipto se dividió en dos dinastías rivales, la del Alto y la del Bajo Egipto, en lo que se conoce como el I Periodo Intermedio.

I Período Intermedio

Es una edad oscura para Egipto, libres de sus obligaciones para con el rey los potentados locales empezaron a luchar entre ellos por el dominio de las tierras y la supremacía política. En -2160 los nobles de la ciudad de Heracleópolis controlaban el norte y familias rivales en Tebas hacían lo propio con el sur. Ambos clanes expandieron su influencia y chocaron por el control del valle del Nilo.

Reino Medio

Según las fuentes, la reunificación de Egipto se produjo hacia el -2000 por el rey Mentuhotep II de Tebas. Esta fecha señala el inicio del reino Medio. Pocas décadas después la autoridad real gozaba nuevamente de poder efectivo y se había reducido el poder de los gobernadores provinciales. Se inició un periodo de estabilidad política. Para reconstruir la legitimidad de la administración real, los gobernantes del reino Medio pusieron en marcha un programa propagandístico en el que la estatuaria y las grandes obras de prestigio acompañaron a obras de carácter literario. Se reinició a su vez la construcción de pirámides y el culto funerario a Osiris fue mayoritario en el país junto al popular culto a Toth.

Es en esos momentos cuando Egipto decidió emprender una política exterior agresiva ante la supuesta amenaza de la proliferación de pequeños reinos y jefaturas en sus fronteras. La Baja Nubia fue conquistada hacia el -1960, y en los decenios siguientes se fortificó la frontera de la Segunda Catarata.

La influencia egipcia se extendió por el Levante, primero a través de lazos comerciales y a partir del -1880, tras varias expediciones militares, los gobernantes locales se convirtieron en vasallos. El control del Sinaí pasó a convertirse en uno de los resortes estratégicos más importantes de la región.

Una vez asentado, el reino Medio vio cómo la monarquía delegaba sus poderes cada vez más en los visires y cómo la burocracia crecía descontroladamente, provocando un aumento progresivo de las tensiones internas a partir de -1750.

En -1800 los hicsos (extranjeros) vencieron al rey en batalla y empezaron a entrar en el país asentándose en el norte. Durante los siguientes siglos los hicsos fueron aumentando en número y dominando cada vez más zonas del territorio llegando a hacerse con el control del estado mediante la fuerza, en -1653 conquistaron Menfis. La irrupción de los hicsos acabó con la homogeneidad el reino Medio llevando a otro periodo intermedio de transición.

mapa-egipto antiguo

II Período Intermedio

Los hicsos dominaron Egipto en esta época, procedentes del Levante (eran sirio-cananeos) y de Libia, con capital en la ciudad de Avaris. El dominio del país por estos pueblos estuvo consolidado a partir del -1640, dividiendo el territorio entre el norte hicso y las pocas zonas del sur controladas por familias egipcias (Tebas). La derrota egipcia se debe en parte a que los hicsos poseían mejor armamento como el arco compuesto y los carros de guerra.

Y con este periodo llegamos al final del segundo capítulo de la historia de Egipto en la antigüedad, en la siguiente entrega finalizaremos esta serie una vez lleguemos a la conquista romana de este país tan interesante. Hemos visto el auge y caída del reino de Egipto en dos ocasiones, su primera invasión extranjera y la competencia entre el norte y el sur. Seguidamente veremos el periodo clásico del país, antes de que la crisis del -1200 acabase con uno de los grandes estados del oriente Mediterráneo.

¿Quién puede intervenir en el territorio?

Los agentes y la normativa

Imagen: manifestación contra el trasvase del Ebro en Barcelona, el 9 de marzo del 2002. Fuente.

Como comentábamos en una entrada anterior existe una dialéctica entre la humanidad y la naturaleza donde la primera es capaz de tomar decisiones que afectan a ambas. La naturaleza, en cambio, no escoge como responder a esas decisiones, lo hace mecánicamente, mientras que el ser humano sí escoge la respuesta. En este último caso la elección puede desembocar en desastres medioambientales, fruto del desconocimiento de lo que puede suceder al modificar las condiciones naturales. En esta entrada vamos a profundizar algo más en quién puede tomar esas decisiones, y de qué manera, en el medio que nos rodea.

Un agente de intervención es aquel que desea y pude modificar el medio. Puede ser de carácter público o privado y aquí también encontramos una dialéctica de poder y contra-poder. Por ejemplo la generación de movimientos sociales de oposición o a favor de determinada actuación territorial, creando agentes de apoyo o agentes de oposición a la intervención. Los agentes suelen ser impredecibles, pueden variar de opinión y a qué dan su apoyo. La respuesta a una modificación del territorio, por tanto, es imposible de predecir al cien por cien.

Los agentes pueden intervenir dentro de un ámbito social y físico delimitado por el espacio geográfico. Este socio-territorio tiene una delimitación física en forma de fronteras y relieve, por ejemplo, y una delimitación social en forma de limitaciones legales y políticas de gestión y actuación. Esto último nos marca claramente quien puede intervenir en el territorio en base a dos factores principales.

El primer factor define quien tiene la legitimidad de actuar, que es, fundamentalmente, quien tiene la propiedad del territorio a intervenir. Esto implica la necesidad de expropiaciones o compras por parte de la administración para realizar obras públicas y en consecuencia la necesidad de procesos legales jurídicos o negociaciones si existe oposición. Toda intervención implica la propiedad del territorio, las normas conceden derechos o indicaciones de intervención, pero no propiedad. Por ejemplo, los planes urbanísticos indican qué se puede edificar, pero no el derecho a hacerlo, mientras que las leyes superiores, autonómicas o estatales, establecen los derechos necesarios para esa intervención urbanística. En definitiva: la actuación debe estar sujeta a las normas vigentes en ese territorio.

El segundo factor trata sobre quien crea y hace cumplir las normas. Toda organización social tiene una estructura de poder, en el caso de los estados democráticos poder procede de la transferencia de legitimidad de un conjunto de personas a unos políticos mediante elecciones y durante un tiempo limitado. Los políticos utilizan para difundir sus ideas un programa electoral que marca las lineas de actuación que realizaran si salen escogidos, normalmente asociado a un partido político, en España. El programa electoral es un instrumento de administración y gestión de los partidos con propuestas, adecuadas a la escala administrativa a la que se presentan, que decidirán cómo actuar, administrar e intervenir en el socio-territorio.

Los que están en contra de las actuaciones del poder se suelen manifestar dando su opinión sobre la intervención y a menudo haciendo contra-propuestas. Estas manifestaciones pueden ser ocasionales o permanentes y crean la existencia de un contra-poder útil para frenar el abuso del poder en un estado democrático. Las normas que crean los representantes electos tienen la forma de políticas: educativas, de vivienda, de suelo, ambientales, etc. Estas políticas definen cómo se piensa actuar en los diferentes ambientes, y de qué manera, para poder llegar a unos objetivos políticos definidos en el programa electoral.

Hemos visto, como conclusión, las bases de la intervención territorial en los estados democráticos y de cómo se equilibra el poder necesariamente con un contra-poder apoyado en la libertad de expresión. También hemos visto que la legitimidad de los políticos procede de los votantes y es responsabilidad de éstos votar al programa electoral que más se adecue a sus objetivos personales o sociales. Finalmente también ha quedado claro que solo la propiedad del territorio da el derecho a intervenir, más adelante hablaremos sobre las características de ese territorio y de cómo se puede gestionar.