El bosque en España (III)

La España Seca

Imagen: encinar del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac en la comarca catalana del Bages. Fuente.

La España Seca

La región mediterránea posee bosques esclerófilos subtropicales. Los suelos suelen ser relativamente pobres, muy afectados por la erosión, llevando a desarrollarse plantas xerófilas, adaptadas al calor y la poca humedad propias del clima mediterráneo. Las hojas son perennes normalmente, pero es un ambiente con gran cantidad de especies marcescentes. Las hojas suelen ser pequeñas y duras para poder evitar la pérdida de humedad de los largos periodos de sequía. Las raíces, a su vez, son profundas y gruesas, sobre todo en los pinos que se componen de una raíz central, debido a los suelos delgados.

El bosque típico mediterráneo se compone de dos especies características la encina y el alcornoque y suele estar dominado por una de ellas, con poca variedad de especies arbóreas. Como la entrada de luz es abundante el sotobosque es denso con matorral de tamaño medio y alto, de tipo leñoso y espinoso como el lentisco o la jara, aunque la hierba es escasa.

La encina suele medir entre 5 y 25 metros de altura, su copa es ovalada y bastante frondosa con hojas de color verde oscuro y espinas. La corteza es relativamente lisa y grisácea cuando el árbol es joven y se va oscureciendo y agrietando a medida que envejece. El fruto de la encina es la bellota que se cultiva por parte del ser humano; en el sudoeste de España es frecuente la formación de dehesas por la actividad humana para el cultivo controlado de la encina. Suele vivir en altitudes inferiores a los 1500 metros lo que la hace muy frecuente en toda la península ibérica, con encinares muy densos. Solamente cuando la humedad aumenta es sustituida por especies más higrófilas como el roble o el alcornoque.

El alcornoque es más frecuente en Extremadura y Gerona, con presencia en Castilla y Andalucía en determinadas regiones. Es muy apreciado por su corteza, de donde se extrae el corcho y sus bellotas, al contrario que con la encina, no son agradables para el consumo humano. Sin embargo tanto la bellota de la encina como la del alcornoque se utilizan para el consumo animal, en especial del cerdo. Como necesita más humedad y menos frío que la encina no es tan frecuente como esta y se encuentra en regiones más aisladas. Normalmente mide entre 5 y 15 metros de altura con hojas verde oscuro y troncos sinuosos y ramificados.

Los pinares también son frecuentes, formadas por pino carrasco, pino piñonero y pino negro generalmente. El pino carrasco es estrecho y alto, con corteza de color claro, llegando hasta los 25 metros de altura. Es una especie muy resistente y se encuentra en alturas inferiores a los 1500 metros en la costa oriental de la península Ibérica, en Cataluña, Aragón, Valencia y Andalucía. Es un árbol muy resistente la sequía con preferencia por la luz y los suelos calizos.

El pino piñonero es característico por la producción de piñones para el consumo humano. Suele medir entre 10 y 20 metros de altura con troncos rectos y gruesos de corteza castaña y rugosa. Las copas son redondeadas y anchas. Como el pino carrasco, también gusta de la luz, pero soporta menos el frío. Se encuentra en regiones más aisladas en Cataluña, Andalucía, Portugal y Castilla.

El pino negro es un árbol de montaña mediterránea, en España se encuentra mayormente en el Pirineo. Tiene una copa en forma de cono que llega como mucho a los 20 metros de altura con hojas verde oscuro y alta densidad. Lo podemos encontrar entre los 1500 y los 2500 metros de altura, soportando muy bien el frío y requiriendo suelos húmedos.

El bosque mixto mediterráneo añade a las especies típicas de esta región el olmo y el chopo, que suelen ser frecuentes en los lindes de los cursos de agua.

Otras especies de pino que podemos encontrar son el pino salgareño y el pino silvestre. El pino salgareño tiene muchas subespecies y está muy bien adaptado a las alturas junto a gran variedad de ambientes. Al contrario a otras especies de pino no tiene una raíz básica central, al contrario tiene múltiples raíces y ninguna destaca en tamaño respecto a las otras. De esta manera se puede insertar en lugares rocosos por las grietas muy fácilmente. Posee un tronco grueso y pude llegar a medir entre 20 y 30 metros de altura en buenas condiciones y hasta 4 o 5 metros en condiciones adversas. Puede vivir muchos años, incluso llegar a ser milenario, y es muy resistente. Podemos encontrar el pino salgareño a partir de altitudes de 500 metros y en zonas de alta montaña limita los prados alpinos mediante la cubierta arbustiva de su sotobosque. El pino silvestre se encuentra en los límites con la región eurosiberiana, sobre todo en montaña.

Las formaciones no boscosas de la España seca tienen las mismas dinámicas que en la región eurosiberiana. Son formaciones naturales pero la acción humana también las crea a partir de la deforestación: son más adecuadas para la actividad agraria, ganadera o el poblamiento que las forestales y a su vez estas actividades eliminan bosques creando más formaciones no boscosas. La ganadería de caprinos y ovinos es uno de los principales factores de eliminación del bosque mediterráneo.

La maquia se compone a partes iguales de bosque y matorral de gran altura. La cubierta vegetal del suelo en la maquia es total, no hay espacios de suelo abierto. Esto provoca una alta densidad y variedad de vegetación con cierta estratificación, casi impenetrable, pero con bastante insolación. La altura de las plantas está relacionada con la calidad del suelo donde crecen. Debido a los frecuentes incendios algunas maquias contienen solamente plantas resistentes al fuego y de crecimiento rápido.

Los incendios en la España seca son un medio natural de que se renueve la vegetación, se fortalezca el bosque y que determinadas especies salgan con más fuerza. Los pinos, la jara o el romero son especies que se ven favorecidas por el fuego.  Debido a que el clima mediterráneo provoca incendios con frecuencia, muchas especies están adaptadas a estos, las jaras o el pino carrasco, por ejemplo, tienen semillas que se dispersan con el calor. Eso no quiere decir que los incendios provocados tengan ese efecto de renovación, sino todo lo contrario. Las especies mediterráneas disponen de cortezas gruesas contra el fuego, como el alcornoque, y de cubiertas de cera para evitar perder la humedad en las hojas.

La garriga no tiene formaciones arbóreas, creciendo en ella matorral mediano y pequeño. Sus suelos son rocosos, al descubierto en abundantes lugares y fácilmente erosionables. Podemos decir que la garriga es una maquia degradada o la adaptación de plantas a suelos rocosos y calcáreos. Puede llegar a contener hierba después de las épocas de lluvia, normalmente en primavera y otoño.

Finalmente, la estepa es a última formación no boscosa mediterránea. Cuando las condiciones que mantienen a la garriga no son suficientes se convierte en estepa, aunque también puede suceder cuando la acción humana acaba por eliminar el matorral existente. Encontramos la estepa en regiones de precipitación muy baja, por debajo de los 300 mm anuales, y suelos muy pobres por falta de humedad y la presencia de rocas. A menudo más de la mitad de la superficie es roca en lugar de suelo. La mayoría de la vegetación es espinosa, de matorral bajo y leñoso. Después de la época de lluvia también podemos encontrar tubérculos, rizomas o hierba.

Acabaremos con un breve repaso a la vegetación de las Islas Canarias. Las islas se encuentran en un marco de clima subtropical, suelo volcánico y relieve montañoso, además del obvio aislamiento insular. Esto provoca una vegetación endémica y presencia del relictismo. Los vientos alisios crean un disimetría en las islas entra las vertientes: en el norte encontramos un escalonamiento de la vegetación en las montañas mientras que en el sur no existe por las pocas precipitaciones recibidas. Los vientos húmedos descargan las lluvias y nieblas en la vertiente norte al colisionar con las montañas y llegan a la parte sur de la isla muy secos.

Hasta los 400 metros de altitud encontramos en las Islas Canarias el piso basal. Este primer nivel es xerófilo con plantas de formas redondeadas y matorral de poca densidad. La fuerte ocupación humana y la agricultura han marginado la vegetación original, pero podemos encontrar algunas sabinas, palmeras y dragos.

El segundo nivel es el llamado monte verde, que llega hasta los 1200 metros de altitud. Es un piso húmedo, muy influido por los alisios y con frecuentes nieblas junto a algunas precipitaciones. Los bosques son densos formando la laurisilva canaria.

En el tercer nivel encontramos la montaña seca. Este nivel llega hasta los 2000 metros de altura y es muy seco por falta de influencia de los alisios. El árbol característico es el pino canario.

Para acabar tenemos un cuarto nivel, la alta montaña. A partir de los 2000 metros las temperaturas son muy bajas y también los son las precipitaciones. Es una tierra sin vegetación apenas con plantas xerófilas adaptadas al fío, hierba y plantas endémicas de ambiente desértico.

Con esta última entrada terminamos nuestra serie sobre el bosque y la vegetación de la Península Ibérica más concretamente de España. Esperamos que os haya servido para conocer mejor la flora europea y mediterránea y si tenéis cualquier duda o sugerencia no dudéis en hacérnosla llegar. Es un tema muy amplio y no hemos querido ahondar demasiado, pero estamos seguros de que si visitáis estas regiones quedareis maravillados con sus paisajes y las asociaciones excursionistas locales estarán encantadas de ampliaros la información en directo con rutas por los bosques y montañas de la Península ¡No dudéis en ir!

El bosque en España (II)

La España Húmeda

Imagen: hayedo al sur de Irún (Gipúzcoa, Euskadi). Fuente.

La España Húmeda

Esta región posee bosques templados oceánicos de frondosas caducifolias. Los árboles son hidrófilos de 25 a 30 metros de altura, de troncos rectos con profusión de hojas y sotobosque oscuro e insignificante, solamente poblado por musgo y helechos. Hay pocas especies dominantes y es un bosque que estaba en retroceso debido a la ocupación humana y su sustitución por cultivos de otras especies. Actualmente se encuentra en estado de recuperación.

La haya es uno de sus árboles más característicos. Crece en las áreas de montaña intermedia de la España húmeda, muy fecunda en Cantabria. Crea un bosque muy sombrío, sin sotobosque y con un microclima que reduce entre 3 y 5 grados centígrados la temperatura del aire circundante. Los atributos de los hayedos generan unas condiciones ecológicas que impiden a otros árboles prosperar.

Es un árbol grande de 30 a 35 metros de altura, con un solo tronco cilíndrico y esbelto de color gris pálido, la copa es estrecha y con ramas ascendentes. Las raíces son horizontales y poco profundas para captar la humedad atmosférica y los nutrientes de las hojas caídas en otoño e invierno. Suele gustar de temperaturas entorno a los 15⁰ y precipitaciones entre 900 y 1000 mm anuales, aunque si llueve menos las nieblas pueden compensar ese déficit, y son muy sensibles al frío.

Al tiempo que aumenta la altura de la montaña la haya va perdiendo individuos hasta desaparecer. La altura entre 450 y 1000 metros suele ser su preferida, habitando, como hemos dicho, en Cantabria y también en Euskadi, el Pirineo Occidental y en Cataluña, en el Montseny. Tradicionalmente se ha sacado provecho de su madera y el carbón vegetal que genera.

El roble, al contrario que la haya, tiene una distribución más amplia y muchísimas variedades, tanto secas como húmedas. Es una especie intermedia entre los dos biomas, de tipo marcescente, no pierde las hojas, pero tampoco las mantiene verdes. Ocupa las partes inferiores de los hayedos, debido a una gran presión agropecuaria que ha reducido mucho el robledal. Aunque es un árbol de amplio espectro no está preparado para las sequías.

El tronco del roble es liso, delgado y nudoso y posee copas amplias, su madera es dura y resistente. No aguantan el frío y llegan a poblar alturas de hasta 1000 metros, con suelos profundos y bastante ricos en materia orgánica. En consecuencia forman un bosque menos denso que el hayedo, tanto en individuos como en presencia de hojas. Esto permite un sotobosque más poblado y denso gracias a la mayor entrada de luz.

Ambas formaciones, hayedos y robledales, se mezclan a menudo, permitiendo a veces que otros árboles convivan con ellos como son el fresno, el abedul, el arce, el castaño y el nogal. En estos dos últimos casos ha habido un aumento de su presencia por acción humana. El bosque mixto también posee un sotobosque más o menos intenso, dependiendo de la entrada de luz, con gran presencia de musgo. Es común que este tipo de bosques se encuentre en zonas aisladas, no boscosas.

Cuando el bosque mixto se degrada o cuando no hay suficientes condiciones para formar un bosque se genera una landa. Suelen ser frecuentes en las zonas marginales de cultivos y explotaciones ganaderas o junto a regiones pantanosas estancadas donde no prosperan árboles. La landa está integrada por pequeños árboles, matojos, matas, gramíneas y leguminosas, sus suelos son ácidos y encharcados, a veces arcillosos. La ganadería suele ser la responsable de la creación de las landas, aunque las zonas costeras o de circulación acuática pobre en los límites de zonas de cultivo también favorecen su creación.

Finalmente, otra formación característica de la región eurosiberiana son los prados. Poblados por hierbas y dominados por las gramíneas, tienen un origen tanto natural como antrópico. Tal es la variedad de hierbas que poseen que para el uso ganadero se tiene que realizar una selección ya que no todas son buenas para el consumo animal. Los prados necesitan mucha precipitación, alrededor de 1000 o 1200 mm anuales, aunque aguantan una reducción en verano, esta no puede ser muy acusada. Los usos humanos suelen reducirse a los pardos de pastura, normalmente a bastante altura, y prados de siega que permiten recolectar para el invierno.

El bosque en España (I)

Imagen: superficie forestal en España (en verde), el límite del país se indica con una línea roja. El mapa está diseñado por Robert Szucs. Fuente.

Introducción

El cambio climático es un hecho patente en España. Las series climáticas desde 1971 muestran un aumento de la temperatura media anual, sobre todo en los últimos 10 años, la expansión del clima semiárido y un mayor número de noches tropicales (aquellas con una temperatura mínima mayor de 20⁰) (AEMET, 2019). Todos estos factores van a afectar a la vegetación española. En estas entradas vamos a describir la situación de la vegetación forestal en la Península Ibérica en la actualidad y como los cambios climáticos y la acción humana pueden afectarla.

Es complicado definir qué es un bosque. Los factores más frecuentes que se utilizan son la altura de la vegetación, la densidad de plantas, la estructura y niveles de los árboles, el tipo de suelo, el paisaje que nos transmite y los límites que observamos. Los árboles son la unidad básica del bosque. Se suelen considerar árboles las plantas de más de 7 metros de altura, siendo matorral arbustivo las que tienen entre 3 y 7 metros y matorral las menores de 3 metros, hasta llegar al sotobosque de vegetación inferior al metro y medio de altura.

Un ejemplo de definición de bosque podría ser el de “una agrupación espesa de árboles” o el de “lugar poblado por árboles y matas”. Sin embargo dejan algunos aspectos propios del bosque fuera que podríamos incluir en una definición como “estructura suficientemente densa de vegetación que genera un microclima propio, diferente del entorno circundante”. Aunque también podemos optar por una definición más simple, pero efectiva: “un bosque deja de serlo cuando los árboles son la excepción y no la norma”.

En la Península Ibérica existen unos factores paleogeográficos inamovibles desde el inicio del periodo cuaternario como son las mesetas, valles y cordilleras que han obligado a la vegetación a adaptarse a ellos. El poblamiento humano de la península data, al menos, desde hace 800.000 años y junto a la adopción de la agricultura, como mínimo desde -5000, ha alterado y antropizado la vegetación en la mayor parte del territorio. Aun así, desde el cuaternario siempre ha habido espacios boscosos en la península, variando su tamaño según las circunstancias climáticas. Normalmente se ha tratado de especies adaptadas a altas temperaturas y a poca humedad, combinándose el bosque a menudo con la estepa.

La cubierta forestal ibérica ha estado integrada desde el Plioceno por frondosas y coníferas instalándose cada tipo de especie en espacios diferentes y no compitiendo entre sí: el clima de cada época afectaba al tamaño de la cubierta de cada una. Las frondosas se caracterizan por bosques cerrados de especies relativamente actuales que buscan espacios húmedos, sin frío, suelos duros y sotobosque sombrío. Las coníferas en cambio son especies más antiguas, heliófilas, de bosque abierto y sotobosque denso, toleran el frío y la sequía y son poco exigentes con el suelo. Ninguna de las dos ha dominado el espacio ibérico, sino que han coexistido y además nunca en entornos puros, siempre mezcladas con otras especies.

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Pinar del Geoparque Villuercas-Ibores-Jara ejemplo de bosque de coníferas de la España Seca. Fuente.

En España hay una gran diversidad de flora, tanto en variedad como en cantidad, y eso ha dificultado la clasificación de las formaciones vegetales de la península. En Europa los bosques forman estructuras transversales de Este a Oeste con barreras latitudinales o incluso de relieve, como los Alpes. En América sucede al revés, con estructuras longitudinales de Norte a Sur, formando bosques mixtos. Las estructuras españolas crean un modelo europeo con pocos bosques mixtos. Además cuando más nos alejamos del ecuador menos especies nos encontramos, la co-dominancia ecuatorial da paso a la mono-especie, debido a las peores condiciones climáticas. España se encuentra en una situación intermedia entre ambos extremos con una superficie amplia con diversidad de ambientes, siendo el resultado una gran variedad de especies y una alternancia de co-dominancia y mono-especie.

La humedad alta constante, un relieve suave, regularidad térmica y falta de heladas  crean un ambiente idóneo para la co-dominancia y la creación de bosques mixtos. Esto sucede principalmente en la costa Norte y Noroeste de la península y parte de la costa Noreste. Hay muy pocos bosques mixtos en el interior y en las montañas, y si existen es en lugares con poca acción antrópica. La poca humedad de la costa Sur y del Mediterráneo dificulta la creación de bosques mixtos.

Normalmente el bosque mixto se crea cuando dos formaciones diferentes entran en contacto en una región donde las condiciones ecológicas son aceptadas por ambas, formando una banda ecotónica, más o menos ancha dependiendo de la topografía. Los grandes cambios climáticos ayudan a crear estos bosques o a hacerlos desaparecer. El ser humano, por su lado, también crea un proceso de cambio debido al aprovechamiento selectivo de especies y a la roturación excesiva.

Un bosque puede ser dominante solamente si la situación lo permite, con suelos, precipitaciones y temperaturas adecuados. Cuando las condiciones se alteran el bosque se reduce y se degrada llegando incluso a cambiar hacia formaciones arbustivas. En el cuaternario el bosque resulta dominante en la Península Ibérica, con tamaños variados y espacios de matojos y llanos. Actualmente la situación forestal es el resultado de la herencia cuaternaria y la acción antrópica posterior. A partir del Neolítico y la explotación agrícola, ganadera, minera y maderera se produce un retroceso del bosque sistemático hasta el siglo XX. Solamente la actitud de la propiedad privada que buscara la protección de determinadas áreas permitía conservar esos bosques, por ejemplo en la reserva señorial de la Edad Media. A partir de 1950 sin embargo se invierte ese proceso, la presión sobe el bosque disminuye debido a la reducción de la actividad agraria, las reforestaciones para evitar procesos de erosión y, como factor más importante, a la utilización de combustibles fósiles. La superficie actual es de unos 18 millones de Ha, el 35% de la superficie española, cuando en 1990 era el 25%.

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Regiones biogeográficas de España. Fuente.

España se sitúa entre dos regiones vegetales, la Eurosiberiana y la Mediterránea, junto a las Islas Canarias que pertenecen a la región Macaronésica. La primera región corresponde al Norte, desde Galicia hasta los Pirineos y la segunda al resto de la península; de todas maneras hay islas de ambas regiones en la otra, ya sea por efecto del relieve o de microclimas. A grandes rasgos se corresponden con la Iberia húmeda y la Iberia seca, llegando esta última a ser la Iberia desértica, sobre todo en el Sureste y el Valle del Ebro. La primera se caracteriza por árboles caducifolios que realizan una parada biológica que les permite superar el frío, la segunda contiene árboles perennes xerófilos con hojas pequeñas, duras y estrechas que les permite perder poca agua y, finalmente, en la tercera no hay capacidad para el bosque, solamente para matojos y árboles raquíticos.

Dinosaurios en Alemania

Rocas, vegetación y clima del Palatinado

Imagen: representación de un quiroterio (Chirotherium) en Hildburghausen, Turingia. En el fondo hay una reconstrucción de las huellas del dinosaurio encontradas en 1834.

Hace millones de años en lo que es hoy la Sierra de Odenwald había desiertos y estepas subtropicales. No solo encontramos muestras de esto en las rocas sedimentarias que han perdurado desde entonces, sino también en los restos de plantas y animales que han quedado atrapados entre esas rocas. Muchas de las rocas sedimentarias proceden del período Triásico de la era Secundaria, datando de hasta 250 millones de años de antigüedad. Entre los animales encontrados hay grandes anfibios, dinosaurios y reptiles acuáticos [1].

En el Valle del Neckar, cerca de Eberbach, se han encontrado huellas de Erythrosuchus, un dinosaurio carnívoro del grupo de los quiroterios (del griego animales -therion– con mano –chiro-). Se le conoce como “Cocodrilo Rojo” y mide 1’8 metros de altura. Este hallazgo, de los más antiguos encontrados de este grupo de animales, fue hecho en 1994 por el artista Michael Krauth [2].

En Ünglert en 2007 fueron halladas más huellas pertenecientes a esta especie de dinosaurio. El Dr. Marco Lichtenberger, consultor del Instituto Geológico-Paleontológico de la Universidad de Heidelberg (Geologisch-Paläontologischen Institut) se encargó de catalogar los nuevos restos. Lichtenberger ha estado estudiando la presencia de dinosaurios en Odenwald desde 2006 y se encarga de hacer conferencias divulgativas sobre el tema desde entonces, siendo uno de los mayores divulgadores sobre la presencia de dinosaurios en Odenwlad con su libro “Saurier aus dem Odenwald[3].

Los quiroterios son reptiles del Triásico con zarpas de cinco dedos muy similares a las de los primates superiores, osos y seres humanos. Aunque tienen pulgar parece que solo servía para una mayor estabilidad al caminar y no podía ser usado para agarrar herramientas; se cree que son los antepasados de los actuales cocodrilos. Los primeros hallazgos de la especie son de 1834 y 1838 en Turingia y en Inglaterra, respectivamente. Actualmente existen restos en América, Norte de África, Europa y China [4]. Esto parece demostrar las teorías sobre la tectónica de placas y la unión de los diferentes continentes en Pangea, la cual empezó a separarse en el período Jurásico posterior.

Durante el Triásico Medio gran parte de las tierras de la actual Alemania (y Europa central), del súper-continente Pangea, estaban cubiertas por un mar interior que recibía las sedimentaciones que formarían más tarde la arenisca abigarrada (Buntsandstein). Los quiroterios eran depredadores de los cangrejos limúlidos que habitaban en las costas de ese mar, quedando algunos de sus cadáveres atrapados en los sedimentos y fosilizándose posteriormente. La arenisca abigarrada fue catalogada por primera vez por el geólogo alemán Friederich August von Alberti en 1834 y en el Palatinado hay varios monumentos naturales, como el Altschlossfelsen en Eppelbrunn, compuestos de ese material.

La arenisca abigarrada es una arenisca mezclada con cuarcitas, molasas y conglomerados del Triásico Inferior; materiales sedimentarios propios de la era Secundaria. Predominan los tonos rojizos y amoratados. En la ladera norte del Königstuhl en Heidelberg existe una terraza de este material y fue allí donde se construyó el castillo de la ciudad.

Heidelberg tiene un clima de tipo Oceánico (Cfb en clasificación Köppen) muy influido por su posición entre Pfälzerwald (ladera oeste del Valle del Rin) y Odenwald (ladera este). Ambas sierras y la posición de la ciudad en el límite de la última acentúan ciertas características que diferencian el clima de la población del resto del área recibiendo más vientos del este que el resto del valle. Debido a eso los vientos son predominantes tanto del oeste (de corte marítimo y húmedo) como del este durante todo el año y la cercana sierra favorece la nubosidad y las precipitaciones. Heidelberg es el lugar más cálido de Alemania según el Servicio Meteorológico Alemán (Deutscher Wetterdienst) con 12,2° de temperatura media en 2011.

Podemos hablar, por tanto, de un micro-clima, un clima local que tiene características propias que le diferencian del área en la que se encuentra, en este caso Alemania en general y específicamente el Valle del Rin. El micro-clima tiene una serie de patrones de tiempo influidos por factores determinados que los crean. En el caso de Heidelberg la topografía es fundamental (Valle del Neckar y Sierra de Odenwald) y le proporciona una humedad y una temperatura diferentes. La vegetación, aunque claramente euro-siberiana, tiene rasgos mediterráneos que demuestran el clima especial de la zona: encontramos vid, olivo, almendro, alcornoque, higueras y un estilo agrícola de campo abierto que no es propio de la región centro-europea donde se encuentra. Otras plantas características son el tilo, el castaño, el roble, la haya, el tulípero, el saúco, la hiedra o la ortiga.

[1] http://www.verlag-seeling.de/04.html

[2] http://www.eberbach-channel.de/art_ausgabe.php?id=25773

[3] http://www.dinosaurier-interesse.de/web/Nachrichten/Texte/2007/di-n46.html

[4] http://www.envs.emory.edu/faculty/MARTIN/ichnology/Cheirotherium.htm

Biomas: la selva lluviosa intertropical

Imagen: selva de Chiapas (sur de México) en 2017.

En una entrada anterior mencionamos que describiríamos ejemplos de como se manifiestan los factores que afectan a la distribución de los seres vivos en el planeta. La interacción de los diferentes factores y la particular combinación de vegetación, fauna y clima dan como resultado un bioma. Un bioma tiene un paisaje característico y la presencia de determinados ecosistemas. Existen varios tipos de biomas principales en el planeta Tierra, del Ecuador hasta los polos:

  • La selva lluviosa
  • La selva caducifolia
  • La sabana
  • El desierto
  • Los bosques subtropicales
  • Los bosques templados
  • Los bosques caducifolios
  • La estepa
  • La taiga
  • La tundra
  • Los hielos eternos

Para esta entrada hemos elegido el primero de los 11 tipos principales: la selva lluviosa sempervirent (siempre verde) intertropical. Es un bioma con precipitaciones abundantes y continuas, prácticamente sin variedad a lo largo del año. Las temperaturas son también uniformes y altas y contiene bosques densos y elevados, estratificados de 2 a 4 niveles de vegetación: uno superior irregular a 50 metros de altura, otro nivel medio denso y continuo de 15 a 30 metros de altura y hasta 2 más inferiores de copas estrechas de 5 a 15 metros de alto.

El ritmo fenológico de floración  de la selva es no estacional, es muy rica en especies con 40 diferentes por Ha (llegando a tener centenares en algunos casos), siendo el 70% árboles y con una distribución muy dispersa. Gracias a la abundante vegetación arbórea la luz casi no llega a los estratos inferiores, lo que produce que no haya sotobosque y sí presencia de lianas, epífitos, hemiepífitos y árboles estrechos. Las raíces de las plantas son superficiales, con un suelo pobre y estrecho, aunque hay una abundante biomasa superficial que se destruye y se descompone con facilidad. La fauna vive normalmente encima de los árboles.

Existe mucha irregularidad en el paisaje debido a las copas de los árboles más altos y a los claros que se crean cuando estos árboles caen, la selva nunca es homogénea. Los grandes árboles aguantan muy bien el calor y tienen hojas endurecidas siendo heliófilos, mientras que los árboles de niveles bajos requieren sombra. Los claros permiten germinar hasta 200 especies nuevas, pero solo unos pocos árboles, hasta 4, serán capaces de ocupar el nivel de las copas más altas. Si el claro es muy grande la entrada de demasiada luz impedirá que se regenere la selva en ese punto. Los jabalíes pueden mantener esos claros durante un tiempo sin vegetación.

La selva se distribuye en el planeta por Centroamérica, la parte norte de Sudamérica (Colombia, Venezuela, Ecuador, Brasil, Bolivia, Perú y las Guayanas), el centro-oeste de África (el Congo y la Costa de Marfil), el sur de la India, el sudeste asiático (Vietnam, Camboya, Laos, Tailandia, Myanmar, Bangladés, Indonesia, Borneo, Filipinas y Papúa) y el norte de Australia.

Es frecuente que el agua forme charcos más o menos grandes en el suelo de la selva, sobre todo en el sudeste asiático. La niebla crea además más humedad y precipitaciones durante el día. Los artrópodos que se alimentan de biomasa, sobre todo hojas, son la fauna más importante de la selva. Eso provoca a su vez que haya muchos insectívoros y carnívoros. En Sudamérica los grandes carnívoros provienen todos del norte Centroamericano debido a la unión continental, originalmente no poseían este tipo de fauna. En general el equilibrio trófico es muy débil, con un sistema de relaciones grande y simple. Las montañas situadas en las selvas crean bolsas de especies específicas endémicas, lo que aumenta la diversidad de este bioma.

Como hemos podido ver la selva es un bioma de altas precipitaciones y calor, grandes especies arbóreas y amplia diversidad de especies, con un suelo pobre y que dificulta su recuperación. Actualmente la selva se encuentra amenazada por el uso masivo de la agricultura de tala y quema, la deforestación maderera y la producida para la creación de pastos para la ganadería. Esto provoca graves problemas de erosión e inundaciones que afectan a las poblaciones humanas. Aun así la selva sigue siendo una fuente de recursos, alimentos, hábitat y belleza para la humanidad y por tanto debe ser cuidada.

La distribución de los seres vivos en el planeta

Áreas y factores de influencia

Imagen: Jirafas en el parque nacional del Lago Nakuru en Kenia en 2017. Ejemplo de vegetación paleotropical caracterizada por sabana de prado arbustivo y bosque seco (zona IV de Pratt y Gwynne, 1977).

La biogeografía es la rama de la geografía que estudia la distribución de los seres vivos y el porqué de ésta. También estudia sus comunidades y los factores y procesos que intervienen en ellas. Dentro de la biogeografía si estudiamos en detalle las áreas de distribución de la flora y la fauna estaremos realizando estudios corológicos.

Las unidades de estudio corológicas superiores de los seres vivos se denominan reinos y se utilizan para clasificar y delimitar la distribución de plantas y animales en el planeta Tierra. Existen seis grandes reinos que describiremos brevemente, de Norte a Sur:

  1. Reino holártico: se corresponde con la región norte del planeta, que llega desde el polo hasta trópico de Cáncer: Europa, el Norte de América y África y casi toda Asia. Es una zona pobre en especies con climas fríos y templados.
  2. Reino paleotropical: engloba África central, el sur de Asia, Madagascar e Indonesia, es una zona muy rica en especies y existen diferencias marcadas entre el área africana y el área de Indonesia y Malasia.
  3. Reino capense: pequeño reino circunscrito a Sudáfrica, tiene una riqueza animal y vegetal moderada.
  4. Reino australiano: referente a Australia e islas cercanas con diferencias acusadas entre el área australo-papú y la polinesia.
  5. Reino neotropical: es la gran zona de Sudamérica y Centroamérica junto a las islas del Pacífico y el Atlántico, es muy rico en especies.
  6. Reino antártico: un reino muy pobre en especies enmarcado en la Antártida y las islas boreales.

Por debajo en la escala de clasificación de reino encontramos la región biogeográfica, una parte de la superficie terrestre en la cual hay una mayoría de flora y fauna endémicas o en la que encuentran un óptimo reproductivo. Por ejemplo, dentro del reino holártico encontramos la región euro-siberiana. Esta región forma los paisajes propios de bosque húmedo desde el Océano Atlántico (Gran Bretaña, Francia) a Siberia, limitando con las regiones ártica, mediterránea, irano-turánica y china del mismo reino. El siguiente nivel de clasificación se denomina provincia y posee ya un grupo muy importante de especies endémicas y vegetación propia y diferenciada.

Por qué los organismos viven en un lugar determinado y con qué éxito se relaciona, por un lado, con la historia biogeográfica y geológica (como en el caso de los marsupiales), pero las aptitudes de una especie respecto a un medio concreto en relación a las funciones vitales de espacio, nutrición y reproducción son fundamentales: si falla alguna de las tres la especie se extingue. También son importantes la amplitud ecológica de la especie (temperatura y terrenos donde puede subsistir) y si existen otras especies competidoras por el espacio y las necesidades tróficas.

Los factores que afectan a la distribución y abundancia de organismos,  se dividen en los que afectan a la estructura del medio (climáticos, edáficos y biológicos) y los que afectan a la naturaleza del medio (químicos, físicos y bióticos):

  • Factores climáticos: la luz y el fotoperiodo estacional y diario (sobre todo las aves), la temperatura y la capacidad de la especie de mantenerla constante y con fuentes externas o internas, el agua y la afinidad de la especie por ella, la composición de la atmósfera y los efectos de los materiales que transporta el viento (sal, arena, hielo) junto a las perturbaciones (tormentas, temporales, sequías).
  • Factores edáficos: los factores físicos del suelo incluyen la textura, la estructura, la hidratación y la estabilidad. Los factores químicos son los referentes al pH, al calcio, los nitratos y a las sales. Los suelos ácidos contienen gran presencia de silicatos y los suelos básicos de calcáreas. La presencia de nitratos suele darse cerca de casas, ganados, campos y granjas. También afecta la presencia de yesos.
  • Factores biológicos: la presencia de una especie a veces depende de que también existan otras en el mismo lugar. Además, hay factores vegetales tales como las plagas, la microflora, la competencia vegetal por el suelo o la alimentación de ciertos animales; los factores animales se basan más en la depredación, la polinización y la diseminación mientras que los factores humanos incluyen las actividades forestales, las agrícolas, las ganaderas, los incendios o la contaminación.

En siguientes entradas daremos ejemplos más concretos de cómo se manifiestan los factores mencionados en lugares concretos, así como de los biomas resultantes.