La Crisis Económica de 2008

¿Cómo llegamos ahí?

Imagen: dos empleados desmontando el cartel del banco Lehman Brothers tras la quiebra en 2008. Fuente.

Las crisis económicas son consustanciales al capitalismo ya que el motor de la economía capitalista son los incentivos individuales, estímulos a la inversión que no tienen en cuenta el conjunto de la economía. La inversión responde al mayor beneficio en un momento dado y a la minimización de las pérdidas para un inversor individual; el agregado de todas esas decisiones provoca crecimientos o caídas en la economía, afectando a personas que no han decidido nada en esas inversiones. Dicho de otra manera, privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas o cómo obtener un beneficio individual sin responsabilidad individual.

A partir del vínculo entre la economía real y la economía financiera durante una crisis la primera se ve muy afectada por las fluctuaciones a la baja de la segunda. Como comentábamos, se intenta paliar las pérdidas financieras a partir de una reducción de la economía real. El 15 de septiembre de 2008  se produjo la bancarrota de Lehman Brothers, fue en ese momento cuando se produjo una visión mundial de una crisis que ya se venía gestando desde hacía tiempo y afectaría durante 5 años a muchísimas personas en la economía real.

A partir de 2007, pero sobre todo de 2008, la tasa de desempleo en España no paró de crecer, de un valor de 8,3% -como referencia decir que una tasa de 3-4% se considera pleno empleo- hasta un 25,8% en 2012. Se considera el final de la crisis el año 2013 cuando el desempleo empezó a bajar. El año 2019 se cerró con un desempleo del 13,8% mostrando una cierta desaceleración en la creación de puestos de trabajo, y seguramente el año 2020 volverá con un ciclo de crecimiento del desempleo debido a la actual crisis potenciada por la enfermedad COVID-19 (Coronavirus Disease 2019 – Enfermedad por Coronavirus 2019). Los ciclos de desempleo en España parecen responder a unos ciclos de, aproximadamente, 12 a 18 años, por tanto es probable que la tasa de desempleo vuelva a estar en su mínimo, entre 2030 y 2038.

Las crisis como consustanciales al capitalismo

Los mecanismos que provocaron la conocidísima crisis de 1929 fueron básicamente los mismos que afectaron a la crisis de 2008. El principal componente es la oscilación de la tasa de beneficio. La tasa de beneficio de los inversores (empresarios, financieros, bancos, fondos de inversión, accionistas, etc.) empieza a bajar sistemáticamente cada cierto tiempo afectada por determinados factores. En el pasado hemos tenido crisis relacionadas con la pérdida de la tasa de beneficio en 1873, 1929, 1973, 1993 y 2008, por ejemplo.

Al no existir inversión planificada se invierte a conveniencia de cada inversor, apostando por el máximo beneficio y en consecuencia el beneficio no es constante. Hay periodos de beneficio estable seguidos de otros en los que cae debido a la ley de rendimientos decrecientes que se aplica a cualquier actividad económica. A lo largo del tiempo, al expandirse la actividad económica y la inversión, la tasa de beneficio es cada vez más pequeña hasta llegar a casi cero. Todo el ciclo lleva implícito una fase de crecimiento o recuperación económica y otra de caída.

Al producirse crecimiento económico se produce a la vez un agotamiento de oportunidades de inversión -despareciendo las más rentables al principio y dejando oportunidades cada vez más arriesgadas y menos rentables hacia el final del ciclo-, un agotamiento de los recursos -provocando escasez y alza de precios, con un consecuente aumento de costes y por tanto de reducción de la tasa de beneficio- y un aumento paulatino de los salarios, llegando al pleno empleo (lo cual encarece también los costes). Esto produce una crisis que provoca caída de los salarios, desempleo y caída de precios, esta destrucción de la inversión vuelve a atraer inversores y el ciclo se reanuda.

Estamos hablando de una situación de sobresaturación en la economía, un estado en el que hay un exceso de demanda, agotamientos de materias primas, bajada del beneficio y decrecimiento económico.

Posiciones ante las crisis

Existen varias posiciones respecto a cómo encarar las crisis económicas, vamos a mencionar las tres más importantes:

  • Liberal: las crisis son una destrucción creativa necesaria y temporal, básicamente un darwinismo económico, son inevitables y buenas ya que provocan limpieza en el mercado.
  • Keynesiana: las crisis se han de combatir estimulando la demanda, evitando la caída de la demanda mediante incentivos públicos (como polos de desarrollo, excepciones fiscales, subvenciones, etc.).
  • Marxista: la caída del beneficio que provocan las crisis es tendencial y constante, imparable, hasta que llegará un momento en que no se podrá expandir más el mercado y la economía capitalista colapsará.

En una crisis se sabe cuándo se entra, pero no cuando se sale. La propia crisis desencadena siempre procesos negativos imprevistos que retrasarán la recuperación o directamente la impedirán. Por ejemplo la erosión de tierras de cultivo abandonadas y los desastres ligados al clima que provocaron el fenómeno del Dust Bowl en los Estados Unidos durante los años 1930. Este fenómeno potenció los problemas de la Gran Depresión y pudo ser atajado, en parte, por las medidas intervencionistas del New Deal de Roosevelt.

Estamos hablando del lado oscuro de las inversiones, no hay inversiones, ni intervenciones territoriales, que sean implícitamente buenas para todo el mundo, siempre producirán efectos negativos de mayor o menor calado. Para poder tener una estabilidad económica y evitar los vaivenes de las oscilaciones de la tasa de beneficio podemos aplicar una perspectiva keynesiana a la gestión económica. El gasto público permite que la economía crezca y se recupere rápidamente después de una caída y el aumento de impuestos impide que crezca muy rápidamente y provoque una caída al cabo de poco tiempo.

Financiación de las crisis

El capitalismo financiero busca rendimientos apostando a un aumento de la actividad productiva o a la demanda de acciones, sin control respecto a cómo van a evolucionar. En 2008 hubo una serie de flujos de capital inversor desde China, ya desde 2006 (y hasta 2015) el crecimiento del PIB chino era exponencial. El país había experimentado un aumento de la producción con salarios bajos, una tasa de beneficios creciente y una acumulación de capital, por tanto, también creciente, pero que no era retornable en China ya que no había posibilidad de crear más economía real productiva. Por tanto el capital chino empezó a expandirse por el mundo.

La sobreabundancia de capital no invertible es producto de la ley de rendimientos decrecientes y también del deseo de evitar la sobreproducción, en consecuencia el incremento del benéfico cae. La sobreproducción hace muy poco atractiva la economía productiva real y en cambio la financiera se torna con unas perspectivas de beneficio mayores, por tanto se invierte apostando en bonos, acciones y préstamos (capital financiero). En el caso de China se produjo una inversión en inmobiliaria, unos créditos baratos debido al gran capital que se invierte en ellos.

Al disminuir la tasa de rendimiento productivo se busca una salida al capital generado, que se dirige hacia la especulación: el capital financiero. Esto genera riesgo creciente, hay una demanda de rendimientos y por tanto un aumento de la apuesta debido a la gran cantidad de capital en movimiento. Las apuestas se diversifican buscando mayores beneficios y crece la oferta de apuestas arriesgadas. Este suceso fue el que provocó la crisis de 1929.

Durante los pedidos de crecimiento económico hay una cierta redistribución de la renta a favor del capital y en contra de los salarios. Se produce una sobreacumulación de capital debido a los salarios bajos de partida y a un beneficio alto inicial. Esto provoca que la actividad productiva se vuelva poco rentable al cabo de un tiempo. Los salarios se incrementan para favorecer que se compre todo lo que se produce, pero estos no crecen lo suficientemente rápido para adquirir la producción, que se acumula. También se estimula el crédito para el consumo, endeudando a las familias.

Pero el pago de las deudas, como las hipotecas, impide que se consuma, lo que impide el beneficio extraído de la producción, estimulando la inversión en finanzas, entre ellas las hipotecas, que se conceden a perfiles cada vez más arriesgados a medida que los solventes se agotan. Esto a su vez endeuda más a la población volviendo a activar el ciclo.

Debido a este ciclo hay un aumento del riesgo y por tanto un aumento del porcentaje de crédito que se demanda, de beneficio esperado acorde al riesgo tomado. Se compran pisos esperando un alto porcentaje de beneficio vendiéndolos en poco tiempo gracias a la alta demanda de compra de pisos para invertir el capital generado. Esto en general crea una expansión del crédito y la especulación, generando bonos basura e hipotecas subprime (hipotecas basura), una burbuja de beneficios que nadie quiere que acabe, pero que en un momento u otro va a estallar.

Trailer de la película La Gran Apuesta de 2015, que muestra el momento previo al estallido de la crisis de 2008 y cómo ciertas personas la previeron y buscaron sacar partido de ella.

Sucede que el inversor deja de ganar debido al riesgo, se empiezan a perder apuestas y las que se ganan no permiten compensar las pérdidas, con lo que deja de invertir y se vuelve conservador. El problema es que hay que devolver un dinero que se ha pedido a deuda y no se dispone de él.

En el caso del estado se intenta generar beneficios para poder pagar el endeudamiento:

  • Recortes en el sistema público y funcionarial.
  • Aumentar la edad de jubilación.
  • Reducción del gasto público: pensiones, desempleo, sanidad, servicios públicos generales y educación (representan los mayores gastos del estado, por orden de mayor a menor).

Gastar poco permite devolver la deuda y generar confianza, atrayendo nueva inversión, además mejora las condiciones del sector privado con lo que aumenta el crecimiento y se recauda más, permitiendo devolver más deuda. Como lado negativo encontramos que reduce el consumo y alarga la duración de la crisis. Respecto a la crisis de 2008 en España el principal problema fue la acumulación de inversión exterior a devolver por parte del estado y la falta de liquidez para devolverla.

En resumen:

El exceso de capacidad productiva lleva a una reducción de la tasa de beneficios que conlleva, por un lado, una reducción de los salarios y, por otro, a la expansión del crédito y la especulación. La especulación aumenta el riesgo, produciendo la posibilidad de quiebra, el miedo a la bancarrota contrae el crédito. La falta de créditos junto a la reducción salarial produce una disminución en la demanda y esta reducción acaba cancelando la inversión, lo que nos lleva a una crisis: despidos para ajustar al volumen de demanda de productos, quiebras por no poder devolver el dinero pedido para especular, recortes públicos para poder compensar la falta de ingresos del estado.

La crisis en España

En el caso español la construcción y la venta inmobiliaria aumentaron mucho la especulación y el riesgo de la inversión, lo que creaba un mayor porcentaje de probabilidad de quiebra. El inicio de la burbuja inmobiliaria fue en 1997 y estalló cuando la crisis de las hipotecas subprime produjo la falta de liquidez que hemos comentado. El precio de la vivienda en España se disparó a partir de 1999 y empezó a desplomarse en 2007, llegando a un mínimo relativo en 2013, cuando volvió a aumentar año tras año.

A su vez la inmigración produjo una bajada de salarios por sí misma, lo que agravó la bajada salarial producida por la crisis posteriormente. Hubo un crecimiento acusado de la inmigración entre los años 1999 y 2010, pasando de menos del 2% de la población a algo más del 12%. Muchos de los trabajos realizados por los inmigrantes estaban relacionados con la burbuja inmobiliaria española, como la construcción o la hostelería, y afectaron a los salarios de esas profesiones.

Por otro lado se establecieron impuestos bajos durante la etapa de crecimiento y se aumentaron durante el descenso, siendo esto algo contraproducente ya que debería ser al revés. Pero en el caso español se primaba el beneficio empresarial durante la subida y se intentaba pagar la deuda después, ahogando al trabajador y al pequeño empresario.

En el peor momento, el año 2009, la deuda privada española era del 204,2% del PIB (119,2% de empresa y 85% de hogares), siendo el beneficiario final de esta deuda, en mayor parte, China y gracias a la permisividad del Banco de España al permitir un endeudamiento que no era posible sostener. Ese mismo año la deuda pública era del 53,3% del PIB y subió hasta el 100% en 2014. En 2018 se había reducido la deuda privada hasta un 133,5% del PIB.

El comercio Euroasiático y el Islam

Imagen: fuerte de Qaitbay, fortaleza construida en 1477 en la isla de Faros, en Alejandría. Se enmarca dentro de un proyecto de defensa del comercio egipcio contra los turcos, Alejandría era uno de los puntos más importantes del comercio mediterráneo oriental en el siglo XV. Fuente.

Durante el siglo XV existieron tres regiones marítimas capaces de comunicarse interiormente y crear una red de comercio internacional. La primera era Europa, formada por el mar Mediterráneo, el mar Báltico, el mar del Norte y la costa Atlántica. La segunda el océano índico septentrional formada por el golfo de Bengala, el mar Rojo, el golfo Pérsico y el mar Arábigo. Y finalmente los mares de China, el mar Oriental, el Meridional y el mar Amarillo.

Los barcos chinos durante esa época eran los mejores del mundo, con un cabotaje de 1000 a 1500 toneladas métricas, y solamente trataban con comerciantes chinos en los mares aledaños a su país. De todas formas, el control de esos mares por parte del Estado Central (Chon Guoó, 中国) era total. En el norte de Europa se podían encontrar barcos de todo el continente y el control económico estaba dirigido por la Liga Hanseática: una federación mercantil de 30 ciudades alemanas, danesas y polacas que financiaba y protegía el comercio desde Londres a Nóvgorod, con sede en Lubeca.

En el sur, en el Mediterráneo, el comercio estaba dominado por tres ciudades, Venecia, Génova y Barcelona que llegaban a controlar entre el 50% y el 80% de las transacciones. Además muchas otras ciudades eran sucursales de las anteriores como el caso de Rodas o Ragusa. Barcelona perdió su posición en el mercado mediterráneo debido a las epidemias de peste negra (1348, con rebrotes hasta 1450) y las guerras Remensa (1462-1485), siendo Valencia la ciudad que la sustituyó como centro comercial de Aragón.

El comercio mediterráneo era casi siempre de mercancías, llevando lienzos, armas, sal (menorquina, gaditana y francesa), coral y esclavos para vender en oriente en las ciudades de Constantinopla, Beirut y Alejandría. A cambio recibían especias, colorantes, azúcar, seda y gemas. Para acabar de cargar las galeras se solía añadir algodón egipcio o vino griego. Como la oferta europea era menos ventajosa que la oriental se utilizaban oro y plata para equilibrar los precios. La supremacía de Venecia, Génova y Barcelona se basaba en su posición cercana a los puertos orientales, sus grandes astilleros y a que producían sus propias manufacturas, junto  una red de “colonias” repartidas por el Mediterráneo que proporcionaban abastecimiento y refugio a sus barcos.

La conexión entre el sur y el norte de Europa se realizaba en Amberes, máxima distancia donde podían llegar las galeras, y allí se realizaban los intercambios con los barcos hanseáticos, que mantenían el monopolio comercial del norte. Los productos del norte eran fundamentalmente trigo polaco, madera báltica, pieles y arenques. Amberes era una ciudad, casi autónoma, en la desembocadura del río Escalda, entre el ducado de Brabante y el condado de Flandes, que había ganado importancia tras el declive de Brujas. Estaba fortificada y se convirtió en el centro de la geografía del siglo XVI hasta 1576 cuando fue destruida por las tropas españolas y sus funciones se trasladaron a Ámsterdam.

En cambio la conexión entre el Oriente y Europa era el mundo islámico. Mientras que el comercio del oeste del mediterráneo estaba dominado por las ciudades italianas y aragonesas, el este lo controlaban ciudades musulmanas. De esta forma creaban un puente entre el comercio de Oriente y Europa, implantando aranceles y comerciando a su vez entre ambos mercados. Esto creaba un problema para el comercio europeo ya que encarecía sus compras y abarataba sus precios debido a la existencia de un intermediario.

Otro problema lo creaba la dependencia del oro y la plata para poder comerciar, que no retornaban. Se dependía de las minas que poco a poco se iban agotando. Solamente quedaba una fuente de oro que procedía del mercado de Tombuctú en África, donde se podía comprar también esclavos, y llegaba a la costa norte. Los africanos querían caballos y barcos, no les interesaban otras mercancías europeas, y la venta de barcos no era aceptable para las ciudades mediterráneas, ya que permitía lanzarse a la piratería marítima a los bereberes.

Intentado controlar el mercado del norte de África directamente los portugueses conquistaron Ceuta en 1415, pero al poco tiempo se dan cuenta de que las rutas dejan de pasar por esa ciudad, derivándose primero a Tánger y posteriormente, tras la conquista de esa ciudad, a otros lugares. Empeorando la situación, en 1453 los turcos conquistaron Constantinopla cerrando uno de los pocos puertos cristianos del Mediterráneo oriental y cerrando el bloqueo turco de esa región. Con esta situación de cerrojo comercial el comercio con Asia y el Islam cada vez era más complicado, lo que impulsó a los europeos hacia la única vía que les quedaba: la expansión marítima hacia el oeste.

¿Por qué China no emprendió una aventura similar? Tras los viajes de Cheng Ho los mandarines destruyeron y prohibieron una flota durante siglos. No les interesaba ningún producto extranjero ya que eran prácticamente autosuficientes, mientras que estos podían llevarles guerras y problemas sociales. Tampoco tenían una industria manufacturera importante que exigiera comerciar con sus productos en el extranjero. De todas maneras, el centro de gravedad de la economía mundial hasta el siglo XVIII fue China que atraía toda la plata mundial. En el siglo XI se había creado el papel moneda, pero provocó una crisis inflacionista en los siglos XIII y XIV que obligó a adoptar un referente sólido y valioso para poder detenerla. China exportaría oro hacia Europa y recibiría plata desde allí, América y Japón, pero no comerciaría con nada más hasta la llegada de los europeos en el siglo XVI.

Hegemonía y Guerra

Teorías sobre los conflictos bélicos

Imagen: los asistentes a la Conferencia de Yalta en febrero de 1945, Winston Churchill, Franklin D. RoosveltIósif Stalin. La conferencia marcó el fin de la II Guerra Mundial, la más reciente «guerra hegemónica» en la que el liderazgo mundial pasó del Reino Unido a los Estados Unidos de América. Fuente.

El conflicto bélico ha existido entre los seres humanos desde que existen estados, incluyendo las primeras ciudades-estado, la forma territorial más pequeña (aproximadamente en el año -4000). La primera guerra de que se tiene constancia sucedió en -2450 entre las ciudades de Lagash y Umma, en Sumeria.

La violencia antes del estado era frecuente, la gran mayoría de sociedades entablaban conflictos violentos entre ellas habitualmente y en muchos casos de gran crueldad (Jebel Sahaba, por ejemplo, en -13000 o Naturuk en -8000). Pero el nivel de organización, los recursos movilizados, el número de combatientes, las motivaciones y los intereses de los instigadores diferían bastante.

En esta entrada por hegemonía entendemos la preeminencia de un estado en el orden internacional capaz de modificar las leyes, políticas y economía mediante la diplomacia, la coerción o la persuasión. Usualmente la existencia de un estado hegemónico favorece la estabilidad y el desarrollo económico en el ámbito global, pero no siempre es así. Para alzarse como poder dirigente un estado necesita una gran capacidad militar y una economía floreciente que además le permita el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Desde que el sistema mundial se estableció durante el siglo XVI ha habido diversos estados hegemónicos que han liderado la política internacional. Durante el siglo XVI la España de los Habsburgo marcaba el paso a seguir en Europa y la colonización y dominio de América, en el siglo XVII los Países Bajos gracias a la creación de la economía financiera, su comercio e incipiente industrialización lograron controlar los flujos económicos mundiales, en los siglos XVIII y XIX Gran Bretaña recogió el testigo dominando el tráfico marítimo y la producción industrial, así como colonizando gran parte del planeta, en el siglo XX los Estados Unidos de América han ejercido el control de las instituciones políticas y económicas y el poder militar. Actualmente ese liderazgo podría estar en peligro debido al crecimiento económico y militar de China.

Todos estos liderazgos no han sido incuestionados ni han sucedido sin oposición. Normalmente un poder hegemónico pierde competitividad a medida que sus logros tecnológicos y organizativos se difunden entre el resto de países gracias a que previamente ha presionado para la abertura de mercados y de esta manera poder entrar en ellos y dominarlos. Esto produce un coste menor para otros estados que pueden incorporar esos logros de forma barata y usar el resto de recursos para crear innovaciones. Además el coste militar de mantener la hegemonía resulta en contra del líder, lo que favorece el surgimiento de un poder antagónico alternativo. Es común que el hegemon se vea amenazado y se torne hacia políticas proteccionistas creando a su vez menor competitividad y, finalmente, es posible un conflicto bélico internacional por ver cuál de los poderes se alza con el liderazgo. Paradójicamente no suele ser el aspirante quien es el nuevo hegemon si no un país aliado de similar ideología, pero que no se ha desgastado enormemente en la guerra.

Países que han sido aspirantes a liderar la hegemonía han sido el Imperio Otomano durante el siglo XVI, Suecia durante el siglo XVII, Francia durante el siglo XVIII o Alemania durante el XIX. Grandes guerras resultantes de los conflictos por la hegemonía en el pasado han sido la Guerra de los Treinta Años, las Guerras Napoleónicas y las dos Guerras Mundiales, por ejemplo. Otros estados a tener en cuenta en la carrera por la dominación han sido, y actualmente siguen siéndolo, Rusia, Japón y China. La guerra por tanto es consecuencia de una transición en el liderazgo mundial conducida en mayor parte por diferencias en el desarrollo económico.

power-cycle
Gráfica que muestra el porcentaje de poder de las principales potencias desde el siglo XVI por Doran (1965-1993). Se basa en el personal militar, el consumo de energía, la producción de hierro y acero, la población urbana y la población total de cada estado. Fuente.

Existen numerosas corrientes y teorías que intentan explicar el porqué de las guerras, el alzamiento de poderes hegemónicos y las idas y venidas de los diferentes estados. Lo expuesto hasta ahora corresponde en parte a la teoría de Gilpin de Transiciones Hegemónicas, la teoría de Ciclo Largo de Modelski, el Sistema-Mundo de Wallerstein, los ciclos de Kondratieff y la Teoría de Poder Relativo de Doran. Vamos a verlas con un poco más de detalle.

Teoría de Transición Hegemónica

La teoría de Robert Gilpin es muy parecida a la teoría de Transición de Poder de Organski (1968). Ambas se centran en explicar los conflictos entre los estados principales del sistema mundial por el liderazgo, las mencionadas guerras por la hegemonía más arriba. Estas guerras, como decíamos, se caracterizan por el conflicto entre un hegemon y un aspirante por el liderazgo mundial. Gilpin se centra más en los aspectos políticos y de prestigio que no en los económicos, aunque reconoce la importancia de factores materiales como la población, el PIB o la tecnología. El problema de la teoría de Transición Hegemónica radica en que no siempre la existencia de un poder fuerte favorece la estabilidad del sistema y por tanto no es la inestabilidad la que provocaría el conflicto, dejando sus hipótesis no probadas.

Teoría de Ciclo Largo

Modelski y Thompson desarrollaron esta teoría en 1989 que se basa en tres subsistemas mundiales: político, económico y cultural. Aunque consideran el sistema político mundial prácticamente anárquico apuntan que la existencia de un poder dominante, el hegemon, permite ordenar ese sistema. La teoría establece una alternancia cíclica entre los líderes del sistema político, empezando cada ciclo con una guerra global por la hegemonía. Esta teoría da mucha importancia al poder militar, particularmente el marítimo. Cuando el hegemon empieza a declinar se empieza a su vez a generar desorden en el sistema lo que conduce a un conflicto por la hegemonía. Los ciclos que mencionan suelen tener una duración de aproximadamente 100 años. La inestabilidad patente durante los periodos de hegemonía al igual que grandes conflictos entre grandes estados durante los supuestos periodos de estabilidad provocan que esta teoría tampoco sea totalmente adecuada para explicar los conflictos bélicos y la hegemonía mundial.

Teoría de Sistema-Mundo

Wallerstein (1974) se basa en la desigualdad económica y la dependencia para explicar los conflictos bélicos, aunque la teoría no se centra en explicar la guerra. El sistema mundial es caracterizado también como anárquico y competitivo, lo que impide a un solo poder controlar toda la economía. Esto conduce a la división internacional del trabajo dentro de un sistema capitalista dividendo los estados en tres grupos el centro, la periferia y la semi-periferia.

El hegemon sería un estado del centro que tiene una posición de dominio, normalmente por poseer determinado tipo de industrias, tecnología y alta atracción de capitales que le permite imponer determinadas normas internacionales. Como mantener la hegemonía resulta en altamente costoso en gastos militares y de gestión invariablemente el estado hegemónico perderá competitividad verso a otro estado central, además la subida del nivel de vida hará huir la inversión de capital a otro estado más barato gracias al libre mercado. Las innovaciones, como ya hemos comentado, serán copiadas sin posibilidad de evitarlo. La guerra será el medio de abrir mercados y la manera de plasmar los cambios producidos por esta redistribución del poder.

La teoría, junto a Christopher Chase-Dunn, propone una alternativa para evitar las guerras por la hegemonía y el control de recursos: un sistema mundo socialista de economía racional y liderazgo global mediante un gobierno planetario, federalista y democrático. La teoría de Wallerstein flaquea al no tener en cuenta factores culturales o ideológicos a la hora de predecir los conflictos, lo que impide que sea totalmente fiable por sí sola.

Teoría de Ciclos de Kondrátiev

Goldstein en 1988 desarrolló la teoría económica de Nikolái Kondrátiev (1920) y esta ha sido incorporada tanto en la Teoría de Ciclo Largo como en la de Sistema-Mundo. Kondrátiev aseguraba haber observado una serie de ciclos económicos de unos 50 años de duración en la economía de países capitalistas que se correlacionaban con cambios en la economía mundial y con las guerras más importantes. Cuando en un estado se produce un crecimiento económico la necesidad de abrir mercados y de materias primeras conduce a conflictos con otros estados para permitir crecer a sus empresas que se verían constreñidas si no fuera así.

Teoría de Ciclo de Poder Relativo

Esta teoría fue desarrollada por Charles Doran (1963) y su principal aportación es tener en consideración no el poder absoluto de un estado como factor determinante de su posición en el sistema global, sino su poder relativo a otras potencias. Por ejemplo la Francia de 1914 era mucho más poderosa que la de 1850, pero quedaba eclipsada por una Alemania en auge. Seguidamente Doran añade que esa posición es cíclica a través de varias etapas de crecimiento, maduración y declive, y este ciclo está influido mayormente por un crecimiento desigual entre los estados. La posición en el sistema de poder y en el ciclo determinaría la política a seguir de cada estado en un momento dado. Así pues, la guerra es más probable que suceda cuando un estado llega a ciertos momentos críticos del ciclo, estos momentos aparecen de forma abrupta y no son predecibles con lo que la reacción del estado a estos momentos de cambio puede ser exagerada. Los cambios que se producen son fundamentalmente en la posición relativa de poder y en el papel del estado dentro del sistema internacional, como estado hegemónico, aliado o aspirante, por ejemplo.

Doran establece que la guerra es producto de las decisiones en esos momentos críticos a partir de las expectativas del estado de cuál será su papel en el futuro, normalmente extraídas de su papel en épocas anteriores. Al ser momentos impredecibles de alta inseguridad, junto a expectativas a veces irreales (por haber sido una gran potencia en el pasado, por ejemplo) y a posibles amenazas de pérdida de posición relativa o por necesidades del propio estado (económicas o sociales, por ejemplo) es muy probable que el estado se movilice para una gran guerra.

Entre 1989 y 2013 las posiciones en base al PIB de los mayores productores del mundo han cambiado para varios de los actores mundiales (Pepe, M. S. y Krolik, K., 2017), como se puede ver en la siguiente lista:

Posición                   1989                                    2013

  1.                          Estados Unidos                Estados Unidos
  2.                          Japón                                 China
  3.                          Alemania                           Japón
  4.                          Francia                              Alemania
  5.                          Italia                                   Francia
  6.                         Reino Unido                      Reino Unido
  7.                         Canadá                               Brasil
  8.                         Rusia                                   Rusia
  9.                         Brasil                                  Italia
  10.                         España                               India
  11.                         China                                  Canadá
  12.                         India                                   Australia
  13.                         Australia                            España

El Índice Compuesto de Capacidad Nacional (ICCN) de David Singer (1963) utiliza el gasto militar, el personal militar, el consumo de energía, la producción de hierro y acero, la población urbana y la población total. Posteriormente se han añadido el PIB y el porcentaje de gasto en defensa a los indicadores en algunas ocasiones. El ranking de poder mundial resultante sería el siguiente en 2007 (Fuente):

Posición              ICCN en 2007

  1.                          China
  2.                          Estados Unidos
  3.                          India
  4.                          Japón
  5.                          Rusia
  6.                          Brasil
  7.                          Alemania
  8.                          Corea del Sur
  9.                          Reino Unido
  10.                          Francia
  11.                          Italia
  12.                          Turquía
  13.                          Pakistán

La tendencia actual marca un ascenso de China claramente a una posición relativa de poder mucho mayor de la que ha tenido en las décadas pasadas junto a un Japón con un crecimiento mucho más moderado, pero en ambos casos superando a los EUA en porcentaje del poder relativo en 2014 y 2030 respectivamente (Kyssane, 2005). Cuáles serán las decisiones que tomen los diferentes actores no podemos saberlo, pero está claro que la hegemonía mundial de los Estados Unidos de América se ve amenazada por un estado como China con capacidad económica, militar y tecnológica suficiente para ser el nuevo hegemon del siglo XXI. Si habrá conflicto o no dependerá de las decisiones que se tomen en los puntos críticos que nos encontremos. Y en caso de haberlo, ¿resistiría China el conflicto? ¿Tomaría Rusia la hegemonía como aliada de la aspirante asiática? ¿Sería Japón el nuevo hegemon si venciera el bando estadounidense? ¿Será India un freno para China por su influencia regional? Las repuestas las veremos en las siguientes décadas.

Kyssane, D. (2005): «2015 and the Rise of China: Power Cycle Analysis and the Implications for Australia» en Security Challenges Vol. 1 (1), pp. 105-121.

Pepe, M. S. y Krolik, K. (2017): «Using Power Cycle Theory and Role Realignment Theory to Recognize the International Roles of China and the United States» en International Journal of Business and Social Science Vol. 8 (4), pp. 20-28.

Sociedades y poder en Europa y Asia

Situación en el siglo XV

Imagen: Venecia, Procesión en la plaza de San Marcos de Gentile Bellini (1496). La Serenísima República de Venecia fue un estado comercial marítimo europeo cuyo apogeo se sitúa en el siglo XV.

Entre 1405 y 1433 el eunuco chino Cheng Ho hizo siete grandes expediciones náuticas con 300 barcos de más de 120 metros de eslora y 30 000 hombres, por expedición. El primer viaje les llevó hasta Java, Sumatra, Ceilán y Calicut (India); a partir del segundo repitió la ruta y la amplió hasta la península arábiga y el Mar Rojo; finalmente acabó el séptimo viaje llegando casi hasta el final de la costa índica de África retornando a China con dos jirafas y ébano.

Los mandarines decidieron matar a Cheng Ho tras sus viajes (aunque existen varias teorías sobre su muerte), prohibieron los barcos de alto cabotaje y en 1440 también a cualquier chino embarcarse en navíos extranjeros. Más adelante quemaron los astilleros y prohibieron alejarse más de 15 Km de la costa: China lo tenía todo comercialmente hablando en el siglo XV. Mientras en Europa se buscaban comercio, tierras, esclavos y cristianos en China no había religión que exportar, disponían de una gran población de campesinos, grandes extensiones de tierra y materias primas suficientes.

Los vecinos de China como Dai Viet (Vietnam) o Corea se convirtieron rápidamente en vasallos tributarios, sólo las islas, como Japón o Taiwan, fueron dejadas al margen a partir del siglo XIV. La dinámica interna del país se caracterizaba por la falta de grandes manufacturas -excepto la seda-, pequeños artesanos itinerantes, comercio interior a pequeña escala y control de la moneda por parte del estado. No existen grandes ciudades comerciales en China ni una división clara del campo y la ciudad en los recuentos de población. No hay, por tanto, símbolos del poder local, ayuntamientos o señores y el ejército es de carácter profesional al mando de los mandarines. La monarquía imperial gobierna de forma absoluta mediante los burócratas mandarines (aunque a veces influida por los eunucos de la corte o los confucianos) y los comerciantes y artesanos son la parte más baja de la pirámide social.

Europa, por el contrario, contaba con una población de 80 millones de habitantes (China contaba con unos 100 millones) dividida en múltiples estados territoriales y ciudades-estado, cada uno de ellos políticamente independiente y con ejército propio. Las dos realidades eran muy distintas debido a las características de la tierra y el mar respecto al coste comercial. En tierra el incremento del coste es aritmético siendo muy barato en distancias cortas y muy caro en las largas; el coste en el mar en cambio es curvo, algo más elevado que el de tierra en las distancias cortas, pero estabilizándose a partir de cierta distancia en un coste fijo casi independiente de la distancia.

Esto afecta a la distribución de los centros de comercio, las ciudades costeras son más proclives a la actividad comercial y por ello a forzar la especialización de la producción manufacturera. En cambio la capacidad de circulación se invierte, en mar es muy difícil ejercer el poder a distancia y las comunicaciones son irregulares. El comercio terrestre sólo es viable para productos de lujo de altos costes y fácil transporte (por ejemplo joyas o seda) mientras que el marítimo es viable para todo tipo de producto, es más barato y de mayor capacidad de transporte. En las tierras continentales es más fácil mover tropas, hacer circular la información, recaudar impuestos y hacer valer las leyes; los derechos individuales, la equidad y el comercio son características, en cambio, de los estados marítimos.

La comunicación en tierra es jerárquica, de dominación, el poder se emana desde la cúspide y ésta recibe el dinero obtenido de la base, son sociedades agrarias con un dominio directo del territorio, una gran administración y burocracia, suelen ser monarquías; por ejemplo la mencionada China o Francia, con ciudades mercado interiores. En el mar la comunicación es lineal, entre iguales, con acuerdos bilaterales y comercio entre ambas partes, son sociedades comerciales de acuerdos mutuos y formas de gobierno pactadas, suelen ser repúblicas; por ejemplo Génova o Venecia, con ciudades comerciales marítimas o fluviales.

En Europa las monarquías dominaban la periferia en el siglo XV (Castilla, Francia, Inglaterra, Lituania, Hungría, Moscovia) y las repúblicas el centro (estados germánicos e italianos). Los estados monárquicos territoriales tienen una gran fuerza militar y de coacción apoyada por una gran población, aunque carecen de capital para invertir y capacidad de comerciar, siendo el caso inverso el de las repúblicas urbanas. Durante la edad moderna las campañas miliares de los grandes monarcas fueron  financiadas por los grandes burgueses de las repúblicas como los Medici, los Fugger o los genoveses en una combinación de demografía y capital.

Pero los grandes casos presentados son modelos ideales, la mayoría de veces hay combinaciones mixtas de ambas realidades, como en Cataluña con Barcelona. Mientras que Cataluña es un fuerte estado territorial coaccionador, la ciudad de Barcelona está gobernada por un consejo y dispone de una carta de libertades desde el siglo XIII dentro de ese estado.

Asia y sus estructuras agrarias

Cereales y sociedad del año 500 al 1500

La dieta en Asia durante la edad media tenía unas características bastante distintas de la dieta europea, pero que en parte perduran hoy en día. En el continente asiático prácticamente el cien por cien de las calorías provenían del arroz entre los siglos VI al XVI. Dentro de sus alimentos no encontramos producto lácteo alguno y el consumo de carne es muy bajo, sólo el pescado era importante en algunos casos (como el de Japón). Las proteínas debían de proceder, por tanto, de otra fuente, en este caso de la soja, y las bebidas preferidas eran el té y los destilados del arroz.

El cultivo de regadío predominaba en el paisaje rural asiático y tenía un rendimiento distinto de los cultivos europeos, de secano y basados en el trigo. Mientras que el trigo producía, según las condiciones técnicas de entonces, 600 Kg por Ha, el arroz llegaba a 2300 Kg. A su vez el trigo requiere una cuarta parte de la cosecha para su renovación, mientras que el arroz sólo requiere una centésima parte. De esta manera la cosecha neta de trigo se situaba en 450 Kg/Ha mientras que la de arroz en 2277 Kg/Ha. Gracias a una cuidada selección de semillas entre los siglos X y XII, se podían realizar dos cosechas anuales.

El arroz soporta excelentemente el almacenaje, no fermenta sino que mejora de un año a otro y por tanto permitía una mejor administración y gestión de las crisis. Hay que tener en cuenta que 1 Ha de trigo alimentaba a una persona, mientras que 1 Ha de arroz lo hacía para ocho. El arroz se complementaba con sorgo o caña de azúcar. Al ser un cultivo que requiere una alta intensidad de trabajo y tiempo, así como un control del agua, se produjo una sociedad donde el trabajo era colectivo, que requería una alta inversión de capital y producía un elevado control social. La aldea era la unidad administrativa base contra la familia que lo era en el mundo europeo.

El sistema de regadío oriental (según Wittfogel) implicaba una gran disciplina y gobierno centralizado, un despotismo hidráulico de jerarquía piramidal regulado por un puñado de burócratas con una gran masa de campesinos pobres. El gobierno imperial chino gobernaba por la «Gracia del Cielo» y el emperador era el representante de la «Armonía». Mientras existiera esa armonía, esa virtud, el emperador podía gobernar, en el caso de que hubiera guerras, terremotos, hambrunas o desastres de cualquier tipo el emperador podía ser depuesto.

El imperio chino se gobernaba mediante los mandarines, más de diez mil burócratas que administraban el imperio. El poder era básicamente arbitrario y se regía por muy pocas leyes. Los mandarines regulaban el calendario, las construcciones, las canalizaciones e impartían justicia. Les estaba prohibido trabajar con las manos y practicaban el confucionismo. El cargo no era hereditario y se elegía mediante oposiciones estatales en Pekín cada cierto tiempo, pero en cambio sí era vitalicio.