Las ciudades en España (IV)

Finales del siglo XX y principios del XXI

Imagen: Mercado de la Encarnación en Sevilla, llamado también Setas de Sevilla, visitado por turistas, todo un cambio respecto a la ciudad franquista. Fotografía de Joan Oger. Fuente.

Entrega final con el análisis de las ciudades españolas, esta vez nos centraremos en la ciudad más próxima en el tiempo, la de finales del siglo XX y principios del XXI.

La ciudad actual

Los años del cambio

Existen factores políticos y sociales que han influido mucho en el desarrollo de la ciudad actual derivados de la Transición Política entre 1975 y 1978, el interregno municipal entre 1975 y 1979 y la crisis económica mundial entre 1973 y 1985.

Primero se produjo una contracción del crecimiento urbano debido a un mercado de trabajo en recesión, se estancó la edificación e incluso se redujo. Se contempló el final de una etapa expansiva con un entorno de crisis política que produjo inseguridad, miedo y cambios en el gobierno del estado. También hubo una crisis industrial y económica, causando directamente la mengua del mercado de trabajo que comentábamos. Las expectativas de mejora de la calidad de vida que se crearon durante el desarrollismo no se vieron cumplidas cuando las instituciones municipales fueron insuficientes para gestionar el cambio y las mejoras a partir de 1979.

Las ciudades fracasaron y el tejido urbano se desindustrializó. Sobre todo afectó a las áreas de industria tradicional proletaria y de productos básicos, como la siderúrgica, la naval, el textil y los electrodomésticos. Normalmente esas industrias utilizaban tecnología obsoleta y debido a la crisis económica hicieron fallida, desplazándose a lugares con menos costes laborales. Ciudades como Sagunto, Bilbao o Terrassa fueron las afligidas por esta dinámica. En Euskadi también se produjo una migración de industrias fuera de su territorio debido a la presión terrorista, lo que afectó a su desarrollo económico.

Las empresas medianas y la existencia de una economía variada permitió a muchas ciudades sobrevivir a la crisis, pero provocando el crecimiento de la economía sumergida, con pagos de salarios y facturas en “negro” para evitar los impuestos y cotizaciones. La tranquilidad que existía fuera de las ciudades, con menor presencia de sindicatos y reivindicaciones, también favoreció la desindustrialización del núcleo urbano hacia la periferia. Las grandes metrópolis como Madrid, Barcelona o Bilbao, ciudades en desarrollo como Sevilla o Zaragoza o áreas industriales especializadas, como Sagunto, permitieron la aparición de grupos críticos con el sistema, arropados por el conglomerado urbano.

El desempleo subió de un 10% a casi un 30%, aumentando el volumen de parados en las grandes ciudades y potenciando la conflictividad social. El conflicto desincentivó la iniciativa empresarial que a su vez se contrajo debido a la caída de demanda de servicios. Menos consumo implicaba reducir costes para mantener los beneficios, lo que hacía aumentar el paro creando un circuito retroalimentado de crisis.

En 1982 el estado intervino cuando el país estaba en una situación crítica. Se estableció una política de reconversión industrial y urbana a partir de las Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUR). Se pretendía sanear los sectores en crisis destapando la economía sumergida y potenciando actividades alternativas, nuevas industrias, de poca mano de obra y alta cualificación. Para lograrlo se crearon una serie de estímulos económicos para las nuevas industrias para que se situaran en los núcleos de las antiguas factorías y así recolocar excedentes laborales y potenciar la industria privada. Pero esta política no tuvo mucho éxito, la nueva industria se situó en lugares estratégicos para ella, como las autopistas, con tranquilidad social; mientras que la economía sumergida continuó, por ejemplo con prejubilaciones a los 60 años manteniendo al empleado trabajando en “negro”. Fue un final bastante traumático para el sistema productivo desarrollista, basado en la concentración industrial y urbana.

La ciudad postindustrial

Ya en 1988 con el final de la crisis económica se vivió un marco político y económico diferente, que tendía a la estabilidad, disminuyendo las tensiones políticas y sociales. Uno de los factores que intervino fue la democracia y el estado de las autonomías, que permitía una mayor participación de la sociedad y una intervención en el territorio de una administración más cercana. A partir de 1985 hubo una reactivación económica mundial que afectó no solamente a la industria sino también a otros sectores. Otros factores importantes fueron la integración en 1986 en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE, precedente de la actual Unión Europea), la prosperidad de los servicios superiores y la construcción (ligada en parte al turismo y la especulación) y el final de las migraciones internas y la reducción del crecimiento de la población. Estos dos últimos factores influyeron mucho en la morfología de la ciudad española durante los últimos 30 años; en general la ciudad actual repudia la industria y la visión de la urbe como almacén de personas.

Frente a este nuevo modelo existió el aporte de nuevas industrias, relativamente selectas, que buscaban localizaciones concretas. Se situaban sobre todo en los principales ejes de comunicación buscando rendimiento en la relación distancia-tiempo. Si no existían esos ejes se localizaban en lugares baratos, pero en los que se preveía la aparición de un eje en los siguientes años.

La antigua industria tuvo que reordenarse, tanto la situada en los ensanches como en los lugares más periféricos. Se reutilizaron los edificios y espacios abandonados por la industria creando parques, edificios públicos, escuelas, etc. Las manufacturas huyeron de la ciudad, manteniéndose solamente en algunas zonas periféricas.

Gracias al importante crecimiento de los servicios la ciudad se especializó y se necesitaron más lugares dedicados a esa actividad, con fácil accesibilidad. Aparecen nuevos CBD, prolongando los ya existentes a partir de los ejes viarios o creando nuevos en lugares estratégicos. Debido a que el centro de las ciudades empezaba a estar saturado las ampliaciones de los CBD se expanden por ejes periféricos.

Se crearon también vías que rodeaban las ciudades, las rondas de circunvalación, para comunicar barrios entre ellos y poder conectar la periferia de la ciudad. Las autopistas periurbanas vinieron más tarde para poder desviar el tránsito que no quería pasar por el núcleo urbano y de esta manera descongestionar los distintos ejes radiales de la ciudad, mejorando al mismo tiempo la movilidad del transporte interurbano.

Distanciándose del desarrollismo, los barrios de lujo de la ciudad actual se basan en viviendas adosadas unifamiliares al estilo de los suburbios norteamericanos, lejos de las ciudades. Inicialmente es un suelo más barato que permitía obtener alta rentabilidad con la construcción de este tipo de viviendas y, además, era imposible construir en las ciudades, completamente saturadas de edificación. Se situaron en las autopistas periféricas, apoyados en algunos caso en núcleos rurales.

Una parte de los servicios y el comercio se instaló en la periferia, en los grandes ejes de comunicación o al final de los CBD, creando los servicios periurbanos. Debido a su proximidad a las autopistas y a la incapacidad de las vías de absorber a tantos clientes empezaron a provocar retenciones en el tráfico. Gracias a la influencia de este tipo de servicios y a los barrios de lujo muchos núcleos rurales se urbanizaron. El crecimiento se trasladó del centro a la periferia de las ciudades, normalmente sin actividades de tipo industrial.

Alternativa productiva

A finales del siglo XX se empezaron a aplicar nuevas tecnologías a la industria urbana remodelándola a partir de la informática, nuevos sectores productivos industriales, nuevas formas de comercio y nuevos servicios. Se crearon polígonos industriales, de bajo coste, pero atractivos para las nuevas tecnologías que huían de la masificación del desarrollismo, propiciando una cierta especialización. Para poder atraer estos nuevos tipos de industria se recalificaron terrenos en municipios periféricos a las grandes ciudades. De esta manera se buscaba captar empresas y producir riqueza. Los municipios buscaban industrias específicas, normalmente de alta tecnología, y acabaron formándose los primeros parques tecnológicos, con suelo barato y reducciones fiscales. Las nuevas empresas por su parte requieren de un acceso a la red de universidades, infraestructuras adecuadas, buenas comunicaciones y entornos donde el ocio y el deporte sean viables, con un clima adecuado y un ambiente natural limpio.

La viaja industria por su parte se recuperaba gracias a la capacidad del sector terciario superior de ofrecerle ayuda, apoyo y atractivo para entrar en el nuevo sistema productivo. Este sector permitía aplicar innovación tecnológica mediante la mecanización y la informatización, también mayor comunicación a partir de la publicidad, la mejora de transportes y la difusión del producto y una mejor comercialización dedicándose a vender ellos los productos en lugar de la industria creadora, realizando estudios de mercado y ofertas flexibles.

Grandes operaciones urbanísticas como las Olimpiadas de Barcelona 1992, la Exposición Universal de Sevilla del mismo año o el Fórum de las Culturas, también de Barcelona, en 2004 se realizaron para reconvertir áreas degradadas y rediseñar infraestructuras haciendo comercial la propia ciudad (Barcelona, la millor botiga del món – Barcelona, la mejor tienda del mundo), vendiéndola como un producto más.

Todo lo anterior llevó a un nuevo concepto de ciudad que rompía claramente con el desarrollismo. Si durante el franquismo se vivía en la ciudad, ahora se vive la ciudad, se procura satisfacer las necesidades de la población. Para poder conseguirlo había que suplir la carencia de servicios que provocó el desarrollismo, cuando la ciudad era un almacén de personas y se buscaba un crecimiento rápido de ese almacén.

La ciudad se convirtió en un espacio de consumo social debido a las necesidades de salud y ocio, por ejemplo, con un proceso ya iniciado por grupos clandestinos durante el franquismo. Se buscaba una mejora de la calidad de vida urbana y finalizar con el sistema productivo anterior que veía la ciudad como una máquina productora, una fábrica-almacén donde vivían y trabajaban los obreros. Se trasformó la ciudad de un espacio de producción a uno de consumo, de fábrica a tienda.

Las actuaciones públicas y privadas produjeron una mejora de la calidad residencial; al acabarse las migraciones rurales el problema de la vivienda se terminó. Se crearon muchas viviendas unifamiliares en la periferia de las ciudades y se rehabilitaron otras, destruyendo parte de los centros históricos, expulsando a los habitantes anteriores que no podían volver debido al aumento de los precios y atrayendo a personas de clase más alta, iniciando un proceso de gentrificación.

Los servicios públicos se reestructuraron por categorías tanto en salud como en educación, siendo mucho más frecuente la categoría más baja de servicios básicos, y más rara las de servicios superiores, con una categoría intermedia. Anteriormente ya existían estos servicios pero estaban muy mal distribuidos, con la reestructuración el acceso es mucho mayor por parte de la población. También se procuró crear espacios públicos, como plazas o bibliotecas, y se empezó a conservar el patrimonio cambiando de una postura que rozaba el odio a lo antiguo hasta una que bordeaba la conservación enfermiza de cualquier resto. Se concedieron subvenciones para rehabilitar fachadas y cascos antiguos, además de buscar el apoyo de la UNESCO para declarar determinados lugares patrimonio de la Humanidad.

La ciudad del siglo XXI

Actualmente las ciudades españolas se están polarizando. Los municipios pequeños tienden a tener cada vez menos población, sobre todo en el mundo rural, mientras que los grandes no dejan de crecer. En este último caso no siempre es posible debido a los límites municipales y de densidad, lo que provoca el crecimiento de municipios adyacentes. En todo caso, se produce una concentración urbana en pocas áreas metropolitanas, dejando un espacio “vacío” de carácter rural y casi sin actividades económicas entre ellas.

En esas áreas las actividades tienden a estar situadas lejos de las residencias (cada vez más alejadas del centro), lo que ha hecho aumentar la conmutación y, consecuentemente, un aumento del transporte privado. El centro urbano continúa con las actividades más prestigiosas y el precio del suelo en esa zona cada vez es más alto, expulsando a sus habitantes y a los negocios menos competitivos.

En ese sentido, debido a las reformas en el centro histórico y a las actuaciones de mejora de infraestructuras de los barrios periféricos se ha producido un proceso de gentrificación, donde la población y actividades de un barrio son substituidas por población foránea de clase social más alta con actividades menos necesarias, eliminando el comercio de proximidad y en muchos casos el de alimentación. Esos barrios sufren un cambio acusado en su paisaje y no solamente por el aumento del precio del alquiler y del suelo, sino por la destrucción del tejido social previo, cuyas principales víctimas son la gente mayor.

Relacionado con la gentrificación encontramos el aumento del turismo. El propio turismo y los pisos alquilados para pernoctar pocas noches también provocan un aumento del precio del alquiler y el suelo, expulsando de la misma manera a la población anterior como en el caso de la gentrificación. La población de esos barrios, frecuentemente en el centro urbano, emigra hacia barrios más baratos que a su vez son afectados por estos dos fenómenos a medida que el aumento del precio del suelo se va extendiendo en coronas sucesivas. Poco a poco la población solamente tiene la solución de ir a una corona metropolitana cada vez más lejana del centro para poder tener una vivienda, mientras las actividades económicas de su nueva población no pueden acogerlos, obligándoles a una conmutación cada vez más lejana.

El turismo (junto con otros factores), por otro lado, también provoca una homogeneización del tejido comercial, un aumento de las franquicias y pérdida de identidad. Excepto en algunos pocos hitos urbanos, el aspecto de los centros de las ciudades, al igual que los aeropuertos, empieza a ser cada vez más parecido. Además el aumento de población temporal en la ciudad y los transportes utilizados para llevarla allí provocan un aumento de la contaminación y el uso de recursos, como el agua que estresan el medio ambiente. El transporte privado también ha aumentado y las emisiones de CO₂ no han parado de crecer. ¿Es posible la Integración de la ciudad con el medio ambiente? Normalmente se realiza una actuación por sectores y no hay una visión integral, muy a menudo también se interviene por motivos políticos y no racionales, y las ciudades se han convertido en mamotretos que cuesta mucho gestionar.

Pero el precio de la vivienda también estuvo afectado por una concesión de crédito casi libre para la compra desde 1998 hasta 2007, influida por una Ley del Suelo que liberalizaba su transformación en suelo urbano y, sobre todo, por la necesidad de colocar productos de deuda, como ya hemos comentado en otra entrada. Esto provocó una burbuja especulativa donde muchas familias no compraban para vivir, si no para invertir y el crecimiento de la inmigración extranjera, que buscaba un hogar, potenció aún más este proceso.

¿Qué retos tiene la ciudad actual? Principalmente el acceso a la vivienda, que se ha convertido en un gran problema para los jóvenes y para las nuevas familias. La movilidad es otro de los retos importantes, ligada a la contaminación provocada por los automóviles de motor de combustión. Por otro lado la economía española depende mucho del turismo y de industrias poco competitivas, lo que se ha puesto de manifiesto con la crisis de la COVID-19, así que las actividades de las ciudades tienen también el reto de adaptarse y poder generar empleo que no dependa de las visitas extranjeras. Como hemos visto, cada época ha tenido retos diferentes y se han tomado decisiones con consecuencias positivas y negativas ¿Cuál es vuestra opinión sobre la ciudad actual?

Las ciudades en España (III)

Imagen: mujeres pidiendo viviendas dignas en Carabanchel Bajo, Madrid, durante la transición política hacia la democracia en España (1975-1981). La vivienda precaria, o infravivienda, fue un fenómeno común durante el final del franquismo que tuvo que resolver la sociedad de la transición. Fuente.

Tercera parte del análisis de las ciudades españolas, esta vez nos adentramos más en las características de la ciudad franquista, dentro de los dos periodos de esta época, la autarquía y el desarrollismo.

La autarquía

Hasta 1955 el régimen franquista promovió la autarquía en España. La autarquía es un enfoque económico típico de regímenes autoritarios nacionalistas. Pretende conseguir la autosuficiencia en sectores estratégicos fundamentales, tales como la industria pesada (metalúrgica y química) y la energía, mediante un gobierno muy intervencionista. Este enfoque puede tener éxito en países grandes como los Estados Unidos de América o la antigua Unión Soviética (o incluso en la Rusia actual), pero en España existe una deficiencia muy grande en estos sectores para poder ser autosuficiente, produciendo por tanto una economía de perfil bajo.

La ciudad española había quedado muy deteriorada tras la Guerra Civil y debido a la nueva autarquía se hacía muy complicado desarrollar los sectores industriales y de servicios necesarios. El intervencionismo del estado franquista era total en toda actividad económica, vigilando no solo que se cumplieran las expectativas autárquicas sino que además no se subvirtiera el régimen. La ciudad representaba un peligro para el estado debido a la clase obrera, la presencia de sindicatos y al ser un nexo de culturas e ideas de todo el mundo. Pero a la vez quería transformarla en una urbe que personificara las virtudes del nuevo régimen a través del Plan Nacional de Reconstrucción, que resultó utópico e irrealizable. Por otro lado se promocionó un retorno al campo y una repoblación de zonas abandonadas para poder ejercer un mayor control sobre ellas.

Madrid sería el escaparate del régimen, la ciudad ejemplo de España, para frenar el desarrollo de ciudades como Bilbao o Barcelona. El control estatal de la economía permitió que Madrid fuera el foco de la industria junto a ciudades consideradas “no Rojas” como Cartagena o Cádiz. El Instituto Nacional de Industria se creó en 1941 para promocionar ciudades intermedias que complementaran a la capital, “La Ciudad” de España. Las anteriores ciudades industriales se empezaron a reactivar a pesar de un mercado interior pequeño, pero gracias a la nula competencia externa. No se produjo ningún cambio sustancial en el resto de ciudades durante la autarquía excepto en aquellas que el régimen escogió para ciertas actividades. Se crearon viviendas baratas para acoger a los nuevos inmigrantes, pero fueron insuficientes y consecuentemente empezaron a proliferar las barracas o chabolas.

En 1956 se redactó la Ley del Suelo y Ordenación Urbana, aunque no se llevaría a la práctica en su totalidad. La ley consideraba la ciudad como parte integral del territorio y no un ente aislado y se constituyeron planeamientos a diversas escalas: estatal, provincial, comarcal y municipal. También pretendía, en teoría, facilitar el desarrollo equilibrado del territorio y las ciudades, mediante la prevalencia del interés colectivo verso el individual, pero a su vez permitía la participación privada en todo el proceso de intervención territorial.

El desarrollismo

A partir de entonces y hasta 1975 se produjo un gran crecimiento urbano en contraposición al anterior periodo. La autarquía fue un fracaso y el régimen tuvo que reconvertirse. Tras las derrotas del Eje durante la II Guerra Mundial en 1943 también había ido menguando la influencia del Movimiento Nacional, partido único que aglutinaba a varias facciones de corte fascista o tradicionalista como Falange Española, las JONS y los carlistas. El régimen franquista pivotó hacia la llamada tecnocracia ligada al Opus Dei y a una apertura e integración económica hacia el capitalismo que culminó con el Plan de Estabilización de 1959. El objetivo era la concentración de los medios de producción para mejorar la productividad y la creación de grandes mercados de consumo y trabajo, en otras palabras, grandes ciudades.

El inicio del proceso se realizó mediante la industrialización y urbanización de Madrid, Barcelona y Vizcaya que acabó generando una concentración de más del 40% de la producción estatal ese triángulo. Esto atrajo mano de obra del campo hacia esos polos, ya que no encontraban empleo en las zonas rurales donde se había producido un aumento de la población debido a la bajada de la mortalidad gracias a las mejoras en la dieta. Los inmigrantes encontrarían trabajo en las nuevas fábricas creando ese gran mercado necesario para la dinámica capitalista y a su vez provocando un gran crecimiento urbano.

No obstante la rápida concentración creó des-economías que impidieron aprovechar todas las ventajas que aparecían. Existieron planes de descongestión urbana para diseñar polígonos industriales alrededor de las ciudades o en emplazamientos desiertos mediante subvenciones estatales. La hiper-concentración también provocaba desequilibrios territoriales que se intentaron remediar mediante el desarrollo de polos industriales en regiones que se estaban abandonando, como Zaragoza o Valladolid, intentando evitarlo.

El desarrollo que se promovía preveía un crecimiento urbano equilibrado mientras se buscaba una rentabilidad alta y en poco tiempo. Aun así la teoría del desarrollo implantada y la realizada diferían bastante, llevando a un periodo de grandes contradicciones. El interés económico de industriales y promotores inmobiliarios sobrepasó, mediante los grupos de presión (lobbies), a la legalidad, aunque sí que hubo ocasiones en que ambos coincidieron. La participación ciudadana era nula, excepto a partir de los años 70 cuando hubieron algunos movimientos sociales.

  • Los ensanches de clase media

Se continuó su desarrollo mediante actuaciones puntuales de casas individuales entre 50 y 100 viviendas mediante muchas empresas constructoras que podríamos clasificar como PYME. El capital privado invertido era pequeño y directo, se buscaba la densificación y no se invertía en espacios verdes ni en servicios públicos. En cambio la estructura de la vivienda era de calidad con bastante espacio habitable, entre 80 y 100 metros cuadrados, normalmente.

  • Periferia urbana de clase baja (barrios dormitorio)

Se crearon grandes conjuntos residenciales de más de 1000 viviendas mediante la reconversión del suelo rural. Los promotores eran grandes constructoras y grupos empresariales y se necesitó hacer llegar ejes de transporte a estos nuevos barrios mediante capital público-privado. Los proyectos carecían de espacios urbanizados que contuviesen aceras o iluminado público, por ejemplo, y también disponían de un transporte deficiente, por tanto se generaba un espacio poco densificado. Las viviendas eran de mala calidad, con poco espacio (entre 60 y 70 metros cuadrados, habitualmente) que se agravaba por el comportamiento natal heredado del campo, con muchos hijos. También carecían de saneamiento, agua e incluso de ventanas apropiadas.

Los costes sociales y ambientales de esta política fueron altos, sobre todo por la falta de concienciación medioambiental de esa época. Para el inmigrante rural no repercutía en un cambio sustancial de su modo de vida anterior la ausencia de asfalto, la presencia de malos olores o el dedicar mucho tiempo para llegar al trabajo, pero en la década de los 70 empezaron a ser conscientes de las malas condiciones en las que vivían. Por motivos políticos, para evitar tumultos en las ciudades y presentar una buena imagen, no por motivos sociales, el régimen empezó a solucionar esos problemas.

Durante el desarrollismo el medio ambiente era lo contrario a lo urbano. La contaminación significaba progreso, mejores salarios y más empleo. También se puso más interés en el consumo de recursos por parte de la industria que no por parte de la ciudadanía. Se destruyeron bosques, se produjeron salinizaciones de acuíferos y se hacían vertidos de residuos sin demasiado control. También se acabó destruyendo a la agricultura de proximidad, a pesar de las leyes que la protegían, y no se tenían en cuenta los factores climáticos ni agrícolas para las actuaciones en el territorio, como en la creación de la Autopista del Mediterráneo, por ejemplo. Dentro de las ciudades también se destruyó patrimonio considerándolo “edificios viejos”.

Las áreas metropolitanas

Para poder coordinar todas la actuaciones y servicios (transportes e infraestructuras principalmente) en un entorno urbano de rápido crecimiento se creó la figura del área metropolitana a partir de una urbe dominante entre una serie de áreas periurbanas colindantes.

Las principales áreas metropolitanas fueron Madrid, Barcelona y Bilbao, seguidas en un tamaño inferior por Valencia, Sevilla y Zaragoza. En algunos casos donde había mayor equilibrio se optó por una co-dominancia entre dos ciudades, o más, como fueron Sabadell/Terrassa, La Coruña/Ferrol, San Sebastián/Irún o Cádiz y su entorno.

Las ciudades en España (II)

La ciudad contemporánea y franquista

Imagen: bombardeo de la ciudad de Barcelona del 17 de marzo de 1938, fotografía tomada desde un bombardero italiano. Puede apreciarse la ciudad medieval en el centro de la imagen y parte del Ensanche (1860) en las partes derecha e inferior. También el parque donde se situaba la antigua ciudadela, a la izquierda, y justo encima el barrio de la Barceloneta (1753) y el puerto. Las bombas con menor nube de la imagen cayeron en el barrio del Rabal (antiguo arrabal medieval), muy cerca de la Ramblas y el mercado de la Boquería; las de mayor nube en la Plaza Cataluña y la confluencia de la Gran Vía de las Cortes Catalanas con Paseo de Gracia. Fuente.

Continuamos con el análisis de las ciudades españolas, tratando en esta entrada la ciudad del siglo XIX y principios del XX.

La ciudad contemporánea

En el siglo XIX y hasta la Guerra Civil (1936-1939) apareció la industria y se situó fuera de las ciudades españolas, próxima a fuentes de energía, y conectada a ellas mediante vías de comunicación importantes. Las fuentes de energía utilizadas fueron el carbón y la hidroeléctrica. También aparecieron otros núcleos industriales en el mundo rural próximo a las ciudades, aunque no tenían por qué estar inicialmente bien conectados con estas. Paralelamente se construyeron cerca de las industrias viviendas para los trabajadores, de baja calidad, y aparecieron los ensanches alrededor de los centros urbanos, de diseño más o menos racional y espíritu burgués, con calles amplias que permitían los flujos internos de la ciudad.

Nuevos ejes de comunicación, como las carreteras y el ferrocarril, conectaron la ciudad con el exterior, pero no favorecieron la movilidad interna; funcionaban del interior de la ciudad hacia la periferia. Todo esto (industrias, ejes de comunicación, viviendas obreras, ensanches) provocó la reconversión de los núcleos rurales adyacentes a la ciudad que se tornaron urbanos.

La poca importancia urbana en el territorio hizo necesario la creación de obra pública para poder realizar una organización adecuada, con muy poca industria inicial. La ciudad se vio potenciada por el sector público que a su vez generó actividad y beneficios para la burguesía industrial, propietaria del suelo y del comercio. Los polos de desarrollo industrial durante esta época en España fueron Barcelona y Bilbao. La burguesía marcaba el ritmo de construcción urbano mediante dos tipos de modificaciones:

  • Internas: remodelación viaria, desamortizaciones para crear suelo urbanizable y mejora de servicios urbanos. Todo esto acabó provocando un aumento de la densificación urbana, una degradación interna y una saturación del crecimiento.
  • Externas: planificación de ensanches, crecimiento espontáneo no planificado, anexión en el extrarradio de suburbios, arrabales y otros núcleos urbanos. Las consecuencias fueron un crecimiento no homogéneo, la convivencia de fábricas, viviendas y agricultura, y disputas entre la autoridad de la burguesía y los ayuntamientos.

Las actuaciones interiores eran una herencia de la dinastía Borbónica (saneamiento, iluminación, pavimentación), fundamentalmente una regularización de las calles para favorecer la circulación, destruyendo y reconstruyendo vías. Era un proceso lento y realmente poco útil. La desamortización del suelo eclesiástico, pareció dar algo mejor resultado, normalmente para edificar viviendas, pero de forma excepcional también se construía en él mercados, plazas y edificios públicos. La iluminación viaria, la pavimentación y el alcantarillado densificaron más la ciudad con la consecuente degradación y pérdida de seguridad.

Todas estas medidas no acabaron de funcionar para la burguesía, por tanto se buscó la creación de ensanches, que se antojaban racionales, previsibles y equilibrados. Además aportaban un cambio en el uso del suelo que era más rentable cambiando un terreno rural hacia otro tipo como el residencial, el comercial, el industrial o el viario. Los ayuntamientos intentaron regular los procesos junto a la planificación, sin éxito.

En 1859 se planteó el Plà Cerdà en Barcelona por parte del Ministerio de Gobernación y en 1860 el Plan Castro en Madrid. La planificación estaba centrada en el límite municipal sin tener en cuenta el ámbito territorial, lo que creó un crecimiento espontáneo en los límites de municipios colindantes que unía el centro municipal con el límite exterior del ensanche. Los arquitectos del GATPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos catalanes Por la Arquitectura Contemporánea) buscaron que se construyeran equipamientos y servicios, pero en general había una falta de funcionalismo racional en las ampliaciones urbanísticas.

La influencia de burgueses de prestigio provocaba que al final se construyera lo que a ellos les interesaba en lugar de lo planificado. Aun así, sí se logró levantar algunos edificios de interés público y se pudo oxigenar la antigua ciudad preindustrial mediante nuevas vías que la atravesaban y unían con la nueva, donde se construirían edificios acordes a los intereses burgueses. Los núcleos colindantes se acabarían anexionando a la ciudad creciente en un continuo urbano. Los usos del suelo se tornaron diversos y caóticos, en una mezcla de almacenes, fábricas, residencias, vaquerías, funerarias, mataderos, universidades, etc. La falta de planeamiento y su irracionalidad era el resultado de las tensiones y conflictos entre los propietarios, los comerciantes, los constructores y la administración.

La ciudad franquista

Antes de entrar en la ciudad durante la dictadura del general Franco (1939-1975) hay que dejar claro que muchas ciudades españolas no tienen un ensanche entre la ciudad antigua y la creada por el desarrollismo franquista. El desarrollismo es una mentalidad que busca un crecimiento económico lo más rápido e intenso posible sin tener en cuenta otros aspectos sociales, culturales o políticos, por ejemplo. El crecimiento industrial fue el desencadenante, junto con un sistema productivo que consumía mano de obra barata, permitiendo un rápido crecimiento. Dependiendo de la tradición industrial de cada ciudad se iniciará antes o después.

La nueva industria se situó en regiones similares a la época de la Revolución Industrial, pero ya no tuvo en cuenta la cercanía a las fuentes de energía utilizando antiguos núcleos rurales periféricos o lugares cercanos a los principales ejes de comunicación. Progresivamente aparecerían los llamados barrios dormitorio para recibir a los inmigrantes que iban a trabajar en la nueva industria. Eran parajes poco urbanizados, carentes de servicios, adosados a las industrias y en algunos casos aislados.

Poco a poco fue creciendo un tejido urbano de clase media-baja entre los ensanches y los nuevos núcleos, de forma no planificada, utilizando el automóvil como herramienta de movilidad, sin grandes ejes viarios y, cómo decíamos, equipamientos deficitarios. La edificación fue impulsada por la iniciativa privada y sin demasiada regulación produciendo modificaciones en el ancho de las calles y la altura y el número de pisos de los edificios acorde al máximo beneficio del promotor y sin tener en cuenta el entorno. Los núcleos colindantes también crecieron de la misma manera, pero de forma más discreta.

Los ejes hacia el exterior se prolongaron, del centro de la ciudad hacia la periferia, de forma radial, mientras que la circulación entre barrios continuaba siendo muy complicada. Como el ferrocarril resultaba deficitario se construyó una red de autopistas para comunicar ciudades de forma rápida. No existía la comunicación interna en las ciudades de esta época, que hacían la función de centro industrial y de servicios, siendo las zonas residenciales más parecidas a “almacenes” de personas. De esta guisa se constituyeron los CBD (Central Business District) entorno a uno o dos grandes ejes viarios, con una gran concentración de servicios, administración y centros de decisión y de poder. En los CBD no existía prácticamente suelo residencial y exigían muy buena comunicación, en el caso de los CBD situados en ensanches se creó una convivencia entre edificios nuevos y viejos. También aparecieron los barrios de lujo para la nueva burguesía franquista, en zonas exteriores de la ciudad o directamente fuera de ellas, para disfrutar del privilegio de la falta de ruido y ausencia de contaminación.

En la siguiente entrada veremos las características de la autarquía franquista y en mayor detalle cómo se produjo el desarrollismo que desembocó en la ciudad de la Transición política  a la democracia en 1975.

Las ciudades en España (I)

Las ciudades antes del siglo XIX

Imagen: áreas urbanas en España por densidad de población en 2017, extraída a partir del Atlas Digital de las Áreas Urbanas. Podemos ver dos grandes aglomeraciones entorno a Madrid y Barcelona, una población distribuida mayoritariamente en la costa (excepto Madrid) y varios subsistemas urbanos como los de la costa gallega, la costa cantábrica desde Asturias hasta Euskadi, la costa catalana, valencia y murciana y la costa andaluza junto al valle del Guadalquivir. Fuente.

Con esta entrada iniciamos una serie en la que describiremos y analizaremos las ciudades españolas desde el punto de vista de la Geografía Regional. Aunque nos centraremos más en la ciudad de los dos últimos siglos, por ser la escala temporal que más afecta a las condiciones actuales, también daremos un breve repaso a la evolución de las urbes en el territorio que actualmente es el estado español.

Nuestro objetivo es entender mejor cómo y por qué son como son las ciudades, donde vivimos la mayoría de la población española y, debido a las dinámicas demográficas contemporáneas, cada vez más gente. El medio urbano ha caracterizado a muchas sociedades humanas desde hace milenios y no siempre ha cumplido las mismas funciones o ha tenido el mismo aspecto, veamos por qué.

Introducción

España es una región con una vida urbana antigua, compleja y diversa que se ha intensificado en los últimos 70 años. La ciudad española sintetiza un pasado que aún es perceptible en su morfología y arquitectura, un palimpsesto de calles y edificios, que nos muestra empíricamente quiénes han vivido ahí antes que nosotros.

Podemos considerar el objetivo de la urbe como la dominación y explotación de un territorio que permitiría a su vez la formación, la continuidad y el desarrollo de la propia ciudad. La ciudad, por tanto, necesita organizar y ordenar el territorio que la circunda para cubrir esas necesidades.

ciudad

 

La sociedad determina la forma y la localización de la ciudad, que será el elemento base que mantendrá a esa misma sociedad. Si la sociedad cambia, la ciudad cambia. Además cualquier otro cambio en el modo de explotación o en la visión política interna también hará cambiar la ciudad. Las necesidades de la nueva sociedad harán que no solamente cambie la morfología de la ciudad, afectará incluso a su localización, o la localización de las nuevas ciudades que se construyan. Cuando hay un cambio social pueden darse diversas situaciones para la “ciudad antigua”:

  • Destrucción: la ciudad antigua es totalmente arrasada y se construye la nueva ciudad encima de las ruinas de la anterior.
  • Marginación: la ciudad antigua es parcialmente abandonada y se degrada, creando barrios donde aumenta a pobreza y la marginalidad.
  • Reconversión: la ciudad antigua persiste, pero el uso de sus espacios cambia a otros acordes a los del nuevo modelo social.
  • Integración (muy difícil que se produzca): la ciudad antigua y la nueva coexisten paralelamente.

Así, en una ciudad en un momento dado nos encontraremos con la superposición o coexistencia de las diversas sociedades que han pasado por ella. La función de la ciudad, y su fundación, surgiría a partir de aquella que la sociedad que la originó quisiera dotarla.

Las primeras ciudades

A partir de la dominación romana de la Península Ibérica empezó la ciudad a tener una función de dominio del territorio y búsqueda de permanencia en ese dominio. Las ciudades fenicias (desde -800 aprox.) y griegas (desde de -600 aprox.) habían tenido un enfoque de mercado, de lugares de intercambio, no de organización territorial; fundamentalmente habían sido factorías o colonias comerciales. Los asentamientos prerromanos eran de carácter rural y carecían de capacidad organizativa territorial.

Desde aproximadamente -200, y especialmente desde -100, se instalaron las ciudades para dominar el territorio desde el punto de vista de la explotación económica y para mantener ese dominio hacía falta a su vez un control político y militar del propio territorio. Se creó una red de vías que formó una rejilla urbana permitiendo un dominio más eficiente del territorio peninsular. Esa red de carreteras y ciudades se ha mantenido durante el tiempo hasta nuestros días, aunque con notables modificaciones durante la Edad Media. Para las ciudades romanas se utilizaron tres modelos de instauración:

  • Aprovechamiento de asentamientos indígenas (en muchos casos fortificados).
  • Antiguos campamentos militares.
  • Nuevas construcciones en lugares estratégicos: puentes, terrenos elevados o puntos de control.

La organización de la ciudad romana era ortogonal centrada en el foro donde se cruzaban los dos ejes principales: el cardo (calle que discurría de Norte a Sur) y el decumano (calle en sentido Este a Oeste). La prolongación de estas calles fuera de la ciudad conectaba con una de las vías romanas, al final o en medio de una de ellas o con la previsión de construir una nueva; casi nunca encontramos una ciudad romana en la que no sucediera uno de esos tres supuestos.

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Principales ciudades y vías romanas en la Península Ibérica. Fuente.

Los objetivos económicos de la ciudad romana eran la explotación minera y agraria, sobre todo de trigo y olivo. Poseían una estructura con alcantarillado, agua corriente y fuentes (llevada a la ciudad mediante acueductos), centros públicos y representativos del poder, lugares de ocio, y en algunas ciudades también encontraríamos murallas; los edificios tenían un máximo de tres pisos de altura.

A partir del año 300, aproximadamente, la ciudad cayó en desuso por una ruralización de la sociedad romana, perdiendo su función de dominio militar y comercial del territorio. Muchas fueron abandonadas o perdieron muchos habitantes en favor del campo desde donde se ejerció el dominio del territorio de otras maneras.

La ciudad medieval

El sistema social que siguió a la dominación romana no tuvo a la ciudad como centro de poder hasta el siglo VIII en el caso de Al-Ándalus (Sur y centro de la Península Ibérica) y el siglo X en el de la Hispania cristiana (Norte de la Península Ibérica). Aunque las ciudades recobraron cierto protagonismo local en el Norte, esta parte de la península siempre fue rural durante este periodo, siendo la ciudad musulmana la única que mantuvo el carácter dominador y estructurador del territorio con una sociedad verdaderamente urbana.

La ciudad musulmana

La ciudad en Al-Ándalus fue fundamental para consolidar el domino del 75% de la Península Ibérica. La estructura básica se repetía en todas ellas y servía para establecer funciones militares, de ocupación y control del territorio y, como era tradicional entre árabes y bereberes, comerciales y artesanales. Los siguientes elementos formaban su estructura básica:

  • Alcázar o alcazaba junto con una mezquita (símbolos militares y religiosos).
  • Organización radial e irregular, no planificada, conteniendo calles sin salida y creada a medida que iba creciendo, de forma un tanto caótica.
  • Arrabales fuera de las murallas que precedían a posibles nuevas murallas posteriores.
  • Un centro económico de comerciantes y artesanos.
  • Barrios organizados según clases sociales y laborales.
  • Servicios colectivos: baños, almacenes y zocos especializados.

La casa musulmana contenía pocas aperturas hacia la calle, las entradas solían ser homogéneas con pocas distinciones entre las diferentes casas, y se organizaban entorno a un patio central. Las viviendas estaban enfocadas hacia la vida interior, sin signos externos de distinción. La sociedad musulmana fundó nuevas ciudades en la Península Ibérica como Almería o Guadalajara y también aprovecharon las ciudades romanas previas como en el caso de Córdoba o Sevilla.

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Fragmento del mapamundi de Al Idrisi (siglo XII) en el Libro de Rogerio (Tabula Rogeriana o Kitab Ruyar) donde se observa la Península Ibérica. Nótese que el mapa está orientado hacia el Sur. Fuente.

La ciudad cristiana

Como comentábamos, hasta el siglo X no se reestableció algo parecido a un mundo urbano en el Norte de la Península. Con la consolidación del Camino de Santiago se crearon, o refundaron, ciudades nuevas en su ruta con fueros específicos para poder controlarlo como Jaca, Burgos o Astorga, por ejemplo, con poblamiento franco en muchos casos. A partir del siglo XIII alrededor de esas ciudades y hacia el Sur se establecieron nuevos asentamientos ocupando los terrenos abandonados por los llamados moros.  Su economía era básicamente ganadera para evitar los saqueos y se organizaban alrededor de castillos o monasterios en puntos estratégicos para poder asegurar el terreno circundante, conformando así la estructura de las nuevas ciudades medievales. Estas estructuras solían contener todas o algunas de las siguientes edificaciones:

  • Castillo
  • Murallas
  • Monasterio
  • Iglesias

Inicialmente la función de la ciudad medieval era militar, pero el crecimiento demográfico permitió crear mercados que gozaban de la protección de la ciudad y de una cierta actividad artesanal, muchas veces ligada a antiguos ocupantes del asentamiento, moros o judíos. La morfología de las calles era irregular, pero ortogonal, con caminos principales uniendo los núcleos de poder (castillo, iglesia y ayuntamiento) con el exterior. Había una carencia importante de servicios, no existía alcantarillado ni suministro de agua. El crecimiento de la ciudad se organizaba a través de las iglesias, muy numerosas, que conformaban el núcleo de loe nuevos barrios. La ciudad medieval cristiana a menudo se consolidaba por la obtención de unos privilegios que estaban claramente delimitados por las murallas, que diferenciaban campo y ciudad. Solía ser un centro de intercambios, pero escasos, y sobre todo servía como lugar de refugio y defensa.

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Mapa de Barcelona a finales de la Edad Media. Se observa el contorno de la ya derruida muralla de la ciudad romana de sigo III y la inercia de las principales calles romanas cruzándose en el antiguo foro -centro de la ciudad-, en ese momento el convento de San Jaime (4) al lado de la Casa de la Ciudad -ayuntamiento- (34). También podemos ver al suroeste el arrabal entre las murallas de los siglos XIII y XIV y los diferentes caminos que salen de la ciudad. Fuente.

La ciudad moderna

En el siglo XVI se produjeron ciertas modificaciones en las ciudades de la Península. Las ciudades existentes no cambiaron sino que se añadieron nuevos elementos por parte de las dinastías de los Austrias, que gobernaron sobre los distintos estados territoriales peninsulares,  y los Borbones que unificaron la administración hacia la formación del Reino de España. Los ejes viarios de las ciudades continuaron siendo los mismos.

La ciudad de los Austrias

La nueva dinastía europea y sus nuevas necesidades provocaron cambios sutiles en las ciudades, ya que aún no era una sociedad que necesitara la ciudad para dominar el territorio. El nuevo estado territorial cambió la dinámica del poder respecto al anterior estado feudal. Si antes el poder radicaba en el vasallaje ahora eran los mercenarios los que proporcionaban la fuerza. Este cambio creaba la necesidad de abundantes cantidades de dinero y por tanto la necesidad de proteger la artesanía y el comercio, la propia ciudad y de convertir a la nobleza en comerciantes.

El comercio con América y Europa era fundamental y tanto la nobleza como la Iglesia dejaron su papel militar hacia un rol económico. La contrarreforma y el apoyo de los Austrias al catolicismo enardecieron el fervor religioso, lo que aumentó la capacidad de auto-fiscalidad de la Iglesia mediante diezmos, bulas y tierras. La Iglesia se convirtió en un gran poder urbano poseyendo innumerables tierras y edificaciones.

Como comentábamos, el nuevo poder se identificaba con la capacidad económica. En el siglo XVI los Austrias poseían el poder económico y militar, mientras que la Iglesia, además del económico, ostentaba poder territorial y moral. La economía en los territorios peninsulares se caracterizaba por un fluido comercio con América y Europa y en menor medida por una industria textil de carácter local. En el siglo XVII la monarquía entró en decadencia mientras que la Iglesia tuvo un aumento brutal de su poder gracias  a las bulas, la fiscalidad propia, el fervor religioso y los bienes inmuebles. Podemos hablar de una ciudad conventual donde la presencia de iglesias y conventos se sucedía calle tras calle.

Todo esto afectó a la ciudad moderna con una expansión del casco urbano extramuros mediante arrabales siguiendo los ejes de los caminos. Para poder organizar la expansión se construyeron las nuevas “Plazas Mayores” de forma rectangular y remarcar así el papel del poder por falta de espacio de construcción en el interior medieval. Los edificios importantes se empezaron a construir fuera de las murallas y se marginó a la ciudad medieval. Los caminos que salían de la nueva expansión originados en las plazas mayores llevaban a conventos y fincas señoriales semi-rurales que acabaron organizando las futuras expansiones mediante un crecimiento desorganizado a su alrededor.

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Crecimiento de Madrid durante la dinastía de los Austrias (siglos XVI-XVII). La corona representa el Alcázar de la ciudad musulmana donde se construiría el actual Palacio Real. La antigua muralla medieval se circunscribía a la parte más oriental del sector color crema, siendo la parte occidental los arrabales. También podemos ver la Plaza Mayor en el centro de la ciudad desde donde se organizaba la red de caminos. El gran crecimiento de la ciudad se debió a su condición de capital. Fuente.

La ciudad de los Borbones

La dinastía borbónica durante el siglo XVIII se caracterizó por actividades de reforma interior de las ciudades impulsadas por las ideas de la Ilustración. Principalmente realizaron obras de saneamiento, pavimentación e iluminado público. También se reorganizaron algunas calles y caminos favoreciendo la circulación, mediante la creación de paseos. Aunque se crearon también espacios verdes como parques y jardines, estos estaban destinados al uso privado de la monarquía o eran frecuentados casi exclusivamente por la nobleza. En general la ciudad borbónica no se expandió si no que se densificó aun más a pesar de los esfuerzos de intentar abrirla.

Por otro lado la monarquía borbónica buscaba la centralización, uniformización y jerarquización de España con lo que se marginaban las actuaciones en las ciudades más periféricas y se potenciaban las de la capital, Madrid, incluyendo una red de carreteras radial que se originaba en la Villa y Corte.

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Madrid durante el principio del reinado la dinastía de los Borbones (siglo XVIII). Se pueden ver las reformas realizadas en esa época. El jardín del Buen Retiro y el Palacio Real ya existían a finales del siglo XVII, pero fueron remodelados y ampliados en este periodo. Fuente.

El bosque en España (III)

La España Seca

Imagen: encinar del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac en la comarca catalana del Bages. Fuente.

La España Seca

La región mediterránea posee bosques esclerófilos subtropicales. Los suelos suelen ser relativamente pobres, muy afectados por la erosión, llevando a desarrollarse plantas xerófilas, adaptadas al calor y la poca humedad propias del clima mediterráneo. Las hojas son perennes normalmente, pero es un ambiente con gran cantidad de especies marcescentes. Las hojas suelen ser pequeñas y duras para poder evitar la pérdida de humedad de los largos periodos de sequía. Las raíces, a su vez, son profundas y gruesas, sobre todo en los pinos que se componen de una raíz central, debido a los suelos delgados.

El bosque típico mediterráneo se compone de dos especies características la encina y el alcornoque y suele estar dominado por una de ellas, con poca variedad de especies arbóreas. Como la entrada de luz es abundante el sotobosque es denso con matorral de tamaño medio y alto, de tipo leñoso y espinoso como el lentisco o la jara, aunque la hierba es escasa.

La encina suele medir entre 5 y 25 metros de altura, su copa es ovalada y bastante frondosa con hojas de color verde oscuro y espinas. La corteza es relativamente lisa y grisácea cuando el árbol es joven y se va oscureciendo y agrietando a medida que envejece. El fruto de la encina es la bellota que se cultiva por parte del ser humano; en el sudoeste de España es frecuente la formación de dehesas por la actividad humana para el cultivo controlado de la encina. Suele vivir en altitudes inferiores a los 1500 metros lo que la hace muy frecuente en toda la península ibérica, con encinares muy densos. Solamente cuando la humedad aumenta es sustituida por especies más higrófilas como el roble o el alcornoque.

El alcornoque es más frecuente en Extremadura y Gerona, con presencia en Castilla y Andalucía en determinadas regiones. Es muy apreciado por su corteza, de donde se extrae el corcho y sus bellotas, al contrario que con la encina, no son agradables para el consumo humano. Sin embargo tanto la bellota de la encina como la del alcornoque se utilizan para el consumo animal, en especial del cerdo. Como necesita más humedad y menos frío que la encina no es tan frecuente como esta y se encuentra en regiones más aisladas. Normalmente mide entre 5 y 15 metros de altura con hojas verde oscuro y troncos sinuosos y ramificados.

Los pinares también son frecuentes, formadas por pino carrasco, pino piñonero y pino negro generalmente. El pino carrasco es estrecho y alto, con corteza de color claro, llegando hasta los 25 metros de altura. Es una especie muy resistente y se encuentra en alturas inferiores a los 1500 metros en la costa oriental de la península Ibérica, en Cataluña, Aragón, Valencia y Andalucía. Es un árbol muy resistente la sequía con preferencia por la luz y los suelos calizos.

El pino piñonero es característico por la producción de piñones para el consumo humano. Suele medir entre 10 y 20 metros de altura con troncos rectos y gruesos de corteza castaña y rugosa. Las copas son redondeadas y anchas. Como el pino carrasco, también gusta de la luz, pero soporta menos el frío. Se encuentra en regiones más aisladas en Cataluña, Andalucía, Portugal y Castilla.

El pino negro es un árbol de montaña mediterránea, en España se encuentra mayormente en el Pirineo. Tiene una copa en forma de cono que llega como mucho a los 20 metros de altura con hojas verde oscuro y alta densidad. Lo podemos encontrar entre los 1500 y los 2500 metros de altura, soportando muy bien el frío y requiriendo suelos húmedos.

El bosque mixto mediterráneo añade a las especies típicas de esta región el olmo y el chopo, que suelen ser frecuentes en los lindes de los cursos de agua.

Otras especies de pino que podemos encontrar son el pino salgareño y el pino silvestre. El pino salgareño tiene muchas subespecies y está muy bien adaptado a las alturas junto a gran variedad de ambientes. Al contrario a otras especies de pino no tiene una raíz básica central, al contrario tiene múltiples raíces y ninguna destaca en tamaño respecto a las otras. De esta manera se puede insertar en lugares rocosos por las grietas muy fácilmente. Posee un tronco grueso y pude llegar a medir entre 20 y 30 metros de altura en buenas condiciones y hasta 4 o 5 metros en condiciones adversas. Puede vivir muchos años, incluso llegar a ser milenario, y es muy resistente. Podemos encontrar el pino salgareño a partir de altitudes de 500 metros y en zonas de alta montaña limita los prados alpinos mediante la cubierta arbustiva de su sotobosque. El pino silvestre se encuentra en los límites con la región eurosiberiana, sobre todo en montaña.

Las formaciones no boscosas de la España seca tienen las mismas dinámicas que en la región eurosiberiana. Son formaciones naturales pero la acción humana también las crea a partir de la deforestación: son más adecuadas para la actividad agraria, ganadera o el poblamiento que las forestales y a su vez estas actividades eliminan bosques creando más formaciones no boscosas. La ganadería de caprinos y ovinos es uno de los principales factores de eliminación del bosque mediterráneo.

La maquia se compone a partes iguales de bosque y matorral de gran altura. La cubierta vegetal del suelo en la maquia es total, no hay espacios de suelo abierto. Esto provoca una alta densidad y variedad de vegetación con cierta estratificación, casi impenetrable, pero con bastante insolación. La altura de las plantas está relacionada con la calidad del suelo donde crecen. Debido a los frecuentes incendios algunas maquias contienen solamente plantas resistentes al fuego y de crecimiento rápido.

Los incendios en la España seca son un medio natural de que se renueve la vegetación, se fortalezca el bosque y que determinadas especies salgan con más fuerza. Los pinos, la jara o el romero son especies que se ven favorecidas por el fuego.  Debido a que el clima mediterráneo provoca incendios con frecuencia, muchas especies están adaptadas a estos, las jaras o el pino carrasco, por ejemplo, tienen semillas que se dispersan con el calor. Eso no quiere decir que los incendios provocados tengan ese efecto de renovación, sino todo lo contrario. Las especies mediterráneas disponen de cortezas gruesas contra el fuego, como el alcornoque, y de cubiertas de cera para evitar perder la humedad en las hojas.

La garriga no tiene formaciones arbóreas, creciendo en ella matorral mediano y pequeño. Sus suelos son rocosos, al descubierto en abundantes lugares y fácilmente erosionables. Podemos decir que la garriga es una maquia degradada o la adaptación de plantas a suelos rocosos y calcáreos. Puede llegar a contener hierba después de las épocas de lluvia, normalmente en primavera y otoño.

Finalmente, la estepa es a última formación no boscosa mediterránea. Cuando las condiciones que mantienen a la garriga no son suficientes se convierte en estepa, aunque también puede suceder cuando la acción humana acaba por eliminar el matorral existente. Encontramos la estepa en regiones de precipitación muy baja, por debajo de los 300 mm anuales, y suelos muy pobres por falta de humedad y la presencia de rocas. A menudo más de la mitad de la superficie es roca en lugar de suelo. La mayoría de la vegetación es espinosa, de matorral bajo y leñoso. Después de la época de lluvia también podemos encontrar tubérculos, rizomas o hierba.

Acabaremos con un breve repaso a la vegetación de las Islas Canarias. Las islas se encuentran en un marco de clima subtropical, suelo volcánico y relieve montañoso, además del obvio aislamiento insular. Esto provoca una vegetación endémica y presencia del relictismo. Los vientos alisios crean un disimetría en las islas entra las vertientes: en el norte encontramos un escalonamiento de la vegetación en las montañas mientras que en el sur no existe por las pocas precipitaciones recibidas. Los vientos húmedos descargan las lluvias y nieblas en la vertiente norte al colisionar con las montañas y llegan a la parte sur de la isla muy secos.

Hasta los 400 metros de altitud encontramos en las Islas Canarias el piso basal. Este primer nivel es xerófilo con plantas de formas redondeadas y matorral de poca densidad. La fuerte ocupación humana y la agricultura han marginado la vegetación original, pero podemos encontrar algunas sabinas, palmeras y dragos.

El segundo nivel es el llamado monte verde, que llega hasta los 1200 metros de altitud. Es un piso húmedo, muy influido por los alisios y con frecuentes nieblas junto a algunas precipitaciones. Los bosques son densos formando la laurisilva canaria.

En el tercer nivel encontramos la montaña seca. Este nivel llega hasta los 2000 metros de altura y es muy seco por falta de influencia de los alisios. El árbol característico es el pino canario.

Para acabar tenemos un cuarto nivel, la alta montaña. A partir de los 2000 metros las temperaturas son muy bajas y también los son las precipitaciones. Es una tierra sin vegetación apenas con plantas xerófilas adaptadas al fío, hierba y plantas endémicas de ambiente desértico.

Con esta última entrada terminamos nuestra serie sobre el bosque y la vegetación de la Península Ibérica más concretamente de España. Esperamos que os haya servido para conocer mejor la flora europea y mediterránea y si tenéis cualquier duda o sugerencia no dudéis en hacérnosla llegar. Es un tema muy amplio y no hemos querido ahondar demasiado, pero estamos seguros de que si visitáis estas regiones quedareis maravillados con sus paisajes y las asociaciones excursionistas locales estarán encantadas de ampliaros la información en directo con rutas por los bosques y montañas de la Península ¡No dudéis en ir!

El bosque en España (II)

La España Húmeda

Imagen: hayedo al sur de Irún (Gipúzcoa, Euskadi). Fuente.

La España Húmeda

Esta región posee bosques templados oceánicos de frondosas caducifolias. Los árboles son hidrófilos de 25 a 30 metros de altura, de troncos rectos con profusión de hojas y sotobosque oscuro e insignificante, solamente poblado por musgo y helechos. Hay pocas especies dominantes y es un bosque que estaba en retroceso debido a la ocupación humana y su sustitución por cultivos de otras especies. Actualmente se encuentra en estado de recuperación.

La haya es uno de sus árboles más característicos. Crece en las áreas de montaña intermedia de la España húmeda, muy fecunda en Cantabria. Crea un bosque muy sombrío, sin sotobosque y con un microclima que reduce entre 3 y 5 grados centígrados la temperatura del aire circundante. Los atributos de los hayedos generan unas condiciones ecológicas que impiden a otros árboles prosperar.

Es un árbol grande de 30 a 35 metros de altura, con un solo tronco cilíndrico y esbelto de color gris pálido, la copa es estrecha y con ramas ascendentes. Las raíces son horizontales y poco profundas para captar la humedad atmosférica y los nutrientes de las hojas caídas en otoño e invierno. Suele gustar de temperaturas entorno a los 15⁰ y precipitaciones entre 900 y 1000 mm anuales, aunque si llueve menos las nieblas pueden compensar ese déficit, y son muy sensibles al frío.

Al tiempo que aumenta la altura de la montaña la haya va perdiendo individuos hasta desaparecer. La altura entre 450 y 1000 metros suele ser su preferida, habitando, como hemos dicho, en Cantabria y también en Euskadi, el Pirineo Occidental y en Cataluña, en el Montseny. Tradicionalmente se ha sacado provecho de su madera y el carbón vegetal que genera.

El roble, al contrario que la haya, tiene una distribución más amplia y muchísimas variedades, tanto secas como húmedas. Es una especie intermedia entre los dos biomas, de tipo marcescente, no pierde las hojas, pero tampoco las mantiene verdes. Ocupa las partes inferiores de los hayedos, debido a una gran presión agropecuaria que ha reducido mucho el robledal. Aunque es un árbol de amplio espectro no está preparado para las sequías.

El tronco del roble es liso, delgado y nudoso y posee copas amplias, su madera es dura y resistente. No aguantan el frío y llegan a poblar alturas de hasta 1000 metros, con suelos profundos y bastante ricos en materia orgánica. En consecuencia forman un bosque menos denso que el hayedo, tanto en individuos como en presencia de hojas. Esto permite un sotobosque más poblado y denso gracias a la mayor entrada de luz.

Ambas formaciones, hayedos y robledales, se mezclan a menudo, permitiendo a veces que otros árboles convivan con ellos como son el fresno, el abedul, el arce, el castaño y el nogal. En estos dos últimos casos ha habido un aumento de su presencia por acción humana. El bosque mixto también posee un sotobosque más o menos intenso, dependiendo de la entrada de luz, con gran presencia de musgo. Es común que este tipo de bosques se encuentre en zonas aisladas, no boscosas.

Cuando el bosque mixto se degrada o cuando no hay suficientes condiciones para formar un bosque se genera una landa. Suelen ser frecuentes en las zonas marginales de cultivos y explotaciones ganaderas o junto a regiones pantanosas estancadas donde no prosperan árboles. La landa está integrada por pequeños árboles, matojos, matas, gramíneas y leguminosas, sus suelos son ácidos y encharcados, a veces arcillosos. La ganadería suele ser la responsable de la creación de las landas, aunque las zonas costeras o de circulación acuática pobre en los límites de zonas de cultivo también favorecen su creación.

Finalmente, otra formación característica de la región eurosiberiana son los prados. Poblados por hierbas y dominados por las gramíneas, tienen un origen tanto natural como antrópico. Tal es la variedad de hierbas que poseen que para el uso ganadero se tiene que realizar una selección ya que no todas son buenas para el consumo animal. Los prados necesitan mucha precipitación, alrededor de 1000 o 1200 mm anuales, aunque aguantan una reducción en verano, esta no puede ser muy acusada. Los usos humanos suelen reducirse a los pardos de pastura, normalmente a bastante altura, y prados de siega que permiten recolectar para el invierno.

El bosque en España (I)

Imagen: superficie forestal en España (en verde), el límite del país se indica con una línea roja. El mapa está diseñado por Robert Szucs. Fuente.

Introducción

El cambio climático es un hecho patente en España. Las series climáticas desde 1971 muestran un aumento de la temperatura media anual, sobre todo en los últimos 10 años, la expansión del clima semiárido y un mayor número de noches tropicales (aquellas con una temperatura mínima mayor de 20⁰) (AEMET, 2019). Todos estos factores van a afectar a la vegetación española. En estas entradas vamos a describir la situación de la vegetación forestal en la Península Ibérica en la actualidad y como los cambios climáticos y la acción humana pueden afectarla.

Es complicado definir qué es un bosque. Los factores más frecuentes que se utilizan son la altura de la vegetación, la densidad de plantas, la estructura y niveles de los árboles, el tipo de suelo, el paisaje que nos transmite y los límites que observamos. Los árboles son la unidad básica del bosque. Se suelen considerar árboles las plantas de más de 7 metros de altura, siendo matorral arbustivo las que tienen entre 3 y 7 metros y matorral las menores de 3 metros, hasta llegar al sotobosque de vegetación inferior al metro y medio de altura.

Un ejemplo de definición de bosque podría ser el de “una agrupación espesa de árboles” o el de “lugar poblado por árboles y matas”. Sin embargo dejan algunos aspectos propios del bosque fuera que podríamos incluir en una definición como “estructura suficientemente densa de vegetación que genera un microclima propio, diferente del entorno circundante”. Aunque también podemos optar por una definición más simple, pero efectiva: “un bosque deja de serlo cuando los árboles son la excepción y no la norma”.

En la Península Ibérica existen unos factores paleogeográficos inamovibles desde el inicio del periodo cuaternario como son las mesetas, valles y cordilleras que han obligado a la vegetación a adaptarse a ellos. El poblamiento humano de la península data, al menos, desde hace 800.000 años y junto a la adopción de la agricultura, como mínimo desde -5000, ha alterado y antropizado la vegetación en la mayor parte del territorio. Aun así, desde el cuaternario siempre ha habido espacios boscosos en la península, variando su tamaño según las circunstancias climáticas. Normalmente se ha tratado de especies adaptadas a altas temperaturas y a poca humedad, combinándose el bosque a menudo con la estepa.

La cubierta forestal ibérica ha estado integrada desde el Plioceno por frondosas y coníferas instalándose cada tipo de especie en espacios diferentes y no compitiendo entre sí: el clima de cada época afectaba al tamaño de la cubierta de cada una. Las frondosas se caracterizan por bosques cerrados de especies relativamente actuales que buscan espacios húmedos, sin frío, suelos duros y sotobosque sombrío. Las coníferas en cambio son especies más antiguas, heliófilas, de bosque abierto y sotobosque denso, toleran el frío y la sequía y son poco exigentes con el suelo. Ninguna de las dos ha dominado el espacio ibérico, sino que han coexistido y además nunca en entornos puros, siempre mezcladas con otras especies.

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Pinar del Geoparque Villuercas-Ibores-Jara ejemplo de bosque de coníferas de la España Seca. Fuente.

En España hay una gran diversidad de flora, tanto en variedad como en cantidad, y eso ha dificultado la clasificación de las formaciones vegetales de la península. En Europa los bosques forman estructuras transversales de Este a Oeste con barreras latitudinales o incluso de relieve, como los Alpes. En América sucede al revés, con estructuras longitudinales de Norte a Sur, formando bosques mixtos. Las estructuras españolas crean un modelo europeo con pocos bosques mixtos. Además cuando más nos alejamos del ecuador menos especies nos encontramos, la co-dominancia ecuatorial da paso a la mono-especie, debido a las peores condiciones climáticas. España se encuentra en una situación intermedia entre ambos extremos con una superficie amplia con diversidad de ambientes, siendo el resultado una gran variedad de especies y una alternancia de co-dominancia y mono-especie.

La humedad alta constante, un relieve suave, regularidad térmica y falta de heladas  crean un ambiente idóneo para la co-dominancia y la creación de bosques mixtos. Esto sucede principalmente en la costa Norte y Noroeste de la península y parte de la costa Noreste. Hay muy pocos bosques mixtos en el interior y en las montañas, y si existen es en lugares con poca acción antrópica. La poca humedad de la costa Sur y del Mediterráneo dificulta la creación de bosques mixtos.

Normalmente el bosque mixto se crea cuando dos formaciones diferentes entran en contacto en una región donde las condiciones ecológicas son aceptadas por ambas, formando una banda ecotónica, más o menos ancha dependiendo de la topografía. Los grandes cambios climáticos ayudan a crear estos bosques o a hacerlos desaparecer. El ser humano, por su lado, también crea un proceso de cambio debido al aprovechamiento selectivo de especies y a la roturación excesiva.

Un bosque puede ser dominante solamente si la situación lo permite, con suelos, precipitaciones y temperaturas adecuados. Cuando las condiciones se alteran el bosque se reduce y se degrada llegando incluso a cambiar hacia formaciones arbustivas. En el cuaternario el bosque resulta dominante en la Península Ibérica, con tamaños variados y espacios de matojos y llanos. Actualmente la situación forestal es el resultado de la herencia cuaternaria y la acción antrópica posterior. A partir del Neolítico y la explotación agrícola, ganadera, minera y maderera se produce un retroceso del bosque sistemático hasta el siglo XX. Solamente la actitud de la propiedad privada que buscara la protección de determinadas áreas permitía conservar esos bosques, por ejemplo en la reserva señorial de la Edad Media. A partir de 1950 sin embargo se invierte ese proceso, la presión sobe el bosque disminuye debido a la reducción de la actividad agraria, las reforestaciones para evitar procesos de erosión y, como factor más importante, a la utilización de combustibles fósiles. La superficie actual es de unos 18 millones de Ha, el 35% de la superficie española, cuando en 1990 era el 25%.

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Regiones biogeográficas de España. Fuente.

España se sitúa entre dos regiones vegetales, la Eurosiberiana y la Mediterránea, junto a las Islas Canarias que pertenecen a la región Macaronésica. La primera región corresponde al Norte, desde Galicia hasta los Pirineos y la segunda al resto de la península; de todas maneras hay islas de ambas regiones en la otra, ya sea por efecto del relieve o de microclimas. A grandes rasgos se corresponden con la Iberia húmeda y la Iberia seca, llegando esta última a ser la Iberia desértica, sobre todo en el Sureste y el Valle del Ebro. La primera se caracteriza por árboles caducifolios que realizan una parada biológica que les permite superar el frío, la segunda contiene árboles perennes xerófilos con hojas pequeñas, duras y estrechas que les permite perder poca agua y, finalmente, en la tercera no hay capacidad para el bosque, solamente para matojos y árboles raquíticos.

De profesión, geógrafo

Imagen: empleados de la empresa española Nexus Geographics. El trabajo con tecnologías geo-espaciales se ha convertido en el más común dentro del oficio de geógrafo en el siglo XXI. Fuente.

El Colegio de Geógrafos españoles elabora cada 5 años y desde 2003 un informe del estado de la cuestión de la profesión con el objetivo de difundir los perfiles profesionales del oficio de geógrafo. Ese informe pretende, además, ayudar a las empresas a identificar profesionales cualificados para sus necesidades laborales, mejorar el diseño de los cursos de formación universitaria de Geografía a partir del mercado de trabajo y promocionar la posición social de la profesión. En esta entrada vamos a resumir los principales datos mostrados por el informe del año pasado para dar una visión global de la profesión de geógrafo en España, si se quiere mayor detalle se puede consultar el informe aquí.

El pasado año 2018 se realizaron 520 encuestas con preguntas abiertas y cerradas entre los 1358 miembros del colegio en España (38,3% del total de miembros) para obtener los datos con los que se elaboró el informe. También se realizó la encuesta a 230 no colegiados, de los cuales 10 fueron extranjeros, para difundir la labor del colegio entre los profesionales de la Geografía.

Los datos muestran que la profesión tiene un marcado sesgo de género: dentro de los colegiados españoles el 71,7% de los encuestados eran hombres, porcentaje que se reduce si sumamos a los no colegiados a la muestra, donde el porcentaje de hombres baja a 68,6%. Ambas cifras están bastante por encima de un valor que debería rondar el 50% si no existiera ninguna diferencia entre géneros en la profesión. El porcentaje total de hombres colegiados es del 69,1% lo que indica que la muestra refleja a los miembros del colegio en cuestión de género.

Dentro de los ámbitos de trabajo el 43% de los profesionales se ha dedicado en los últimos cinco años al menos a un proyecto de Tecnologías de la Información Geográfica (TIG), el 28% a uno de planificación territorial y urbanística, el 26% a medio ambiente, el 18% a desarrollo territorial y el 16% a alguno de sociedad del conocimiento.

Respecto a la evolución de los ámbitos desde 2003, todos ven su porcentaje de participación reducido, excepto el de las TIG que aumenta significativamente de un 33% a un 43%. Es destacable como antes de la crisis de 2008 los proyectos de planificación, desarrollo y medio ambiente subieron en gran medida (sobre todo los dos primeros) y se han visto drásticamente reducidos en los últimos 10 años, prácticamente a la mitad o menos.

En el apartado de las TIG destacan los proyectos relacionados con Sistemas de Información Geográfica (SIG) y cartografía que se consolidan como la salida profesional por excelencia de los geógrafos en los últimos años con el 57,6% de los geógrafos dedicándose a este tipo de proyectos. También la gestión de bases de datos geoespaciales es muy importante con un 23,7% de colegiados trabajando en su desarrollo. Referente a la planificación territorial y urbanística el 24,6% de los colegiados se dedica a esta vertiente profesional, junto a los estudios de paisaje (8,3%) y movilidad (7,7%), principalmente.

Los estudios de impacto ambiental (EIA) son el ámbito al que mayor porcentaje de geógrafos se dedica dentro de la categoría de medio ambiente (11%) seguido de las evaluaciones ambientales estratégicas de proyectos (EAE) con un 9,2%. La gestión de espacios naturales protegidos y la evaluación de riesgos naturales también tienen una cierta importancia (6% y 4,8% respectivamente). En el desarrollo territorial destacan los proyectos de participación ciudadana (7,1%), la planificación estratégica (5,6%) y el turismo (5,2%). La sociedad del conocimiento es el ámbito más reducido dentro de la geografía, pero engloba categorías tradicionales como la enseñanza universitaria (7,7% de los colegiados), la enseñanza no reglada (5,4%) y la secundaria (3,8%).

El 70% de los encuestados respondió que estaba trabajando y solamente un 10% se refería a sí mismos como parados. Dentro del ámbito de trabajo el sector privado lleva la delantera con un 42% de las respuestas positivas frente al 31% de respuestas a favor del sector público. En la administración pública los geógrafos suelen trabajar en universidades (31%), ayuntamientos (21%) y comunidades autónomas (19%) y dentro del sector privado como asalariados (40%) o autónomos (28%).

Como hemos visto el perfil de geógrafo en España en 2018 es el de un varón que trabaja como asalariado en el sector privado en proyectos relacionados con SIG, cartografía y bases de datos. Sin embargo, el desempeño de trabajos en la administración pública sigue siendo muy importante relacionado sobre todo con la planificación territorial y urbanística, los estudios de impacto ambiental, el paisaje y la educación universitaria. En general todo lo relacionado con nuevas tecnologías, cartografía, informática, satélites y la llamada neogeografía ha experimentado un crecimiento que otros tipos de proyectos no han hecho en los últimos 15 años.

Tal vez, entonces, el futuro de la Geografía resida en potenciar una formación relacionada con la tecnología y la informática, cada vez más al alcance de nuestra mano gracias a los dispositivos móviles y a aplicaciones más potentes año tras año. Pero sin dejar de lado sus aplicaciones prácticas en la ordenación del territorio y el cuidado de nuestro entorno, fundamentales en una era de clima cambiante, ciudades contaminadas y despoblación rural.

El Parlamento Europeo

Imagen: El Rapto de Europa de Tiziano, 1561. Representa el secuestro por parte de Zeus en forma de toro de la fenicia Europa, que es llevada a Creta donde el dios revelará su auténtica identidad y ella se convertirá en la primera reina de la isla. El nombre de las tierras e islas del mar Egeo y su continente se denominaría posteriormente con el nombre de la reina. Fuente.

El próximo domingo día 26 de mayo de 2019 se celebran elecciones al Parlamento Europeo. El Parlamento Europeo es la institución de la Unión Europea (UE) que representa a sus ciudadanos mediante sufragio directo, universal, libre y secreto cada 5 años. Sus funciones son legislativas, presupuestarias y de control político.

El Parlamento se compone de 751 representantes, llamados Eurodiputados. La unidad electoral es el Estado y cada miembro de la UE tiene asignados un número de escaños acorde a su población. En 2014 los países con más escaños del parlamento fueron: Alemania con 96, Francia con 74, Reino Unido con 73, Italia con 73, España con 54 y Polonia con 51.

Actualmente varios grupos políticos componen la Eurocámara, las definiciones presentadas a continuación son bastante simplificadas, solamente para dar una idea de la tendencia política de cada grupo parlamentario:

  • El Partido Popular Europeo, conservadores liberales, de centro-derecha. 216 representantes.
  • La Alianza Socialista Europea, socialdemócratas, de centro-izquierda. 185 representantes.
  • El Grupo Conservador Europeo, conservadores, de derechas. 77 representantes.
  • La Alianza Liberal, liberales, de centro. 69 representantes.
  • La Confederación de Izquierda Europea, comunistas, de izquierdas. 52 representantes.
  • Grupo de Los Verdes, ecologistas, de centro-izquierda. 52 representantes.
  • Europa de la Libertad, euro-escépticos, de derechas. 42 representantes.
  • Movimiento de las Naciones, nacionalistas, de extrema derecha. 36 representantes.
  • No inscritos, aglutina a varios partidos de diversa índole. 20 representantes.

Aunque parezca algo alejado de las vidas de los ciudadanos de la UE, el Parlamento y el resto de instituciones europeas marcan mucho el desarrollo, la economía y las libertades que nos afectan a todos. Desde el Tratado de Maastricht de 1993 se ha ido ampliando y mejorando la Unión hasta llegar a 28 países, con una moneda única (a pesar de su desventajas en algunos aspectos), la libre circulación de los ciudadanos de los estados miembros y un Banco Central. La UE ha permitido regular de forma efectiva el comercio internacional, la pesca, la agricultura, el medio ambiente y el desarrollo regional creando una normativa que permea a los niveles inferiores: estados, regiones y municipios. Lógicamente aún queda mucho por hacer y los retos como la migración, el envejecimiento, el cambio climático, las energías renovables, el turismo, las nuevas tecnologías, las industrias en decadencia, los paraísos fiscales y el desempleo son los frentes más acuciantes en la actualidad.

El presupuesto europeo se dedica a fomentar la competitividad, la educación y el empleo (45%), ayudas económicas por fluctuaciones del mercado (31%), desarrollo rural (11%), política exterior y de cooperación internacional (6%), administración interna (6%), ciudadanía, seguridad y justicia (1%) como gastos principales. El presupuesto equivale a un 1,27% del PIB de los países miembros.

Uno de los símbolos de la UE es el Himno de Europa, formado a partir de la Novena Sinfonía en Re menor (Op. 125) de Ludwig van Beethoven de 1824. El compositor utilizó el poema Oda a la Alegría (An die Fraude – A la Alegría) de Friedrich von Schiller de 1785 como inspiración y el actual himno es un arreglo de Herbert von Karajan que se adoptó como oficial en 1985. Aunque oficialmente no tiene letra para evitar que un idioma sea predominante frente a otros, reproducimos aquí la primera estrofa del poema de Schiller del principio del cuarto movimiento de la sinfonía:

Freude, schöner Götterfunken,
Tochter aus Elysium!
Wir betreten feuertrunken,
Himmlische, Dein Heiligtum.
Deine Zauber binden wieder,
Was die Mode streng getheilt,
Alle Menschen werden Brüder,
Wo Dein sanfter Flügel weilt.

¡Alegría, bella centella de los dioses,
Hija del Elíseo!
Entramos embriagados de entusiasmo,
Ser celestial, en tu santuario.
Tu hechizo une de nuevo
Lo que las estrictas normas han dividido,
Todas las personas se convierten en hermanas
Allá donde reposan tus suaves alas.

Himno de Europa interpretado por la Wiener Philharmoniker y Franz Welser-Möst. Sarajevo (Bosnia y Herzegovina), 2014.

Tendencias industriales en Europa

Imagen: parque científico y tecnológico de Bizcaya (Bizkaiko Zientzia eta Teknologi Parkea). Los parques de transferencia tecnológica se han multiplicado en múltiples campos para aportar nuevas actividades económicas de alto valor añadido. Fuente.

Tercera y última entrega sobre la industria en el continente europeo, más concretamente en la Unión Europea y los países más industrializados. Dejamos la anterior entrada hablando sobre la reconversión industrial europea de los años 70 y 80 del siglo XX. Vimos como eso supuso grandes tribulaciones, sobre todo a los trabajadores industriales, y en consecuencia el entramado industrial que nos encontramos en los años 90 es sustancialmente diferente. Cogiendo la delimitación «corta» del siglo XX de Eric Hobsbawm a partir de 1990 se inicia una nueva etapa industrial, un siglo XXI diferente del que somos herederos actualmente.

La primera consecuencia de la desindustrialización europea fue que las fábricas dejaron el mundo urbano para establecerse en el extrarradio. Se produjo una deslocalización que llevó la industria al campo y además produjo una dispersión, descongestionando de fábricas las grandes ciudades. Por otro lado el método de trabajo también cambió para adaptarse a las necesidades de ganancia de beneficios de las empresas. Se empezó a aplicar el pensamiento estratégico y flexible que permitía a la empresa modificar su estrategia según las circunstancias y los intereses económicos. De esta manera la empresa evitaba tener que destruir su capital cada vez que había un cambio en el entorno, fluctuando según la demanda y adaptándose. Esto provocó cambios en la legislación para hacer más flexible el despido de trabajadores, pero salvaguardando la empresa, que de haber mantenido la rigidez de la etapa fordista hubiera provocado el cierre total.

La tendencia industrial desde 1990 se basa cada vez más en la tecnología y un alto valor añadido ya que otras regiones del mundo (China o India, por ejemplo) pueden producir productos industriales tradicionales mucho más baratos. La búsqueda de alta tecnología de precisión genera unas necesidades y características diferentes:

  • Utilización de inputs en las fábricas ya medio elaborados en otros lugares.
  • Utilización de mano de obra cualificada.
  • Necesidad de un buen sistema de comunicaciones virtuales con las áreas de suministro de inputs.
  • Abundante energía.
  • Métodos flexibles de producción y contratación, poca oferta de trabajo no cualificado.
  • No tienen efecto multiplicador de la oferta de trabajo, no crean tantos nuevos puestos externos en el lugar de establecimiento de la fábrica.

Un ejemplo de este tipo de industria son los parques científicos y tecnológicos. El objetivo de estos parques es integrar la actividad científica de investigación y desarrollo (I+D) con la actividad productiva avanzada, generalmente en microelectrónica. Suelen ser agrupaciones de organizaciones y empresas de investigación y negocios unidas al desarrollo científico, que generan un proceso industrial global que va desde la investigación y creación de un nuevo producto hasta la fabricación y comercialización del producto, nuevo o no.

Los parques científicos buscan para establecerse territorios bien comunicados, cercanos a un gran mercado de consumo, con alta calidad de vida y con universidades con tradición investigadora. Ya desde los años 50 del siglo XX podemos encontrar agrupaciones de este estilo, pero su máxima difusión sucedió entre los años 70 y principios del siglo XXI. El país con mayor número de parques es Alemania, donde casi toda ciudad con universidad cuenta con uno. Tal vez el más paradigmático sea el parque de Siemens AG en Múnich (Baviera) que desarrolla investigación aeroespacial, lásers y semiconductores. Siemens cuenta con más de 370 000 empleados (2017) y múltiples fábricas en todo el estado federado.

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Imagen: mapa de la localización del parque científico de la Universidad de Barcelona, en la antigua facultad de Geografía, Historia y Filosofía. Fuente.

Francia también tiene una gran cantidad de parques científicos, más de 100, siendo Tecnopolis en la Île de France el más importante. Engloba a más de 50 municipios y 500 Km² siendo el único parque europeo similar a Silicon Valley en dimensión y producción. Se construyó a mediados de los años 50 gracias al Centro de Estudios Nucleares y fue creciendo hasta convertirse en el centro nacional de investigación y transferencia tecnológica de Francia. En Italia se encuentra Tecnociti en Turín. Vinculado a Fiat tiene tres ejes alrededor de la ciudad centrados en la automoción, pero en campos como la informática, la electrónica y la robótica. Otros parques importantes son el de la universidad de Cambridge en el Reino Unido, el petroquímico de Aberdeen en Escocia o los de Kista y Lünd en Suecia.

En las últimas décadas hemos podido ver como las industrias se han vuelto variadas y complejas. Existe una mezcla de tradición y dinamismo que combina industrias de primera y segunda generación con aquellas más novedosas. Lo que provoca que haya actualmente gran variedad de asentamientos industriales:

  • Extractivos: papeleras, azucareras, conservas y minería, por ejemplo.
  • Portuarios: de exportación e importación de energía (petróleo y gas, sobre todo).
  • Dispersos: combinando industria tradicional con la más actual (Típico de la Blue Banana).
  • Industria urbana de baja intensidad.

La producción industrial en Europa siempre ha sido importante, aunque el mayor crecimiento fue durante los «30 gloriosos» (1945 a 1975) cuando se consolidó el 75% de la producción entre Alemania (29%), Francia (17%), Reino Unido (16%) e Italia (13%). El valor añadido bruto actual de la industria en la UE es de alrededor del 30%, mientras que los servicios aportan más del 66%. A pesar de los cambios y reconversiones, la industria europea sigue siendo uno de los pilares económicos del continente, más gracias a su capacidad de adaptarse y crear nuevas tecnologías útiles. Si bien la informática, las telecomunicaciones, las finanzas, el turismo y el ocio han desbancado a la industria como mayor aporte a la actividad y el beneficio, la poca productividad de estas actividades (Paul Krugman) hacen de la tecnología y la producción industrial una esperanza para el futuro económico del continente.