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Hey Kids! Comics!

Leyendas del cómic estadounidense del siglo XX

Imagen: portada del recopilatorio de la serie de cómics Hey Kids! Comics! publicado en España, realizada por Don Cameron. En la imagen se puede ver a la parodia de un aficionado: algo desaliñado, voyeur y con gusto por el manga erótico. El comentario que realiza es una crítica a aquellas personas que no compran las obras cuando se publican, esperando por si las recopilan en tomo (lo que significa que han tenido éxito). La cuestión es que si no se compran lo suficiente en grapa cuando aparecen por primera vez no se llegarán a recopilar, así que este tipo de actitudes perjudican a todos los implicados: lectores, autores y editores.

  • Autor: Howard Chaykin
  • Dolmen Editorial
  • Fecha de publicación: febrero de 2020
  • Originalmente en los números 1-5 de agosto a diciembre de 2018 por Image Comics, recopilado en febrero de 2019.
  • 160 páginas.

Publicada hace un año en España, no tuve hasta hace poco el placer de leer esta obra que compila la mayoría de historias, ciertas o no, que han rodeado a la creación de cómics estadounidenses desde 1938, cuando apareció Superman, o su trasunto en la obra, Powerhouse. Con sus 68 años cuando se publicó originalmente, Howard Chaykin, con el color de Wil Quintana y las portadas de Don Cameron, nos narra de forma atrevida, crítica y satírica los entresijos de la industria del cómic, los abusos, tejemanejes, discriminaciones y otras historias truculentas.

La narrativa no es lineal, saltando entre cuatro momentos clave de la Historia: 1945, 1955, 1965 y 2001. Cada época es reflejada en la obra, el boom de los superhéroes durante la guerra y su declive posterior, la afluencia de las obras de terror y suspense que dieron pie a la censura del Comics Code Authority, la renovación de los superhéroes en los años 60 consolidando a este género como el mayoritario y, finalmente, la llegada al cine comercial de éxito en los 2000. Podemos ver también la lucha editorial para conseguir una fórmula exitosa de ventas y las decenas de géneros que se probaron y no funcionaron, las condiciones de cuasi esclavitud de los artistas o las compras de derechos y obras originales por pocos dólares que se transformaron en millones.

Sus protagonistas son un trío de dibujantes que luchan para conseguir trabajo digno y que se reconozca su arte mientras las editoriales explotan sus creaciones, que se tornan negocios millonarios y ellos se ven relegados a obtener las migajas. Sin embargo los propios autores tampoco eran solidarios entre ellos, apuñalándose para poder conseguir trabajos y menospreciando los cómics que dibujaban como basura para idiotas. Las luchas de egos eran la norma y solo algún caso, antes del star system de los 90, destilaba un atisbo de idealismo.

Rodeando a los protagonistas están otras figuras que hicieron posible todo este negocio, dibujantes, guionistas, editores, detractores y fans. Todos los nombres de personajes, revistas y personas reales han sido cambiados por Chaykin, pero en muchos casos son reconocibles. Powerhouse es Superman, Midknight es Batman, Tarantulad es Spider-man, solamente hay que fijarse un poco, igual que para reconocer qué editorial es Marvel, cual DC y cual la EC.

Algo más difícil es ver quién es quién entre los personajes. Chaykin reconoce que Bob Rose es Stan Lee y Sid Mitchell es Jack Kirby, pero deja el resto al lector. Algunos otros son también bastante obvios como Ron Fogel para Bob Kane e Irwin Glaser e Ira Gelbart para Jerry Siegel y Joe Shuster.

Los protagonistas, por otro lado, son una mezcla de varios autores reales. Chaykin fue ayudante de Gil Kane y buena parte de las experiencias de este están reflejadas en el protagonista Ray Clarke. Benita Heindel por su parte podría tener relación con Marie Severin o Ramona Fradon (y su lucha contra el machismo en la industria y los niñatos como editores) y Ted Whitman con Joe Kubert o Bill Finger (los autores ninguneados por la industria en favor de aquellos que firmaban sus obras como propias). El resto de personajes no están tan ligados a personas reales, pero reflejan los modos de algunas de ellas como Tom Hollenbeck, que representa a los autores estrella surgidos a partir de los 90: Todd McFarlane, Rob Liefeld o Jim Lee.

Página 4 de Hey Kids! Comics! en la que el editor de Yankee Comics, Meyer Hershenson, tras dar una limosna a un hombre en la entrada del estreno del musical de Powerhouse, reconoce que ese hombre (Irwin Glaser) fue el creador del personaje que tanto éxito está cosechando.

El dibujo de Chaykin se caracteriza por ser algo estático y tener ciertos problemas para identificar los rostros de los personajes. A su favor hay que decir que en esta obra se ha esforzado para dar individualidad a cada uno, dada la gran cantidad de personajes que baraja, incluyendo un dramatis personae al principio para usar como referencia. De todas maneras el dibujo es efectivo y la estructura narrativa funciona muy bien, centrándose en conversaciones y primeros planos. Por otro lado, el guion atrapa, desvelando poco a poco toda una historia de triunfo y tragedia, cerrando un círculo en el desenlace final, que no es más que el principio de todo.

Tal vez le falte a la obra algo de visión positiva, es muy mordaz y al centrarse en los trapos sucios del mundillo deja de lado, o hasta critica, los aspectos positivos, como un fandom que tilda de borrego o la falta de creatividad de los autores modernos (como si los anteriores a los 90 hubieran aprendido a dibujar por sí solos). Muchas de las historias que explica Chaykin son muy conocidas entre los amantes del cómic estadounidense, pero serán muy reveladoras para aquellos que no conozcan sus entrañas al detalle.

En definitiva, un buen cómic en una cuidada edición que todo aficionado al género debería leer e incluso todo aquel deslumbrado por el glamour del cine de superhéroes actual debería conocer. Es la historia de luces y sombras de trabajadores y editores, de explotación y oportunidades, de la especulación y los derechos sobre la propia obra.

Tiempo y festividades en la Roma republicana

Imagen: Parte del Mosaico de los Aurigas en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida (España), del siglo IV. Podemos ver al auriga Marcianus como vencedor (nicha) montado en su cuadriga, carro de cuatro caballos, el nombre de su caballo favorito (Inluminator – Iluminador) y el propietario de los establos, Getulo. Fuente.

Tras este año 2020 que acabamos de dejar atrás, con todas sus desafortunadas noticias, inauguramos 2021 con una nueva entrada. En esta ocasión hablaremos de cómo se medía y se trataba el tiempo en la República Romana y cuáles eran las principales festividades que se celebraban.

Los antiguos romanos tuvieron grandes dificultades para medir el tiempo, tanto para las horas del día como para los días del año. Durante la República eran los sacerdotes los encargados de calcular el inicio de las estaciones y hemos de tener en cuenta, para hablar del tiempo durante este periodo histórico, que no existían relojes precisos, el cálculo de los meses originalmente era lunar y no se asignaban números a los días del mes.

Las horas del día se calculaban usando relojes solares, dividiendo el día en 12 horas y otras tantas para la noche. De esta manera una hora no medía nunca lo mismo, habiendo una diferencia de casi 30 minutos entre invierno (una hora diurna tenía cerca de los 46 minutos) y verano (la duración era de unos 75 minutos).

Por ejemplo, en Madrid (España) en el solsticio de invierno de 2020 el día duró 9 horas y 17 minutos mientras que en el solsticio de verano del mismo año fueron 15 horas y 3 minutos. Eso nos da 557 minutos el primero y 903 el segundo, que en horas romanas se traduce en una hora durando aproximadamente 46 minutos en el primer caso y 75 en el segundo. La diferencia de latitud entre Roma y Madrid es de 1⁰ 25’ aproximadamente, así que la duración del día en ambas ciudades, para el nivel de precisión que buscamos aquí, es prácticamente la misma.

Las horas romanas eran muy sencillas y parecidas a las nuestras en la actualidad, enumerándose de la primera a la duodécima, aunque originalmente tenían nombres más rocambolescos según la actividad que se debía realizar en ese momento. La primera hora se iniciaba con la salida del sol, que correspondía con el principio de la jornada laboral. El mediodía (meridiem) se correspondía con la hora sexta y marcaba la diferencia entre la mañana (antemeridiem, utilizado actualmente en el mundo anglosajón como a.m.) y la tarde (postmeridiem, p.m.). La noche llegaba con la hora duodécima y empezaba el cómputo de 12 horas nocturno, llamadas vigilias.

El censor Publio Cornelio Escipión Nasica Córculo introdujo la clepsidra en -159, inicialmente para medir el tiempo que tenía un orador en un tribunal, pero posteriormente usado para las guardias militares nocturnas. Seguramente los relojes de agua también se utilizarían en diversos lugares públicos de las ciudades, mejorando el cálculo de los relojes solares, prácticamente inútiles en los días nublados y durante la noche. Hay que tener en cuenta que no se podían calcular los minutos y su concepto estaba fuera de la mente romana.

Durante la República no existían los días de la semana, sin embargo cada 8 días se realizaba un día de mercado y descanso, en el día llamado nundinae, noveno día, debido al desconocimiento del cero y a contabilizar de forma inclusiva el día en curso como uno en lugar de cero. Esos días eran fasti y se permitían juicios y votaciones; como el año no era divisible por ocho era muy importante determinar cuándo iban a suceder de antemano.

Los días de la semana tal y como los conocemos hoy en día derivan del siglo I y ya estaban extendidos por todo el territorio imperial en el siglo IV. Su número y nombre proviene de la astrología griega, y esta de la mesopotámica que asignaba a cada día el nombre de una estrella móvil, un planeta, la luna o el sol, que a su vez tenía el nombre de una deidad asociada. Los griegos adaptaron las divinidades babilónicas a las suyas y así lo hicieron los romanos, y de ellos los germanos. El orden de los planetas en la semana no tenía tanto que ver con su movimiento aparente en el cielo como con cómputos esotéricos relacionados con la primera hora del día a la que estaba vinculado. Eso modificaba el orden lógico de Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio y Luna (de más lento a más rápido, que Ptolomeo interpretó como lejanía o cercanía de la Tierra). La semana al final quedaría así:

Primer día – Día del Sol – Domingo/Sunday/Sonntag/Dimanche

Segundo día – Día de la Luna – Lunes/Monday/Montag/Segunda-feira/Lundi

Tercer día – Día de Ares/Marte/Tyr – Martes/Tuesday/Dienstag/Terça-feira/Mardi

Cuarto día – Día de Hermes/Mercurio/Wotan – Miércoles/Wednesday/Mittwoch/Quarta-feira/Mercredi

Quinto día – Día de Zeus/Júpiter/Donar/Thor – Jueves/Thursday/Donnerstag/Quinta-feira/Jeudi

Sexto día – Día de Afrodita/Venus/Freya – Viernes/Friday/Freitag/Sexta-feira/Vendredi

Séptimo día – Día de Cronos/Saturno – Sábado/Saturday/Samstag/Samedi

Como se puede ver algunos días modernos no corresponden con esta clasificación debido a influencias cristianas. Domingo se refiere a día del señor en castellano, o en el Dimanche francés, mientras que en inglés y alemán se refiere a día del sol. Mittwoch en alemán se refiere literalmente a media semana, el día cuarto a partir de la semana litúrgica que enumera los días de la semana (como en el actual portugués). Sábado y Samstag se refieren al Sabbat, el último día de la semana judeocristiana, como en el francés Samedi.

El año romano inicialmente se dividía en 10 meses que se iniciaban con cada luna nueva, la tradición atribuía a Rómulo la creación de este calendario. A su sucesor, el también legendario Numa Pompilo, Tito Livio le atribuyó la adición de los meses de Enero y Febrero y la creación de un calendario lunar de 12 meses que se ajustaba, más o menos, al ciclo solar. Esa inexactitud se correspondía con unos 10 días menos respecto al año solar lo que se solucionaba con un mes llamado Mercedonius o Intercalaris que, efectivamente, se intercalaba entre febrero y marzo. Mercedonius tenía 27 o 28 días y cuando se utilizaba febrero solamente tenía 23. Su uso debía utilizarse cada dos o tres años, pero la decisión recaía en los pontífices y respondía más a razones políticas que prácticas, de esta manera a menudo los solsticios se movían hasta tres meses respecto a su fecha real.

El año romano empezaba con el mes de Marzo en honor a Marte, patrón de Roma y padre de Rómulo, e indicaba el inicio de las campañas bélicas. Seguía el mes de Abril que podría deber su nombre a un derivado de la palabra Afrodita griega, la Venus romana, pero no hay seguridad al respecto. Mayo parece derivar de la diosa Maia, diosa de la fertilidad y cuyo festival se celebraba en ese mes, lógicamente, y Junio proviene del nombre de la diosa Juno, según Ovidio, aunque menciona otras etimologías. Los siguientes meses son nombrados según su orden en el calendario, del quinto al décimo; el mes quinto se cambiaría de nombre a finales de la República en honor a Julio César y recibiría el nombre de Julio y el mes sexto posteriormente en honor a Octavio Augusto, pasando a llamarse Agosto. Los meses restantes derivarían en los actuales Septiembre (7º), Octubre (8º), Noviembre (9º) y Diciembre (10º). Los dos meses finales correspondían a Enero y Febrero, el primero recibe su nombre de Jano dios dual de las transiciones y el segundo de las festividades de purificación Februa. En -153 para poder planificar las campañas militares con antelación se cambió el inicio del año de marzo a enero.

Los meses romanos tenían entre 28 y 31 días, pero no se correspondían con la duración actual, excepto en algunos casos. La duración actual proviene de las reformas de Julio César y las modificaciones posteriores del senado para honrar a Augusto. César en -46 estableció que el año duraría 365 días con 12 meses y se añadiría un día en febrero cada cuatro años, para un año bisiesto de 366. Los meses pares tendrían 30 días, excepto febrero con 29, y 31 los impares. Por razones políticas posteriores, Julio y Agosto tendrían los dos 31 días y se restó uno a febrero, para mantener la alternancia se cambiaron los días de septiembre a diciembre, llegando a la forma actual. El calendario juliano corrigió los desfases arrastrados, pero seguía produciendo un atraso de 1 día cada 128 años, entre 1582 y 1587 fue substituido en Europa central y occidental por el calendario gregoriano.

Las fechas se indicaban según los días que faltaban para el siguiente hito del mes, siendo estos las calendas, las nonas y los idus. Las calendas eran el primer día del mes, cuando se pagaban los alquileres y las deudas. Las nonas caían el día 5, excepto en los meses de marzo, mayo, julio y octubre que era el día 7; los idus el día 13 excepto en los anteriores meses que era el día 15. Así el día 20 del mes de enero se notificaría como 11 días antes de la calenda de febrero, teniendo en cuenta que la numeración romana incluye el primer día (en nuestro cómputo actual sería 10 días). El día 3 de febrero sería 3 días antes de la nona de febrero (el día 5), por ejemplo, pero el día 4 se llamaría pridie nonas. Cuando faltaban dos días se utilizaba el término pridie. Bastante confuso para el método actual, bastante más directo.

Para los años se utilizaban los cónsules que se habían nombrado para ese periodo para identificarlos. Así el año -200 fue el segundo consulado de Publio Sulpicio Galba Máximo (cónsul senior) junto a Gayo Aurelio Cota (cónsul junior). Lógicamente esto implicaba recordar la larga lista de cónsules para poder determinar el año del que estamos hablando. Los cónsules se nombraban el 15 de marzo, los idus de marzo, fatídica fecha para Julio César, que marcaba el inicio del año romano, más o menos coincidente con el equinoccio de primavera, cuando empieza a haber más horas de día que de noche. Tras el cambio de inicio de año se instauró el 1 de enero como fecha de nombramiento. Otra manera de determinar los años era la utilizada por los historiadores en sus anales, que partían de la consensuada fecha de fundación de la ciudad de Roma, en nuestra datación actual -753. En el ejemplo anterior la fecha sería el año 554 ab Urbe condita (AUC o AC), desde la fundación de la ciudad.

En los calendarios romanos (fasti) a cada día le correspondía una serie de letras y abreviaciones que indicaban qué tipo de día era y qué tipo de actividades se podían realizar. La primera letra era A, B, C, D, E, F, G o H y se utilizaba para designar el día de mercado el nundinae. En un mismo año todos esos días correspondían a la misma letra, que cambiaba de año en año. Si un día era calenda se indicaba con K seguido de la abreviatura del mes, por ejemplo K.MAR era el primero de marzo. Las nonas se indicaban con NON y los idus con EIDUS. Las siguientes letras representaban las actividades permitidas, la C era para los dies comitialis, jornadas que permitían las asambleas (comicios), pero no los juicios, excepto si era un nundinae. La N era para los dies nefasti, los días nefastos, cuando no se podían realizar juicios ni asambleas, al contrario que los dies fasti marcados con F. Los llamados dies endotercisis EN, días cortados, eran nefastos por la mañana y la noche, pero no el resto del día. También estaban los NP, fiestas públicas, considerados también nefastos. Muchas festividades tenían sus propias abreviaturas.

Reproducción de un calendario romano de la época imperial. Podemos ver que las nundinae de ese año caían en la letra A, abajo se indica la duración de los días de cada mes. Fuente.

En Roma se celebraban numerosas fiestas públicas. Durante esos días se suspendían las actividades políticas y los litigios y los esclavos no debían trabajar, prácticamente solo se podían realizar actividades religiosas y descansar. También estaban los juegos, ludi, que tenían un significado religioso, pero comprendían actividades deportivas, teatrales, procesiones, banquetes, espectáculos con animales y las muy populares carreras de carros.

También estaban los combates de gladiadores, los munera. En -264 ya se había consolidado, a través de la influencia griega, la celebración de ritos funerarios que involucraban derramamiento de sangre mediante el combate, pero con pocos participantes. Con el tiempo fueron creciendo en popularidad y en número de combatientes y hacia -100 se desvincularon de su significado ritual, siendo meras muestras de poder y riqueza por parte de los organizadores.

Las fiestas y juegos principales durante la época republicana para un año dado eran los siguientes:

Feriae Marti, 1 de marzo, festival en honor de Marte con procesiones y cánticos.

Equiria, 14 de marzo, fiesta dedicada a Marte con carreras de caballos.

Liberalia, celebrada el 17 de marzo, festival a los dioses de la fertilidad, Liber y Libera.

Quinquatrus, del 19 al 23 de marzo. Purificación de los escudos sagrados, junto a un sacrificio a Marte y también a Minerva.

Tubilustrium, durante el 23 de marzo era el festival de limpieza de las trompetas de guerra que marcaba el inicio de las campañas.

Ludi Megalenses, del 4 al 10 de abril. A partir de -204, en honor a Cibeles, la mayoría de juegos eran representaciones teatrales, con banquetes y procesiones. Solo el último día se realizaban juegos en el circo.

Cerialia, era un festival celebrado del 12 al 19 de abril dedicado a Ceres, diosa de la tierra, para conmemorar la búsqueda de su hija Proserpina al submundo, cuya salida de allí marcaba la primavera.

Ludi Cereales, del 12 al 19 de abril. Dedicados a Ceres, a partir de -202, se dejaban libres zorros con antorchas atadas a sus colas. Se basaban en artes escénicas, pero el último día había carreras de carros.

Fordicidia, 15 de abril, era el ritual de sacrificio de una vaca embarazada a Tellus, diosa también de la tierra. Los embriones eran quemados y sus cenizas usadas en Parilia.

Parilia, durante el 21 de abril, era un festival de purificación en honor de Pales y fecha de la fundación de Roma. Se realizaban hogueras sagradas y se bendecía a los animales.

Vinalia, el 23 de abril se bebían los primeros vinos, ofreciéndose a Júpiter.

Robigalia, fiesta del 25 de abril en honor a Robigus, dios de las cosechas, se sacrificaban un perro y una oveja.

Floralia, del 28 de abril al 3 de mayo, se realizaba en honor a la diosa Flora y la primavera, animales de gran fertilidad, como los conejos, se liberaban en el Foro.

Ludi Florales, del 28 de abril al 3 de mayo. A partir de -283, cuatro días de representaciones teatrales con actrices y prostitutas desnudas, con el último día para los juegos del circo.

Lemuria, se celebraba el 9, el 11 y el 13 de mayo. Se realizaba un ritual en las casas para calmar a los hambrientos y furibundos espíritus de los antepasados.

Argei, celebrado el 15 de mayo, ceremonia de purificación de las vestales y el máximo pontífice.

Ludi Apollinares, del 6 al 13 de julio. Dedicados a Apolo, a partir del -212. Principalmente actividades teatrales, con dos días finales para el circo.

Ludi Victoriae Caesaris, del 20 al 30 de julio. Inicialmente promovidos por César para honrar a Venus en -46, pero tras su muerte fueron dedicados a él. Comprendían siete días de juegos teatrales y cuatro de juegos circenses.

Consualia, 21 de agosto, celebraba la cosecha y honraba al dios Consus, el altar subterráneo bajo el circo máximo se llevaba a la superficie y se retiraba la tierra que lo cubría. Se sacrificaban frutos y se llenaban los silos de la ciudad. Los animales que habían trabajado bien ese año descansaban.

Opiconsivia, celebrado el 25 de agosto, se realizaba en honor de la esposa de Consus, Consivia, y la fertilidad de la tierra. También se hacían alabanzas a Ops, diosa de la abundancia, de ahí el nombre del festival.

Mundus patet, durante el 24 de agosto, el 5 de octubre y el 8 de noviembre. Cuando las puertas del submundo se abrían y los fantasmas recorrían la tierra, representado con la apertura de las Lapis Manalis de Roma. Se arrojaban frutos a ese gran pozo para calmar a los espíritus.

Ludi Romani, del 5 al 19 de septiembre. Los juegos más antiguos que se conocen, dedicados a Júpiter, a partir del año -366.

Equus Octobris, 15 de octubre, era un ritual de sacrificio de un caballo a Marte y un combate posterior para ganar su cabeza. La cola se empapaba en sangre y se utilizaba posteriormente en Parilia.

Armilustrum, el 19 de octubre marcaba el final de las campañas bélicas y se celebraba limpiando y purificando las armas antes de guardarlas para la siguiente campaña.

Ludi Victoriae Sullae, del 26 de octubre a 1 de noviembre. Dedicados a Sula por sus victorias, a partir de -82. Eran seis días de juegos teatrales y uno de juegos circenses.

Ludi Plebeii, del 4 al 17 de noviembre. Los segundos juegos más antiguos, datados en -216, representando la reconciliación de la plebe con los patricios. Consistían en nueve días de juegos teatrales que culminaban con un gran banquete en honor a Júpiter. Posteriormente se realizaba una procesión de la tríada capitolina Júpiter, Juno y Minerva (originalmente Júpiter, Marte y Jano-Quirino) que terminaba en el circo con cuatro días de juegos circenses.

Consualia, el 15 de diciembre se repetía el festival de la fertilidad, pero añadiendo la celebración del rapto de las Sabinas.

Saturnalia, durante el 17 de diciembre se celebraba la cosecha antes del invierno. Se sacrificaban lechones a Saturno e incluía banquetes, intercambio de regalos y otros sacrificios. Con el tiempo llegó a  durar hasta tres días.

Opalia, el 19 de diciembre recibía la celebración en honor a Ops, diosa de la abundancia y esposa de Saturno.

Parentalia, del 13 al 21 de febrero, festival privado de honra a los muertos, llevando flores y alimentos a los sepulcros.

Lupercalia, el 15 de febrero se celebraba un festival de purificación y fertilidad, se sacrificaban varias cabras y un perro y se pintaba la cara de dos jóvenes patricios con su sangre, que, vestidos con pieles de cabra, recorrían la ciudad y azotaban a las jóvenes que se encontraban con un pequeño látigo para incrementar su fertilidad.

Feralia, celebrado el 21 de febrero, festival público que marcaba el fin de la paternalia con el sacrificio de un cordero.

Para terminar esta entrada, dedicada al calendario y las festividades, quiero desear un feliz año 2021 a todo el mundo, esperando que podamos superar la COVID-19 individualmente y como sociedad. También quiero agradecer el esfuerzo realizado por el personal sanitario, muchas veces desbordados por la falta de recursos, y a todas aquellas personas que hacen lo posible para evitar que se propague la enfermedad. Muchas gracias a todos y a todas.

Las ciudades en España (IV)

Finales del siglo XX y principios del XXI

Imagen: Mercado de la Encarnación en Sevilla, llamado también Setas de Sevilla, visitado por turistas, todo un cambio respecto a la ciudad franquista. Fotografía de Joan Oger. Fuente.

Entrega final con el análisis de las ciudades españolas, esta vez nos centraremos en la ciudad más próxima en el tiempo, la de finales del siglo XX y principios del XXI.

La ciudad actual

Los años del cambio

Existen factores políticos y sociales que han influido mucho en el desarrollo de la ciudad actual derivados de la Transición Política entre 1975 y 1978, el interregno municipal entre 1975 y 1979 y la crisis económica mundial entre 1973 y 1985.

Primero se produjo una contracción del crecimiento urbano debido a un mercado de trabajo en recesión, se estancó la edificación e incluso se redujo. Se contempló el final de una etapa expansiva con un entorno de crisis política que produjo inseguridad, miedo y cambios en el gobierno del estado. También hubo una crisis industrial y económica, causando directamente la mengua del mercado de trabajo que comentábamos. Las expectativas de mejora de la calidad de vida que se crearon durante el desarrollismo no se vieron cumplidas cuando las instituciones municipales fueron insuficientes para gestionar el cambio y las mejoras a partir de 1979.

Las ciudades fracasaron y el tejido urbano se desindustrializó. Sobre todo afectó a las áreas de industria tradicional proletaria y de productos básicos, como la siderúrgica, la naval, el textil y los electrodomésticos. Normalmente esas industrias utilizaban tecnología obsoleta y debido a la crisis económica hicieron fallida, desplazándose a lugares con menos costes laborales. Ciudades como Sagunto, Bilbao o Terrassa fueron las afligidas por esta dinámica. En Euskadi también se produjo una migración de industrias fuera de su territorio debido a la presión terrorista, lo que afectó a su desarrollo económico.

Las empresas medianas y la existencia de una economía variada permitió a muchas ciudades sobrevivir a la crisis, pero provocando el crecimiento de la economía sumergida, con pagos de salarios y facturas en “negro” para evitar los impuestos y cotizaciones. La tranquilidad que existía fuera de las ciudades, con menor presencia de sindicatos y reivindicaciones, también favoreció la desindustrialización del núcleo urbano hacia la periferia. Las grandes metrópolis como Madrid, Barcelona o Bilbao, ciudades en desarrollo como Sevilla o Zaragoza o áreas industriales especializadas, como Sagunto, permitieron la aparición de grupos críticos con el sistema, arropados por el conglomerado urbano.

El desempleo subió de un 10% a casi un 30%, aumentando el volumen de parados en las grandes ciudades y potenciando la conflictividad social. El conflicto desincentivó la iniciativa empresarial que a su vez se contrajo debido a la caída de demanda de servicios. Menos consumo implicaba reducir costes para mantener los beneficios, lo que hacía aumentar el paro creando un circuito retroalimentado de crisis.

En 1982 el estado intervino cuando el país estaba en una situación crítica. Se estableció una política de reconversión industrial y urbana a partir de las Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUR). Se pretendía sanear los sectores en crisis destapando la economía sumergida y potenciando actividades alternativas, nuevas industrias, de poca mano de obra y alta cualificación. Para lograrlo se crearon una serie de estímulos económicos para las nuevas industrias para que se situaran en los núcleos de las antiguas factorías y así recolocar excedentes laborales y potenciar la industria privada. Pero esta política no tuvo mucho éxito, la nueva industria se situó en lugares estratégicos para ella, como las autopistas, con tranquilidad social; mientras que la economía sumergida continuó, por ejemplo con prejubilaciones a los 60 años manteniendo al empleado trabajando en “negro”. Fue un final bastante traumático para el sistema productivo desarrollista, basado en la concentración industrial y urbana.

La ciudad postindustrial

Ya en 1988 con el final de la crisis económica se vivió un marco político y económico diferente, que tendía a la estabilidad, disminuyendo las tensiones políticas y sociales. Uno de los factores que intervino fue la democracia y el estado de las autonomías, que permitía una mayor participación de la sociedad y una intervención en el territorio de una administración más cercana. A partir de 1985 hubo una reactivación económica mundial que afectó no solamente a la industria sino también a otros sectores. Otros factores importantes fueron la integración en 1986 en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE, precedente de la actual Unión Europea), la prosperidad de los servicios superiores y la construcción (ligada en parte al turismo y la especulación) y el final de las migraciones internas y la reducción del crecimiento de la población. Estos dos últimos factores influyeron mucho en la morfología de la ciudad española durante los últimos 30 años; en general la ciudad actual repudia la industria y la visión de la urbe como almacén de personas.

Frente a este nuevo modelo existió el aporte de nuevas industrias, relativamente selectas, que buscaban localizaciones concretas. Se situaban sobre todo en los principales ejes de comunicación buscando rendimiento en la relación distancia-tiempo. Si no existían esos ejes se localizaban en lugares baratos, pero en los que se preveía la aparición de un eje en los siguientes años.

La antigua industria tuvo que reordenarse, tanto la situada en los ensanches como en los lugares más periféricos. Se reutilizaron los edificios y espacios abandonados por la industria creando parques, edificios públicos, escuelas, etc. Las manufacturas huyeron de la ciudad, manteniéndose solamente en algunas zonas periféricas.

Gracias al importante crecimiento de los servicios la ciudad se especializó y se necesitaron más lugares dedicados a esa actividad, con fácil accesibilidad. Aparecen nuevos CBD, prolongando los ya existentes a partir de los ejes viarios o creando nuevos en lugares estratégicos. Debido a que el centro de las ciudades empezaba a estar saturado las ampliaciones de los CBD se expanden por ejes periféricos.

Se crearon también vías que rodeaban las ciudades, las rondas de circunvalación, para comunicar barrios entre ellos y poder conectar la periferia de la ciudad. Las autopistas periurbanas vinieron más tarde para poder desviar el tránsito que no quería pasar por el núcleo urbano y de esta manera descongestionar los distintos ejes radiales de la ciudad, mejorando al mismo tiempo la movilidad del transporte interurbano.

Distanciándose del desarrollismo, los barrios de lujo de la ciudad actual se basan en viviendas adosadas unifamiliares al estilo de los suburbios norteamericanos, lejos de las ciudades. Inicialmente es un suelo más barato que permitía obtener alta rentabilidad con la construcción de este tipo de viviendas y, además, era imposible construir en las ciudades, completamente saturadas de edificación. Se situaron en las autopistas periféricas, apoyados en algunos caso en núcleos rurales.

Una parte de los servicios y el comercio se instaló en la periferia, en los grandes ejes de comunicación o al final de los CBD, creando los servicios periurbanos. Debido a su proximidad a las autopistas y a la incapacidad de las vías de absorber a tantos clientes empezaron a provocar retenciones en el tráfico. Gracias a la influencia de este tipo de servicios y a los barrios de lujo muchos núcleos rurales se urbanizaron. El crecimiento se trasladó del centro a la periferia de las ciudades, normalmente sin actividades de tipo industrial.

Alternativa productiva

A finales del siglo XX se empezaron a aplicar nuevas tecnologías a la industria urbana remodelándola a partir de la informática, nuevos sectores productivos industriales, nuevas formas de comercio y nuevos servicios. Se crearon polígonos industriales, de bajo coste, pero atractivos para las nuevas tecnologías que huían de la masificación del desarrollismo, propiciando una cierta especialización. Para poder atraer estos nuevos tipos de industria se recalificaron terrenos en municipios periféricos a las grandes ciudades. De esta manera se buscaba captar empresas y producir riqueza. Los municipios buscaban industrias específicas, normalmente de alta tecnología, y acabaron formándose los primeros parques tecnológicos, con suelo barato y reducciones fiscales. Las nuevas empresas por su parte requieren de un acceso a la red de universidades, infraestructuras adecuadas, buenas comunicaciones y entornos donde el ocio y el deporte sean viables, con un clima adecuado y un ambiente natural limpio.

La viaja industria por su parte se recuperaba gracias a la capacidad del sector terciario superior de ofrecerle ayuda, apoyo y atractivo para entrar en el nuevo sistema productivo. Este sector permitía aplicar innovación tecnológica mediante la mecanización y la informatización, también mayor comunicación a partir de la publicidad, la mejora de transportes y la difusión del producto y una mejor comercialización dedicándose a vender ellos los productos en lugar de la industria creadora, realizando estudios de mercado y ofertas flexibles.

Grandes operaciones urbanísticas como las Olimpiadas de Barcelona 1992, la Exposición Universal de Sevilla del mismo año o el Fórum de las Culturas, también de Barcelona, en 2004 se realizaron para reconvertir áreas degradadas y rediseñar infraestructuras haciendo comercial la propia ciudad (Barcelona, la millor botiga del món – Barcelona, la mejor tienda del mundo), vendiéndola como un producto más.

Todo lo anterior llevó a un nuevo concepto de ciudad que rompía claramente con el desarrollismo. Si durante el franquismo se vivía en la ciudad, ahora se vive la ciudad, se procura satisfacer las necesidades de la población. Para poder conseguirlo había que suplir la carencia de servicios que provocó el desarrollismo, cuando la ciudad era un almacén de personas y se buscaba un crecimiento rápido de ese almacén.

La ciudad se convirtió en un espacio de consumo social debido a las necesidades de salud y ocio, por ejemplo, con un proceso ya iniciado por grupos clandestinos durante el franquismo. Se buscaba una mejora de la calidad de vida urbana y finalizar con el sistema productivo anterior que veía la ciudad como una máquina productora, una fábrica-almacén donde vivían y trabajaban los obreros. Se trasformó la ciudad de un espacio de producción a uno de consumo, de fábrica a tienda.

Las actuaciones públicas y privadas produjeron una mejora de la calidad residencial; al acabarse las migraciones rurales el problema de la vivienda se terminó. Se crearon muchas viviendas unifamiliares en la periferia de las ciudades y se rehabilitaron otras, destruyendo parte de los centros históricos, expulsando a los habitantes anteriores que no podían volver debido al aumento de los precios y atrayendo a personas de clase más alta, iniciando un proceso de gentrificación.

Los servicios públicos se reestructuraron por categorías tanto en salud como en educación, siendo mucho más frecuente la categoría más baja de servicios básicos, y más rara las de servicios superiores, con una categoría intermedia. Anteriormente ya existían estos servicios pero estaban muy mal distribuidos, con la reestructuración el acceso es mucho mayor por parte de la población. También se procuró crear espacios públicos, como plazas o bibliotecas, y se empezó a conservar el patrimonio cambiando de una postura que rozaba el odio a lo antiguo hasta una que bordeaba la conservación enfermiza de cualquier resto. Se concedieron subvenciones para rehabilitar fachadas y cascos antiguos, además de buscar el apoyo de la UNESCO para declarar determinados lugares patrimonio de la Humanidad.

La ciudad del siglo XXI

Actualmente las ciudades españolas se están polarizando. Los municipios pequeños tienden a tener cada vez menos población, sobre todo en el mundo rural, mientras que los grandes no dejan de crecer. En este último caso no siempre es posible debido a los límites municipales y de densidad, lo que provoca el crecimiento de municipios adyacentes. En todo caso, se produce una concentración urbana en pocas áreas metropolitanas, dejando un espacio “vacío” de carácter rural y casi sin actividades económicas entre ellas.

En esas áreas las actividades tienden a estar situadas lejos de las residencias (cada vez más alejadas del centro), lo que ha hecho aumentar la conmutación y, consecuentemente, un aumento del transporte privado. El centro urbano continúa con las actividades más prestigiosas y el precio del suelo en esa zona cada vez es más alto, expulsando a sus habitantes y a los negocios menos competitivos.

En ese sentido, debido a las reformas en el centro histórico y a las actuaciones de mejora de infraestructuras de los barrios periféricos se ha producido un proceso de gentrificación, donde la población y actividades de un barrio son substituidas por población foránea de clase social más alta con actividades menos necesarias, eliminando el comercio de proximidad y en muchos casos el de alimentación. Esos barrios sufren un cambio acusado en su paisaje y no solamente por el aumento del precio del alquiler y del suelo, sino por la destrucción del tejido social previo, cuyas principales víctimas son la gente mayor.

Relacionado con la gentrificación encontramos el aumento del turismo. El propio turismo y los pisos alquilados para pernoctar pocas noches también provocan un aumento del precio del alquiler y el suelo, expulsando de la misma manera a la población anterior como en el caso de la gentrificación. La población de esos barrios, frecuentemente en el centro urbano, emigra hacia barrios más baratos que a su vez son afectados por estos dos fenómenos a medida que el aumento del precio del suelo se va extendiendo en coronas sucesivas. Poco a poco la población solamente tiene la solución de ir a una corona metropolitana cada vez más lejana del centro para poder tener una vivienda, mientras las actividades económicas de su nueva población no pueden acogerlos, obligándoles a una conmutación cada vez más lejana.

El turismo (junto con otros factores), por otro lado, también provoca una homogeneización del tejido comercial, un aumento de las franquicias y pérdida de identidad. Excepto en algunos pocos hitos urbanos, el aspecto de los centros de las ciudades, al igual que los aeropuertos, empieza a ser cada vez más parecido. Además el aumento de población temporal en la ciudad y los transportes utilizados para llevarla allí provocan un aumento de la contaminación y el uso de recursos, como el agua que estresan el medio ambiente. El transporte privado también ha aumentado y las emisiones de CO₂ no han parado de crecer. ¿Es posible la Integración de la ciudad con el medio ambiente? Normalmente se realiza una actuación por sectores y no hay una visión integral, muy a menudo también se interviene por motivos políticos y no racionales, y las ciudades se han convertido en mamotretos que cuesta mucho gestionar.

Pero el precio de la vivienda también estuvo afectado por una concesión de crédito casi libre para la compra desde 1998 hasta 2007, influida por una Ley del Suelo que liberalizaba su transformación en suelo urbano y, sobre todo, por la necesidad de colocar productos de deuda, como ya hemos comentado en otra entrada. Esto provocó una burbuja especulativa donde muchas familias no compraban para vivir, si no para invertir y el crecimiento de la inmigración extranjera, que buscaba un hogar, potenció aún más este proceso.

¿Qué retos tiene la ciudad actual? Principalmente el acceso a la vivienda, que se ha convertido en un gran problema para los jóvenes y para las nuevas familias. La movilidad es otro de los retos importantes, ligada a la contaminación provocada por los automóviles de motor de combustión. Por otro lado la economía española depende mucho del turismo y de industrias poco competitivas, lo que se ha puesto de manifiesto con la crisis de la COVID-19, así que las actividades de las ciudades tienen también el reto de adaptarse y poder generar empleo que no dependa de las visitas extranjeras. Como hemos visto, cada época ha tenido retos diferentes y se han tomado decisiones con consecuencias positivas y negativas ¿Cuál es vuestra opinión sobre la ciudad actual?

Las ciudades en España (III)

Imagen: mujeres pidiendo viviendas dignas en Carabanchel Bajo, Madrid, durante la transición política hacia la democracia en España (1975-1981). La vivienda precaria, o infravivienda, fue un fenómeno común durante el final del franquismo que tuvo que resolver la sociedad de la transición. Fuente.

Tercera parte del análisis de las ciudades españolas, esta vez nos adentramos más en las características de la ciudad franquista, dentro de los dos periodos de esta época, la autarquía y el desarrollismo.

La autarquía

Hasta 1955 el régimen franquista promovió la autarquía en España. La autarquía es un enfoque económico típico de regímenes autoritarios nacionalistas. Pretende conseguir la autosuficiencia en sectores estratégicos fundamentales, tales como la industria pesada (metalúrgica y química) y la energía, mediante un gobierno muy intervencionista. Este enfoque puede tener éxito en países grandes como los Estados Unidos de América o la antigua Unión Soviética (o incluso en la Rusia actual), pero en España existe una deficiencia muy grande en estos sectores para poder ser autosuficiente, produciendo por tanto una economía de perfil bajo.

La ciudad española había quedado muy deteriorada tras la Guerra Civil y debido a la nueva autarquía se hacía muy complicado desarrollar los sectores industriales y de servicios necesarios. El intervencionismo del estado franquista era total en toda actividad económica, vigilando no solo que se cumplieran las expectativas autárquicas sino que además no se subvirtiera el régimen. La ciudad representaba un peligro para el estado debido a la clase obrera, la presencia de sindicatos y al ser un nexo de culturas e ideas de todo el mundo. Pero a la vez quería transformarla en una urbe que personificara las virtudes del nuevo régimen a través del Plan Nacional de Reconstrucción, que resultó utópico e irrealizable. Por otro lado se promocionó un retorno al campo y una repoblación de zonas abandonadas para poder ejercer un mayor control sobre ellas.

Madrid sería el escaparate del régimen, la ciudad ejemplo de España, para frenar el desarrollo de ciudades como Bilbao o Barcelona. El control estatal de la economía permitió que Madrid fuera el foco de la industria junto a ciudades consideradas “no Rojas” como Cartagena o Cádiz. El Instituto Nacional de Industria se creó en 1941 para promocionar ciudades intermedias que complementaran a la capital, “La Ciudad” de España. Las anteriores ciudades industriales se empezaron a reactivar a pesar de un mercado interior pequeño, pero gracias a la nula competencia externa. No se produjo ningún cambio sustancial en el resto de ciudades durante la autarquía excepto en aquellas que el régimen escogió para ciertas actividades. Se crearon viviendas baratas para acoger a los nuevos inmigrantes, pero fueron insuficientes y consecuentemente empezaron a proliferar las barracas o chabolas.

En 1956 se redactó la Ley del Suelo y Ordenación Urbana, aunque no se llevaría a la práctica en su totalidad. La ley consideraba la ciudad como parte integral del territorio y no un ente aislado y se constituyeron planeamientos a diversas escalas: estatal, provincial, comarcal y municipal. También pretendía, en teoría, facilitar el desarrollo equilibrado del territorio y las ciudades, mediante la prevalencia del interés colectivo verso el individual, pero a su vez permitía la participación privada en todo el proceso de intervención territorial.

El desarrollismo

A partir de entonces y hasta 1975 se produjo un gran crecimiento urbano en contraposición al anterior periodo. La autarquía fue un fracaso y el régimen tuvo que reconvertirse. Tras las derrotas del Eje durante la II Guerra Mundial en 1943 también había ido menguando la influencia del Movimiento Nacional, partido único que aglutinaba a varias facciones de corte fascista o tradicionalista como Falange Española, las JONS y los carlistas. El régimen franquista pivotó hacia la llamada tecnocracia ligada al Opus Dei y a una apertura e integración económica hacia el capitalismo que culminó con el Plan de Estabilización de 1959. El objetivo era la concentración de los medios de producción para mejorar la productividad y la creación de grandes mercados de consumo y trabajo, en otras palabras, grandes ciudades.

El inicio del proceso se realizó mediante la industrialización y urbanización de Madrid, Barcelona y Vizcaya que acabó generando una concentración de más del 40% de la producción estatal ese triángulo. Esto atrajo mano de obra del campo hacia esos polos, ya que no encontraban empleo en las zonas rurales donde se había producido un aumento de la población debido a la bajada de la mortalidad gracias a las mejoras en la dieta. Los inmigrantes encontrarían trabajo en las nuevas fábricas creando ese gran mercado necesario para la dinámica capitalista y a su vez provocando un gran crecimiento urbano.

No obstante la rápida concentración creó des-economías que impidieron aprovechar todas las ventajas que aparecían. Existieron planes de descongestión urbana para diseñar polígonos industriales alrededor de las ciudades o en emplazamientos desiertos mediante subvenciones estatales. La hiper-concentración también provocaba desequilibrios territoriales que se intentaron remediar mediante el desarrollo de polos industriales en regiones que se estaban abandonando, como Zaragoza o Valladolid, intentando evitarlo.

El desarrollo que se promovía preveía un crecimiento urbano equilibrado mientras se buscaba una rentabilidad alta y en poco tiempo. Aun así la teoría del desarrollo implantada y la realizada diferían bastante, llevando a un periodo de grandes contradicciones. El interés económico de industriales y promotores inmobiliarios sobrepasó, mediante los grupos de presión (lobbies), a la legalidad, aunque sí que hubo ocasiones en que ambos coincidieron. La participación ciudadana era nula, excepto a partir de los años 70 cuando hubieron algunos movimientos sociales.

  • Los ensanches de clase media

Se continuó su desarrollo mediante actuaciones puntuales de casas individuales entre 50 y 100 viviendas mediante muchas empresas constructoras que podríamos clasificar como PYME. El capital privado invertido era pequeño y directo, se buscaba la densificación y no se invertía en espacios verdes ni en servicios públicos. En cambio la estructura de la vivienda era de calidad con bastante espacio habitable, entre 80 y 100 metros cuadrados, normalmente.

  • Periferia urbana de clase baja (barrios dormitorio)

Se crearon grandes conjuntos residenciales de más de 1000 viviendas mediante la reconversión del suelo rural. Los promotores eran grandes constructoras y grupos empresariales y se necesitó hacer llegar ejes de transporte a estos nuevos barrios mediante capital público-privado. Los proyectos carecían de espacios urbanizados que contuviesen aceras o iluminado público, por ejemplo, y también disponían de un transporte deficiente, por tanto se generaba un espacio poco densificado. Las viviendas eran de mala calidad, con poco espacio (entre 60 y 70 metros cuadrados, habitualmente) que se agravaba por el comportamiento natal heredado del campo, con muchos hijos. También carecían de saneamiento, agua e incluso de ventanas apropiadas.

Los costes sociales y ambientales de esta política fueron altos, sobre todo por la falta de concienciación medioambiental de esa época. Para el inmigrante rural no repercutía en un cambio sustancial de su modo de vida anterior la ausencia de asfalto, la presencia de malos olores o el dedicar mucho tiempo para llegar al trabajo, pero en la década de los 70 empezaron a ser conscientes de las malas condiciones en las que vivían. Por motivos políticos, para evitar tumultos en las ciudades y presentar una buena imagen, no por motivos sociales, el régimen empezó a solucionar esos problemas.

Durante el desarrollismo el medio ambiente era lo contrario a lo urbano. La contaminación significaba progreso, mejores salarios y más empleo. También se puso más interés en el consumo de recursos por parte de la industria que no por parte de la ciudadanía. Se destruyeron bosques, se produjeron salinizaciones de acuíferos y se hacían vertidos de residuos sin demasiado control. También se acabó destruyendo a la agricultura de proximidad, a pesar de las leyes que la protegían, y no se tenían en cuenta los factores climáticos ni agrícolas para las actuaciones en el territorio, como en la creación de la Autopista del Mediterráneo, por ejemplo. Dentro de las ciudades también se destruyó patrimonio considerándolo “edificios viejos”.

Las áreas metropolitanas

Para poder coordinar todas la actuaciones y servicios (transportes e infraestructuras principalmente) en un entorno urbano de rápido crecimiento se creó la figura del área metropolitana a partir de una urbe dominante entre una serie de áreas periurbanas colindantes.

Las principales áreas metropolitanas fueron Madrid, Barcelona y Bilbao, seguidas en un tamaño inferior por Valencia, Sevilla y Zaragoza. En algunos casos donde había mayor equilibrio se optó por una co-dominancia entre dos ciudades, o más, como fueron Sabadell/Terrassa, La Coruña/Ferrol, San Sebastián/Irún o Cádiz y su entorno.

Las ciudades en España (II)

La ciudad contemporánea y franquista

Imagen: bombardeo de la ciudad de Barcelona del 17 de marzo de 1938, fotografía tomada desde un bombardero italiano. Puede apreciarse la ciudad medieval en el centro de la imagen y parte del Ensanche (1860) en las partes derecha e inferior. También el parque donde se situaba la antigua ciudadela, a la izquierda, y justo encima el barrio de la Barceloneta (1753) y el puerto. Las bombas con menor nube de la imagen cayeron en el barrio del Rabal (antiguo arrabal medieval), muy cerca de la Ramblas y el mercado de la Boquería; las de mayor nube en la Plaza Cataluña y la confluencia de la Gran Vía de las Cortes Catalanas con Paseo de Gracia. Fuente.

Continuamos con el análisis de las ciudades españolas, tratando en esta entrada la ciudad del siglo XIX y principios del XX.

La ciudad contemporánea

En el siglo XIX y hasta la Guerra Civil (1936-1939) apareció la industria y se situó fuera de las ciudades españolas, próxima a fuentes de energía, y conectada a ellas mediante vías de comunicación importantes. Las fuentes de energía utilizadas fueron el carbón y la hidroeléctrica. También aparecieron otros núcleos industriales en el mundo rural próximo a las ciudades, aunque no tenían por qué estar inicialmente bien conectados con estas. Paralelamente se construyeron cerca de las industrias viviendas para los trabajadores, de baja calidad, y aparecieron los ensanches alrededor de los centros urbanos, de diseño más o menos racional y espíritu burgués, con calles amplias que permitían los flujos internos de la ciudad.

Nuevos ejes de comunicación, como las carreteras y el ferrocarril, conectaron la ciudad con el exterior, pero no favorecieron la movilidad interna; funcionaban del interior de la ciudad hacia la periferia. Todo esto (industrias, ejes de comunicación, viviendas obreras, ensanches) provocó la reconversión de los núcleos rurales adyacentes a la ciudad que se tornaron urbanos.

La poca importancia urbana en el territorio hizo necesario la creación de obra pública para poder realizar una organización adecuada, con muy poca industria inicial. La ciudad se vio potenciada por el sector público que a su vez generó actividad y beneficios para la burguesía industrial, propietaria del suelo y del comercio. Los polos de desarrollo industrial durante esta época en España fueron Barcelona y Bilbao. La burguesía marcaba el ritmo de construcción urbano mediante dos tipos de modificaciones:

  • Internas: remodelación viaria, desamortizaciones para crear suelo urbanizable y mejora de servicios urbanos. Todo esto acabó provocando un aumento de la densificación urbana, una degradación interna y una saturación del crecimiento.
  • Externas: planificación de ensanches, crecimiento espontáneo no planificado, anexión en el extrarradio de suburbios, arrabales y otros núcleos urbanos. Las consecuencias fueron un crecimiento no homogéneo, la convivencia de fábricas, viviendas y agricultura, y disputas entre la autoridad de la burguesía y los ayuntamientos.

Las actuaciones interiores eran una herencia de la dinastía Borbónica (saneamiento, iluminación, pavimentación), fundamentalmente una regularización de las calles para favorecer la circulación, destruyendo y reconstruyendo vías. Era un proceso lento y realmente poco útil. La desamortización del suelo eclesiástico, pareció dar algo mejor resultado, normalmente para edificar viviendas, pero de forma excepcional también se construía en él mercados, plazas y edificios públicos. La iluminación viaria, la pavimentación y el alcantarillado densificaron más la ciudad con la consecuente degradación y pérdida de seguridad.

Todas estas medidas no acabaron de funcionar para la burguesía, por tanto se buscó la creación de ensanches, que se antojaban racionales, previsibles y equilibrados. Además aportaban un cambio en el uso del suelo que era más rentable cambiando un terreno rural hacia otro tipo como el residencial, el comercial, el industrial o el viario. Los ayuntamientos intentaron regular los procesos junto a la planificación, sin éxito.

En 1859 se planteó el Plà Cerdà en Barcelona por parte del Ministerio de Gobernación y en 1860 el Plan Castro en Madrid. La planificación estaba centrada en el límite municipal sin tener en cuenta el ámbito territorial, lo que creó un crecimiento espontáneo en los límites de municipios colindantes que unía el centro municipal con el límite exterior del ensanche. Los arquitectos del GATPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos catalanes Por la Arquitectura Contemporánea) buscaron que se construyeran equipamientos y servicios, pero en general había una falta de funcionalismo racional en las ampliaciones urbanísticas.

La influencia de burgueses de prestigio provocaba que al final se construyera lo que a ellos les interesaba en lugar de lo planificado. Aun así, sí se logró levantar algunos edificios de interés público y se pudo oxigenar la antigua ciudad preindustrial mediante nuevas vías que la atravesaban y unían con la nueva, donde se construirían edificios acordes a los intereses burgueses. Los núcleos colindantes se acabarían anexionando a la ciudad creciente en un continuo urbano. Los usos del suelo se tornaron diversos y caóticos, en una mezcla de almacenes, fábricas, residencias, vaquerías, funerarias, mataderos, universidades, etc. La falta de planeamiento y su irracionalidad era el resultado de las tensiones y conflictos entre los propietarios, los comerciantes, los constructores y la administración.

La ciudad franquista

Antes de entrar en la ciudad durante la dictadura del general Franco (1939-1975) hay que dejar claro que muchas ciudades españolas no tienen un ensanche entre la ciudad antigua y la creada por el desarrollismo franquista. El desarrollismo es una mentalidad que busca un crecimiento económico lo más rápido e intenso posible sin tener en cuenta otros aspectos sociales, culturales o políticos, por ejemplo. El crecimiento industrial fue el desencadenante, junto con un sistema productivo que consumía mano de obra barata, permitiendo un rápido crecimiento. Dependiendo de la tradición industrial de cada ciudad se iniciará antes o después.

La nueva industria se situó en regiones similares a la época de la Revolución Industrial, pero ya no tuvo en cuenta la cercanía a las fuentes de energía utilizando antiguos núcleos rurales periféricos o lugares cercanos a los principales ejes de comunicación. Progresivamente aparecerían los llamados barrios dormitorio para recibir a los inmigrantes que iban a trabajar en la nueva industria. Eran parajes poco urbanizados, carentes de servicios, adosados a las industrias y en algunos casos aislados.

Poco a poco fue creciendo un tejido urbano de clase media-baja entre los ensanches y los nuevos núcleos, de forma no planificada, utilizando el automóvil como herramienta de movilidad, sin grandes ejes viarios y, cómo decíamos, equipamientos deficitarios. La edificación fue impulsada por la iniciativa privada y sin demasiada regulación produciendo modificaciones en el ancho de las calles y la altura y el número de pisos de los edificios acorde al máximo beneficio del promotor y sin tener en cuenta el entorno. Los núcleos colindantes también crecieron de la misma manera, pero de forma más discreta.

Los ejes hacia el exterior se prolongaron, del centro de la ciudad hacia la periferia, de forma radial, mientras que la circulación entre barrios continuaba siendo muy complicada. Como el ferrocarril resultaba deficitario se construyó una red de autopistas para comunicar ciudades de forma rápida. No existía la comunicación interna en las ciudades de esta época, que hacían la función de centro industrial y de servicios, siendo las zonas residenciales más parecidas a “almacenes” de personas. De esta guisa se constituyeron los CBD (Central Business District) entorno a uno o dos grandes ejes viarios, con una gran concentración de servicios, administración y centros de decisión y de poder. En los CBD no existía prácticamente suelo residencial y exigían muy buena comunicación, en el caso de los CBD situados en ensanches se creó una convivencia entre edificios nuevos y viejos. También aparecieron los barrios de lujo para la nueva burguesía franquista, en zonas exteriores de la ciudad o directamente fuera de ellas, para disfrutar del privilegio de la falta de ruido y ausencia de contaminación.

En la siguiente entrada veremos las características de la autarquía franquista y en mayor detalle cómo se produjo el desarrollismo que desembocó en la ciudad de la Transición política  a la democracia en 1975.

Las ciudades en España (I)

Las ciudades antes del siglo XIX

Imagen: áreas urbanas en España por densidad de población en 2017, extraída a partir del Atlas Digital de las Áreas Urbanas. Podemos ver dos grandes aglomeraciones entorno a Madrid y Barcelona, una población distribuida mayoritariamente en la costa (excepto Madrid) y varios subsistemas urbanos como los de la costa gallega, la costa cantábrica desde Asturias hasta Euskadi, la costa catalana, valencia y murciana y la costa andaluza junto al valle del Guadalquivir. Fuente.

Con esta entrada iniciamos una serie en la que describiremos y analizaremos las ciudades españolas desde el punto de vista de la Geografía Regional. Aunque nos centraremos más en la ciudad de los dos últimos siglos, por ser la escala temporal que más afecta a las condiciones actuales, también daremos un breve repaso a la evolución de las urbes en el territorio que actualmente es el estado español.

Nuestro objetivo es entender mejor cómo y por qué son como son las ciudades, donde vivimos la mayoría de la población española y, debido a las dinámicas demográficas contemporáneas, cada vez más gente. El medio urbano ha caracterizado a muchas sociedades humanas desde hace milenios y no siempre ha cumplido las mismas funciones o ha tenido el mismo aspecto, veamos por qué.

Introducción

España es una región con una vida urbana antigua, compleja y diversa que se ha intensificado en los últimos 70 años. La ciudad española sintetiza un pasado que aún es perceptible en su morfología y arquitectura, un palimpsesto de calles y edificios, que nos muestra empíricamente quiénes han vivido ahí antes que nosotros.

Podemos considerar el objetivo de la urbe como la dominación y explotación de un territorio que permitiría a su vez la formación, la continuidad y el desarrollo de la propia ciudad. La ciudad, por tanto, necesita organizar y ordenar el territorio que la circunda para cubrir esas necesidades.

ciudad

 

La sociedad determina la forma y la localización de la ciudad, que será el elemento base que mantendrá a esa misma sociedad. Si la sociedad cambia, la ciudad cambia. Además cualquier otro cambio en el modo de explotación o en la visión política interna también hará cambiar la ciudad. Las necesidades de la nueva sociedad harán que no solamente cambie la morfología de la ciudad, afectará incluso a su localización, o la localización de las nuevas ciudades que se construyan. Cuando hay un cambio social pueden darse diversas situaciones para la “ciudad antigua”:

  • Destrucción: la ciudad antigua es totalmente arrasada y se construye la nueva ciudad encima de las ruinas de la anterior.
  • Marginación: la ciudad antigua es parcialmente abandonada y se degrada, creando barrios donde aumenta a pobreza y la marginalidad.
  • Reconversión: la ciudad antigua persiste, pero el uso de sus espacios cambia a otros acordes a los del nuevo modelo social.
  • Integración (muy difícil que se produzca): la ciudad antigua y la nueva coexisten paralelamente.

Así, en una ciudad en un momento dado nos encontraremos con la superposición o coexistencia de las diversas sociedades que han pasado por ella. La función de la ciudad, y su fundación, surgiría a partir de aquella que la sociedad que la originó quisiera dotarla.

Las primeras ciudades

A partir de la dominación romana de la Península Ibérica empezó la ciudad a tener una función de dominio del territorio y búsqueda de permanencia en ese dominio. Las ciudades fenicias (desde -800 aprox.) y griegas (desde de -600 aprox.) habían tenido un enfoque de mercado, de lugares de intercambio, no de organización territorial; fundamentalmente habían sido factorías o colonias comerciales. Los asentamientos prerromanos eran de carácter rural y carecían de capacidad organizativa territorial.

Desde aproximadamente -200, y especialmente desde -100, se instalaron las ciudades para dominar el territorio desde el punto de vista de la explotación económica y para mantener ese dominio hacía falta a su vez un control político y militar del propio territorio. Se creó una red de vías que formó una rejilla urbana permitiendo un dominio más eficiente del territorio peninsular. Esa red de carreteras y ciudades se ha mantenido durante el tiempo hasta nuestros días, aunque con notables modificaciones durante la Edad Media. Para las ciudades romanas se utilizaron tres modelos de instauración:

  • Aprovechamiento de asentamientos indígenas (en muchos casos fortificados).
  • Antiguos campamentos militares.
  • Nuevas construcciones en lugares estratégicos: puentes, terrenos elevados o puntos de control.

La organización de la ciudad romana era ortogonal centrada en el foro donde se cruzaban los dos ejes principales: el cardo (calle que discurría de Norte a Sur) y el decumano (calle en sentido Este a Oeste). La prolongación de estas calles fuera de la ciudad conectaba con una de las vías romanas, al final o en medio de una de ellas o con la previsión de construir una nueva; casi nunca encontramos una ciudad romana en la que no sucediera uno de esos tres supuestos.

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Principales ciudades y vías romanas en la Península Ibérica. Fuente.

Los objetivos económicos de la ciudad romana eran la explotación minera y agraria, sobre todo de trigo y olivo. Poseían una estructura con alcantarillado, agua corriente y fuentes (llevada a la ciudad mediante acueductos), centros públicos y representativos del poder, lugares de ocio, y en algunas ciudades también encontraríamos murallas; los edificios tenían un máximo de tres pisos de altura.

A partir del año 300, aproximadamente, la ciudad cayó en desuso por una ruralización de la sociedad romana, perdiendo su función de dominio militar y comercial del territorio. Muchas fueron abandonadas o perdieron muchos habitantes en favor del campo desde donde se ejerció el dominio del territorio de otras maneras.

La ciudad medieval

El sistema social que siguió a la dominación romana no tuvo a la ciudad como centro de poder hasta el siglo VIII en el caso de Al-Ándalus (Sur y centro de la Península Ibérica) y el siglo X en el de la Hispania cristiana (Norte de la Península Ibérica). Aunque las ciudades recobraron cierto protagonismo local en el Norte, esta parte de la península siempre fue rural durante este periodo, siendo la ciudad musulmana la única que mantuvo el carácter dominador y estructurador del territorio con una sociedad verdaderamente urbana.

La ciudad musulmana

La ciudad en Al-Ándalus fue fundamental para consolidar el domino del 75% de la Península Ibérica. La estructura básica se repetía en todas ellas y servía para establecer funciones militares, de ocupación y control del territorio y, como era tradicional entre árabes y bereberes, comerciales y artesanales. Los siguientes elementos formaban su estructura básica:

  • Alcázar o alcazaba junto con una mezquita (símbolos militares y religiosos).
  • Organización radial e irregular, no planificada, conteniendo calles sin salida y creada a medida que iba creciendo, de forma un tanto caótica.
  • Arrabales fuera de las murallas que precedían a posibles nuevas murallas posteriores.
  • Un centro económico de comerciantes y artesanos.
  • Barrios organizados según clases sociales y laborales.
  • Servicios colectivos: baños, almacenes y zocos especializados.

La casa musulmana contenía pocas aperturas hacia la calle, las entradas solían ser homogéneas con pocas distinciones entre las diferentes casas, y se organizaban entorno a un patio central. Las viviendas estaban enfocadas hacia la vida interior, sin signos externos de distinción. La sociedad musulmana fundó nuevas ciudades en la Península Ibérica como Almería o Guadalajara y también aprovecharon las ciudades romanas previas como en el caso de Córdoba o Sevilla.

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Fragmento del mapamundi de Al Idrisi (siglo XII) en el Libro de Rogerio (Tabula Rogeriana o Kitab Ruyar) donde se observa la Península Ibérica. Nótese que el mapa está orientado hacia el Sur. Fuente.

La ciudad cristiana

Como comentábamos, hasta el siglo X no se reestableció algo parecido a un mundo urbano en el Norte de la Península. Con la consolidación del Camino de Santiago se crearon, o refundaron, ciudades nuevas en su ruta con fueros específicos para poder controlarlo como Jaca, Burgos o Astorga, por ejemplo, con poblamiento franco en muchos casos. A partir del siglo XIII alrededor de esas ciudades y hacia el Sur se establecieron nuevos asentamientos ocupando los terrenos abandonados por los llamados moros.  Su economía era básicamente ganadera para evitar los saqueos y se organizaban alrededor de castillos o monasterios en puntos estratégicos para poder asegurar el terreno circundante, conformando así la estructura de las nuevas ciudades medievales. Estas estructuras solían contener todas o algunas de las siguientes edificaciones:

  • Castillo
  • Murallas
  • Monasterio
  • Iglesias

Inicialmente la función de la ciudad medieval era militar, pero el crecimiento demográfico permitió crear mercados que gozaban de la protección de la ciudad y de una cierta actividad artesanal, muchas veces ligada a antiguos ocupantes del asentamiento, moros o judíos. La morfología de las calles era irregular, pero ortogonal, con caminos principales uniendo los núcleos de poder (castillo, iglesia y ayuntamiento) con el exterior. Había una carencia importante de servicios, no existía alcantarillado ni suministro de agua. El crecimiento de la ciudad se organizaba a través de las iglesias, muy numerosas, que conformaban el núcleo de loe nuevos barrios. La ciudad medieval cristiana a menudo se consolidaba por la obtención de unos privilegios que estaban claramente delimitados por las murallas, que diferenciaban campo y ciudad. Solía ser un centro de intercambios, pero escasos, y sobre todo servía como lugar de refugio y defensa.

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Mapa de Barcelona a finales de la Edad Media. Se observa el contorno de la ya derruida muralla de la ciudad romana de sigo III y la inercia de las principales calles romanas cruzándose en el antiguo foro -centro de la ciudad-, en ese momento el convento de San Jaime (4) al lado de la Casa de la Ciudad -ayuntamiento- (34). También podemos ver al suroeste el arrabal entre las murallas de los siglos XIII y XIV y los diferentes caminos que salen de la ciudad. Fuente.

La ciudad moderna

En el siglo XVI se produjeron ciertas modificaciones en las ciudades de la Península. Las ciudades existentes no cambiaron sino que se añadieron nuevos elementos por parte de las dinastías de los Austrias, que gobernaron sobre los distintos estados territoriales peninsulares,  y los Borbones que unificaron la administración hacia la formación del Reino de España. Los ejes viarios de las ciudades continuaron siendo los mismos.

La ciudad de los Austrias

La nueva dinastía europea y sus nuevas necesidades provocaron cambios sutiles en las ciudades, ya que aún no era una sociedad que necesitara la ciudad para dominar el territorio. El nuevo estado territorial cambió la dinámica del poder respecto al anterior estado feudal. Si antes el poder radicaba en el vasallaje ahora eran los mercenarios los que proporcionaban la fuerza. Este cambio creaba la necesidad de abundantes cantidades de dinero y por tanto la necesidad de proteger la artesanía y el comercio, la propia ciudad y de convertir a la nobleza en comerciantes.

El comercio con América y Europa era fundamental y tanto la nobleza como la Iglesia dejaron su papel militar hacia un rol económico. La contrarreforma y el apoyo de los Austrias al catolicismo enardecieron el fervor religioso, lo que aumentó la capacidad de auto-fiscalidad de la Iglesia mediante diezmos, bulas y tierras. La Iglesia se convirtió en un gran poder urbano poseyendo innumerables tierras y edificaciones.

Como comentábamos, el nuevo poder se identificaba con la capacidad económica. En el siglo XVI los Austrias poseían el poder económico y militar, mientras que la Iglesia, además del económico, ostentaba poder territorial y moral. La economía en los territorios peninsulares se caracterizaba por un fluido comercio con América y Europa y en menor medida por una industria textil de carácter local. En el siglo XVII la monarquía entró en decadencia mientras que la Iglesia tuvo un aumento brutal de su poder gracias  a las bulas, la fiscalidad propia, el fervor religioso y los bienes inmuebles. Podemos hablar de una ciudad conventual donde la presencia de iglesias y conventos se sucedía calle tras calle.

Todo esto afectó a la ciudad moderna con una expansión del casco urbano extramuros mediante arrabales siguiendo los ejes de los caminos. Para poder organizar la expansión se construyeron las nuevas “Plazas Mayores” de forma rectangular y remarcar así el papel del poder por falta de espacio de construcción en el interior medieval. Los edificios importantes se empezaron a construir fuera de las murallas y se marginó a la ciudad medieval. Los caminos que salían de la nueva expansión originados en las plazas mayores llevaban a conventos y fincas señoriales semi-rurales que acabaron organizando las futuras expansiones mediante un crecimiento desorganizado a su alrededor.

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Crecimiento de Madrid durante la dinastía de los Austrias (siglos XVI-XVII). La corona representa el Alcázar de la ciudad musulmana donde se construiría el actual Palacio Real. La antigua muralla medieval se circunscribía a la parte más oriental del sector color crema, siendo la parte occidental los arrabales. También podemos ver la Plaza Mayor en el centro de la ciudad desde donde se organizaba la red de caminos. El gran crecimiento de la ciudad se debió a su condición de capital. Fuente.

La ciudad de los Borbones

La dinastía borbónica durante el siglo XVIII se caracterizó por actividades de reforma interior de las ciudades impulsadas por las ideas de la Ilustración. Principalmente realizaron obras de saneamiento, pavimentación e iluminado público. También se reorganizaron algunas calles y caminos favoreciendo la circulación, mediante la creación de paseos. Aunque se crearon también espacios verdes como parques y jardines, estos estaban destinados al uso privado de la monarquía o eran frecuentados casi exclusivamente por la nobleza. En general la ciudad borbónica no se expandió si no que se densificó aun más a pesar de los esfuerzos de intentar abrirla.

Por otro lado la monarquía borbónica buscaba la centralización, uniformización y jerarquización de España con lo que se marginaban las actuaciones en las ciudades más periféricas y se potenciaban las de la capital, Madrid, incluyendo una red de carreteras radial que se originaba en la Villa y Corte.

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Madrid durante el principio del reinado la dinastía de los Borbones (siglo XVIII). Se pueden ver las reformas realizadas en esa época. El jardín del Buen Retiro y el Palacio Real ya existían a finales del siglo XVII, pero fueron remodelados y ampliados en este periodo. Fuente.

La guerra durante el siglo XVIII

Táctica, uniformes y armamento

Imagen: Ataque de la infantería prusiana en la batalla de Hohenfriedberg (1745) durante la Guerra de Sucesión Austriaca (1740-1748) por Carl Röchling (1855-1920). Se puede apreciar el avance en linea de tres filas de la infantería armada con fusiles y bayonetas dirigida por los oficiales mientras algunos soldados caen por el fuego de los defensores. Nótese también la uniformidad de las casacas de color azul marino, con forros rojos y calzas de color crema. Los gorros indican que son granaderos. Fuente.

En esta entrada vamos a describir cómo eran los ejércitos y las tácticas bélicas básicas durante el siglo XVIII. Durante este siglo sucedieron conflictos muy importantes como la Guerra de Sucesión Española (1701-1715), la Guerra de los Siete Años (1756-1763), la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos de América (1775-1783) y las Guerras Revolucionarias Francesas (1789-1799). Gracias a la labor de investigación sobre la Guerra de Sucesión en Cataluña de Francesc Xavier Hernández Cardona disponemos de detallada información sobre este periodo.

Los mosquetes y arcabuces, junto a las picas, habían dominado los campos de batalla durante el siglo XVII. La aparición del fusil con bayoneta cambió este panorama permitiendo combinar el cuerpo a cuerpo con las armas de fuego, erradicando rápidamente las viejas armas y cambiando el estilo de combate. Las formaciones se fueron estirando para permitir mayores disparos simultáneos y se concretaron en líneas de tres o cuatro filas. La llamada infantería de línea duró hasta el siglo XIX y permitía sucesivas salvas una tras otra: mientras una línea recargaba otra se desplazaba al frente y disparaba.

Juntamente a la infantería de línea se utilizaban unidades de elite llamadas granaderos. Los granaderos eran expertos en el uso de granadas, armas muy inestables y peligrosas que no gozaron de mucha popularidad. La función principal de estas unidades era el choque y el asalto cuerpo a cuerpo, las componían soldados en los que primaba la fuerza bruta. Para complementar el ejército en misiones de exploración, guerrillas, cobertura en retiradas y apoyo en el campo de batalla se crearon escuadrones de infantería ligera. La caballería se dividía en coraceros -caballería de asalto cuerpo a cuerpo-, dragones -infantería montada- y húsares -caballería ligera de elite-.

El combate con fusil se realizaba erguido ya que era muy difícil recargar el arma en cualquier otra posición y además permitía la movilidad necesaria del infante para cambiar a diversas formaciones, avanzar o cargar. El alcance efectivo del fusil era de 150 metros, siendo los 100 metros una distancia orientativa máxima a la que se podía atacar al enemigo. La táctica habitual era disparar masivamente toda una línea de fusileros a corta distancia, lo que aseguraba acertar a la formación enemiga. La recarga del fusil era bastante más rápida que la de las anteriores armas de fuego lo que permitía a un infante disparar, normalmente, tres tiros cada dos minutos.

El éxito en el campo de batalla dependía de la habilidad de los oficiales de calcular la distancia adecuada, respecto al enemigo, para dar la orden de disparar. Los atacantes avanzaban a paso ligero, pero sin correr para evitar romper la formación y la línea, al ritmo del tambor y los pífanos. Se procuraba prescindir de gastar energías al principio de la batalla ya que serían necesarias al final en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo o la huida. Mientras avanzaban, la artillería defensora procuraba menguar su número. En el caso de que una línea se viera tocada por un proyectil de artillería los soldados de las filas traseras avanzaban al frente. Al llegar a una distancia adecuada se detenían y realizaban una descarga, acto seguido se lanzaban a la carga con las bayonetas para evitar recibir una descarga de respuesta del defensor.

Los defensores solían esperar a que los atacantes estuvieran aproximadamente a 100 metros para realizar una descarga. La humareda que creaban los disparos ocultaba la línea defensora y perjudicaba los cálculos y la puntería de los atacantes cuando se detuvieran a disparar. En ese tiempo recargaban y realizaban una segunda descarga antes avanzar con la bayoneta para entrar en cuerpo a cuerpo. Esta segunda descarga era posible siempre que los atacantes no estuvieran demasiado cerca o avanzaran demasiado rápido, por tanto decidir cuándo disparar por ambas partes y calcular la distancia del enfrentamiento era vital.

A finales del siglo XVII los tercios españoles aún se organizaban en compañías que contenían piqueros, arcabuceros y mosqueteros. Los primeros cambios se realizaron al incorporar compañías de granaderos que disponían de los nuevos fusiles. Durante la Guerra de Sucesión Española se reformaron los ejércitos franceses y españoles hacía una infantería de fusileros con bayoneta. Los ejércitos se organizaban en regimientos, substituyendo a los tercios, que se subdividan en dos o tres batallones y éstos en varias compañías de 50 a 150 hombres, una compañía de cada 10 solía ser de granaderos.

Los soldados empezaron a vestir de forma uniformada y con el mismo color en la casaca según su afiliación, pudiéndose identificar a los diferentes regimientos según el color de los forros de las casacas, de las chupas o las puñetas. Incluso el color de las corbatas y las calzas servía para dar más granularidad e identificar divisiones ya que las combinaciones de colores eran limitadas. Por ejemplo el color blanco de las casacas se utilizaba, mayoritariamente, por parte de las tropas españolas, el azul o el gris por las francesas, el rojo por las británicas, el blanco o el gris en las austriacas y el azul marino por las prusianas. Así se solía utilizar un color auxiliar para el forro, como el rojo para las tropas españolas, y otro, para las divisiones dentro del mismo ejército, para las calzas.

El uniforme -llamado vestido de munición- se caracterizaba por un sombrero o tricornio, una casaca, la chupa, una corbata o lazo en el cuello, calzas, medias, polainas y zapatos. La caballería llevaba botas, en el caso de los coraceros, y botines en el caso de los dragones y se cubrían con una manta ribeteada. Los granaderos llevaban gorra y la infantería ligera prescindía de la corbata,  llevaba un gambeto en lugar de la casaca, camisola en lugar de chupa y las calzas eran más anchas. Las alpargatas eran frecuentes en toda la infantería.

Las armas de la infantería consistían en fusil con bayoneta, espada y cartuchera de hasta 20 unidades. Para los granaderos se añadían un hacha de mano y granadas; la pistola, la carabina y el sable eran para la caballería junto a una cartuchera más ligera. La infantería ligera era más heterodoxa, aunque se fue confundiendo cada vez más con las tropas regulares, en lugar de cartuchera llevaban una pequeña bolsa con municiones y herramientas, el arma más común era el fusil -a menudo con bayoneta- y, en ocasiones, llevaban escopeta. Algunos utilizaban en su lugar par de pistolas y puñales. Se utilizaban tambores, pífanos y otros instrumentos musicales, como trompetas, para marcar el ritmo de avance de las tropas y comunicar órdenes.

Durante las Guerras Napoleónicas este modelo bélico cambió, la movilidad ganó protagonismo frente a la rigidez de la línea de infantería, la artillería se convirtió en una unidad en sí misma y no solamente como apoyo, la logística y la estandarización volvieron más versátiles a los ejércitos y el número de soldados reclutados aumento enormemente gracias a la capacidad de producción industrial de armamento. Poco a poco la aplicación de las mejoras técnicas y la racionalización cambiaron la forma de hacer la guerra, haciéndola cada vez más mortífera hasta su eclosión durante la I Guerra Mundial y el horror que provocaría.

Bibliografía:

Hernández, F. X. y Riart, F. (2007). Els exèrcits de Catalunya 1713-1714. Barcelona: Rafael Dalmau Editor.

Análisis de la práctica educativa con Sistemas de Información Geográfica a través de la perspectiva de los profesores

Artículo en Didáctica Geográfica número 20

Imagen: captura de pantalla de una interfaz de gvSIG en la que se observa el inventario de caminos para un análisis catastral. Este tipo de SIG (Sistemas de Información Geográfica), llamados de escritorio o Desktop, tienen funcionalidades muy avanzadas y solamente son adecuados a los cursos finales de la educación escundaria. Fuente.

El pasado mes de diciembre de 2019 se publicó el siguiente artículo de Didáctica de la Geografía y SIG en la revista Didáctica Geográfica:

Nieto, G., & Siegmund, A. (2019). Análisis de la práctica educativa con Sistemas de Información Geográfica a través de la perspectiva de los profesores en Baden-Württemberg, Alemania. Didáctica Geográfica, (20), 153-171. https://doi.org/10.21138/DG.459

Con el objetivo de analizar la frecuencia de uso de los Sistemas de Información Geográfica (SIG) en la Geografía de la educación secundaria, los temas tratados y los factores que afectan a estas herramientas, se realizó una encuesta online en el curso 2014-2015 con una muestra de 146 profesores. Los resultados mostraron un uso esporádico de los Web SIG, una formación autodidacta y que los SIG se utilizan para tratar problemas espaciales complejos. Como resultado, es necesario simplificar el uso de los SIG educativos, modificar el plan de estudios y adaptar el software para aumentar su uso.

Palabras clave: Sistemas de información geográfica, educación en geografía, Alemania, problemas de enseñanza, modelos estadísticos.

With the objective of analyzing the frequency of use of Geographic Information Systems (GIS) in secondary education’s Geography, the kind of programs used, the topics treated and the factors that will predict the teacher’s use of these tools; an online survey was conducted in course 2014-2015 with a sample of 146 teachers. The results showed a sporadic use of Web GIS, self-taught instruction, and that GIS are used to deal with complex spatial problems. As a result it is necessary to simplify the use of GIS, modifying the curriculum and adapting GIS software to increase its use.

Keywords: Geographic information systems, geography education, Germany, teaching problems, statistical models.

Afin d’analyser la fréquence d’utilisation des Systèmes d’Information Géographique (SIG) dans la géographie de l’enseignement secondaire, les sujets abordés et les facteurs qui affectent ces outils, un sondage en ligne a été réalisé au cours de l’année académique 2014-2015 avec un échantillon de 146 enseignants. Les résultats ont montré une utilisation sporadique du Web SIG, une formation autodidacte et que les SIG sont utilisés pour traiter des problèmes spatiaux complexes. Par conséquent, il est nécessaire de simplifier l’utilisation du SIG éducatif, de modifier le programme d’études et d’adapter le logiciel pour en accroître l’utilisation.

Mots clés: Systèmes d’information géographique, éducation en géographie, Allemagne,
problèmes d’enseignement, modèles statistiques.

Los robots de Asimov

Una serie de ciencia ficción

Imagen: Isaac Asimov firmando un ejemplar de su libro de 1983 La mente errabunda, colección de 62 ensayos sobre multitud de temas, en la librería neoyorquina The Mysterious Bookshop. Fuente.

En estos días de confinamiento es probable que muchas personas quieran dedicar las horas que pasan en casa a la lectura. En esta entrada vamos a recomendar una de las más conocidas series de novelas del prolífico escritor de ciencia-ficción Isaac Asimov. Si bien la más famosa es su serie Fundación, aquí vamos a hablar de la serie de los Robots, aunque, como veremos más adelante, también estaremos hablando de la primera.

Asimov (1920-1992) es uno de los más conocidos escritores de ciencia-ficción y colaboró a su desarrollo en la llamada Era Dorada del género durante los años cuarenta del siglo XX, continuando escribiendo durante décadas. Aunque era de origen ruso-judío se crio enteramente en el barrio neoyorkino de Brooklyn. Graduado en bioquímica continuó sus estudios con un postgrado y un doctorado en química. Fue miembro de la Universidad de Boston, pero sus ingresos principales provenían de su labor como escritor.

Escribió prácticamente sobre todos los temas posibles y estaba obsesionado por escribir llegando a publicar más de 500 libros. Progresista, racionalista y humanista plasmaba en sus obras su amor por la ciencia y la historia. Asimov no inventó a los robots, pero fue quien introdujo la palabra robótica y el creador del cerebro positrónico, un elemento indispensable para la ciencia-ficción desde entonces.

Robot proviene del checo robota que significa trabajo forzado o servidumbre, corvea. Karel Čapek y su hermano Josef fueron los inventores de la palabra en su obra Robots Universales Rossum (1920) donde aparecen seres humanos artificiales llamados robots creados para servir como trabajadores.

A continuación vamos a reseñar las obras que componen la serie de Robots de Asimov, intentando no desvelar demasiado de la trama ni de sus protagonistas y centrándonos más en sus aspectos sociales, morales o científicos.

Yo, Robot (1950)

Colección de nueve relatos publicados inicialmente en las revistas Super Science Stories y Astounding Science Fiction entre 1940 y 1950. Los relatos plantean escenarios independientes entre sí en diversos periodos del futuro de la humanidad (hasta más de mil años desde el siglo XX), y encontramos situaciones donde las tres leyes de la robótica de Asimov, a pesar de cumplirse, paradójicamente provocan conflictos de índole moral o filosófica, poniendo a prueba el alcance de las leyes.

Las tres leyes fueron planteadas en las historias de Asimov como el mecanismo de seguridad por el cual un robot nunca pudiera suponer un peligro para ningún ser humano y además ser eficaz en sus tareas:

  1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

Bóvedas de acero (1954)

La acción de esta novela transcurre siglos más tarde de los relatos de Yo, Robot. En el siglo XLVII la Tierra está superpoblada y la humanidad vive en ciudades subterráneas (cuyas aceradas bóvedas sobresalen hasta la atmósfera) mientras que la superficie se utiliza para el cultivo de alimentos. Al mismo tiempo existen 50 mundos espaciales colonizados por humanos que utilizan los robots de forma habitual, algo que en la Tierra es raro. Los espaciales tienen una esperanza de vida de siglos en planetas poco poblados, mientras que en la Tierra las viviendas son minúsculas y las vías de transporte están siempre congestionadas. Un puerto espacial, Espaciópolis, es el único lugar de la tierra donde espaciales y terrestres entablan relaciones comerciales y diplomáticas.

La novela utiliza una trama de asesinato para plantear cuestiones sobre la decadencia cultural humana, la superpoblación, el uso de robots, las consecuencias de una sociedad aislada o el abuso de la tecnología, que puede llevar al estancamiento social. En la Tierra se rechazan los robots, sobre todo cuanto más humanoides son, en cambio en los mundos espaciales se promueve una sociedad individualista, servida por los robots y buscando la salud y las actividades que uno desee hacer. La sociedad terrestre tiene problemas graves (agorafobia, provincianismo, hacinamiento, xenofobia y rechazo de la tecnología) propios de una sociedad encerrada en sí misma. Pero, aunque pueda parecer lo contrario, tal vez las soluciones espaciales no sean las mejores posibles.

El sol desnudo (1957)

Continuación directa de la anterior novela, desarrolla aún más los temas de la anterior. Teniendo al mismo detective protagonista, Elijah Baley, la trama vuelve a centrarse en un asesinato, esta vez en el mundo espacial de Solaria. En ambas novelas la cuestión sobre quién, cómo y por qué pudo realizar el crimen gira alrededor de las leyes de la robótica planteadas en Yo, Robot. En esta ocasión la víctima es un espacial de un planeta en el que sus habitantes viven completamente aislados unos de otros, un extremo entre los mundos espaciales. Tienen a su servicio miles de robots que realizan todas las tareas en residencias de miles de hectáreas (solo hay 20.000 habitantes en todo el planeta), que incluyen una vivienda lujosa, jardines, bosques y campos de cultivo. Las relaciones interpersonales se realizan mediante videoconferencias de hologramas tridimensionales, excepto en lo que se refiere al sexo dentro de la pareja, cuando se suceden breves encuentros meramente para el acto reproductivo. Los solarianos son expertos diseñadores de robots y tienen pánico incluso a estar en la misma habitación que otro ser humano.

Dos temas son analizados por Asimov en esta novela. El primero es el miedo a las amenazas naturales, a lo impredecible, que puede llevar al ser humano a crear un ambiente completamente controlado, aislado y artificial, para evitarlas. En este caso estaríamos hablando de las ciudades subterráneas terrestres, que provocan miedo al exterior, a la colonización de nuevos espacios potencialmente amenazantes (en este caso planetas) y, a un nivel interno, estancamiento social y una posible extinción como especie. En esta novela el protagonista ve por primera vez un sol con sus ojos, un sol al desnudo.

El segundo es el aislamiento social individual, diferente del aislamiento de la sociedad en su conjunto que sería el primer tema. Aquí Asimov trata de los peligros resultantes de una capacidad tecnológica que permite a los seres humanos evitar las relaciones sociales personales. En Solaria, de forma muy parecida a nuestro presente, las personas pueden vivir perfectamente sin salir de casa: los alimentos son cultivados y procesados por robots, todos los bienes materiales son hechos y transportados por máquinas y mediante la informática pueden comunicarse, divertirse y trabajar a distancia. Al carecer de trabajo real el ocio es el único pasatiempo y al no haber retos que requieran esfuerzo humano se produce otro tipo de decadencia: un estancamiento, que si bien goza de comodidad y salud, evita cualquier innovación, adaptación y, sobre todo, cooperación.

Los robots del amanecer (1983)

La cuarta entrega de la serie de Robots empieza a unificar tanto los relatos de la primera entrega, inicialmente independientes y poco conectados con el resto de historias, como la serie de la Fundación, gran éxito de Asimov, la cual merecería otra entrada detallada para hablar de ella. Además también fue finalista tanto del premio Locus como del premio Hugo en 1984.

La sociedad de Fundación difería enormemente de la presentada en la serie de Robots, sin embargo en Los límites de la Fundación (1982) se mencionaba la existencia de robots en el pasado. Para poder enlazar una serie con otra Asimov empezó a dirigir los acontecimientos de Los robots del amanecer hacia un escenario consistente con lo explicado en Fundación. De nuevo el detective Baley tiene que investigar un crimen, en este caso el borrado de la mente de un robot humanoide en el planeta Aurora, principal mundo espacial (en el título original The Robots of Dawn, dawn puede traducirse como amanecer, alba o aurora). El único al parecer capaz de hacerlo es su diseñador, Hans Fastolfe, pero niega haberlo hecho. Como Fastolfe apoya a la facción política favorable a la Tierra, teme que haya un complot para acusarle del crimen y Baley deberá demostrar su inocencia para evitar el descalabro de su partido.

A partir de las experiencias de Baley en Solaria empieza a haber un deseo por parte de varios terrestres de colonizar otros planetas y abandonar su vida de reclusión, pero aún son minoría. En Aurora, como comentábamos, existe una facción política a favor de apoyar a estos nuevos colonos, pero también existe una facción contraria que pretende aislar a la Tierra, considerada atrasada y bárbara, y colonizar la galaxia mediante robots humanoides que terraformarían los planetas para los nuevos colonos, que posteriormente crearían sociedades como las del planeta Aurora.

En la novela se sigue ahondando en la capacidad de los robots de cumplir con las leyes de la robótica, pero además trata temas como las relaciones ser humano-máquina desde el punto de vista de la sexualidad, o la promiscuidad y la paternidad en sociedades informatizadas e individualistas. Aurora no es una sociedad tan aislante como Solaria, pero utilizan los robots constantemente, sus ciudades tiene muy poca densidad de población, los hijos son criados separados de los padres y sus relaciones sociales son escasas y coreografiadas. Aparece aquí un elemento que es muy importante en la serie Fundación, la psicohistoria, y que acabará siendo parte del misterio final de la novela.

Robots e imperio (1985)

La última novela de esta serie sucede 200 años después de la anterior entrega. Los primeros colonos terrestres han empezado a poblar nuevos mundos, mas con dificultades, y los proyectos de colonización mediante robots humanoides de Aurora han fracasado. Los nuevos colonos no utilizan robots, basándose en su habilidad y cooperación para resolver los problemas que se van encontrando. El método de colonizar mediante robots humanoides unido a la baja natalidad de los espaciales está haciendo, en el momento descrito en la novela, que la población terrestre ocupe mucho más territorio espacial, relegando a la sociedad de Aurora y el resto de planetas espaciales a meramente sus 50 planetas.

Aún más, en los dos siglos que han pasado algún planeta, como Solaria, se ha visto despoblado. Es solo cuestión de tiempo que la sociedad espacial se cierre en sí misma y desaparezca, como hubiera sucedido con la Tierra si no se hubiera iniciado la colonización espacial. Asimov plantea aquí que el futuro de la humanidad necesita de un crecimiento continuo, de estímulos que fuercen su habilidad y provoquen la convergencia social. Además también plantea se debe evitar el uso de herramientas que, como los robots, conviertan a los humanos en personas dependientes e incapaces de desarrollar nuevas capacidades.

Una trama central de la novela provocará, en los siglos posteriores, el abandono de la Tierra, lo que acrecentará la colonización de toda la galaxia. Para resolver esa trama los dos robots protagonistas R. Daneel Olivaw y R. Giskard Reventlov (la R es de Robot, una costumbre terrestre para identificar claramente a los robots, sobre todo a los humanoides) inventan la Ley Cero, capaz de sobreponerse a la Primera Ley:

  • Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño.

Como la presencia de los robots estaba siendo perjudicial para la humanidad, la solución lógica era que estos desaparecieran. El desenlace de la novela da pie a la Trilogía del Imperio Galáctico, que a su vez desembocará en la serie de Fundación. Los acontecimientos en esta novela y en las anteriores han tenido como hilo conductor a unos cuantos robots que, y aquí les invito a que descubran cómo y porqué en los libros, se convirtieron en los cimientos del futuro Imperio Galáctico.

La Crisis Económica de 2008

¿Cómo llegamos ahí?

Imagen: dos empleados desmontando el cartel del banco Lehman Brothers tras la quiebra en 2008. Fuente.

Las crisis económicas son consustanciales al capitalismo ya que el motor de la economía capitalista son los incentivos individuales, estímulos a la inversión que no tienen en cuenta el conjunto de la economía. La inversión responde al mayor beneficio en un momento dado y a la minimización de las pérdidas para un inversor individual; el agregado de todas esas decisiones provoca crecimientos o caídas en la economía, afectando a personas que no han decidido nada en esas inversiones. Dicho de otra manera, privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas o cómo obtener un beneficio individual sin responsabilidad individual.

A partir del vínculo entre la economía real y la economía financiera durante una crisis la primera se ve muy afectada por las fluctuaciones a la baja de la segunda. Como comentábamos, se intenta paliar las pérdidas financieras a partir de una reducción de la economía real. El 15 de septiembre de 2008  se produjo la bancarrota de Lehman Brothers, fue en ese momento cuando se produjo una visión mundial de una crisis que ya se venía gestando desde hacía tiempo y afectaría durante 5 años a muchísimas personas en la economía real.

A partir de 2007, pero sobre todo de 2008, la tasa de desempleo en España no paró de crecer, de un valor de 8,3% -como referencia decir que una tasa de 3-4% se considera pleno empleo- hasta un 25,8% en 2012. Se considera el final de la crisis el año 2013 cuando el desempleo empezó a bajar. El año 2019 se cerró con un desempleo del 13,8% mostrando una cierta desaceleración en la creación de puestos de trabajo, y seguramente el año 2020 volverá con un ciclo de crecimiento del desempleo debido a la actual crisis potenciada por la enfermedad COVID-19 (Coronavirus Disease 2019 – Enfermedad por Coronavirus 2019). Los ciclos de desempleo en España parecen responder a unos ciclos de, aproximadamente, 12 a 18 años, por tanto es probable que la tasa de desempleo vuelva a estar en su mínimo, entre 2030 y 2038.

Las crisis como consustanciales al capitalismo

Los mecanismos que provocaron la conocidísima crisis de 1929 fueron básicamente los mismos que afectaron a la crisis de 2008. El principal componente es la oscilación de la tasa de beneficio. La tasa de beneficio de los inversores (empresarios, financieros, bancos, fondos de inversión, accionistas, etc.) empieza a bajar sistemáticamente cada cierto tiempo afectada por determinados factores. En el pasado hemos tenido crisis relacionadas con la pérdida de la tasa de beneficio en 1873, 1929, 1973, 1993 y 2008, por ejemplo.

Al no existir inversión planificada se invierte a conveniencia de cada inversor, apostando por el máximo beneficio y en consecuencia el beneficio no es constante. Hay periodos de beneficio estable seguidos de otros en los que cae debido a la ley de rendimientos decrecientes que se aplica a cualquier actividad económica. A lo largo del tiempo, al expandirse la actividad económica y la inversión, la tasa de beneficio es cada vez más pequeña hasta llegar a casi cero. Todo el ciclo lleva implícito una fase de crecimiento o recuperación económica y otra de caída.

Al producirse crecimiento económico se produce a la vez un agotamiento de oportunidades de inversión -despareciendo las más rentables al principio y dejando oportunidades cada vez más arriesgadas y menos rentables hacia el final del ciclo-, un agotamiento de los recursos -provocando escasez y alza de precios, con un consecuente aumento de costes y por tanto de reducción de la tasa de beneficio- y un aumento paulatino de los salarios, llegando al pleno empleo (lo cual encarece también los costes). Esto produce una crisis que provoca caída de los salarios, desempleo y caída de precios, esta destrucción de la inversión vuelve a atraer inversores y el ciclo se reanuda.

Estamos hablando de una situación de sobresaturación en la economía, un estado en el que hay un exceso de demanda, agotamientos de materias primas, bajada del beneficio y decrecimiento económico.

Posiciones ante las crisis

Existen varias posiciones respecto a cómo encarar las crisis económicas, vamos a mencionar las tres más importantes:

  • Liberal: las crisis son una destrucción creativa necesaria y temporal, básicamente un darwinismo económico, son inevitables y buenas ya que provocan limpieza en el mercado.
  • Keynesiana: las crisis se han de combatir estimulando la demanda, evitando la caída de la demanda mediante incentivos públicos (como polos de desarrollo, excepciones fiscales, subvenciones, etc.).
  • Marxista: la caída del beneficio que provocan las crisis es tendencial y constante, imparable, hasta que llegará un momento en que no se podrá expandir más el mercado y la economía capitalista colapsará.

En una crisis se sabe cuándo se entra, pero no cuando se sale. La propia crisis desencadena siempre procesos negativos imprevistos que retrasarán la recuperación o directamente la impedirán. Por ejemplo la erosión de tierras de cultivo abandonadas y los desastres ligados al clima que provocaron el fenómeno del Dust Bowl en los Estados Unidos durante los años 1930. Este fenómeno potenció los problemas de la Gran Depresión y pudo ser atajado, en parte, por las medidas intervencionistas del New Deal de Roosevelt.

Estamos hablando del lado oscuro de las inversiones, no hay inversiones, ni intervenciones territoriales, que sean implícitamente buenas para todo el mundo, siempre producirán efectos negativos de mayor o menor calado. Para poder tener una estabilidad económica y evitar los vaivenes de las oscilaciones de la tasa de beneficio podemos aplicar una perspectiva keynesiana a la gestión económica. El gasto público permite que la economía crezca y se recupere rápidamente después de una caída y el aumento de impuestos impide que crezca muy rápidamente y provoque una caída al cabo de poco tiempo.

Financiación de las crisis

El capitalismo financiero busca rendimientos apostando a un aumento de la actividad productiva o a la demanda de acciones, sin control respecto a cómo van a evolucionar. En 2008 hubo una serie de flujos de capital inversor desde China, ya desde 2006 (y hasta 2015) el crecimiento del PIB chino era exponencial. El país había experimentado un aumento de la producción con salarios bajos, una tasa de beneficios creciente y una acumulación de capital, por tanto, también creciente, pero que no era retornable en China ya que no había posibilidad de crear más economía real productiva. Por tanto el capital chino empezó a expandirse por el mundo.

La sobreabundancia de capital no invertible es producto de la ley de rendimientos decrecientes y también del deseo de evitar la sobreproducción, en consecuencia el incremento del benéfico cae. La sobreproducción hace muy poco atractiva la economía productiva real y en cambio la financiera se torna con unas perspectivas de beneficio mayores, por tanto se invierte apostando en bonos, acciones y préstamos (capital financiero). En el caso de China se produjo una inversión en inmobiliaria, unos créditos baratos debido al gran capital que se invierte en ellos.

Al disminuir la tasa de rendimiento productivo se busca una salida al capital generado, que se dirige hacia la especulación: el capital financiero. Esto genera riesgo creciente, hay una demanda de rendimientos y por tanto un aumento de la apuesta debido a la gran cantidad de capital en movimiento. Las apuestas se diversifican buscando mayores beneficios y crece la oferta de apuestas arriesgadas. Este suceso fue el que provocó la crisis de 1929.

Durante los pedidos de crecimiento económico hay una cierta redistribución de la renta a favor del capital y en contra de los salarios. Se produce una sobreacumulación de capital debido a los salarios bajos de partida y a un beneficio alto inicial. Esto provoca que la actividad productiva se vuelva poco rentable al cabo de un tiempo. Los salarios se incrementan para favorecer que se compre todo lo que se produce, pero estos no crecen lo suficientemente rápido para adquirir la producción, que se acumula. También se estimula el crédito para el consumo, endeudando a las familias.

Pero el pago de las deudas, como las hipotecas, impide que se consuma, lo que impide el beneficio extraído de la producción, estimulando la inversión en finanzas, entre ellas las hipotecas, que se conceden a perfiles cada vez más arriesgados a medida que los solventes se agotan. Esto a su vez endeuda más a la población volviendo a activar el ciclo.

Debido a este ciclo hay un aumento del riesgo y por tanto un aumento del porcentaje de crédito que se demanda, de beneficio esperado acorde al riesgo tomado. Se compran pisos esperando un alto porcentaje de beneficio vendiéndolos en poco tiempo gracias a la alta demanda de compra de pisos para invertir el capital generado. Esto en general crea una expansión del crédito y la especulación, generando bonos basura e hipotecas subprime (hipotecas basura), una burbuja de beneficios que nadie quiere que acabe, pero que en un momento u otro va a estallar.

Trailer de la película La Gran Apuesta de 2015, que muestra el momento previo al estallido de la crisis de 2008 y cómo ciertas personas la previeron y buscaron sacar partido de ella.

Sucede que el inversor deja de ganar debido al riesgo, se empiezan a perder apuestas y las que se ganan no permiten compensar las pérdidas, con lo que deja de invertir y se vuelve conservador. El problema es que hay que devolver un dinero que se ha pedido a deuda y no se dispone de él.

En el caso del estado se intenta generar beneficios para poder pagar el endeudamiento:

  • Recortes en el sistema público y funcionarial.
  • Aumentar la edad de jubilación.
  • Reducción del gasto público: pensiones, desempleo, sanidad, servicios públicos generales y educación (representan los mayores gastos del estado, por orden de mayor a menor).

Gastar poco permite devolver la deuda y generar confianza, atrayendo nueva inversión, además mejora las condiciones del sector privado con lo que aumenta el crecimiento y se recauda más, permitiendo devolver más deuda. Como lado negativo encontramos que reduce el consumo y alarga la duración de la crisis. Respecto a la crisis de 2008 en España el principal problema fue la acumulación de inversión exterior a devolver por parte del estado y la falta de liquidez para devolverla.

En resumen:

El exceso de capacidad productiva lleva a una reducción de la tasa de beneficios que conlleva, por un lado, una reducción de los salarios y, por otro, a la expansión del crédito y la especulación. La especulación aumenta el riesgo, produciendo la posibilidad de quiebra, el miedo a la bancarrota contrae el crédito. La falta de créditos junto a la reducción salarial produce una disminución en la demanda y esta reducción acaba cancelando la inversión, lo que nos lleva a una crisis: despidos para ajustar al volumen de demanda de productos, quiebras por no poder devolver el dinero pedido para especular, recortes públicos para poder compensar la falta de ingresos del estado.

La crisis en España

En el caso español la construcción y la venta inmobiliaria aumentaron mucho la especulación y el riesgo de la inversión, lo que creaba un mayor porcentaje de probabilidad de quiebra. El inicio de la burbuja inmobiliaria fue en 1997 y estalló cuando la crisis de las hipotecas subprime produjo la falta de liquidez que hemos comentado. El precio de la vivienda en España se disparó a partir de 1999 y empezó a desplomarse en 2007, llegando a un mínimo relativo en 2013, cuando volvió a aumentar año tras año.

A su vez la inmigración produjo una bajada de salarios por sí misma, lo que agravó la bajada salarial producida por la crisis posteriormente. Hubo un crecimiento acusado de la inmigración entre los años 1999 y 2010, pasando de menos del 2% de la población a algo más del 12%. Muchos de los trabajos realizados por los inmigrantes estaban relacionados con la burbuja inmobiliaria española, como la construcción o la hostelería, y afectaron a los salarios de esas profesiones.

Por otro lado se establecieron impuestos bajos durante la etapa de crecimiento y se aumentaron durante el descenso, siendo esto algo contraproducente ya que debería ser al revés. Pero en el caso español se primaba el beneficio empresarial durante la subida y se intentaba pagar la deuda después, ahogando al trabajador y al pequeño empresario.

En el peor momento, el año 2009, la deuda privada española era del 204,2% del PIB (119,2% de empresa y 85% de hogares), siendo el beneficiario final de esta deuda, en mayor parte, China y gracias a la permisividad del Banco de España al permitir un endeudamiento que no era posible sostener. Ese mismo año la deuda pública era del 53,3% del PIB y subió hasta el 100% en 2014. En 2018 se había reducido la deuda privada hasta un 133,5% del PIB.