La Revolución Industrial

La transición al mundo contemporáneo

Imagen: cartel de la Exposición Universal de París de 1889. En las exposiciones universales del siglo XIX se mostraban los grandes progresos logrados por los países participantes en campos como la arquitectura, las comunicaciones, el transporte, la ciencia y la tecnología. Un reflejo de como estaba cambiando el mundo aceleradamente debido a la Revolución Industrial. Fuente.

Primera fase (1760-1860)

Los orígenes de la Revolución Industrial se sitúan en Gran Bretaña. Entre 1760 y 1810 el país experimentó un gran crecimiento de la población, que a su vez influyó en un gran desarrollo de la producción industrial que culminó con un gran aumento de la renta nacional. Durante ese periodo la producción manufacturera pasó a representar un porcentaje entre el 18% y el 30% del PIB británico, sobre todo de la industria textil.

La primera aparición del término fue en el ciclo de conferencias Sobre la Revolución Industrial en Inglaterra de Arnold Toynbee (1852-1883), publicado póstumamente en 1884. En la observación del fenómeno, Toynbee exponía que había producido un cambio profundo de la sociedad en un tiempo muy corto y extendiéndose por todo el mundo.

Hay cuatro características destacables de la primera fase de la Revolución Industrial:

  • Un ritmo de crecimiento de la producción industrial más rápido que el de la población.
  • La producción agrícola no creció tan rápidamente como la industrial y, por tanto,
  • No hubo una mejora de las condiciones de vida generales.
  • Se introdujeron nuevas máquinas, lo que aumentó la producción industrial.

La máquina de hilar algodón de Whitney, por ejemplo, de 1792 logró que se pasara de hilar 4’5 kg por persona al día a 23 Kg y posteriores innovaciones en los años siguientes lograron que se llegara a 136 Kg al día. En general se aplicaba y se difundía el conocimiento científico a la maquinaría productiva, lo que creaba un gran crecimiento de la producción que se destinaba al mercado exterior, rompiendo con el autoconsumo anterior y los mercados de carácter regional.

Los beneficios de las empresas aumentaron y junto a la masificación de trabajadores se llegó a una despersonalización de los negocios y a una multiplicación del número de industrias. Las empresas familiares dieron paso a las sociedades y a las acciones. Hubo paralelamente un incremento de la urbanización debido a las migraciones desde el campo, en 1840 Gran Bretaña poseía un 40% de población urbana, contra el 20% de media en el resto de Europa (actualmente en la Unión Europea es el 76%; Banco Mundial, 2019). Se produjo un uso extensivo e intensivo del capital, desplazando al trabajo manual. Se invertía en capital y no en la mano de obra. En consecuencia nuevas clases sociales surgieron durante la Revolución, unos trabajadores industriales empobrecidos y unos empresarios que se enriquecían.

La Revolución en Inglaterra se vio impulsada por una tradición textil propia del país junto a la presencia de carbón y de hierro en abundancia. Además también se benefició de un sistema financiero que permitía dotar de crédito a las incipientes industrias gracias a un gran sistema bancario. El mercado en el que se inscribía la economía británica era integral y de gran tamaño, lo que le permitía crecer enormemente. Por un lado extraía las primeras materias de las colonias y vendía las manufacturas en un mercado interior creciente y en el resto de Europa. Las nuevas maquinarias aumentaron la productividad agraria e hicieron que mucha mano de obra no fuese necesaria lo que provocó migraciones de mano de obra barata a las ciudades.

El crecimiento de la hilatura de algodón provocó a partir de 1830 un aumento en la producción de telares para transformarla en tejidos que a su vez estimuló la manufactura de ropa. Todas estas fases del proceso productivo se mecanizaron rápidamente y dominaron el sector textil: en 1772 el algodón representaba solamente el 4% de la producción textil, en 1799 ya era el 51% y en 1812 el 65%. El carbón, por su parte, ofrecía inicialmente dificultades en su combustión y transporte; por un lado se crearon canales para favorecer su llegada de la mina a la fábrica y por otro las máquinas de vapor se fueron optimizando (mejora del diseño de Newcomen por parte de Watt en 1769, por ejemplo) lo que permitía utilizar menos combustible. Las máquinas de vapor también se utilizaron para extraer carbón y hierro de las minas, lo que, juntamente a los canales, abarató en gran medida los costes de producción.

El nuevo proletariado inglés, por otra parte, se veía abocado al desarraigo social debido a la migración y las condiciones alienantes de la ciudad, además del desarraigo natural creado por a la tiranía del horario, Junto a jornadas laborales maratonianas de hasta 14 horas diarias.

Segunda fase (1860-1914)

En 1856 se firmó el Tratado de París que finalizaba la Guerra de Crimea y mantuvo la paz en Europa hasta 1914 creando el marco de la llamada Belle Époque. Solamente la breve Guerra Franco-Prusiana rompería ese periodo de paz, aunque ya desde la caída de Napoleón en 1815 Europa en general gozaba de amplia estabilidad.

Durante esta fase se consolidó una civilización mecanizada, todos los tramos de la producción, desde el campo y pasando por los transportes, usaban máquinas. Se produjeron descubrimientos científicos con aplicaciones reales, como los realizados por Robert Koch y Louis Pasteur, que mejoraron la salud pública. Charles Darwin publicó El Origen de las Especies en 1859 revolucionando la sociedad y la comunidad científica. Las ideas nuevas y las invenciones produjeron un optimismo científico que dio pie al nacimiento del Positivismo; había un renacimiento del conocimiento. Parecía que no existía límite a lo que la ciencia podía lograr para el uso cotidiano, por ejemplo:

  • Electricidad: iluminación, motores y refrigeración.
  • Transportes: locomotoras, navíos a vapor y automóviles.
  • Comunicaciones: telégrafo y teléfono.

El crecimiento urbanístico continuó en este periodo, la caída de la mortalidad hizo aumentar el crecimiento natural de la población en gran medida. Se produjeron grandes migraciones exteriores debido a que las mejoras en la productividad hicieron aumentar el desempleo y esto se combinó con un aumento de la población. Los salarios por otro lado también bajaron por el diferencial de oferta y demanda, si le añadimos el abaratamiento en el transporte marítimo la migración se convirtió en una salida muy atractiva a la pobreza.

A partir de 1870 muchos europeos emigraron hacia América en busca de oportunidades, y en menor medida a las colonias de sus países de origen. Los países con mayores inmigrantes fueron Gran Bretaña e Irlanda (mayoritariamente), Alemania, Italia, España, Portugal y Austria-Hungría. El país con mayor número de receptores fue en gran medida los Estados Unidos de América, seguido de lejos por Argentina, Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Brasil.

El libre mercado surgido de las revoluciones liberales produjo una concentración de capitales en la forma de trusts, uniones de varias empresas del mismo sector para controlarlo y ejercer de forma efectiva un monopolio. A pesar de la creación de leyes para evitar los monopolios, las grandes empresas se organizaron en entramados de cooperación mutua que englobaban todas las actividades del mercado, desde las financieras, las energéticas, los transportes, las industriales, las extractivas o las siderúrgicas. De esta manera la influencia empresarial en el desarrollo político y económico del planeta se volvió enorme. Al no existir apenas regulaciones tampoco se podían controlar las crisis de sobreproducción y las burbujas especulativas produciéndose reiteradas catástrofes financieras como la del Viernes Negro de 1873.

En la parte baja de la pirámide social el empobrecimiento de los trabajadores era bastante patente. En 1880 se produjeron los primeros estudios serios sobre las condiciones de vida de los trabajadores, aunque ya habían empezado a mejorar su situación (débilmente) desde 1850 con la reducción paulatina de la jornada laboral, el aumento de los salarios de los trabajadores especializados y una dieta más adecuada. Estas mejoras no pudieron lograrse sin la organización de los trabajadores para ejercer presión a las empresas.

El ludismo fue una de las primeras resistencias obreras a lo que ellos veían como una amenaza para sus condiciones vitales: la mecanización. Su medida más problemática fue la destrucción de maquinaria, pero tuvieron escaso éxito. La intelectualidad del siglo XIX apoyaba las mejoras sociales y económicas de los trabajadores mediante las obras de Robert Owen, Charles Fourier, Pierre-Joseph Proudhon o Claude-Henri de Rouvroy, propulsores del Socialismo Utópico, que denunciaban los problemas sociales proponiendo soluciones ideales, pero poco realistas.

El movimiento obrero encontró, en cambio, en el Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels de 1848 una visión más pragmática, que llevaría a la creación de la Primera Internacional en 1864. La Internacional era una organización de trabajadores de varios países que aglutinaba a comunistas (como Marx y Engels) y anarquistas (como Mijáil Bakunin y Piotr Kropotkin). Su objetivo era la defensa política de los trabajadores y la organización de líneas de acción para producir una revolución que acabara con las desigualdades sociales. Las diferencias tanto en el método como en los objetivos a corto plazo entre las distintas facciones produjeron su disolución en 1871.

En 1889 se fundó la Segunda Internacional que aglutinaba a partidos políticos socialistas y laboristas, de carácter más moderado que la anterior ya que no buscaba la revolución sino la mejora de la clase obrera a partir del sistema democrático liberal. Los anarquistas y los sindicatos fueron excluidos de esta nueva organización. Durante la I Guerra Mundial se disolvió debido al apoyo que dio cada partido a su país en lugar de oponerse al conflicto como un todo. También se produjo una revisión del modelo de lucha marxista bajo la tutela de Eduard Bernstein y Karl Kautsky. Estos autores criticaban varios aspectos clave del marxismo y defendían la consecución del socialismo mediante reformas graduales y no violentas.

Pero todo el optimismo de la Belle Époque se esfumó al empezar la I Guerra Mundial en 1914. La ciencia y la maquinaria pasaron de ser un progreso para la humanidad a convertirse en sus destructoras. Ametralladoras, gases, cañones y carros de combate segaron la vida de millones de jóvenes en el frente. De repente toda la gloria y la esperanza en el futuro se vieron abocadas a la oscuridad y el barro de la trinchera.

El Absolutismo (III)

La decadencia española

Imagen: La rendición de Breda de Diego Velázquez (1635), también conocido como Las Lanzas. Justino de Nassau rinde la ciudad de Breda a las tropas españolas en 1625 dirigidas por Ambrosio Spínola, la escena se enmarca en el embate del rey Felipe IV para recuperar los territorios de Flandes tras la tregua e intentar restaurar la hegemonía española.

El Imperio Español fue un referente europeo de gran estado durante los reinados de Carlos I y de Felipe II. La muerte del segundo monarca Habsburgo en 1598 inició el fin de la hegemonía española, que iría languideciendo durante todo el siglo XVII. Su hijo, Felipe III, tuvo una gestión muy complicada, con varias guerras abiertas y una bancarrota. Aun así, la hegemonía política estuvo acompañada de un auge cultural conocido como el Siglo de Oro que duró desde el siglo XV hasta entrado el XVII.

Durante el siglo XVI España estuvo considerada un modelo de estado a seguir: una monarquía potente con un gran reino. Sin embargo no consiguió la unificación de la Península Ibérica, el monarca era un rey de reinos no de un único estado. Además se utilizó el recurso de la guerra para la expansión de forma permanente, lo que implicaba grandes gastos. Esto provocó una necesidad acuciante de impuestos y finalmente la bancarrota.

Durante el reinado de Felipe III el gobierno recayó en Francisco de Sandoval y Rojas (más conocido como el Duque de Lerma), debido a la inexperiencia del monarca. El duque se encontró una corona caracterizada por grandes diferencias entre los muchos estados bajo su dominio, en especial referente a la recaudación de impuestos, lo que dificultaba la capacidad para financiar guerras. Como resultaba imposible realizar una recaudación efectiva Felipe III se vio obligado a un periodo de paz conocido como Pax Hispanica.

En 1604 se firmó la paz de la Guerra Anglo-española y se establecieron 12 años de tregua con los Países Bajos en 1609. Entre 1600 y 1620 el objetivo de la corona española fue el crecimiento agrícola y el aumento de la producción artesanal para poder recaudar más impuestos. La visión cultural española de las clases nobles en contra del trabajo manual permeaba hacia las clases populares lo que promovía ganarse la vida dentro del ejército, un aumento de la mendicidad y de la delincuencia creando la conocida picaresca española reflejada en la novela anónima de Vida de Lazarillo de Tormes (1554) o en Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (1599).

La economía española dependía demasiado de las importaciones debido a los flujos de plata y oro procedentes de América juntamente a la falta de producción interna debido a un estilo de vida que no incentivaba la creación de artesanía o las innovaciones. Para poder aumentar la recaudación el gobierno español tenía que crear una clase empresarial como en el norte de Europa y esto implicaba luchar también contra las maneras decadentes de la nobleza, problema que arrastraría durante siglos.

Hubo dos grandes problemas que afectaron a la capacidad española de producción. Por un lado la expulsión de los moriscos en 1609 y por otro la epidemia de peste de 1599. Los moriscos eran musulmanes convertidos al cristianismo forzadamente desde 1502 que en muchos casos continuaban siguiendo el islam en secreto. La desconfianza y rechazo que se daban contra ellos provocaron su expulsión. Como consecuencia la población se redujo entre un 20% y un 35% en el Reino de Aragón y en el de Valencia, unas pérdidas enormes que provocaron una caída gigantesca de la producción agrícola, lo que aumento la mortalidad en el resto de la Península. Las epidemias de peste, como la de 1599, reforzaron esa mortalidad y provocaron la pérdida de una octava parte de la población en todo el territorio peninsular.

En 1621 subió al trono Felipe IV y escogió como valido a Gaspar de Guzmán (más conocido como el Conde-Duque de Olivares) que en las intrigas palaciegas había resultado en su aliado contra el valido de su padre. Los dos retos principales que se encontraron fueron la reconquista de Flandes tras los años de tregua, que habían supuesto una independencia de facto, y recomponer las finanzas de la corona mediante una serie de reformas fiscales y financieras para poder recaudar impuestos más efectivamente. Inicialmente se avanzó en la conquista de los Países Bajos, pero no disponían de suficientes recursos y se tuvo que recurrir a préstamos a la banca de Génova. La economía española fue incapaz de poder retornarlos y se volvió producir una bancarrota.

El reinado de Felipe IV también se vio implicado en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), una guerra de religión que se convirtió rápidamente en una guerra por el control hegemónico de Europa. El conflicto inicial implicaba a los católicos y protestantes alemanes y se expandió por Francia, Italia y España. La monarquía española apoyó al bando imperial católico alemán mientras que los protestantes de los Países Bajos, Suecia y los Príncipes alemanes fueron apoyados por Francia e Inglaterra.

Mientras las tropas españolas tenían que lidiar con una guerra por todo el continente en 1640 se produjo una revuelta en Cataluña conocida como Guerra de los Segadores. Las tropas españolas atravesaban habitualmente Cataluña para poder llegar a los combates en Francia y los ejércitos de la época tenían que ser abastecidos por los locales, dándoles cobijo y alimentos. Normalmente las tropas tenían un comportamiento caótico, produciéndose abusos, peleas y bastantes molestias a los campesinos. Hartos de este proceder los agricultores catalanes se alzaron en protesta contra los tercios y la nobleza.

Al tiempo que sucedían las revueltas catalanas Portugal declaró la independencia de la corona, este último factor unido a la convulsión en el campo favoreció la independencia de Cataluña en los siguientes años. Siendo incapaz de controlar la situación el gobierno catalán pidió ayuda a la monarquía francesa lo que acabó convirtiendo Cataluña en el campo de batalla entre ambas coronas. En 1652 termina la autonomía catalana tras el asedio de Barcelona por las tropas de Felipe IV, se volvía a reconocer al rey como soberano y éste juraba respetar las constituciones catalanas. En 1658 Flandes consiguió la independencia y las tropas retornaron, finalmente en 1659 se cedieron los territorios catalanes transpirenaicos a Francia.

Las consecuencias de la guerra fueron nefastas, el campo castellano estaba arruinado así como la capacidad militar catalana. La moneda de plata desapareció, los precios eran muy inestables y la moneda tuvo que ser reevaluada constantemente debido a una inflación que llegaba al 50%. En 1661 Carlos II heredó una España con una crisis demográfica y económica y una gran inestabilidad. Debido a la incapacidad del rey una junta de gobierno asumió el poder en 1665, contaba con representantes nobles de diferentes territorios. Poco a poco la monarquía española se fue desarticulando, Juan de Austria realizó un pronunciamiento militar en 1669 y la periferia se recuperaba lentamente sin la intercesión de la corona: por ejemplo, mediante los talleres textiles en Cataluña.

En 1700 murió Carlos II sin descendencia y se produjo una Guerra de Sucesión entre Felipe de Anjou y Carlos de Austria con la victoria del primero en 1714. Felipe V, primero de la casa de Borbón, castigó severamente a sus oponentes en la guerra lo que acrecentó la crisis económica, pero empezó un siglo de reformas que permitió a los Borbones eliminar las particularidades económicas y sociales medievales que arrastraba el país. España había dejado de ser el gran imperio de los siglos anteriores que aglutinaba diversos territorios con diferentes características y se instauró una monarquía absolutista centralista de corte francés, manteniendo aun las colonias en América, pero que poco a poco iban sintiéndose más y más alejadas de la corona y la península.

El Absolutismo (I)

Francia – el Poder Real

Imagen: palacio de Versalles y parte de la orangerie del palacio en 2015. El Estilo Luis XIV o Clasicismo francés glorificaba el reinado del monarca, aunque enmarcado dentro del Barroco las influencias del Clasicismo renacentista son muy patentes. Los jardines simétricos son muy característicos y en el caso de Versalles se organizan entorno a la estatua de Apolo, que representa al monarca, el Rey Sol, gobernando sobre la naturaleza.

Durante el siglo XVII se produce un fenómeno propio de esa época, conocido como Absolutismo. El Absolutismo proviene del Derecho Divino europeo de los siglos anteriores, por la cual un soberano gobierna por la voluntad de Dios. De esta manera el soberano no responde ante nada ni nadie y sus actos son una prolongación de la ley divina. Se produce por tanto un poder absoluto del monarca, aunque como veremos, con marcados matices. En las siguientes entradas veremos tres ejemplos del Absolutismo:

Francia – el Poder Real

Inglaterra – el Parlamentarismo

España – La Decadencia

Francia

El rey Luis XIV (1638-1715), el monarca absoluto francés, arrastraba los problemas derivados de las Guerras de Religión del siglo XVI, que se habían acabado con el Edicto de Nantes en 1598. El decreto establecía la libertad religiosa en Francia para aquellos seguidores de la fe protestante y reformista, aunque con limitaciones y sin eliminar del todo as persecuciones y levantamientos. Ya en 1629 el cardenal Richelieu había combatido y derrotado a los hugonotes bajo el reinado de Luis XIII. Para Luis XIV la libertad religiosa suponía un problema para la unificación social del país y por tanto intentó eliminar los efectos del Edicto tanto como pudo. En 1685 se derogó el Edicto de Nantes y la persecución de minorías religiosas se incrementó, con el cierre de iglesias y locales. Además de los hugonotes otras minorías importantes fueron los jansenistas.

La monarquía francesa inició su hegemonía en el reino a partir de decretos ley para poder recaudar impuestos sin tener en cuenta las decisiones de las cortes. La Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que se inició como una guerra de religión, se transformó rápidamente en una guerra por la hegemonía de Europa, lo que impulsó a las monarquías europeas a controlar cada vez más los aspectos económicos, políticos y militares de sus reinos.

También se realizaron políticas de racionalización en la recaudación de impuestos, que convivirían con las prácticas y los malos usos posteriores, que dejaban prácticamente exentos de pagar impuestos a la iglesia y la nobleza. Consecuentemente la carga impositiva recaía mayoritariamente sobre los más pobres. Las posibles revueltas campesinas (jaqueries) que se pudieran producir fueron aplacadas debido al estado económico de subsistencia de la población. Hambrunas generalizadas y pestes por toda Europa central y septentrional (desde el norte de Italia hasta los Países Bajos) produjeron mortandades hasta del 30% lo que evitó que se pudieran organizar revueltas significativas.

Jean Colbert (1619-1683) fue el valido del rey Luis XIV y propició importantes reformas económico-políticas enfocadas a dirigir la economía del país desde el gobierno. Utilizó a la burguesía mercantil enriquecida, de la cual formaba parte, para establecer el control del comercio y favorecer el enriquecimiento del país. Se crearon monopolios y se racionalizó la economía a partir de cinco grandes compañías mercantiles: la de Levante, la de las Indias Occidentales, la del Senegal, la del Norte y la de las Indias Orientales. Se incentivaron las manufacturas para evitar la inflación y el estilo de vida parasitario de la nobleza española, aumentando la productividad, y los productos franceses empezaron a competir con los mercados de Venecia y de Amberes. Por otra parte las campañas militares francesas fueron infructuosas, siempre luchando contra grandes coaliciones; a pesar de los esfuerzos de Colbert la corona se vería casi arruinada debido al enorme gasto militar.

El monarca también consiguió el nombramiento de los obispos por parte del rey, uno de los elementos de escisión de la iglesia anglicana, permitiendo la autonomía de hecho de la iglesia francesa del Vaticano y aumentando el control del rey sobre el territorio.

En 1671 se inició la construcción del palacio de Versalles. El palacio representaba el aislamiento del rey respecto a la corte de París, de sus nobles, sus burgueses y de la inestabilidad de la ciudad. También era una demostración de grandeza, una demostración de poder que consolidó con el traslado de la corte allí en 1682. La maniobra política de Luis XIV obligó a los nobles a dejar sus villas solariegas y sus tierras para trasladarse a la corte de Versalles, convirtiéndolos en cortesanos. De esta manera les quitó el poder militar y local a cambio del único poder que servía en la corte: el favor real. Versalles representa, en el campo de la cultura, el clasicismo francés, una referencia al poder imperial romano, el reflejo del aumento del poder del rey, un retorno al Imperio.

Conciencia planetaria y medio ambiente

Imagen: una costa inundada por residuos de plástico en 2018. Fuente.

En los últimos 45 años han surgido fenómenos sociopolíticos que ya no podemos considerar “nuevos” sino que se han consolidado en el escenario político. El feminismo, el ecologismo y el pacifismo han permeado a todos los partidos políticos en mayor o menor medida y además han permitido que surgieran nuevos partidos que defienden en la actualidad esas agendas.

Existen una serie de crecientes problemas medioambientales ligados al consumo, el crecimiento sin límites y las relaciones desiguales del uso de los recursos. Ya a partir de los años 70 del siglo XX se evidenciaba una crisis del progreso con la eliminación paulatina del estado del bienestar. La masificación de las ciudades y el empeoramiento de la calidad de vida eran más patentes y además los accidentes ambientales graves eran más frecuentes debido al mayor consumo y la masificación, como el caso de Seveso en 1976 y el de Harrisburg en 1979.

Todo esto daba argumentos al movimiento ecologistas que se alzó de unas posiciones marginales, a menudo dentro de la contracultura, hacia una visibilidad mucho más popular. Empezó a crearse una nueva sensibilidad en los países industrializados y una influencia política que ha ido creciendo hasta nuestros días. Desde entonces se ha ido configurando la manera en que concebimos la economía, la sociedad y el medio ambiente, sobre todo a partir de los movimientos en los Estados Unidos de América (EUA) y Alemania. La preocupación por la seguridad humana a partir de entonces no ha hecho más que aumentar.

La composición y las formas de expresión de estos movimientos son muy diversas. Los intereses de defensa del medio ambiente se articulan de manera diferente según el tipo de transformación social que conllevan.

El conservacionismo aboga por una protección de la naturaleza tal y como la conocemos actualmente, sobre todo de las especies vivas, y fundamentalmente de los animales. No conlleva una propuesta de cambio social alguno y data ya del siglo XIX en Gran Bretaña y los EUA. Son los llamados “amantes de la naturaleza”.

El ambientalismo está claramente orientado hacia el ser humano. Articula los intentos de conciliar el crecimiento económico con el desarrollo sostenible y la equidad social. Buscan modificaciones que beneficien al medio ambiente sin crear cambios sociales fundamentales, mediante una compatibilidad con el capitalismo, en cierta medida. El eco-reformismo inicial de Jorge Riechmann sería un ejemplo de ambientalismo.

Finalmente, el ecologismo busca un cambio social, una modificación sustancial de la relación entre la humanidad y el medio ambiente. Rechaza las bases del sistema social y económico en vigor a partir de un diagnóstico crítico de muchos de sus aspectos. Subraya que los problemas ambientales son también de índole social, económica y política, acentuando la existencia de injusticias que evitan que el acceso a los recursos sea igualitario, provocando hambrunas, guerras y pobreza en la periferia y acumulación y despilfarro en el centro. Además toma en serio la condición de finitud el planeta, incompatible con un crecimiento ilimitado.

Para poder combatir las complejas problemáticas económicas y sociales que afectan al medio, y por ende a la calidad de vida humana, es necesario realizar una labor de cooperación a varios niveles.

En un primer nivel, a escala global, son necesarios grades acuerdos para poder actuar ante amenazas que afectan a la totalidad del planeta. Por ejemplo la reducción del ozono, la lluvia ácida, el aumento de dióxido de carbono o la distribución de recursos. Es necesario que organismos como la ONU y el Banco Mundial (BM) dirijan cooperaciones multilaterales para que los países del centro realicen transferencias tecnológicas y financieras a la periferia para poder tratar esos problemas.

Un segundo nivel requiere de un cierto reordenamiento del sistema económico mundial. Las crisis ambientales son producto de desequilibrios funcionales de la economía global que habría que corregir. Para realizarlo es necesaria la cooperación de numerosas entidades internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el BM y la Organización Mundial del Comercio que controlan los flujos económicos globales y podrían dirigir los esfuerzos para corregir los desequilibrios más acuciantes.

El tercer y último nivel se basaría en la cooperación bilateral entre países con medidas concretas de desarrollo económico y protección ambiental. Es el nivel más realista e inmediato con una gran eficacia gracias a su rápida capacidad de actuación y su influencia local. Este nivel debería priorizar el medio ambiente en la cooperación para el desarrollo, que resultaría en una doble ganancia, tanto para los países del centro como los de la periferia, ya que las problemáticas de los segundos acaban creando crisis en los primeros (como las migratorias). Las principales aportaciones se centrarían en medidas de gestión como transferencia de conocimientos, mayor formación de profesionales y científicos, asistencia técnica, planificación territorial y estudios de impacto ambiental.

Como apartado final vamos a enumerar diferentes problemáticas ambientales actuales y que requieren de las actuaciones y reformas que hemos comentado previamente:

  • Consumo de plásticos: producidos por la industria petrolífera que provocan, por un lado, mayor emisión de contaminantes a la atmósfera y por otro la sedimentación de plásticos en mares y costas.
  • Uso de combustibles fósiles: crean el efecto invernadero y merman de la salud en las ciudades.
  • Automóviles y turismo (aviones, cruceros): también contribuyen al efecto invernadero y a la insalubridad urbana, además hacen un uso excesivo de plásticos y de agua.
  • Extinción de especies masiva: la actividad humana ha aumentado el ritmo de extinción por encima del de creación de nuevas especies, asimismo solo el 4% de la biomasa mamífera es libre, el resto son seres humanos y animales domesticados.
  • Cambio climático: provocará stress hídrico por la falta de agua debido a una sobreexplotación de los acuíferos que puede provocar su agotamiento. Conjuntamente de un aumento de los desastres climáticos, desertización y erosión en las áreas subtropicales, como la mediterránea.
  • Vulnerabilidad de los pobres ante los desastres climáticos, que provocan a su vez mayor pobreza.
  • Uso desigual de recursos: el 80% de los recursos los usa el 20% de la población (situada en el centro) y el 1% de la población mundial concentra el 50% de la riqueza. Muy importante es la distribución de la comida ya que hay alimentos suficientes para todo el mundo, pero no llegan a muchas personas.
  • Uso masivo de agricultura para el ganado y el monocultivo que provoca deforestación, creando a su vez una aceleración del cambio climático.
  • Guerras por los recursos: de carácter militar en países periféricos y de carácter económico-político en el centro: aranceles y control de la tecnología, por ejemplo. Normalmente es por recursos escasos o estratégicos como el petróleo, el gas o los materiales para crear teléfonos móviles.
  • Migraciones por el cambio climático, la pobreza y las guerras hacia el norte.
  • Masificación urbana, calentamiento urbano e insalubridad, abandono del campo, mayor gasto energético por necesidades de infraestructuras y edificación. Aumento de los incendios por abandono de los bosques.

Tendencias industriales en Europa

Imagen: parque científico y tecnológico de Bizcaya (Bizkaiko Zientzia eta Teknologi Parkea). Los parques de transferencia tecnológica se han multiplicado en múltiples campos para aportar nuevas actividades económicas de alto valor añadido. Fuente.

Tercera y última entrega sobre la industria en el continente europeo, más concretamente en la Unión Europea y los países más industrializados. Dejamos la anterior entrada hablando sobre la reconversión industrial europea de los años 70 y 80 del siglo XX. Vimos como eso supuso grandes tribulaciones, sobre todo a los trabajadores industriales, y en consecuencia el entramado industrial que nos encontramos en los años 90 es sustancialmente diferente. Cogiendo la delimitación «corta» del siglo XX de Eric Hobsbawm a partir de 1990 se inicia una nueva etapa industrial, un siglo XXI diferente del que somos herederos actualmente.

La primera consecuencia de la desindustrialización europea fue que las fábricas dejaron el mundo urbano para establecerse en el extrarradio. Se produjo una deslocalización que llevó la industria al campo y además produjo una dispersión, descongestionando de fábricas las grandes ciudades. Por otro lado el método de trabajo también cambió para adaptarse a las necesidades de ganancia de beneficios de las empresas. Se empezó a aplicar el pensamiento estratégico y flexible que permitía a la empresa modificar su estrategia según las circunstancias y los intereses económicos. De esta manera la empresa evitaba tener que destruir su capital cada vez que había un cambio en el entorno, fluctuando según la demanda y adaptándose. Esto provocó cambios en la legislación para hacer más flexible el despido de trabajadores, pero salvaguardando la empresa, que de haber mantenido la rigidez de la etapa fordista hubiera provocado el cierre total.

La tendencia industrial desde 1990 se basa cada vez más en la tecnología y un alto valor añadido ya que otras regiones del mundo (China o India, por ejemplo) pueden producir productos industriales tradicionales mucho más baratos. La búsqueda de alta tecnología de precisión genera unas necesidades y características diferentes:

  • Utilización de inputs en las fábricas ya medio elaborados en otros lugares.
  • Utilización de mano de obra cualificada.
  • Necesidad de un buen sistema de comunicaciones virtuales con las áreas de suministro de inputs.
  • Abundante energía.
  • Métodos flexibles de producción y contratación, poca oferta de trabajo no cualificado.
  • No tienen efecto multiplicador de la oferta de trabajo, no crean tantos nuevos puestos externos en el lugar de establecimiento de la fábrica.

Un ejemplo de este tipo de industria son los parques científicos y tecnológicos. El objetivo de estos parques es integrar la actividad científica de investigación y desarrollo (I+D) con la actividad productiva avanzada, generalmente en microelectrónica. Suelen ser agrupaciones de organizaciones y empresas de investigación y negocios unidas al desarrollo científico, que generan un proceso industrial global que va desde la investigación y creación de un nuevo producto hasta la fabricación y comercialización del producto, nuevo o no.

Los parques científicos buscan para establecerse territorios bien comunicados, cercanos a un gran mercado de consumo, con alta calidad de vida y con universidades con tradición investigadora. Ya desde los años 50 del siglo XX podemos encontrar agrupaciones de este estilo, pero su máxima difusión sucedió entre los años 70 y principios del siglo XXI. El país con mayor número de parques es Alemania, donde casi toda ciudad con universidad cuenta con uno. Tal vez el más paradigmático sea el parque de Siemens AG en Múnich (Baviera) que desarrolla investigación aeroespacial, lásers y semiconductores. Siemens cuenta con más de 370 000 empleados (2017) y múltiples fábricas en todo el estado federado.

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Imagen: mapa de la localización del parque científico de la Universidad de Barcelona, en la antigua facultad de Geografía, Historia y Filosofía. Fuente.

Francia también tiene una gran cantidad de parques científicos, más de 100, siendo Tecnopolis en la Île de France el más importante. Engloba a más de 50 municipios y 500 Km² siendo el único parque europeo similar a Silicon Valley en dimensión y producción. Se construyó a mediados de los años 50 gracias al Centro de Estudios Nucleares y fue creciendo hasta convertirse en el centro nacional de investigación y transferencia tecnológica de Francia. En Italia se encuentra Tecnociti en Turín. Vinculado a Fiat tiene tres ejes alrededor de la ciudad centrados en la automoción, pero en campos como la informática, la electrónica y la robótica. Otros parques importantes son el de la universidad de Cambridge en el Reino Unido, el petroquímico de Aberdeen en Escocia o los de Kista y Lünd en Suecia.

En las últimas décadas hemos podido ver como las industrias se han vuelto variadas y complejas. Existe una mezcla de tradición y dinamismo que combina industrias de primera y segunda generación con aquellas más novedosas. Lo que provoca que haya actualmente gran variedad de asentamientos industriales:

  • Extractivos: papeleras, azucareras, conservas y minería, por ejemplo.
  • Portuarios: de exportación e importación de energía (petróleo y gas, sobre todo).
  • Dispersos: combinando industria tradicional con la más actual (Típico de la Blue Banana).
  • Industria urbana de baja intensidad.

La producción industrial en Europa siempre ha sido importante, aunque el mayor crecimiento fue durante los «30 gloriosos» (1945 a 1975) cuando se consolidó el 75% de la producción entre Alemania (29%), Francia (17%), Reino Unido (16%) e Italia (13%). El valor añadido bruto actual de la industria en la UE es de alrededor del 30%, mientras que los servicios aportan más del 66%. A pesar de los cambios y reconversiones, la industria europea sigue siendo uno de los pilares económicos del continente, más gracias a su capacidad de adaptarse y crear nuevas tecnologías útiles. Si bien la informática, las telecomunicaciones, las finanzas, el turismo y el ocio han desbancado a la industria como mayor aporte a la actividad y el beneficio, la poca productividad de estas actividades (Paul Krugman) hacen de la tecnología y la producción industrial una esperanza para el futuro económico del continente.

Localización de la industria en Europa

Imagen: parte del área industrial de la denominada Blue Banana. Podemos ver los principales centros industriales de Europa (ver más abajo) en una de las áreas con mayor densidad urbana del mundo. Esta región se puede considerar la «capital» de la UE, no en vano se encuentran allí localizadas las sedes del Parlamento (Estrasburgo y Bruselas), la Comisión (Bruselas) y la Justicia (Luxemburgo) europeas. Fuente.

Continuamos hablando de la industria europea. En esta entrega comentaremos la teoría clásica de la localización industrial y veremos los principales lugares que desarrollaron una gran industrialización en Europa. Finalmente veremos como ese modelo industrial tuvo también su fin en las décadas de los 70 y 80 del siglo XX.

Teoría clásica de la localización industrial

Los asentamientos pre-industriales tenían una gran dispersión espacial derivada de la distribución irregular de los recursos naturales como el agua, el viento, los ríos o las minas. Esto producía talleres pequeños y con pocos operarios con una gran diversificación de productos y una especialización productiva de carácter local. Existían pocas agrupaciones industriales y siempre en la misma tipología de lugar, puertos y mercados principalmente.

Los talleres fueron desarrollando una tendencia a la concentración espacial tanto geográfica como productiva a medida que nuevas tecnologías se iban incorporando; de esta manera el capital y la mano de obra también se concentraban permitiendo talleres y fábricas cada vez más grandes. La concentración inicialmente dependía de la existencia de carbón cercano y de una red de transportes bastante desarrollada. Es a partir del siglo XVIII con la invención de la máquina de vapor y el gran crecimiento demográfico cuando se incentivó la productividad fabril.

El aumento de la población permitió una economía de mercado, demanda interna, y una mayor mano de obra para explotar minas y construir las instalaciones necesarias, tanto fabriles como de transporte: el ferrocarril y los grandes buques. Surgieron tres tipos básicos de industria durante el siglo XIX:

  • Industria de base, pesada: Manipuladoras de grandes volúmenes de material, son las industrias siderúrgicas, de extracción, químicas y cementeras. Requieren un gran consumo de energía y una gran inversión de capital. Se localizan en zonas próximas a los minerales que utilizan y que además poseen otros recursos secundarios como madera y alimentos. Son típicas de las regiones carboníferas.
  • Industria ligera: Produce bienes de uso y de consumo, tales como alimentos, textiles, medicinas, electrodomésticos, etc. Se localiza cerca de los mercados de consumo, típicamente en ciudades o zonas densamente pobladas. Son las fábricas que crearon la industrialización urbana de los siglos XVIII al XX.
  • Industria mixta: Este tipo de industria produce ambos tipos de bienes. Se localizan en importantes nudos ferroviarios y portuarios donde pueden intercambiarse y distribuir mercancías de todo tipo.

Polos industriales de Europa

Las regiones donde se pude visualizar el desarrollo industrial de los pasados siglos son aquellas regiones centrales que comentamos en la entrada anterior:

  • Cuenca del Ruhr (Renania del Norte-Westfalia): Es una región rica en carbón de calidad, fue la primera región en producción de carbón, hierro y acero de Europa hasta la II Guerra Mundial. Los Aliados bombardearon severamente esta región debido a que era la principal productora de maquinaria bélica de Alemania. Actualmente estaría en un digno tercer puesto, siendo predominante la industria automovilística. Ciudades importantes del área son: Colonia, Düsseldorf, Essen y Dortmund.
  • Cuenca del Sarre-Lorena: Región que combina la existencia de carbón (en el río Sarre, principalmente en Alemania) y de minas de hierro (en Lorena, Francia). Metz es la ciudad más importante de la región.
  • Distrito de SambreMosa (Bélgica): Fue la primera región industrial europea hasta 1950 y de las primeras en desarrollarse. Las ciudades de Charleroi, Lieja y Namur fueron las más importantes.
  • Gran Bretaña: La isla se organiza industrialmente en dos ejes, por un lado en el este desde el norte de Gales hasta Escocia (Liverpool, Mancheter, Carlisle, Glasgow) y por otro en los Peninos meridionales (Leeds y Sheffield).

La situación industrial europea que hemos comentado fue predominante hasta la década de 1970. Durante los 20 años siguientes la dependencia del petroleo extranjero, la competencia de los productores foráneos, la pérdida de miedo a una revolución obrera y las nuevas generaciones que no habían vivido la hermandad de las grandes guerras se combinaron para provocar el desmantelamiento de la producción en serie (fordismo). Esto provocó grandes malestares en Europa, desempleo, revueltas sindicales, liberalización de la economía y reducción del estado del bienestar. La localización, elementos y método de trabajo industrial cambiaron de forma radical a partir de los años 90 del siglo XX, pero esto lo veremos en la siguiente entrega.

Industria en Europa

Introducción

Imagen: LaPaDu (Landschaftspark Duisburg-Nord) en Duisburgo (2016). Duisburgo es una de las mayores áreas industriales de Europa en la cuenca del Rin-Rhur, LaPaDu es un parque publico de la ciudad que contiene antiguas fábricas remodeladas.

El capitalismo comercial de los siglos XV al XVIII provocó en Europa un colonialismo que llevaría a extender la influencia del continente a todo el planeta. Esta colonización desencadenaría el desarrollo de la industria europea y la evolución hacia un capitalismo industrial que culminaría con la Revolución Industrial del siglo XVIII. Durante el siglo XIX la revolución diferenció dos grandes ámbitos geográficos en Europa, la Europa nórdica (central) basada en el vapor y la Europa mediterránea (periférica), basada en los caballos.

Esta diferenciación espacial entre creará países de primer y segundo orden dentro del continente en los siguientes siglos, XX y XXI, con funciones diferentes en el sistema económico. La Europa central (principalmente el Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos, Bélgica, Dinamarca, Suecia y Noruega) tiene un papel predominante sobre la periferia (Portugal, España, Italia, Grecia, Bulgaria, Rumanía, Polonia y Rusia, entre muchos otros) en la división espacial del trabajo.

La periferia exporta mano de obra barata (altamente formada en muchos casos) y materias primas agrícolas y mineras hacia el centro. La periferia se incorporó de forma tardía al desarrollo industrial y mediante un proceso de inversión de capital desde el centro, lo que provocó que la industria periférica fuera dependiente del mismo tanto en decisiones como en resiliencia. Las inversiones centrales suelen ser provocadas por carencias en los países de la Europa dominante que son suplidas por los países de la periferia, pero siempre decidiendo el centro donde, cuando, cuanto y hasta cuando.

El carácter industrial exógeno de la periferia ha impedido que se desarrolle una industria para intereses propios y poder vertebrar de esta manera unos ejes industriales adecuados y también decidir los parámetros en los que se inscribirán los procesos industriales. Los inversores externos han decidido donde invertir en esos países, normalmente en áreas marítimas y baratas, creando desequilibrios territoriales importantes entre los polos de desarrollo, la costa y el interior. A su vez los países periféricos adolecen de una estructura socio-económica desigual producto de la demanda de trabajo según los intereses de la inversión externa. Y, finalmente, se deja de lado las industrias o actividades económicas que no interesan a los inversores, potenciando sólo ciertos sectores en detrimento de otros y además contando con el beneplácito del gobierno, lo que vincula el desarrollo industrial a las elites gobernantes.

La Revolución Industrial creó una división espacial del trabajo y de la sociedad, nuevos procesos económicos y culturales, pero también competitividad tecnológica que impide sobrevivir a los que no se adaptan. La capacidad tecnológica de que dispone un país es determinante, junto a sus recursos y la población, del desarrollo industrial futuro que tendrá.

En 2004 la principal potencia industrial del mundo era la Unión Europea, seguida de los Estados Unidos y Japón. En 2014 China desbancó en el segundo puesto a los EUA, pero Europa seguía manteniendo su liderazgo. Dentro del grupo del G8 (los 8 países con las economías más industrializadas del planeta) 4 son estados europeos. Tanto China como la India son rivales importantes en la carrera productiva, pero los sectores en los que se especializan cada uno de estos países son diferentes.

La industria en la UE representa aproximadamente el 30% de la producción y la población activa y cuenta como sectores principales: siderúrgico, químico, maquinaria, metalurgia, automóviles, aeronáutica (gran crecimiento), naval y alta tecnología y robótica (gran crecimiento). En futuras entregas hablaremos con más detalle de los procesos de concentración industrial y las tendencias del crecimiento en Europa.

El Egipto antiguo (I)

Introducción

Imagen: templo de Abu Simbel en 2015, construido por Ramsés II para su gloria y la de su mujer Nefertari alrededor de -1265. Conmemora la victoria de Kadesh y pretendía imponer respeto a los nubios del sur. Las cuatro estatuas representan a Ramsés II sentado en el trono. Hay otras estatuas menores que muestran a la familia del rey a sus pies y en el centro una estatua de RaHorus siendo adorada por el rey. Arriba hay 22 babuinos adorando al Sol.

Egipto es el país del Nilo. Tras la Primera Catarata, el río fluye por un estrecho valle que sólo se ensancha en el delta. La llanura, con pocos kilómetros de anchura, acoge las crecidas y es probablemente la zona más propicia para la agricultura de todo el mundo antiguo. Además a ambos lados se extiende un desierto que aisló a Egipto de la influencia de otras civilizaciones a la vez que lo protegió de los invasores: el país tenía más de 1.300 años de antigüedad cuando sufrió la primera invasión de importancia.

La cultura egipcia se empezó a desarrollar alrededor del río Nilo hacia el -5500. El propio río permitió que se utilizara la agricultura en sus orillas, en contraste con el estéril desierto de alrededor, y además funcionó como una gran autopista comunicando y transportando noticias, mercancías y personas. El estrecho valle del río en el sur formaría el llamado Alto Egipto, mientras que el delta del Nilo sería llamado el Bajo Egipto. La concentración de la población en las orillas del Nilo y la desertización del Sáhara se consolidaron hacia -4000 en un proceso que llevaría a la creación de un fuerte estado centralizado. En esa época las poblaciones eran aun de pocos centenares y semi-agrícolas, muy dependientes de la caza y la pesca.

La existencia de pocas tierras cultivables propició la temprana jerarquización social. Egipto era una región con poca población y esto facilitó su temprana unificación y la religión surgió como un refuerzo del poder secular. La poca población y superficie hacían efectivo el control burocrático y de las clases bajas, produciéndose una compleja burocracia y la construcción de grandes monumentos. La decadencia del poder central solía deberse a crisis de malas cosechas que debilitaban el control central del excedente favoreciendo los gobiernos locales.

La necesidad de controlar el agua mediante canalizaciones y de organizar la producción agrícola produjo, como en China, un poder centralizado capaz de construir obra pública y administrar el excedente. Además también creó una clase no agrícola de trabajadores que pudiera ser capaz de llevar la contabilidad y medir el paso del tiempo y las estaciones mediante el estudio de las estrellas.

La historia del antiguo Egipto se divide en las siguientes etapas, cada una se caracteriza por un Egipto más o menos unificado entorno a un estado monárquico, por la división en varios estados o el dominio por imperios extranjeros.

  • Periodo predinástico                     -5500 a -3100
  • Periodo arcaico                               -3100 a -2686    dinastías I a II
  • Reino antiguo                                  -2686 a -2181   dinastías III a VI
  • I periodo intermedio                     -2181 a -2050    dinastías VII a X
  • Reino medio                                    -2050 a -1750    dinastías XI y XII
  • II periodo intermedio                    -1750 a -1550    dinastías XIII a XVII
  • Reino nuevo                                    -1550 a -1070     dinastías XVIII a XX
  • III periodo intermedio                  -1070 a -653       dinastías XXI a XXV
  • Periodo final                                      -653 a -525       dinastía XXVI
    • Dominio persa                         -525 a -332       dinastías XXVII a XXXI
    • Dominio macedonio               -332 a -31
    • Dominio romano                       -31 a 640

La sociedad egipcia antigua estaba muy jerarquizada en una pirámide social muy marcada. En la punta de la pirámide encontramos al rey o al faraón, que se convertiría con el tiempo en un símbolo religioso, político y económico. Su papel social fundamental era provocar las crecidas del Nilo, muy predecibles y por tanto haciendo infalible el poder del faraón cara a la sociedad egipcia. Estas crecidas eran necesarias para el ciclo agrario del Nilo y toda la economía dependía de ellas. De esta manera el faraón era Egipto y sin él la vida no era posible en el país tal y como se ofrecía a la población, que no conocía el ciclo natural de las crecidas. No estaba permitido mirar y por supuesto tampoco tocar el cuerpo del faraón.

Junto al faraón estaba su corte de aduladores, familia y amigos y sobre todo los funcionarios. El cargo funcionarial era hereditario y se componía en su mayoría de escribas, este cuerpo era el que mantenía la administración del país, la contabilidad, los impuestos, etc. Estos funcionarios dependían directamente del faraón y gestionaban sus dominios.

Tras el soberano y el cuerpo de funcionarios se encontraban los terratenientes y los sacerdotes. Los sacerdotes controlaban los templos y ostentaban también un amplio poder político debido a la influencia que proporcionaba la religión sobre el faraón y la población, además de poder económico ya que también poseían tierras y controlaban a los campesinos y artesanos que trabajaban en ellas. Los potentados además de poseer tierras eran nombrados por el faraón para ocupar puestos de gobierno o militares de confianza.

La gran masa de la población se componía de los agricultores y artesanos libres, aunque sometidos al poder del faraón. Pagaban gran cantidad de rentas al monarca y a los terratenientes para poder trabajar la tierra o ejercer su oficio, que podían pagarse con especias o con trabajo construyendo diques, pirámides o murallas. Finalmente en lo más bajo de la jerarquía estaban los esclavos que se utilizaban para el trabajo en las minas, la construcción de grandes monumentos y el ejército.

La religión egipcia era politeísta y muy variada, los sacerdotes estimulaban la creencia en múltiples divinidades para poder recibir más donaciones. El poder del faraón provenía directamente de origen divino, ellos mismos eran dioses o hijos de dioses o habían estado nombrados por divinidades. Otra de las bases de la religión egipcia era la creencia en una vida después de la muerte, las primeras momias se datan del -3600 y ofrecían una protección ante la putrefacción para preservar el cuerpo para la siguiente vida.

El gobierno egipcio era centralista con un sistema administrativo que confluía en la capital, sede de la corte del rey. El territorio se controlaba mediante nomos, provincias alrededor de una ciudad que dependían del gobierno central. El ejército en Egipto no era tan importante como en otras culturas y contaba con poca presencia, siendo el reclutamiento de levas bastante importante para reforzar las tropas esclavas. Esto es debido a la dependencia de los esclavos y al propio desierto que dificultaba los movimientos de las tropas por tierra. Económicamente Egipto poseía agricultura ya desde el -6000 con trigo, cebada y ovejas y también minas de oro muy importantes.

En las próximas entradas desarrollaremos más detalladamente la sociedad egipcia y los diferentes periodos que componen la cronología del antiguo Egipto, un viaje muy extenso de más de 3000 años.

El Japón medieval (I)

Periodos y cronología (siglos XII al XVI)

Imagen: representación de la Guerra de Ōnin (1467) por Utagawa Yoshitora (c. 1870).

A principios del siglo XII en Japón la tierra pertenecía a los aristócratas, los monasterios budistas, los funcionarios imperiales y los terratenientes locales, donada por el emperador, y mucha de esa tierra estaba exenta de impuestos, los llamados shoen. El shoen facilitó la formación de  poderosos clanes militares ya que estaba fuera de la administración civil y se otorgaba o se donaba con concesiones sobre sus beneficios, literalmente el shoen estaba fuera de toda inferencia del gobierno.

Los propietarios donaban parte del beneficio del shoen a señores más poderosos a cambio de protección. Éstos formaban sus propias milicias para proteger y ampliar sus posesiones estableciéndose una relación de señor-vasallo. Con el tiempo los jefes provinciales y sus vasallos formarían grupos armados con espadas que se convertirían en la clase samurái (servidores). Dos clanes militares gobernaban la periferia de la isla principal en esa época, el clan Minamoto (de la región de Kanto) y el clan Taira (de la región de Chugoku).

Periodo Kamakura (1185 a 1333)

El primer shogunato de Japón tenía como base la ciudad de Kamakura (cercana a la actual Tokio). El gobierno era de corte militar y representaba la toma del poder de la casta guerrera y la feudalización del país. Anteriormente el poder del estado estaba representado y se ejercía desde el emperador, el gobierno civil y la aristocracia. Tras la guerra Genpei entre los clanes Minamoto y Taira por diferentes pretendientes al trono imperial Minamoto Yoritomo se consolidó como gobernante de facto de Japón, derrotó al clan Taira y el emperador no tuvo más remedio que reconocerle como Seitaishōgun (gran general que derrota a los bárbaros) en 1192. Se reconocía de esta manera la supremacía del poder militar y se creó el bakufu (gobierno militar, literalmente gobierno de la tienda).

Cuando el emperador nombró shogun a Yoritomo perdió el poder administrativo y no lo recuperaría hasta la era Meiji, se rechazó también en ese momento el modo de vida de la corte de Kioto.

Se nombraron a los shugo, protectores militares de las provincias que acabarían apropiándose de ellas formando dominios latifundistas y nombrándose posteriormente daimio (gran nombre), nobles militares. Los títulos de protector se otorgaban según la fidelidad y el éxito militar y, aunque subordinados a la autoridad del shogun, a la práctica eran muy autónomos.

La cultura del bushido surgió en esta época, gracias al dominio de las clases guerreras, y el budismo se expandió y se diversificó en varias escuelas adaptándose a la mentalidad nipona. Se fomentó la austeridad, las artes y las disciplinas marciales propias del samurái. El shogun actuaba en nombre del emperador, tenía el poder militar y político, recaudaba impuestos, nombraba a los gobernadores provinciales (jitō) y a los condestables (shugo). Era un sistema similar al feudalismo donde a cambio de sus servicios el señor concedía derecho a recaudar rentas de la tierra.

A partir de 1203 el clan Hōjō se convirtió en regente del shogunato de forma hereditaria a partir de la viuda de Yoritomo, lo que a la práctica convertía al clan en gobernante del país, influyendo y deponiendo a los shogunes según sus intereses. Esto se acrecentó tras el fallido golpe de estado del emperador Go-Toba en 1221 que además hizo que se nombraran miembros de otras familias o de la dinastía imperial como shogun.

Kublai Kan, emperador mongol chino de la dinastía Yuan exigió la sumisión de Japón a su imperio en 1274. La negativa del bakufu forzó la invasión por mar que fue suprimida gracias al kamikaze (viento divino), un huracán que destruyó la armada mongol en 1281.

El paso del tiempo erosionó los recuerdos y lealtades de la guerra Genpei entre los militares del bakufu y sus descendientes y la lealtad al shogun era cada vez menor, mientras que su compromiso con los poderosos jefes locales aumentaba. También había cada vez más problemas económicos, hambrunas y levantamientos. Los Hōjō además despertaban mucho recelo entre los demás clanes por su posición de regentes y en 1331 el emperador Go-Daigo intentó un golpe de estado contra ellos.

Periodo Muromachi o Ashikaga (1336 a 1573)

Se estableció así el segundo shogunato de la historia de Japón por Ashikaga Takauji tras el fallido intento del emperador Go-Daigo de retomar en el poder. Takauji apoyaba inicialmente al emperador contra el shogunato kamakura, pero el intento de crear un gobierno imperial fuerte al estilo chino y de eliminar la presencia samurái de la política provocó una serie de revueltas contra el emperador que Takauji utilizó para proclamarse shogun (restauración Kenmu, 1333 a 1338).

El shogunato tuvo problemas de recaudación de impuestos durante esta época, mientras los shugo se hacían con el poder en las provincias y se acabaron convirtiendo en Daimio formando grandes latifundios.

Muromachi era el área de Kioto donde residía bakufu. Los daimio controlaban los feudos (que formarían la base de los han del periodo Edo), mientras que el shogunato perdía cada vez más poder con shogunes más y más ineptos que dependían de la lealtad de sus vasallos directos. La economía en este periodo, por contra, era floreciente, mejorando gracias a la explotación de la tierra por parte de los daimios y el comercio con China en la primera mitad del periodo. Tras el bloqueo chino se introdujo el comercio con Europa que no paró de aumentar hasta el aislamiento del periodo Edo-Tokugawa. El budismo zen, la ceremonia del té y el fueron expresiones culturales en expansión durante este periodo.

Periodo Nanbokucho (capitales del sur y el norte, 1336 a 1392)

Durante este periodo existieron dos cortes imperiales y sendas capitales en Japón. La corte del norte (hokuchō), con base en Kioto, era respaldada por el shogunato, mientras que la del sur (nanchō), con base en Yoshino (provincia de Kii), recibía el apoyo de una rama de la familia imperial que no aceptaba la entronización del emperador que había hecho Takauji. En 1392 tras años de declive y lucha, la corte del sur reconoció a la corte del norte como legitima y se fueron alternando en el poder, aunque de hecho la corte del norte era la auténtica gobernante.

Periodo Sengoku (Estados guerreros, 1467 a 1568)

Fue una guerra civil que empezó con la guerra de Ōnin, una disputa por el título de shogun. El poder del shogunato de los Ashikaga fue eliminado, reduciendo su esfera de influencia a la ciudad de Kioto. En las provincias los daimios luchaban por la supremacía militar y el dominio del país. El comercio con China se resintió y la piratería era frecuente, en consecuencia la China Ming dejó de comerciar con Japón favoreciendo la entrada de comerciantes Europeos.

En esta época solo contaba el poder militar, el número de guerreros y la acumulación de feudos, se impuso el mayorazgo (heredaba el varón mayor) y las mujeres perdieron todos sus derechos. Las guerras, plagas, sequías e impuestos provocaron insurrecciones campesinas y algunos campesinos lograron hacerse samuráis. La base económica era la agricultura, de la cual los campesinos entregaban más del 75% de la cosecha en impuestos, lo que provocaba que vendieran a sus hijas a los burdeles y entregaran a sus hijos a los monasterios. Las ciudades crecieron, así como los gremios de artesanos y el comercio y los daimios se enriquecieron con él.

Periodo Azuchi-Momoyama (1568 a 1603)

Periodo nombrado así por los castillos de Oda Nobunaga y de Toyotomi Hideyoshi. Nobunaga entró en la capital de Kioto victorioso en 1568 para poner en el poder al último shogun Ashikaga. Nobunaga se consolidó como el daimio más fuerte del país, eliminando a todos sus rivales y estableciendo un libre mercado en la isla, aboliendo finalmente el shogunato de los Ashikaga en 1573 cuando el último de ellos se exilió.

Con ayuda de Hideyoshi, gobernador de la capital, pactó con los daimios amigos, redujo a los hostiles, sometió a los templos budistas expansionistas, restauró el orden y acogió favorablemente a los misioneros y comerciantes portugueses llegados desde 1542.

Finalmente fue traicionado y obligado a cometer seppuku en 1582. Hideyoshi lo sucedió y acabó siendo nombrado kanpaku (regente) del Japón. En 1590 acabó derrotando a los pocos clanes que se le oponían y unificó el país. Hideyoshi remodeló en parte el sistema productivo y de peajes, consolidó el sistema de castas y controlaba la regencia desde la posición de regente retirado (taikō, gran príncipe). Continuó la reunificación, estimuló el comercio con Filipinas, Camboya y Siam, construyó los palacios de Yoraku y Momoyama, así como el castillo de Osaka, puso en explotación minas de oro y plata, sometió a los daimios y fomentó la cultura.

En 1592 concibió la magna idea de conquistar la China Ming pasando por Corea, la campaña fue algo desastrosa y termino con la muerte de Hideyosi en 1598. Los cinco daimios más importantes gobernaron brevemente el país hasta la batalla de Sekigahara donde Tokugawa Ieyasu se proclamó vencedor lo que le llevaría a ser nombrado shogun y trasladar la capital a Edo (Tokio) en 1603.

Cronología

Siglo XII

1156: Taira Kiyomori respalda al emperador Go-Shirakawa en la Rebelión Hōgen, los Taira derrotan a los Minamoto que apoyaban al rebelde emperador retirado Sutoku.

1160: Rebelión Heiji, Taira Kiyomori se convierte en el gobernante de hecho de Japón derrotando a los Minamoto que buscaban venganza y recibiendo los más altos honores y rango.

1180: Primer caso registrado de un seppuku formal, Minamoto Yorimasa.

1175: Hōnen introduce la secta Jodo-shu del budismo, secta de la tierra pura.

1177: Un incendio destruye el centro de Kioto.

1180: Por miedo a un golpe de estado Kiyomori traslada la capital a Fukuhara (actual Kobe).

1185: Guerra Genpei, los Minamoto destruyen a los Taira, batalla de Dan-no-ura.

1192: Minamoto Yoritomo nombrado primer shogun, establece el gobierno en Kamakura.

Siglo XIII

Eisai establece el budismo zen en Japón.

1203: El clan Hōjō asciende al poder como regentes.

1221: Guerra Jōkyū, los emperadores retirados Go-Toba y Juntoku incitan a los samuráis a rebelarse contra los Hōjō. Hōjō Yoshiyoki los derrota y confisca las haciendas imperiales.

1257: Kamakura sufre graves daños por un terremoto.

1268: La primera de varias delegaciones chinas (mongoles) exige tributo a Japón.

1274: Primera invasión mongol de Kyushu.

1275: Se ejecuta a los enviados chinos (mongoles) que exigían tributo.

1281: Segunda invasión mongol, las fuerzas de Kublai Kan son derrotadas por el kamikaze.

Siglo XIV

El teatro florece bajo patrocinio samurái.

1331: Guerra Genko, el emperador Go-Daigo incita una rebelión contra los Hōjō. Busca la ayuda de aliados en Kusunoki Masashige pero es capturado por Hōjō Takatoki.

1332: Go-Daigo se exilia y vuelve con refuerzos; Ashikaga Takauji, inicialmente aliado de los Hōjō, los traiciona y se une al emperador.

1333: Las fuerzas imperiales incendian Kamakura bajo mando de Nitta Yoshisada, Takatoki comete seppuku.

1336: Takauji se rebela contra Go-Daigo y se nombra shogun, Masashige y Yoshisada se mantienen fieles. Dos cortes, una en Kioto y otra en Yoshino. Takauji depone a Go-Daigo y nombra emperador a Kōmyō.

1338: Takauji destina el bakufu al distrito de Muromachi en Kioto.

1392: Reunificación de las cortes.

Siglo XV

1412: Go-Komatsu abdica como emperador, revueltas en las provincias.

1418: Ashikaga Yoshimochi mata a su hermano Yoshitsugu en la aspiración a shogun.

1428: El shogun Ashikaga Yoshinori nombra a Go-Hanazono emperador, revueltas en Ise.

1441: Akamatsu Mitsusuke asesina al shogun por miedo a su propio asesinato, los seguidores del shogun le persiguen y comete seppuku.

1449: La peste asola Kioto.

1457: Revuelta de los ainos que es aplastada.

1467: Guerra Ōnin, facciones familiares rivales se disputan el shogunato, Kioto queda deshabitada y la familia imperial arruinada.

1477: Fin de la guerra por agotamiento de los participantes.

Siglo XVI

Aparecen el ikebana, los jardines de piedras y el uso de netsuke.

1536: Todos los templos de la secta Nichiren son arrasados por la secta Enryaku en Kioto.

1542: Llegada de los portugueses, los misioneros, las armas de fuego y las enfermedades venéreas.

1549: San Francisco Javier llega a Kyushu.

1568: Nobunaga llega a Kioto y destruye los templos budistas.

1573: Oda Nobunaga depone al último shogun Ashikaga.

1582: Nobunaga es asesinado.

1588: Edicto que limita la religión cristiana; se impiden las armas a los campesinos.

1590: Toyotomi Hideyoshi se convierte en kanpaku, regente.

1598: Hideyoshi realiza la invasión de Corea, pero su muerte frustra la acción.

Siglo XVII

Se populariza la pintura Ukiyo-e.

1600: Se introducen los peces de colores de China. Tokugawa Ieyasu aplasta a la oposición en la batalla de Sekigahara.

1603: Ieyasu establece el shogunato en Edo. Primera representación de kabuki.

El cómic como herramienta didáctica

Estudiando la ciudad del Siglo XX

Imagen: Portada original americana de una reedición de «Contrato con Dios» de Will Eisner por DC Comics en el año 2000. Tenement es una voz inglesa que se refiere a vivienda, concretamente a edificios de viviendas usualmente degradados.

Uno de los autores más reputados del cómic estadounidense es Will Eisner (1917-2005), creador de The Spirit en 1940 y narrador de sus historias hasta 1952. A principios de los 70 el fundador de Kitchen Sink Press sugirió a Eisner que continuara con las historias del personaje, pero en su lugar realizó una obra muy personal basada en sus vivencias de niñez y juventud en Nueva York (en Brooklyn y el Bronx), e influida por los sentimientos generados por la pérdida de su hija de 16 años en 1970.

«Contrato con Dios» se convirtió en el primer cómic en llevar la etiqueta de Novela Gráfica para poder presentarlo a un público más adulto y alejarlo del mercado de los superhéroes, orientado al público juvenil. Fue editado por Baronet Press en 1978 sin ser un éxito de ventas, pero permitió a Eisner seguir dibujando historias parecidas como «Ansía de Vivir» en 1988 y «La Avenida Dropsie» en 1995, ambientadas en el mismo barrio del Bronx y la ficticia avenida.

Estas tres obras han sido recopiladas en castellano y tienen el potencial para poder ser usadas didácticamente en educación secundaria para diversidad de temas utilizando fuentes primarias y secundarias. El cómic es una manera muy atractiva de presentar temas complicados y a menudo aburridos. Claramente no es un método académico, pero en educación secundaria tampoco se pretende eso, nos permitirá dejar una impronta en las mentes de los alumnos que no conseguiríamos con largos textos o clases magistrales.

La obra de Eisner requiere de trabajo por parte del profesor para extraer las partes que quiere utilizar y prescindir de aquellos temas más personales o espirituales que tal vez no interesen en sus clases de ciencias sociales (pero puede que sí en otras como filosofía o ética). El período entre-guerras es la época para la que encontramos más uso para este cómic; a partir de recortes de prensa y las historias costumbristas de los personajes observamos la Crisis de 1929, la influencia social del comunismo, el auge del nazismo y las políticas del New Deal de Roosevelt.

Desde el punto de vista de la Geografía podemos observar la evolución de la ciudad occidental, las migraciones, la degradación o la gentrificación, los movimientos sociales vecinales o la planificación urbana, y económicamente se tratan los fenómenos de la bolsa de valores, el desempleo y el mercado inmobiliario. Desde la geografía social podemos tratar temáticas anti-racistas y de tolerancia religiosa, por ejemplo, con las diversas oleadas de inmigrantes a los Estados Unidos, primero irlandeses, luego italianos, judíos alemanes y rusos y, posteriormente, gente negra del sur estadounidense y puertorriqueños. También hay un compendio de la Historia de finales del siglo XIX hasta mediados del XX, centrada en la ciudad de Nueva York.

Además podemos pedir a los alumnos que creen sus propios cómics basados en historias vitales, tanto suyas como de sus padres o abuelos. De esta manera potenciamos su creatividad, su capacidad de relación social, de análisis, de expresión de ideas y al mismo tiempo consolidamos su conocimiento de la familia, la historia reciente y la geografía que les rodea. Temas como la desilusión y la frustración, el confinamiento, la alienación de la ciudad o la pertenencia a una comunidad, son tratados en las obras de Eisner. El judaísmo también está muy presente debido los orígenes del autor, así como el racismo y la pobreza.

En conclusión podemos afirmar que la «Trilogía de la avenida Dropsie» nos ofrece un buen material para complementar temáticas de Historia contemporánea y Geografía urbana además de ofrecer un punto de partida para que los alumnos expresen sus experiencias vitales relacionadas con estos temas. Una añadido muy interesante para la educación secundaria transversal utilizando arte, ciencias sociales y filosofía.

Referencias

Eisner, W. (2008). Contrato con Dios: La trilogía. La vida en la Avenida Dropsie. Barcelona: Norma Editorial.

García, P. (2018, febrero). Los cómics de los 70 han muerto: La primera novela gráfica, Dolmen, 271, 59-60.