El Absolutismo (III)

La decadencia española

Imagen: La rendición de Breda de Diego Velázquez (1635), también conocido como Las Lanzas. Justino de Nassau rinde la ciudad de Breda a las tropas españolas en 1625 dirigidas por Ambrosio Spínola, la escena se enmarca en el embate del rey Felipe IV para recuperar los territorios de Flandes tras la tregua e intentar restaurar la hegemonía española.

El Imperio Español fue un referente europeo de gran estado durante los reinados de Carlos I y de Felipe II. La muerte del segundo monarca Habsburgo en 1598 inició el fin de la hegemonía española, que iría languideciendo durante todo el siglo XVII. Su hijo, Felipe III, tuvo una gestión muy complicada, con varias guerras abiertas y una bancarrota. Aun así, la hegemonía política estuvo acompañada de un auge cultural conocido como el Siglo de Oro que duró desde el siglo XV hasta entrado el XVII.

Durante el siglo XVI España estuvo considerada un modelo de estado a seguir: una monarquía potente con un gran reino. Sin embargo no consiguió la unificación de la Península Ibérica, el monarca era un rey de reinos no de un único estado. Además se utilizó el recurso de la guerra para la expansión de forma permanente, lo que implicaba grandes gastos. Esto provocó una necesidad acuciante de impuestos y finalmente la bancarrota.

Durante el reinado de Felipe III el gobierno recayó en Francisco de Sandoval y Rojas (más conocido como el Duque de Lerma), debido a la inexperiencia del monarca. El duque se encontró una corona caracterizada por grandes diferencias entre los muchos estados bajo su dominio, en especial referente a la recaudación de impuestos, lo que dificultaba la capacidad para financiar guerras. Como resultaba imposible realizar una recaudación efectiva Felipe III se vio obligado a un periodo de paz conocido como Pax Hispanica.

En 1604 se firmó la paz de la Guerra Anglo-española y se establecieron 12 años de tregua con los Países Bajos en 1609. Entre 1600 y 1620 el objetivo de la corona española fue el crecimiento agrícola y el aumento de la producción artesanal para poder recaudar más impuestos. La visión cultural española de las clases nobles en contra del trabajo manual permeaba hacia las clases populares lo que promovía ganarse la vida dentro del ejército, un aumento de la mendicidad y de la delincuencia creando la conocida picaresca española reflejada en la novela anónima de Vida de Lazarillo de Tormes (1554) o en Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (1599).

La economía española dependía demasiado de las importaciones debido a los flujos de plata y oro procedentes de América juntamente a la falta de producción interna debido a un estilo de vida que no incentivaba la creación de artesanía o las innovaciones. Para poder aumentar la recaudación el gobierno español tenía que crear una clase empresarial como en el norte de Europa y esto implicaba luchar también contra las maneras decadentes de la nobleza, problema que arrastraría durante siglos.

Hubo dos grandes problemas que afectaron a la capacidad española de producción. Por un lado la expulsión de los moriscos en 1609 y por otro la epidemia de peste de 1599. Los moriscos eran musulmanes convertidos al cristianismo forzadamente desde 1502 que en muchos casos continuaban siguiendo el islam en secreto. La desconfianza y rechazo que se daban contra ellos provocaron su expulsión. Como consecuencia la población se redujo entre un 20% y un 35% en el Reino de Aragón y en el de Valencia, unas pérdidas enormes que provocaron una caída gigantesca de la producción agrícola, lo que aumento la mortalidad en el resto de la Península. Las epidemias de peste, como la de 1599, reforzaron esa mortalidad y provocaron la pérdida de una octava parte de la población en todo el territorio peninsular.

En 1621 subió al trono Felipe IV y escogió como valido a Gaspar de Guzmán (más conocido como el Conde-Duque de Olivares) que en las intrigas palaciegas había resultado en su aliado contra el valido de su padre. Los dos retos principales que se encontraron fueron la reconquista de Flandes tras los años de tregua, que habían supuesto una independencia de facto, y recomponer las finanzas de la corona mediante una serie de reformas fiscales y financieras para poder recaudar impuestos más efectivamente. Inicialmente se avanzó en la conquista de los Países Bajos, pero no disponían de suficientes recursos y se tuvo que recurrir a préstamos a la banca de Génova. La economía española fue incapaz de poder retornarlos y se volvió producir una bancarrota.

El reinado de Felipe IV también se vio implicado en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), una guerra de religión que se convirtió rápidamente en una guerra por el control hegemónico de Europa. El conflicto inicial implicaba a los católicos y protestantes alemanes y se expandió por Francia, Italia y España. La monarquía española apoyó al bando imperial católico alemán mientras que los protestantes de los Países Bajos, Suecia y los Príncipes alemanes fueron apoyados por Francia e Inglaterra.

Mientras las tropas españolas tenían que lidiar con una guerra por todo el continente en 1640 se produjo una revuelta en Cataluña conocida como Guerra de los Segadores. Las tropas españolas atravesaban habitualmente Cataluña para poder llegar a los combates en Francia y los ejércitos de la época tenían que ser abastecidos por los locales, dándoles cobijo y alimentos. Normalmente las tropas tenían un comportamiento caótico, produciéndose abusos, peleas y bastantes molestias a los campesinos. Hartos de este proceder los agricultores catalanes se alzaron en protesta contra los tercios y la nobleza.

Al tiempo que sucedían las revueltas catalanas Portugal declaró la independencia de la corona, este último factor unido a la convulsión en el campo favoreció la independencia de Cataluña en los siguientes años. Siendo incapaz de controlar la situación el gobierno catalán pidió ayuda a la monarquía francesa lo que acabó convirtiendo Cataluña en el campo de batalla entre ambas coronas. En 1652 termina la autonomía catalana tras el asedio de Barcelona por las tropas de Felipe IV, se volvía a reconocer al rey como soberano y éste juraba respetar las constituciones catalanas. En 1658 Flandes consiguió la independencia y las tropas retornaron, finalmente en 1659 se cedieron los territorios catalanes transpirenaicos a Francia.

Las consecuencias de la guerra fueron nefastas, el campo castellano estaba arruinado así como la capacidad militar catalana. La moneda de plata desapareció, los precios eran muy inestables y la moneda tuvo que ser reevaluada constantemente debido a una inflación que llegaba al 50%. En 1661 Carlos II heredó una España con una crisis demográfica y económica y una gran inestabilidad. Debido a la incapacidad del rey una junta de gobierno asumió el poder en 1665, contaba con representantes nobles de diferentes territorios. Poco a poco la monarquía española se fue desarticulando, Juan de Austria realizó un pronunciamiento militar en 1669 y la periferia se recuperaba lentamente sin la intercesión de la corona: por ejemplo, mediante los talleres textiles en Cataluña.

En 1700 murió Carlos II sin descendencia y se produjo una Guerra de Sucesión entre Felipe de Anjou y Carlos de Austria con la victoria del primero en 1714. Felipe V, primero de la casa de Borbón, castigó severamente a sus oponentes en la guerra lo que acrecentó la crisis económica, pero empezó un siglo de reformas que permitió a los Borbones eliminar las particularidades económicas y sociales medievales que arrastraba el país. España había dejado de ser el gran imperio de los siglos anteriores que aglutinaba diversos territorios con diferentes características y se instauró una monarquía absolutista centralista de corte francés, manteniendo aun las colonias en América, pero que poco a poco iban sintiéndose más y más alejadas de la corona y la península.

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