Hegemonía y Guerra

Teorías sobre los conflictos bélicos

Imagen: los asistentes a la Conferencia de Yalta en febrero de 1945, Winston Churchill, Franklin D. RoosveltIósif Stalin. La conferencia marcó el fin de la II Guerra Mundial, la más reciente «guerra hegemónica» en la que el liderazgo mundial pasó del Reino Unido a los Estados Unidos de América. Fuente.

El conflicto bélico ha existido entre los seres humanos desde que existen estados, incluyendo las primeras ciudades-estado, la forma territorial más pequeña (aproximadamente en el año -4000). La primera guerra de que se tiene constancia sucedió en -2450 entre las ciudades de Lagash y Umma, en Sumeria.

La violencia antes del estado era frecuente, la gran mayoría de sociedades entablaban conflictos violentos entre ellas habitualmente y en muchos casos de gran crueldad (Jebel Sahaba, por ejemplo, en -13000 o Naturuk en -8000). Pero el nivel de organización, los recursos movilizados, el número de combatientes, las motivaciones y los intereses de los instigadores diferían bastante.

En esta entrada por hegemonía entendemos la preeminencia de un estado en el orden internacional capaz de modificar las leyes, políticas y economía mediante la diplomacia, la coerción o la persuasión. Usualmente la existencia de un estado hegemónico favorece la estabilidad y el desarrollo económico en el ámbito global, pero no siempre es así. Para alzarse como poder dirigente un estado necesita una gran capacidad militar y una economía floreciente que además le permita el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Desde que el sistema mundial se estableció durante el siglo XVI ha habido diversos estados hegemónicos que han liderado la política internacional. Durante el siglo XVI la España de los Habsburgo marcaba el paso a seguir en Europa y la colonización y dominio de América, en el siglo XVII los Países Bajos gracias a la creación de la economía financiera, su comercio e incipiente industrialización lograron controlar los flujos económicos mundiales, en los siglos XVIII y XIX Gran Bretaña recogió el testigo dominando el tráfico marítimo y la producción industrial, así como colonizando gran parte del planeta, en el siglo XX los Estados Unidos de América han ejercido el control de las instituciones políticas y económicas y el poder militar. Actualmente ese liderazgo podría estar en peligro debido al crecimiento económico y militar de China.

Todos estos liderazgos no han sido incuestionados ni han sucedido sin oposición. Normalmente un poder hegemónico pierde competitividad a medida que sus logros tecnológicos y organizativos se difunden entre el resto de países gracias a que previamente ha presionado para la abertura de mercados y de esta manera poder entrar en ellos y dominarlos. Esto produce un coste menor para otros estados que pueden incorporar esos logros de forma barata y usar el resto de recursos para crear innovaciones. Además el coste militar de mantener la hegemonía resulta en contra del líder, lo que favorece el surgimiento de un poder antagónico alternativo. Es común que el hegemon se vea amenazado y se torne hacia políticas proteccionistas creando a su vez menor competitividad y, finalmente, es posible un conflicto bélico internacional por ver cuál de los poderes se alza con el liderazgo. Paradójicamente no suele ser el aspirante quien es el nuevo hegemon si no un país aliado de similar ideología, pero que no se ha desgastado enormemente en la guerra.

Países que han sido aspirantes a liderar la hegemonía han sido el Imperio Otomano durante el siglo XVI, Suecia durante el siglo XVII, Francia durante el siglo XVIII o Alemania durante el XIX. Grandes guerras resultantes de los conflictos por la hegemonía en el pasado han sido la Guerra de los Treinta Años, las Guerras Napoleónicas y las dos Guerras Mundiales, por ejemplo. Otros estados a tener en cuenta en la carrera por la dominación han sido, y actualmente siguen siéndolo, Rusia, Japón y China. La guerra por tanto es consecuencia de una transición en el liderazgo mundial conducida en mayor parte por diferencias en el desarrollo económico.

power-cycle
Gráfica que muestra el porcentaje de poder de las principales potencias desde el siglo XVI por Doran (1965-1993). Se basa en el personal militar, el consumo de energía, la producción de hierro y acero, la población urbana y la población total de cada estado. Fuente.

Existen numerosas corrientes y teorías que intentan explicar el porqué de las guerras, el alzamiento de poderes hegemónicos y las idas y venidas de los diferentes estados. Lo expuesto hasta ahora corresponde en parte a la teoría de Gilpin de Transiciones Hegemónicas, la teoría de Ciclo Largo de Modelski, el Sistema-Mundo de Wallerstein, los ciclos de Kondratieff y la Teoría de Poder Relativo de Doran. Vamos a verlas con un poco más de detalle.

Teoría de Transición Hegemónica

La teoría de Robert Gilpin es muy parecida a la teoría de Transición de Poder de Organski (1968). Ambas se centran en explicar los conflictos entre los estados principales del sistema mundial por el liderazgo, las mencionadas guerras por la hegemonía más arriba. Estas guerras, como decíamos, se caracterizan por el conflicto entre un hegemon y un aspirante por el liderazgo mundial. Gilpin se centra más en los aspectos políticos y de prestigio que no en los económicos, aunque reconoce la importancia de factores materiales como la población, el PIB o la tecnología. El problema de la teoría de Transición Hegemónica radica en que no siempre la existencia de un poder fuerte favorece la estabilidad del sistema y por tanto no es la inestabilidad la que provocaría el conflicto, dejando sus hipótesis no probadas.

Teoría de Ciclo Largo

Modelski y Thompson desarrollaron esta teoría en 1989 que se basa en tres subsistemas mundiales: político, económico y cultural. Aunque consideran el sistema político mundial prácticamente anárquico apuntan que la existencia de un poder dominante, el hegemon, permite ordenar ese sistema. La teoría establece una alternancia cíclica entre los líderes del sistema político, empezando cada ciclo con una guerra global por la hegemonía. Esta teoría da mucha importancia al poder militar, particularmente el marítimo. Cuando el hegemon empieza a declinar se empieza a su vez a generar desorden en el sistema lo que conduce a un conflicto por la hegemonía. Los ciclos que mencionan suelen tener una duración de aproximadamente 100 años. La inestabilidad patente durante los periodos de hegemonía al igual que grandes conflictos entre grandes estados durante los supuestos periodos de estabilidad provocan que esta teoría tampoco sea totalmente adecuada para explicar los conflictos bélicos y la hegemonía mundial.

Teoría de Sistema-Mundo

Wallerstein (1974) se basa en la desigualdad económica y la dependencia para explicar los conflictos bélicos, aunque la teoría no se centra en explicar la guerra. El sistema mundial es caracterizado también como anárquico y competitivo, lo que impide a un solo poder controlar toda la economía. Esto conduce a la división internacional del trabajo dentro de un sistema capitalista dividendo los estados en tres grupos el centro, la periferia y la semi-periferia.

El hegemon sería un estado del centro que tiene una posición de dominio, normalmente por poseer determinado tipo de industrias, tecnología y alta atracción de capitales que le permite imponer determinadas normas internacionales. Como mantener la hegemonía resulta en altamente costoso en gastos militares y de gestión invariablemente el estado hegemónico perderá competitividad verso a otro estado central, además la subida del nivel de vida hará huir la inversión de capital a otro estado más barato gracias al libre mercado. Las innovaciones, como ya hemos comentado, serán copiadas sin posibilidad de evitarlo. La guerra será el medio de abrir mercados y la manera de plasmar los cambios producidos por esta redistribución del poder.

La teoría, junto a Christopher Chase-Dunn, propone una alternativa para evitar las guerras por la hegemonía y el control de recursos: un sistema mundo socialista de economía racional y liderazgo global mediante un gobierno planetario, federalista y democrático. La teoría de Wallerstein flaquea al no tener en cuenta factores culturales o ideológicos a la hora de predecir los conflictos, lo que impide que sea totalmente fiable por sí sola.

Teoría de Ciclos de Kondrátiev

Goldstein en 1988 desarrolló la teoría económica de Nikolái Kondrátiev (1920) y esta ha sido incorporada tanto en la Teoría de Ciclo Largo como en la de Sistema-Mundo. Kondrátiev aseguraba haber observado una serie de ciclos económicos de unos 50 años de duración en la economía de países capitalistas que se correlacionaban con cambios en la economía mundial y con las guerras más importantes. Cuando en un estado se produce un crecimiento económico la necesidad de abrir mercados y de materias primeras conduce a conflictos con otros estados para permitir crecer a sus empresas que se verían constreñidas si no fuera así.

Teoría de Ciclo de Poder Relativo

Esta teoría fue desarrollada por Charles Doran (1963) y su principal aportación es tener en consideración no el poder absoluto de un estado como factor determinante de su posición en el sistema global, sino su poder relativo a otras potencias. Por ejemplo la Francia de 1914 era mucho más poderosa que la de 1850, pero quedaba eclipsada por una Alemania en auge. Seguidamente Doran añade que esa posición es cíclica a través de varias etapas de crecimiento, maduración y declive, y este ciclo está influido mayormente por un crecimiento desigual entre los estados. La posición en el sistema de poder y en el ciclo determinaría la política a seguir de cada estado en un momento dado. Así pues, la guerra es más probable que suceda cuando un estado llega a ciertos momentos críticos del ciclo, estos momentos aparecen de forma abrupta y no son predecibles con lo que la reacción del estado a estos momentos de cambio puede ser exagerada. Los cambios que se producen son fundamentalmente en la posición relativa de poder y en el papel del estado dentro del sistema internacional, como estado hegemónico, aliado o aspirante, por ejemplo.

Doran establece que la guerra es producto de las decisiones en esos momentos críticos a partir de las expectativas del estado de cuál será su papel en el futuro, normalmente extraídas de su papel en épocas anteriores. Al ser momentos impredecibles de alta inseguridad, junto a expectativas a veces irreales (por haber sido una gran potencia en el pasado, por ejemplo) y a posibles amenazas de pérdida de posición relativa o por necesidades del propio estado (económicas o sociales, por ejemplo) es muy probable que el estado se movilice para una gran guerra.

Entre 1989 y 2013 las posiciones en base al PIB de los mayores productores del mundo han cambiado para varios de los actores mundiales (Pepe, M. S. y Krolik, K., 2017), como se puede ver en la siguiente lista:

Posición                   1989                                    2013

  1.                          Estados Unidos                Estados Unidos
  2.                          Japón                                 China
  3.                          Alemania                           Japón
  4.                          Francia                              Alemania
  5.                          Italia                                   Francia
  6.                         Reino Unido                      Reino Unido
  7.                         Canadá                               Brasil
  8.                         Rusia                                   Rusia
  9.                         Brasil                                  Italia
  10.                         España                               India
  11.                         China                                  Canadá
  12.                         India                                   Australia
  13.                         Australia                            España

El Índice Compuesto de Capacidad Nacional (ICCN) de David Singer (1963) utiliza el gasto militar, el personal militar, el consumo de energía, la producción de hierro y acero, la población urbana y la población total. Posteriormente se han añadido el PIB y el porcentaje de gasto en defensa a los indicadores en algunas ocasiones. El ranking de poder mundial resultante sería el siguiente en 2007 (Fuente):

Posición              ICCN en 2007

  1.                          China
  2.                          Estados Unidos
  3.                          India
  4.                          Japón
  5.                          Rusia
  6.                          Brasil
  7.                          Alemania
  8.                          Corea del Sur
  9.                          Reino Unido
  10.                          Francia
  11.                          Italia
  12.                          Turquía
  13.                          Pakistán

La tendencia actual marca un ascenso de China claramente a una posición relativa de poder mucho mayor de la que ha tenido en las décadas pasadas junto a un Japón con un crecimiento mucho más moderado, pero en ambos casos superando a los EUA en porcentaje del poder relativo en 2014 y 2030 respectivamente (Kyssane, 2005). Cuáles serán las decisiones que tomen los diferentes actores no podemos saberlo, pero está claro que la hegemonía mundial de los Estados Unidos de América se ve amenazada por un estado como China con capacidad económica, militar y tecnológica suficiente para ser el nuevo hegemon del siglo XXI. Si habrá conflicto o no dependerá de las decisiones que se tomen en los puntos críticos que nos encontremos. Y en caso de haberlo, ¿resistiría China el conflicto? ¿Tomaría Rusia la hegemonía como aliada de la aspirante asiática? ¿Sería Japón el nuevo hegemon si venciera el bando estadounidense? ¿Será India un freno para China por su influencia regional? Las repuestas las veremos en las siguientes décadas.

Kyssane, D. (2005): «2015 and the Rise of China: Power Cycle Analysis and the Implications for Australia» en Security Challenges Vol. 1 (1), pp. 105-121.

Pepe, M. S. y Krolik, K. (2017): «Using Power Cycle Theory and Role Realignment Theory to Recognize the International Roles of China and the United States» en International Journal of Business and Social Science Vol. 8 (4), pp. 20-28.

El agua es vida

Características básicas

Imagen: El río Ebro pasando por Zaragoza a la altura de la Basílica del Pilar en 2014.

En esta entrada describiremos las características principales del agua, substancia que caracteriza nuestro planeta y que ha sido la base de la vida. Además daremos una pequeña visión del ciclo del agua y de qué parte de este ciclo se encarga la hidrogeografía. Actualmente la escasez de agua es uno de los más graves problemas de la humanidad, así como el abuso que hacemos de ella y de su degradación.

El agua es un recurso renovable necesario para la actividad humana, pero mediante el uso se degrada y contamina, por lo que es fundamental purificarla para poder reutilizarla. Si tenemos en cuenta toda el agua del planeta Tierra el 97’5% se encuentra en los mares y océanos, un 0’98% está en forma de hielo en los polos y las montañas y solamente un 1’52% es agua disponible para el consumo humano: en la superficie (poco afectada por la contaminación) y subterránea (muy afectada).

El agua está formada por dos átomos cationes de hidrógeno y un anión de oxígeno, formando moléculas en las que se comparte uno de los cationes. Su densidad es de 1Kg por litro a 3’98ºC, aunque a diferentes densidades el agua no se mezcla: el hielo flota y el agua salada no se mezcla con la dulce, por ejemplo. El calor específico del agua es de 1 cal por gramo a los 15ºC, es la cantidad de energía necesaria para elevar un grado la temperatura de un gramo de agua. El agua es transparente y capaz de absorber longitudes de onda de 3 μm (infrarrojo intermedio) y longitudes térmicas de 10 a 30 μm (infrarrojo lejano).

El calor de fusión del agua es de 80 cal por gramo a 0ºC y el de vaporización 540 cal por gramo a 100ºC. La cohesión del agua es alta, siendo fácil de unificar y con alta atracción entre las moléculas propias. Su adhesión a moléculas de otras substancias es alta en sólidos lo que provoca una alta tensión superficial y a su vez una alta capilaridad. La capilaridad es la capacidad de ascender por un capilar gracias a la tensión superficial. La altura que alcanza un fluido en el capilar es igual al doble de la tensión superficial por el coseno del ángulo formado entre las paredes del capilar y la altura alcanzada por el fluido al adherirse al capilar, dividido por la densidad multiplicada por el radio del capilar y la gravedad.

El agua tiene una capacidad de disolverse alta lo que provoca una nula conductividad eléctrica. En cambio tiene una alta conductividad térmica, como hemos visto. Aunque el agua no conduce la electricidad, sí lo hacen las sales que están disueltas en su interior muy a menudo. La conductividad se mide en μS/cm (micro-Siemens por cm). El agua destilada teórica tendría una conductividad de 0, pero en la realidad siempre contiene alguna substancia, con lo que suele ser de 4 o 5 μS/cm. El agua de lluvia tiene un valor de 30 μS/cm mientras que la de río es de 150 y la municipal del grifo de 700. Con una conductividad de 1500 μS/cm el agua no es apta para el consumo humano. Si encontramos plomo, mercurio o cadmio en el agua, esta está contaminada, incluso si las cantidades son muy pequeñas. Si lo que encontramos es hierro, aluminio, manganeso o zinc solamente será tóxica si las concentraciones son elevadas.

El ciclo hidrológico describe el movimiento continuo de todas las formas de agua (gaseosa, líquida y sólida) por encima y por debajo de la superficie terrestre. Es el principal concepto de la hidrología y en esta entrada solo lo describiremos brevemente. La entrada principal al sistema es la precipitación, medida habitualmente en litros por m² o en mm, debido a que es la altura que alcanza un litro de agua en un m². No solamente precipita agua en el sistema, también otras substancias como calcio, magnesio, sodio, potasio, nitratos o sulfatos.

La siguiente fase es la interceptación, que evita que parte de la precipitación llegue a la superficie o que llegue añadiendo otras substancias, mediante el contacto con plantas o rocas. Posteriormente tenemos la evaporación, que es la gran salida del sistema. Junto a la interceptación tenemos el concepto de evapotranspiración que depende de la temperatura y la latitud y se mide en milímetros. Si restamos la evapotranspiración a la precipitación obtendremos el balance hídrico de una región determinada.

Una vez el agua toca el suelo se produce la infiltración y la presencia de agua en el suelo, que dependerá de la capacidad del mismo de absorberla, la precipitación, la topografía y la vegetación. Parte del agua absorbida puede ser arrastrada por gravedad hacia capas más profundas llegando a crear aguas subterráneas en el momento que llega a una capa con roca y ya no puede bajar más, este agua se acumula formando acuíferos. El agua superficial, por otro lado, forma cuencas hidrográficas, usualmente creando cursos de agua como los ríos, siendo este el nivel de estudio de la hidrogeografía.

La hidrogeografía estudia las cuencas hidrográficas, la escorrentía, los ríos y sus tipologías y utiliza estaciones de aforamiento para realizar registros continuos. También se encarga de estudiar las aguas marítimas superficiales. Es una división fundamental de la geografía para poder administrar un recurso que provoca polémica por su distribución, uso, contaminación y costes. Las administraciones utilizan la información de la hidrogeografía y la climatología para poder gestionar mejor un agente que permite la vida, pero que también crea destrucción.

Biomas: la selva lluviosa intertropical

Imagen: selva de Chiapas (sur de México) en 2017.

En una entrada anterior mencionamos que describiríamos ejemplos de como se manifiestan los factores que afectan a la distribución de los seres vivos en el planeta. La interacción de los diferentes factores y la particular combinación de vegetación, fauna y clima dan como resultado un bioma. Un bioma tiene un paisaje característico y la presencia de determinados ecosistemas. Existen varios tipos de biomas principales en el planeta Tierra, del Ecuador hasta los polos:

  • La selva lluviosa
  • La selva caducifolia
  • La sabana
  • El desierto
  • Los bosques subtropicales
  • Los bosques templados
  • Los bosques caducifolios
  • La estepa
  • La taiga
  • La tundra
  • Los hielos eternos

Para esta entrada hemos elegido el primero de los 11 tipos principales: la selva lluviosa sempervirent (siempre verde) intertropical. Es un bioma con precipitaciones abundantes y continuas, prácticamente sin variedad a lo largo del año. Las temperaturas son también uniformes y altas y contiene bosques densos y elevados, estratificados de 2 a 4 niveles de vegetación: uno superior irregular a 50 metros de altura, otro nivel medio denso y continuo de 15 a 30 metros de altura y hasta 2 más inferiores de copas estrechas de 5 a 15 metros de alto.

El ritmo fenológico de floración  de la selva es no estacional, es muy rica en especies con 40 diferentes por Ha (llegando a tener centenares en algunos casos), siendo el 70% árboles y con una distribución muy dispersa. Gracias a la abundante vegetación arbórea la luz casi no llega a los estratos inferiores, lo que produce que no haya sotobosque y sí presencia de lianas, epífitos, hemiepífitos y árboles estrechos. Las raíces de las plantas son superficiales, con un suelo pobre y estrecho, aunque hay una abundante biomasa superficial que se destruye y se descompone con facilidad. La fauna vive normalmente encima de los árboles.

Existe mucha irregularidad en el paisaje debido a las copas de los árboles más altos y a los claros que se crean cuando estos árboles caen, la selva nunca es homogénea. Los grandes árboles aguantan muy bien el calor y tienen hojas endurecidas siendo heliófilos, mientras que los árboles de niveles bajos requieren sombra. Los claros permiten germinar hasta 200 especies nuevas, pero solo unos pocos árboles, hasta 4, serán capaces de ocupar el nivel de las copas más altas. Si el claro es muy grande la entrada de demasiada luz impedirá que se regenere la selva en ese punto. Los jabalíes pueden mantener esos claros durante un tiempo sin vegetación.

La selva se distribuye en el planeta por Centroamérica, la parte norte de Sudamérica (Colombia, Venezuela, Ecuador, Brasil, Bolivia, Perú y las Guayanas), el centro-oeste de África (el Congo y la Costa de Marfil), el sur de la India, el sudeste asiático (Vietnam, Camboya, Laos, Tailandia, Myanmar, Bangladés, Indonesia, Borneo, Filipinas y Papúa) y el norte de Australia.

Es frecuente que el agua forme charcos más o menos grandes en el suelo de la selva, sobre todo en el sudeste asiático. La niebla crea además más humedad y precipitaciones durante el día. Los artrópodos que se alimentan de biomasa, sobre todo hojas, son la fauna más importante de la selva. Eso provoca a su vez que haya muchos insectívoros y carnívoros. En Sudamérica los grandes carnívoros provienen todos del norte Centroamericano debido a la unión continental, originalmente no poseían este tipo de fauna. En general el equilibrio trófico es muy débil, con un sistema de relaciones grande y simple. Las montañas situadas en las selvas crean bolsas de especies específicas endémicas, lo que aumenta la diversidad de este bioma.

Como hemos podido ver la selva es un bioma de altas precipitaciones y calor, grandes especies arbóreas y amplia diversidad de especies, con un suelo pobre y que dificulta su recuperación. Actualmente la selva se encuentra amenazada por el uso masivo de la agricultura de tala y quema, la deforestación maderera y la producida para la creación de pastos para la ganadería. Esto provoca graves problemas de erosión e inundaciones que afectan a las poblaciones humanas. Aun así la selva sigue siendo una fuente de recursos, alimentos, hábitat y belleza para la humanidad y por tanto debe ser cuidada.

Actividades humanas en Andalucía

Población, economía y patrimonio

Imagen: La Alhambra de Granada, 2017.

El subsistema humano es el conjunto de actividades, asentamientos, paisajes, organizaciones y cultura que todo el ser humano realiza en una región concreta. Éste se establece como un sustrato superior al subsistema biofísico, lo modifica y es influido a su vez por él. Los factores clave dentro del territorio andaluz son la población, la economía y el patrimonio, dentro de ellos encontramos elementos propios del sistema que analizaremos a continuación.

La población

La migración del campo a la ciudad explica el despoblamiento cada vez más acusado del primero, debido a la falta de oportunidades, y la consecuente concentración en las ciudades, sobre todo en las costeras con una actividad turística muy dinámica. El turismo del sol y playa de los últimos 50 años y la importancia de los puertos andaluces con el comercio americano potencia la concentración en la costa. Eso no impide que el peso económico del campo en Andalucía sea importante, pero el poblamiento andaluz es latifundista, con carencia de pueblos pequeños y medianos, lo que hace que económicamente tenga mucho peso, pero demográficamente no.

La falta de infraestructuras hace que el policentrismo urbano sea posible ya que la distribución de los recursos no es fácil y se tiende a un mercado provincial, tanto laboral como económico. El principal interés de la ordenación territorial andaluza de las últimas décadas ha sido el dotar de una extensa red de autovías a la comunidad. De esta manera encontramos ciudades medianas, con pocos desequilibrios entre provincias, excepto entre el interior y la costa. Ciudades como Sevilla, Málaga y Córdoba son las más importantes, seguidas de Granada, Jerez y Almería, sin despreciar a Cádiz, Huelva o Jaén.  Sevilla ejerce una atracción alta y presenta cierta centralidad, pero no tan grande como, por ejemplo, Barcelona en relación a Cataluña.

La economía

La economía andaluza depende mucho del resto de factores y sobre todo del subsistema biofísico; en el primer caso debido al poblamiento histórico andaluz y, en el último, de los recursos que puede obtener el sistema. Debido a la falta de hierro y carbón de calidad durante la revolución industrial la región no pudo despegar a pesar de la presencia minera en Sierra Morena durante los siglos XIX y XX. El carácter agrario se intensificó, por tanto, favorecido por el latifundismo que conformaba unas ciudades poco orientadas al comercio y enfocadas a la residencia de mano de obra rural barata y un artesanado de alcance local. Hasta la obertura al turismo de los años 60 y 70 del siglo XX Andalucía era una región pobre y ruralizada con industria deficiente.

Los grandes beneficios del turismo han hecho que sea la actividad predominante de la comunidad autónoma, junto a los servicios personales ligados a él. La temporalidad de la actividad agraria y la falta de expectativas han potenciado la migración hacia zonas turísticas. El turismo se beneficia de un patrimonio cultural y un buen tiempo durante casi todo el año, mientras el agro no tiene interés en mejorar la productividad debido a la concentración de la propiedad. La pesca en cambio ha sido una actividad tradicionalmente importante, gracias a su proximidad a los bancos de pesca atlánticos.

Para poder desarrollar la región y corregir los desequilibrios del campo y la costa y respecto a otras regiones europeas, Andalucía recibe subvenciones del estado español y de la Unión Europea en forma de planes especiales de desarrollo y fondos de cohesión.

El patrimonio

Los dos elementos principales son la historia y la cultura andaluzas. Las inercias del pasado que hemos visto han provocado el subdesarrollo de muchos sectores económicos andaluces, pero también han potenciado otros. El patrimonio cultural andaluz es muy importante ya que permite a la región enfocarse en un turismo de calidad y de mayor valor añadido lo que ha permitido a ciudades como Sevilla y Córdoba tener una potente atracción. El patrimonio natural en forma de espacios protegidos son parte, también, del motor económico andaluz. Es fundamental, por tanto, que la comunidad extienda el conocimiento de su cultura y patrimonio, de su legado histórico y que potencie la vertiente de calidad del turismo.

Para concluir destacaremos varias lineas que podría seguir la ordenación territorial andaluza para potenciar el desarrollo y corregir desequilibrios. Por un lado la mencionada potenciación del turismo de calidad, cultural e histórico; por otro dar ventajas a la mejora de la productividad en el campo (sector vitivinícola, por ejemplo); contnuar con la creación de infraestructuras e invertir en aquellos centros urbanos que permiten una economía de escala como Sevilla o Málaga para conseguir un entorno favorable a la industria y el I+D; finalmente apostar por un entorno energético sostenible que potencie el patrimonio natural y genere industria relacionada.

Relieve, clima y vegetación en Andalucía

El subsistema biofísico

Imagen: Dehesa en Andújar, Jaén (2016).

En esta entrada analizaremos el subsistema biofísico dentro del sistema andaluz, siguiendo un esquema diferente al que utilizamos para Cataluña y su territorio. Andalucía es un punto de unión entre Europa y África, entre el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Múltiples culturas la han poblado y colonizado siendo el paso de migraciones de pueblos enteros, incluso en la actualidad, lo que la sitúa en un punto estratégico de control geo-político. Tiene una superficie de 87 268 km² representando el 17’3% del total de España; una extensión mayor que la de países como Bélgica, Holanda, Dinamarca o Suiza. Se encuentra en la región templada de la Tierra entre los paralelos 36 y 38 norte y entre la longitud 2 y 3 oeste, siendo la región más meridional del estado español en la península Ibérica. El límite norte está marcado por Sierra Morena y separa dos mundos diferentes: la Meseta Castellana y el Valle del Guadalquivir. La frontera oeste la define el río Guadiana y la sur la costa atlántico-mediterránea, el este no tiene unos límites claros, pero los sistemas montañosos sub-béticos forman una cierta separación.

El medio ambiente es un factor interno muy importante del sistema andaluz que afecta a su desarrollo socio-económico condicionando las políticas que se llevan a cabo. La realidad del subsistema biofísico de Andalucía nos habla de un sistema sometido a diversos tipos de tensiones que perfilan su situación actual e hipotecan las perspectivas futuras: distribución y tipo de los recursos y amenazas naturales.

Existe una marcada variedad geológica, organizada de este a oeste. Hay cuatro grandes regiones: Sierra Morena, las cordilleras Béticas, el valle del Guadalquivir y el extenso litoral. Las dos primeras son estructuras montañosas, destacando en altura y extensión la segunda. La forman el sistema Sub-bético, formada por las sierras de Cazorla, Segura y Sagra y el sistema Peni-bético ubicado más al sur próximo al Mediterráneo y donde se encuentran las mayores elevaciones de la península, destacando Sierra Nevada y el Mulhacén (3 478 m). Sierra Morena en el norte contiene montañas de altura media en las sierras de Aracena (Huelva), los Santos (Córdoba) y Andújar (Jaén).

El valle del Guadalquivir (Wadi al-Kabir, río Grande, el romano río Betis) se caracteriza por ser una planicie baja ubicada entre Sierra Morena y los sistemas Sub-béticos, tiene forma triangular con la parte más ancha en la desembocadura. Cerca del nacimiento del río se forma un valle estrecho de relieve ondulado, en el curso central se encuentra la Campiña y en la parte baja abundan las marismas.

El litoral andaluz se divide entre los dos grandes cuerpos de agua al este y al oeste unidos por el estrecho de Gibraltar (Yabal Tariq, monte de Tárec). La costa atlántica es baja y arenosa, sin cortes, con extensas playas y grandes dunas. La costa mediterránea, al contrario, es más elevada y rocosa debido a las sierras Peni-béticas, fragmentada y con diversos tipos de playas. Esta doble vertiente provoca un sub-sistema hidrológico dualista con la mayoría de ríos desembocando en el Atlántico y cortos ríos en la costa mediterránea, con gran pendiente, caudal escaso e irregular y que dan lugar a inundaciones periódicas.

El elemento atmosférico se puede definir como Mediterráneo, con inviernos suaves y veranos cálidos, aunque con marcadas diferencias regionales. Las precipitaciones disminuyen de oeste a este. El lugar con mayores lluvias de Andalucía, y de los mayores de España, se encuentra en la Sierra de Grazalema (2 138 mm anuales) mientras que en el otro extremo encontramos el Cabo de Gata (117 mm anuales) el lugar menos lluvioso de Europa. Podemos habar de tres regiones, una Andalucía húmeda en las tres cordilleras principales, una árida en la provincia de Almería y la Hoya de Guadix-Baza y el Valle del Guadalquivir con precipitaciones moderadas. Hay grandes oscilaciones en los días de lluvia variando entre 50 y 300, con una media de 75 al año. El valor medio de las temperaturas son 16ºC variando desde los 18’5ºC de Málaga a los 15’1ºC de Baeza. El mes más frío es enero (media de 6’4ºC en Granada) y el más caluroso, agosto (media de 28’5ºC en Écija). Las sierras de Granada y Jaén son las que registran las temperaturas más bajas de todo el sur de España.

Los dualismos territoriales en Andalucía se encuentran fuertemente marcados por la vegetación con grandes contrastes entre el Valle del Guadalquivir y las montañas. La región ha sido ampliamente explotada por el ser humano y ha provocada una deforestación general, siendo el cultivo agrícola el paisaje predominante. Al mismo tiempo encontramos zonas menos explotadas en las montañas y en los cotos de caza. Predomina el bosque mediterráneo de encina y sabina (en partes altas), con un pino omnipresente, mientras que los robles pertenecen a las montañas con suelos calizos. Las grandes diferencias pluviométricas dan lugar a un gran número de endemismos y especies exclusivas, por ejemplo en la costa predomina el palmito.

La corología biogeográfica enmarca a Andalucía en la región boreo-mediterránea, con temperaturas suaves y largas sequías, siendo dominante la encina, aunque en las zonas más secas aparece, no obstante, la estepa. La realidad agrícola en Jaén y Córdoba a hecho desaparecer la cubierta natural de vegetación sustituyéndola por plantaciones de olivos, en Huelva se ha introducido con fuerza el cultivo del eucalipto y la presión antrópica ha eliminado las zonas pantanosas y el bosque de ribera. El paisaje aparece deforestado, con grandes extensiones de olivos y dehesas.

La gran diversidad ecológica ha dado lugar a una serie de políticas de protección ambiental que resultan en un plan de espacios naturales protegidos donde destacan: el Parque Natural de Sierra Nevada, parte de la Reserva de la Biosfera de la Humanidad; el Parque Natural de Doñana, uno de los más extensos de Europa y el Desierto de Tabernas, único desierto europeo.

En Andalucía la capacidad de uso del suelo es alta y éste es muy fértil, aun así existen una serie de catástrofes naturales importantes en la región como son las sequías, las inundaciones y las olas de calor. La mayoría de aguas superficiales se concentran en el Valle del Guadalquivir y las subterráneas en la costa mediterránea. En conclusión la economía, la salud humana, el poblamiento, el turismo, la actividad agraria, la pesca y la caza están muy influidas por el subsistema biofísico andaluz, siendo éstas las actividades más importantes de la región y la mayoría de ellas situadas en el Valle y en la costa como veremos en la siguiente entrada.

La geomorfología ¿qué es?

Dinamismo y estructura

La Geografía Física estudia cuatro elementos o sistemas característicos: la atmósfera (dentro de la climatología), la litosfera (dentro de la geomorfología), la hidrosfera (dentro de la hidrogeografía), la biosfera (dentro de la biogeografía) y los suelos (dentro de la geografía de los suelos). Cuando los tratamos en su conjunto podemos utilizar la geografía del paisaje o la ecología. En esta entrada trataremos de analizar qué se encarga de estudiar la geomorfología, la cuál podríamos definir como el estudio de las formas de la superficie terrestre (Max Derruau), la ciencia que tiene el objetivo de describir y explicar la superficie terrestre (Roger Coque) o la disciplina que busca el reconocimiento, la clasificación y la explicación de las diversas configuraciones de la superficie de la Tierra (Julio Muñoz).

La superficie terrestre y sus formas son el resultado de la interacción de fuerzas que actúan bajo ella (internas) y sobre ella (externas) y según la escala de observación nos centraremos en una serie de elementos u otros. A una escala pequeña (1: 1 000 000 por ejemplo) tendremos en cuenta las grandes unidades del relieve, la llamada morfoestructura, el conjunto de los elementos. En cambio a una escala grande (1: 50 000 por ejemplo) tendremos en consideración el detalle, lo perceptible en su totalidad por un ser humano, el llamado modelado.

La morfoestructura es fruto de las fuerzas endógenas, internas, y trataremos entonces con la tectónica de placas, la orogénesis y la litogénesis, los procesos de construcción que estudia la geomorfología estructural. El modelado, por otro lado, es producto de fuerzas exógenas, externas, que provocan la morfogénesis, como son los procesos de erosión y sedimentación, procesos mayormente destructivos y que son estudiados por la geomorfología dinámica.

La morfogénesis también puede ser llamada gliptogénesis y aglutina los procesos de erosión, rotura y creación de nuevas formas, contrarios a la edafogénesis que se caracteriza por una estabilidad del medio, la generación de suelo nuevo y la presencia de de vegetación. Los procesos de erosión habituales son la meteorización, la ablación, el transporte y la sedimentación los cuales crean, según su proporción y características del medio predominante, un sistema morfogenético determinado, ya sea de vertientes, fluvial, litoral o eólico. Añadiendo el clima a la ecuación (temperaturas y precipitaciones) obtenemos un sistema morfoclimático.

La combinación de ambos tipos de procesos de creación y destrucción, el relieve y el modelado, nos proporciona a su vez tres tipos de morfología: la granítica, donde predominan las rocas ígneas intrusivas, la volcánica, donde predominan las rocas ígneas extrusivas y la cárstica donde predominan las rocas solubles. En el primer caso encontramos en España el ejemplo del Sistema Central, en el segundo caso la isla de Tenerife y el volcán Teide y en el tercero el macizo del Garraf en Cataluña.

Para concluir esta visión de conjunto de la geomorfología es necesario mencionar su vertiente aplicada donde el estudio de los anteriores elementos nos proporcionan datos para prevenir desastres y evitar riesgos en todas las actividades humanas que se desarrollan encima de la tierra. Estos estudios se realizan mediante la observación y la realización de experimentos que son tratados mediante modelos estadísticos y simulaciones que nos permiten predecir el comportamiento de, por ejemplo, los desprendimientos de tierra, la erosión en las playas y costas, así como certificar dónde se puede edificar o extender una red de carreteras y ferrocarriles sin peligro de que se derrumben o se produzcan socavones.