La Revolución Americana

Orígenes del primer estado democrático moderno

Imagen: La Declaración de Independencia (c. 1815) de John Trumbull, representación idealizada de la entrega del documento de declaración de independencia de los Estados Unidos de América. Algunas de las personas mostradas no firmaron la declaración y la pintura no representa un hecho histórico. Algunos personajes destacados que aparecen son: John Adams, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin (los tres más adelantados frente a la mesa).

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América es un precedente histórico que se ha utilizado en posteriores declaraciones como justificación de un proceso de independencia. Pero la propia declaración original es un documento enmarcado en un contexto histórico determinado con unas circunstancias que seguramente no son las mismas que las de los procesos que utilizan la declaración como justificación. Vamos a ver en esta entrada la Revolución Americana que llevó a esa declaración de independencia, a la creación de la primera constitución y del primer estado democrático liberal.

En 1750 aun existía un gran Imperio Español que junto a otras potencias europeas controlaba América. Los principales estados que colonizaron el Nuevo Mundo fueron, además de España, Gran Bretaña, Francia, Portugal, los Países Bajos y Rusia. Tras la Guerra de Sucesión Española en 1714 Francia había logrado que un miembro de la Casa de Borbón fuera rey de España, controlando la misma dinastía ambos estados. Durante ese conflicto Francia utilizó a sus aliados indígenas para trasladar parte de la guerra a las colonias americanas.

Las colonias francesas estaban poco pobladas y mantenían buenas relaciones comerciales con los nativos americanos. En cambio las colonias británicas recibían mucha inmigración de las islas, cada vez mayor, y empezaban a ejercer presión hacía las tierras del interior del continente. Los británicos ocupaban tierras reclamadas por los nativos y por los franceses y se acabaron creando conflictos entre ellos. En 1754 Francia entró en guerra con la colonia de Virginia, que solo obtuvo apoyo de Gran Bretaña mientras que el resto de colonias se mantuvieron neutrales.

La Guerra de los Siete Años (1756-1763) fue otro conflicto bélico europeo que se trasladó a las colonias. Las colonias francesas no lograron aguantar la embestida del ejército británico y en 1759 Gran Bretaña ocupó el Quebec y al año siguiente Montreal.

Escena de combate de Barry Lindon (1975) de Stanley Kubrick.  Representa una escaramuza de la Guerra de los Siete Años y se pueden observar las tácticas bélicas de la época, como la música en batalla, en este caso la Marcha de Granaderos Británicos.

El frente de las Antillas no fue mucho mejor para los franceses y españoles ya que la marina británica era muy superior a las suyas. En 1763 se firmó la paz para evitar la bancarrota de todos los beligerantes. Gran Bretaña obtuvo el Canadá, el territorio entre el Misisipi y los Apalaches, algunas Antillas y la Florida, España consiguió la Luisiana y se le permitió conservar Cuba, mientras que Francia solo pudo conservar el importante puerto de Haití y algunas islas. Los británicos dejaron ejércitos permanentes en las colonias para evitar futuros ataques de sus rivales y para controlar a los colonos.

Los propios colonos británicos hicieron un papel muy malo en la guerra. Las 13 colonias tenían muchas dificultades económicas y de población. Estaban muy divididas entre ellas y existía la idea de que desaparecerían sin el apoyo de Gran Bretaña. En el sur se encontraban las colonias de Virginia, Maryland, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia. Se componían de grandes latifundios y tenían una aristocracia burguesa, la esclavitud era común en las actividades más desarrolladas como los cultivos extensivos de tabaco y cereales. Estas colonias eran muy fieles al rey y a la iglesia anglicana.

En el centro de las colonias, al norte de la Bahía de Chesapeake, estaban las colonias de Nueva York, Pensilvana, Nueva Jersey y Delaware. Esos territorios tenían cierta cantidad de población y las ciudades más importantes: Nueva York, Baltimore y Filadelfia. También tenían una mezcla de inmigrantes procedentes de Gran Bretaña, Países Bajos, Alemania, Irlanda, Suecia y Dinamarca, era una sociedad bastante plural. La gran mayoría eran protestantes y repudiaban cualquier tipo de iglesia constituida, anglicana o católica; pero a su vez eran muy tolerantes entre ellos. La presión migratoria creciente hacía moverse a la población hacia el oeste, a la frontera, y adentrarse en territorios indígenas, creando conflictos. El modelo social que imperaba era el de pequeños propietarios anti-esclavistas.

En Nueva Inglaterra, al norte, las colonias de Massachusetts, Connecticut, Nuevo Hampshire y Rhode Island estaban formadas por población inglesa puritana, hostil a los anglicanos. Su producto principal era la leña para la construcción de barcos. El poblamiento se realizó en pequeñas comunidades de pequeños propietarios que poseían una cierta democracia directa.

Original-13-colonies

Mapa con las 13 colonias británicas en Norteamérica. Fuente.

El gobierno colonial era muy diferente según la colonia. Existía una elite aristocrática descendiente de los primeros pobladores con amplia influencia social. La colonia media estaba regida por un gobernador que disponía del apoyo de una asamblea escogida por sufragio censitario que discriminaba a las minorías religiosas. Los gobernadores ejercían el poder ejecutivo y muchas veces eran enviados por la corona. La asamblea decidía sobre las leyes y la economía de la colonia excepto en todo aquello que dictaminaba la metrópoli.

Las colonias solamente podían comerciar con Gran Bretaña, no podían producir nada que se pudiese producir en la metrópoli, ni carbón ni hierro. Se importaban manufacturas de Gran Bretaña y se exportaban primeras materias, además tenían prohibido comprar artículos al resto de países, aunque el contrabando existía. Los beneficios eran recíprocos, el mercado británico era muy bueno para los productos americanos y las colonias pagaban impuestos muy bajos, la relación entre ambos era de 1 chelín en las colonias por 25 chelines en las islas. Debido a esta diferencia el parlamento británico decidió aumentar la fiscalidad para recaudar más impuestos.

En 1764 se creó el impuesto sobre el azúcar para todas las colonias, en 1765 se gravó la prensa lo que provocó una protesta con disturbios que haría que se revocara el impuesto en 1766. Al año siguiente se aplicó una subida de impuestos arancelarios a las manufacturas y productos procedentes de Gran Bretaña, el té y el papel. Esto provocó una segunda protesta contra el derecho del parlamento británico a legislar sobre las colonias ya que era una asamblea escogida por los británicos y no por los americanos. Aun así la desunión de las colonias evitó que las protestas prosperasen.

El año 1770 sucedió la Masacre de Boston y se retiraron los impuestos sobre el té y el papel. En 1773 se produjo el Motín del Té contra el monopolio de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales. Aunque los contrabandistas neerlandeses vendían el té más barato, la Compañía reventó los precios para acaparar el mercado gracias a acuerdos con el parlamento. Las protestas surgieron para quejarse del favoritismo del parlamento británico hacia la Compañía y no hacia el pueblo americano. Los estibadores de Boston lanzaron los paquetes de té embarcados por la borda al llegar al puerto para evitar su venta. Debido a ese acto Boston fue asediada por el ejército británico y Londres envió un nuevo gobernador con poderes excepcionales.

Representantes de todas las colonias impactados por las revueltas y la represión británica se reunieron en un congreso extraordinario en Filadelfia. Aprobaron un boicot a todos los productos británicos y lanzaron una petición a la corona para que aplacara al parlamento. En 1775 un segundo congreso estableció un ejército continental integrado por colonos con el objetivo de liberar las colonias bajo órdenes de George Washington, un latifundista ilustrado que había llegado a coronel en la Guerra de los Siete Años.

Durante el año 1776 hubo cierta división colonial, el sur dudaba de la cordura de las ideas del norte, de población puritana. Aun así se abrieron los puertos a todo el mundo y el 4 de julio Thomas Jefferson declaró la independencia de las colonias. La Declaración recogía todos los preceptos de la Ilustración heredados de John Locke, los enciclopedistas, la Revolución Inglesa y de Rousseau:

  • Todos los ciudadanos son iguales.
  • Todos ellos tienen derechos inalienables e irrenunciables: a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.
  • Para conseguir esos derechos las personas tienen el derecho de escoger a sus gobernantes y rebelarse contra ellos cuando éstos no hacen respetar esos derechos.
  • Libertad de escoger al gobierno.

En consecuencia a la Declaración se entabló la guerra entre las colonias y la metrópoli. Inicialmente las fuerzas británicas eran muy superiores y consiguieron amplias victorias. Pero al cabo de poco tiempo Francia y España apoyaron a los insurrectos mediante bloqueo marítimo, en 1778 declaró la guerra la primera y en 1779 la segunda. Es en 1781 cuando Washington consiguió derrotar por primera vez a los británicos y la guerra entró en una situación de desgaste. Una vez más las finanzas mandaron y el coste de la guerra se volvió inasumible. Gran Bretaña calculó que un libre comercio con las colonias era más beneficioso que su mantenimiento y en 1783 reconoce su independencia. Las islas resultaron muy beneficiadas al librarse de ese coste, el comercio aumentó y la relación con América siguió.

El problema tras la independencia era que habían surgido 13 nuevos estados. En 1781 se redactó una primera constitución que preveía un gobierno confederal muy débil, encargado de las relaciones internacionales y de las relaciones entre estados y que no podía emitir impuestos. La crisis económica de 1783 modificó la opinión hacia un gobierno federal fuerte con un banco central y una moneda única capaz de hacer frente a las crisis. Washington, Madison, Hamilton y Jefferson elaboraron una nueva constitución en 1787 que el gobierno confederal consiguió que se aprobara. El gobierno se basaría en dos cámaras: el senado, como representación territorial, y el congreso, como representación de la población.

Finalmente aquellos que habían formado los nuevos Estados Unidos de América se dividieron en dos corrientes representadas por Jefferson en el sur, defensor del libre cambio con el partido Demócrata-Republicano, y Hamilton en el norte, defensor de la industrialización y el proteccionismo con el partido Federal. Pero la dialéctica norte y sur que surgiría en el siglo XIX es ya otra historia muy diferente, para otro día.

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