La economía minera en Perú y Nueva España

Rutas comerciales y explotación entre los siglos XVI y XVIII

Imagen: Sevilla en el siglo XVI, óleo atribuido a Alonso Sánchez Coello. Se pueden observar los barcos procedentes de América en el puerto del Guadalquivir, el muelle de la Aduana, las atarazanas, la Giralda, la catedral y la Real Casa de la Moneda. El edificio más a la derecha parece la Torre del Oro.

La colonización española de América se basó en las ciudades, organizando un nuevo entramado urbano a partir de las colonias y de las ciudades indígenas. Tenochtitlan, la antepasada de la actual Ciudad de México, tenía alrededor de 300 000 habitantes cuando llegaron los españoles, el doble que la mayor ciudad europea de entonces. La cultura urbana americana favoreció el asentamiento, la administración y la economía de las colonias, que se basaron en la explotación minera como actividad principal.

La primera etapa minera sucedió entre 1503 y 1530, aunque habían muy pocas explotaciones de ese tipo. Principalmente se reciclaba el oro de los aztecas, fundiendo los ornamentos y manufacturas, para enviarlo a Europa. La segunda etapa llegó hasta 1550 y además de aumentar las minas de oro se empezaron a construir minas de plata en abundancia. Finalmente, en una tercera etapa hasta 1780 el oro decayó hasta tener una importancia residual y la plata fue, con diferencia, la mayor explotación minera americana. En este periodo hubieron dos acontecimiento decisivos.

El primero fue el descubrimiento de las minas del Potosí (Bolivia) en 1545 y el cambio del sistema de fundición por el de amalgamación en 1560. Las minas del Potosí fueron excavadas, perforando la tierra en lugar de ser a cielo abierto debido a que era una zona muy seca. La amalgamación para sacar la plata de la ganga se basaba en 5 pasos:

  1. Triturar la ganga con mazos y molinos
  2. Mezclar el resultado con mercurio.
  3. Dejar reposar la mezcla durante un año para que el mercurio se uniera a la plata.
  4. Filtrar la mezcla pasándola por agua.
  5. Calentar la amalgama.

El mercurio se exportaba de Almadén en Ciudad Real y por cada tonelada de plata extraída se exportó de España 1 tonelada de mercurio hasta el descubrimiento de las minas de mercurio de Huancavelica en Perú en 1563. El sistema de trabajo que se utilizaba era la mita, una idea original de los Incas adaptada por los colonizadores en 1574, que forzaba a los indígenas y a los mestizos a trabajar en obra pública y en minería. Se trabajaba en 3 turnos diarios de 8 horas, 4500 hombres por turno y un total de 300 000 hombres. El segundo descubrimiento fueron las minas de Zacatecas, en México, en 1546. Ambas minas proveyeron de un flujo constante de plata a la economía española de los siglos XVI al XVIII.

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Imagen: Rutas comerciales españolas (blanco) y portuguesas (azul) de los siglos XVI al XVIII. Fuente.

La plata y el oro americanos eran reembolsados en España por materias primeras y manufacturas de la península, como comida y armas. Habían dos rutas principales, la Carrera de Indias y el Galeón de Manila. La Carrera establecía el comercio entre Sevilla y Cádiz y la Habana, llegando luego a Veracruz y de ahí a México mediante la Flota de Nueva España. Existía también otra flota por el sur, los Galeones de Tierra Firme, que llegaba desde las mismas ciudades españolas hasta Cartagena de Indias y Panamá. La Habana era la base de las flotas atlánticas y de la armada de Barlovento que intentaba mantener el mar Caribe libre de piratería, sin conseguirlo.

Además de los barcos mercantes, las carracas, y de los militares, galeones, en las flotas también se encontraban los registros, barcos secundarios que no iban cada año, los avisos, barcos ligeros para dar información sobre piratas o sobre la llegada de mercancías y los azogues, que trasportaban mercurio.

El Galeón de Manila se fundó en 1570 y realizaba la carrera desde el Perú hasta Filipinas. Desde Lima (que recogía la plata del Potosí) se llegaba a Acapulco y de allí hasta Manila cruzando el Pacífico. Las mercancías llegadas de China, oro, especias y seda, se movían desde Acapulco por tierra hasta Veracruz y de ahí a España. A pesar de la distancia que las separaba las Filipinas eran gobernadas desde Nueva España.

Hasta 1580 todo funcionó bastante bien para los intereses españoles, pero en ese año con la derrota de la Armada Invencible su dominio del comercio marítimo se truncó. Inglaterra, Países Bajos y Francia se apuntaron rápidamente al negocio americano debido a la imposibilidad española de mantener un monopolio. Varios puntos se volvieron claves para las rutas comerciales a partir de entonces: Gibraltar, Florida y el Paso de Magallanes-Drake.

Al descubrir los británicos un paso al sur del estrecho de Magallanes (el paso de Drake) los españoles se vieron obligados a reforzar militarmente el cono sur. Durante 300 años España tuvo que mantener 3 flotas distintas que no podían cambiar efectivos entre ellas con tal de proteger y controlar el comercio marítimo. Una en el Mediterráneo con base en Valencia, compuesta por galeras, otra en el Océano Atlántico y otra en el Océano Pacífico. Los ingleses y otros estados atacarían una a una a esas flotas para aprovechar esa debilidad.

La plata extraída de América activó inicialmente la economía española. La corona se apropiaba del Quinto Real, un 20% de las transacciones de oro y plata que llegaban de las Indias. Gracias a ese impuesto se sufragaban gastos militares, pero también otros gastos de la corona. Los soldados cobraban en oro, así que una buena parte de la plata que llegaba se tenía que cambiar, con el consiguiente gasto, a oro. El resto de beneficios se utilizaban en pagar seguros, servicios, bienes, mobiliario, vino, etc. Gracias a la riqueza americana se pudieron mantener grandes contingentes militares por toda Europa.

La afluencia de plata finalmente produjo una gran inflación que culminó en el siglo XVII. A partir de la llegada de barcos a Cádiz los precios aumentaban cada vez más, sobre todo en Castilla y Andalucía. Las manufacturas cada vez eran más caras y apenas se vendían, lo que provocó la compra de esos productos fuera de España. La consecuencia directa fue una des-industrialización peninsular, la falta de incentivos para invertir por parte de la nobleza y por tanto un mantenimiento de la actividad rural y falta de innovaciones. Inversamente esto favoreció la riqueza de Inglaterra y los Países Bajos, consolidándose como las economías industriales de los siglos siguientes.

Un solo mar y un solo mundo

Imagen: Reconstrucción del mapamundi de Claudio Ptolomeo (siglo II) por Johannes de Armsshein hecho en Ulm en 1482 a partir de la obra Geographia. Es interesante comparar las diferencias y similitudes entre este mapa y el de Herodoto, sobre todo el Océano Índico como mar interior. La notación de latitud y longitud de Ptolomeo se utilizó durante mucho tiempo, aunque el cálculo de la longitud presentaba graves errores que no se pudieron corregir hasta la invención de relojes de precisión en el siglo XVII. Este error presentaba al Mar Mediterráneo como mucho más largo de lo que es realmente, colocando el extremo Este de Asia mucho más cerca de la costa Atlántica de Europa y llevando a Cristóbal Colón a pensar que una ruta hacia Asia por el Oeste era posible.

En esta entrada hablaremos de como los exploradores europeos se dieron cuenta de que existe un solo mar que baña todas las costas del mundo y por tanto un solo mundo interconectado, creando el inicio de la globalización. Además también veremos la conquista de los estados americanos fruto de esa expansión, por parte de los españoles.

En 1513 Nuñez de Balboa logró cruzar Panamá desde el Atlántico y descubrió una gran masa de agua, sin saber muy bien qué era, al que llamaron Mar del Sur. Esto llevó a realizar más exploraciones por Panamá y Nicaragua para cartografiar la costa. Dos años más tarde en 1515, Juan Díaz de Solís llegó al Mar de la Plata y descubrió, a su pesar, que era un río. En ninguno de los dos casos se logró el objetivo que se habían propuesto: encontrar un paso hacia Asia a través de América; una conexión marítima que atravesase o bordease el Nuevo Mundo.

Fernando de Magallanes era un marinero y mercenario portugués que estaba resentido con la corona portuguesa debido a que no le había ennoblecido ni enriquecido. De tal forma que decidió probar suerte con la corona castellana y en 1519 organizaron una expedición para bordear América por el Sur. Contaban con marineros españoles, italianos y franceses para una flota de 5 barcos que intentaría llegar a las Indias por el Oeste.

En 1520 llegaron al estrecho de Magallanes, que resultó muy difícil de navegar perdiendo uno de los barcos tras un mes de lucha contra el mar. Poco después sufrió un motín en un segundo barco, que abandonó la expedición, hasta que pudieron llegar a la Patagonia Occidental. Finalmente lograron llegar a las Filipinas en 1521, pero Magallanes murió en medio de un conflicto tribal local, perdiéndose otro barco más. Un marinero de la expedición, Juan Sebastián Elcano tomó el liderazgo y puso rumbo al Sur con dos barcos. En las Molucas compró 23 toneladas de clavo y empezó el largo regreso a la Península Ibérica. Tras naufragar y perder un cuarto barco los Portugueses intentaron darles caza cerca de Java, pero lograron escapar y llegar al puerto de Palos en 1522. La carga de un solo navío fue suficiente para pagar el coste de toda la expedición y sacar beneficios.

A pesar del éxito obtenido el estrecho de Magallanes era impracticable a nivel comercial y militar, y España tuvo que conformarse con la explotación de América y olvidarse de Asia. Por otro lado se había demostrado que existía un solo mar y por tanto un solo mundo donde se podía ir en barco a cualquier parte. En 1560 ya se conocían casi todas las costas excepto Australia, la Antártida y el Ártico y se creó un simbolismo que duraría siglos:

  • Europa: noble, monárquica y dominante.
  • Asia: rica, culta y exótica.
  • África: salvaje, inocente y medicinal.
  • América: caníbal, salvaje y violenta.

Más al Norte, desde Cuba, Hernán Cortés zarpó con una expedición con destino México en 1519. Contaba con 610 hombres (500 soldados y 110 marineros), 16 caballos, 13 mosquetes y 10 cañones de bronce. En 3 años Cortés dominó la confederación Azteca y produjo una corriente de migración hacia el Norte, hacia el Río Grande. Al encontrarse con indios nómadas, no agricultores, que huían al ver a los conquistadores decidieron dejar la frontera ahí ya que no había nadie a quien dominar.

En 1531 Francisco Pizarro inició la conquista del Imperio Inca desde Panamá, que duraría dos años. Continuará su expansión hasta Bogotá y desde Cuzco hacia el Sur llegando en 1542 a Santiago de Chile. Allí encuentran la misma situación que en el Norte y finalizan su conquista. En 1549 se había conquistado a los Aztecas, los Mayas y a los Incas y se puso bajo dominio español a 50 millones de indios.

Los estados que se encontraron eran muy jerarquizados y piramidales, con un gran control social. Los españoles solo tuvieron que substituir a la jerarquía superior para dominarlos y cambiar su religión por la católica. Además encontraron algo que condicionó la explotación americana, y la economía española, de los siguientes siglos: oro y plata en enormes cantidades.

La Roma de los románticos

Primer poema de las Elegías Romanas

Imagen: Columna de Focas (608) y Arco de Séptimo Severo (203) en el Foro Romano, al fondo a la derecha la iglesia de San Lucas y Santa Martina (1635), y a la izquierda parte del monumento a Víctor Manuel II (1911) y de la iglesia de San José de los Carpinteros (1663) en 2013.

Saget, Steine, mir an, o sprecht, ihr hohen Paläste!
Straβen, redet ein Wort! Genius, regst du dich nicht?
Ja, es ist alles beseelt in deinen heilingen Mauern,
Ewige Roma; nur mir schweiget noch alles so still.
O wer flüstert mir zu, an welchem Fenster erblick ich
Einst das holde Geschöpf, das mich versengend erquickt?
Ahn ich die Wege noch nicht, durch die ich immer und immer,
Zu ihr und von ihr zu gehen opfre die köstliche Zeit?
Noch betracht ich Kirch und Palast, Ruinen un Säulen,
Wie ein bedächtiger Mann schiklich die Reise benutz.
Doch bald ist es vorbei; dann wird ein enziger Tempel,
Amors Tempel, nur sein, der den Geweihten empfägnt.
Eine Welt zwar bist du, o Rom; doch ohne die Liebe
Wäre die Welt nicht die Welt, wäre denn Rom auch nicht Rom.

– Johann Wolfgang von Goethe, Römische Elegien

Decidme, piedras ¡Hablad, altos palacios!
Calles ¡solo una palabra! Genio ¿no estás inspirado?
Sí, todo está animado entre tus santos muros,
Eterna Roma; pero conmigo eres silenciosa, tan tranquila.
¿Quién me susurrará? ¿En qué ventana veré
A la hermosa criatura que me deleita y me consume?
Todavía no veo los caminos que recorreré
Para encontrarla y el precioso tiempo sacrificado.
Aún miro iglesias, palacios, ruinas y columnas,
Como acostumbra un hombre reflexivo en un viaje.
Pero pronto se terminará; habrá un único templo,
El templo del Amor, para ser alabado por los devotos.
Eres un mundo, Roma; pero sin el amor
El mundo no sería el mundo, ni Roma sería Roma.

– Johann Wolfgang von Goethe, Elegías Romanas

Heidelberg, ciudad del paisaje romántico

Imagen: Piedra conmemorativa a Eichendorff en Heidelberg en el Philosophenweg (Paseo de los universitarios).

«In dieses Märchens Bann verzaubert stehen
Die Wandrer still. – Zieh weiter, wer da kann!
So hatten sie’s in Träumen wohl gesehen,
Und jeden blickt’s wie seine Heimat an,
Und keinem hat der Zauber noch gelogen,
Denn Heidelberg war’s, wo sie eingezogen.»

– Joseph Freiherr von Eichendorff (1788-1857) studierte 1807-1808 in Heidelberg.

«Por este hechizo de cuento de hadas déjate encantar.
Los viajeros se detuvieron ¿quién podría continuar?
Así lo habían visto en sus sueños,
y a todos les parecía su hogar,
y ninguna magia nunca ha mentido,
se fueron a Heidelberg a mudar.»

– Joseph Freiherr von Eichendorff (1788-1857) estudió de 1807 a 1808 en Heidelberg.

Heidelberg, junto a Dresde y Berlín, se puede considerar uno de los centros del Romanticismo Alemán. Es aquí donde el interés romántico pasa por las leyendas, la historia y el saber popular. Hölderlin llamaba Madre (Mutter) a Heidelberg, y fue tal vez cierto, ya que en la ciudad podemos observar, en cierta medida, el nacimiento del nacionalismo alemán.

Es la vinculación de la tierra natal, el paisaje, con la propia alma, el re-descubrimiento de la historia pasada, de lo que nos une, del recuerdo y, en buena medida, de lo irracional que hay en todos nosotros. Observar el paisaje, lo exterior, era necesario para entenderse a uno mismo, lo interior. Eichendorff creó allí una poesía donde el paisaje es reflejo del alma y Novalis buscó en ese mundo externo la ascensión mística del alma del poeta.

Ya en el siglo XVIII empieza el interés por el paisaje en Alemania, pero no será hasta el XIX cuando, tras las guerras contra Napoleón, ensalcen el Volkgeist, el espíritu común que emana de la tierra, que cala las almas de sus habitantes y se refleja en el paisaje. Gracias al auge del patriotismo y el nacionalismo fruto de las Guerras Napoleónicas se ve en esos cuentos del pasado una manera de restaurar algo que se había perdido, una reacción contra las ideas de la Revolución y a la vez una resistencia contra el invasor extranjero.

La revista Zeitung für Einsiedler (Periódico para eremitas), el equivalente de Heidelberg del Athenäum de Jena, recopila canciones populares e inicia el periodismo político moderno al oponerse a Napoleón en sus textos. Los conocidos hermanos Grimm iniciaron la lingüística y filología alemanas y elaboraron, a partir de tradiciones populares, sus famosos cuentos. La mitología nórdica, la nostalgia y la Edad Media caracterizan al grupo de autores de Heidelberg: Arndt, Arnim, Brentano, Creuzer, Görres, Eichendorff, Motte-Fouqué y Werner [1]

El Romanticismo se expresa como una crisis de consciencia provocada por la Revolución Industrial y la Revolución Francesa, un intento de conciliar la vida moderna de la Ilustración con todo lo anterior. Muestra lo indefenso del individuo frente a la potencia de la máquina y la abrumadora razón y es la sensibilidad de ese individuo (Die Leiden des Jungen Werther) el punto de partida. Es en Alemania entre 1793-1797, en Berlín y en Jena con Shakespeare’s Behandlung des Wunderbaren y Der blonde Eckbert, cuando se da el inicio de una tendencia a sintetizar lo nuevo y lo moderno [2], el primer Romanticismo, el Frühromantik, tras el Sturm und Drang. Entre los años 1806-1808 se produce la cumbre de ese Romanticismo en Heidelberg cuando Arnim y Brentano publican Des Knaben Wunderhorn (una recopilación de antiguas canciones).

Heidelberg destaca en desarrollar el canon romántico de las Geisteswissenschaften (Humanidades), muchas veces con personalidades contradictorias, que intentan encajar la razón y la emoción. La tradición neo-platónica les caracteriza, a veces, queriendo utilizar los nuevos avances de la Ilustración junto a las ideas alquímicas medievales, por ejemplo. Ligado a éstos está el estudio del símbolo, de la lengua, la fonética y del significado propio de Creuzer y también de los Grimm [3].

En definitiva, podemos considerar a la ciudad de Heidelberg como núcleo de la segunda fase del Romanticismo Alemán, el Hochromantik, entre 1800 y 1815. Posteriormente, gracias al esplendor de ciudades como Heidelberg, el Romanticismo alcanzaría gran popularidad, pero ya con menos vitalidad, hasta 1835 con el Romanticismo Tardío, el Spätromantik.

Podemos ver que hay una doble vertiente en la poesía romántica del paisaje: Una interior, de acercamiento a lo divino, del deseo de lo ideal, de Dios y de la consciencia de la imperfección del mundo (Novalis, Hölderlin); mientras hay otra vertiente que percibe ese ideal en la naturaleza, el pueblo y las gestas, más grandes que la vida misma, que éste puede realizar (Eichendorff).

Eichendorff creía que el ser humano debía encontrar la felicidad en el entendimiento de la naturaleza y de sus cambiantes estados de ánimo y aspecto. Los viajes, el amor y la melancolía son partes de un ansía humana que en realidad lo que busca es la paz interior. Aunque muy relacionado con la poesía de otros románticos, Eichendorff parece mucho más positivo en su angustia existencial.

No es el caso de Hölderlin, cuya esquizofrenia afectó en gran medida a su poesía de tintes muy pesimistas. Sus primeras obras cantan a la inocencia del mundo natural mientras que al final de su vida, tras verse también afectado por la muerte de seres queridos, afirma que el mal y la corrupción también existen en la naturaleza y el ser humano es un producto de ellos. Novalis en cambio observa su entorno desde un punto de vista místico, casi mágico. Su objetivo es crear, sintetizar, una armonía a partir de lo material y lo espiritual, de lo natural y de lo divino.

Es el romántico quien cultiva más profundamente el género del paisaje en literatura y pintura, y es en Alemania donde residen sus más ilustres autores. El sentimiento religioso, la alegoría, el interés por lo sobrenatural y la búsqueda de lo celestial empapan las obras de Caspar David Friederich y de Carl Gustav Carus [4]. En conclusión podemos afirmar que la combinación de la cultura, la religiosidad y las peculiaridades paisajistas alemanas producen un sentimiento diferente, una mística nada desdeñable y la ciudad de Heidelberg se convierte en una visita obligada para entender qué fomentó las pasiones románticas del siglo XIX.

[1] Gras Balaguer, M. (1983). El Romanticismo como espíritu de la modernidad. Barcelona: Montesinos, p. 68-71.

[2] Jamme, C. et al. (1998). El movimiento Romántico, Madrid: Akal, p. 12-15.

[3] Ferraris, M. (2002). Historia de la Hermenéutica, México: Siglo XXI, p. 112-114.

[4] Martínez, L. (2007). El paisaje: el Romanticismo como búsqueda de lo sobrenatural, de lo trascendental, de la divinidad en la naturaleza. Valencia: UPV.