Urbanismo (I)

Los problemas de la ciudad industrial (siglos XIX y XX)

Imagen: plano del proyecto original de ensanche de la ciudad de Barcelona en 1860 diseñado por el arquitecto Ildefons Cerdà. Los ensanches fueron ideados para poder solucionar parte de los problemas de la ciudad industrial. Fuente.

La sociedad urbana europea antes del siglo XIX tenía una escala relativamente pequeña. Incluso las grandes urbes del siglo XVIII, como París o Londres, poseían una densidad de población escasa si las comparamos con los centros urbanos de China, en la misma época, o las del siglo posterior. La economía se basaba en un modelo orgánico, con materiales provenientes, en su mayor parte, del campo, como la madera, las pieles o los tejidos, y fuentes de energía como los animales de tiro, el agua, el viento y también la madera. El uso del carbón era escaso, así como los metales, solamente el uso de la roca en la construcción era frecuente.

El desarrollo del capitalismo y el mercantilismo favoreció la creación de las Reales Fábricas durante el siglo XVII para la creación de manufacturas de lujo: tejidos, armas, porcelana, tabaco, vidrio, navíos, relojes, seda, carruajes o licores, por ejemplo. Estas fábricas permitían racionalizar y concentrar la producción, creando un modelo mucho más eficiente que el de los pequeños artesanos. La invención de la máquina de vapor en el siglo XVIII permitió deslocalizar las incipientes fábricas de los ríos, de donde obtenían la energía, a las ciudades, desde donde podían exportar las manufacturas, venderlas en sus mercados o ser consumidas directamente por la burguesía o la nobleza residentes.

Las mejoras en la agricultura produjeron al mismo tiempo un crecimiento de la población sin precedentes que provocó migraciones masivas hacia las ciudades en busca de oportunidades. La ciudad preindustrial no estaba preparada ni para acoger a las nuevas fábricas ni a las olas de inmigrantes lo que hizo que las ciudades del siglo XIX, en palabras de Henri Lefebvre, explotaran. Al no disponer de espacio debido a las numerosas murallas se empezó a construir en altura y en cualquier espacio disponible para acoger a los nuevos trabajadores, lo que aumentó la insalubridad de las ciudades. Las condiciones de vida de las urbes se describirían como inhumanas por parte de Karl Marx: la abundancia de mano de obra bajó los salarios, las calles y el alcantarillado no podían drenar correctamente los residuos humanos, las fábricas contaminaban el aire y las aguas. Los principales problemas fueron las epidemias, la falta de higiene, la mala dieta, los horarios extensos (14 horas diarias, siete días a la semana), las malas condiciones laborales y las viviendas precarias.

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Grabado de Bluegate Fields, Londres, por Gustave Doré en 1872. Bluegate Fields era uno de los peores barrios degradados de la capital británica. Fuente.

La ciudad industrial tuvo un crecimiento sin precedentes, iniciándose en Londres a partir de 1801 y más tarde en París desde 1830. No solamente las grandes capitales aumentaron de tamaño y población, también las ciudades medias. En 100 años se multiplicaron por 15 las ciudades europeas de más de 100.000 habitantes. La sociedad industrial era eminentemente urbana y las ciudades y su morfología el objeto central de los cambios producidos en el siglo XIX, el campo quedaría relativamente intacto hasta entrado el siglo XX. Pero a pesar de disponer de expertos ingenieros y arquitectos la sociedad industrial fracasó en el intento de ordenar el nuevo modelo de ciudad.

El sistema de transportes urbanos tuvo un gran desarrollo gracias a los tranvías (Nueva York, 1832; París, 1854; Düsseldorf, 1876) y a los ferrocarriles metropolitanos (Londres, 1863; Nueva York, 1863; Budapest, 1896) que permitieron desplazarse a los trabajadores de sus barrios altamente densificados a las fábricas. Para descongestionar esos barrios y, sobre todo, salir de ellos creando un nuevo modelo urbano, los empresarios construyeron los ensanches. Primero en París con Haussmann en 1852 y, especialmente, en Barcelona y Madrid en 1860. Se creó un nuevo orden espacial a imagen de la nueva sociedad que habitaba la ciudad. Esta morfología se caracterizaba por espacios racionales, funcionales y especializados, que incorporaban los nuevos medios de transporte (ferrocarril, 1811; automóvil, 1886) y comunicaciones (telégrafo, 1833; teléfono, 1877), con amplias zonas ajardinadas, calles amplias e higiénicas, comercios y grandes industrias.

Entrando en el siglo XX la electrificación de la ciudad era total y se incorporaron nuevos materiales de construcción como el cemento y el acero, que, junto a los ascensores (Otis, 1853), permitieron una excelente construcción en altura produciendo la fiebre de los rascacielos (1884-1939). Se podría decir que la ciudad de principios de siglo estaba ya 24 horas despierta y la industria tenía libertad de poder situarse donde más le conviniera, sin limitaciones de acceso a la energía o los transportes. Los automóviles empezaron a producirse en serie en 1904 gracias a Henry Ford y permitieron la descentralización de las actividades y residencias humanas, dando un cierto respiro a las congestionadas ciudades. Por otra parte también favoreció la creación de bloques urbanos socialmente homogéneos y separados, produciendo segregación social, un proceso que ya se había iniciado con los ferrocarriles (Burgess, 1925).

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Rockefeller Center y RCA Building desde el 515 de Madison Avenue, Nueva York, por Samuel Gottscho en 1933. Fuente.

Las grandes guerras entre 1914 y 1945 destruyeron gran parte de las ciudades europeas y se vio una oportunidad para poder empezar de cero, reconstruyéndolas mediante un modelo planificado. A partir de 1945 se buscó una ciudad donde primara el desarrollo económico y social, donde no se produjeran las desigualdades heredadas del siglo XIX ni el caos proveniente de la morfología preindustrial.

En conclusión, hemos podido ver como la ciudad del siglo XIX cambió en muy pocas décadas radicalmente, sin tiempo de poder adaptarse adecuadamente. Se modificaron totalmente las estructuras productivas, sociales y culturales sin poder cambiar tan fácilmente la morfología urbana donde tenían lugar. Esto creó problemas de salubridad y tensiones sociales, llegando al conflicto y la negociación para poder mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Ya en el siglo XX las mejoras técnicas permitieron una válvula de escape, se empezó a hablar de planificación urbana, desarrollo y bienestar. Existía una confianza plena en que no había límites a la inventiva humana y su capacidad de poder dar a todo el mundo un cierto nivel de vida. La electricidad, la arquitectura y el planeamiento permitieron organizar la ciudad acorde a modelos idílicos, considerando que la ciudad del siglo XIX no había funcionado debido a la incapacidad de modificar su forma adecuadamente.

En las siguientes entregas podremos ver las diferentes propuestas urbanísticas que han tenido mayor repercusión en el objetivo de mejorar la sociedad y la ciudad en los siglos XIX y XX, en un viaje por fórmulas utópicas y pragmáticas.