Las ciudades en España (II)

La ciudad contemporánea y franquista

Imagen: bombardeo de la ciudad de Barcelona del 17 de marzo de 1938, fotografía tomada desde un bombardero italiano. Puede apreciarse la ciudad medieval en el centro de la imagen y parte del Ensanche (1860) en las partes derecha e inferior. También el parque donde se situaba la antigua ciudadela, a la izquierda, y justo encima el barrio de la Barceloneta (1753) y el puerto. Las bombas con menor nube de la imagen cayeron en el barrio del Rabal (antiguo arrabal medieval), muy cerca de la Ramblas y el mercado de la Boquería; las de mayor nube en la Plaza Cataluña y la confluencia de la Gran Vía de las Cortes Catalanas con Paseo de Gracia. Fuente.

Continuamos con el análisis de las ciudades españolas, tratando en esta entrada la ciudad del siglo XIX y principios del XX.

La ciudad contemporánea

En el siglo XIX y hasta la Guerra Civil (1936-1939) apareció la industria y se situó fuera de las ciudades españolas, próxima a fuentes de energía, y conectada a ellas mediante vías de comunicación importantes. Las fuentes de energía utilizadas fueron el carbón y la hidroeléctrica. También aparecieron otros núcleos industriales en el mundo rural próximo a las ciudades, aunque no tenían por qué estar inicialmente bien conectados con estas. Paralelamente se construyeron cerca de las industrias viviendas para los trabajadores, de baja calidad, y aparecieron los ensanches alrededor de los centros urbanos, de diseño más o menos racional y espíritu burgués, con calles amplias que permitían los flujos internos de la ciudad.

Nuevos ejes de comunicación, como las carreteras y el ferrocarril, conectaron la ciudad con el exterior, pero no favorecieron la movilidad interna; funcionaban del interior de la ciudad hacia la periferia. Todo esto (industrias, ejes de comunicación, viviendas obreras, ensanches) provocó la reconversión de los núcleos rurales adyacentes a la ciudad que se tornaron urbanos.

La poca importancia urbana en el territorio hizo necesario la creación de obra pública para poder realizar una organización adecuada, con muy poca industria inicial. La ciudad se vio potenciada por el sector público que a su vez generó actividad y beneficios para la burguesía industrial, propietaria del suelo y del comercio. Los polos de desarrollo industrial durante esta época en España fueron Barcelona y Bilbao. La burguesía marcaba el ritmo de construcción urbano mediante dos tipos de modificaciones:

  • Internas: remodelación viaria, desamortizaciones para crear suelo urbanizable y mejora de servicios urbanos. Todo esto acabó provocando un aumento de la densificación urbana, una degradación interna y una saturación del crecimiento.
  • Externas: planificación de ensanches, crecimiento espontáneo no planificado, anexión en el extrarradio de suburbios, arrabales y otros núcleos urbanos. Las consecuencias fueron un crecimiento no homogéneo, la convivencia de fábricas, viviendas y agricultura, y disputas entre la autoridad de la burguesía y los ayuntamientos.

Las actuaciones interiores eran una herencia de la dinastía Borbónica (saneamiento, iluminación, pavimentación), fundamentalmente una regularización de las calles para favorecer la circulación, destruyendo y reconstruyendo vías. Era un proceso lento y realmente poco útil. La desamortización del suelo eclesiástico, pareció dar algo mejor resultado, normalmente para edificar viviendas, pero de forma excepcional también se construía en él mercados, plazas y edificios públicos. La iluminación viaria, la pavimentación y el alcantarillado densificaron más la ciudad con la consecuente degradación y pérdida de seguridad.

Todas estas medidas no acabaron de funcionar para la burguesía, por tanto se buscó la creación de ensanches, que se antojaban racionales, previsibles y equilibrados. Además aportaban un cambio en el uso del suelo que era más rentable cambiando un terreno rural hacia otro tipo como el residencial, el comercial, el industrial o el viario. Los ayuntamientos intentaron regular los procesos junto a la planificación, sin éxito.

En 1859 se planteó el Plà Cerdà en Barcelona por parte del Ministerio de Gobernación y en 1860 el Plan Castro en Madrid. La planificación estaba centrada en el límite municipal sin tener en cuenta el ámbito territorial, lo que creó un crecimiento espontáneo en los límites de municipios colindantes que unía el centro municipal con el límite exterior del ensanche. Los arquitectos del GATPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos catalanes Por la Arquitectura Contemporánea) buscaron que se construyeran equipamientos y servicios, pero en general había una falta de funcionalismo racional en las ampliaciones urbanísticas.

La influencia de burgueses de prestigio provocaba que al final se construyera lo que a ellos les interesaba en lugar de lo planificado. Aun así, sí se logró levantar algunos edificios de interés público y se pudo oxigenar la antigua ciudad preindustrial mediante nuevas vías que la atravesaban y unían con la nueva, donde se construirían edificios acordes a los intereses burgueses. Los núcleos colindantes se acabarían anexionando a la ciudad creciente en un continuo urbano. Los usos del suelo se tornaron diversos y caóticos, en una mezcla de almacenes, fábricas, residencias, vaquerías, funerarias, mataderos, universidades, etc. La falta de planeamiento y su irracionalidad era el resultado de las tensiones y conflictos entre los propietarios, los comerciantes, los constructores y la administración.

La ciudad franquista

Antes de entrar en la ciudad durante la dictadura del general Franco (1939-1975) hay que dejar claro que muchas ciudades españolas no tienen un ensanche entre la ciudad antigua y la creada por el desarrollismo franquista. El desarrollismo es una mentalidad que busca un crecimiento económico lo más rápido e intenso posible sin tener en cuenta otros aspectos sociales, culturales o políticos, por ejemplo. El crecimiento industrial fue el desencadenante, junto con un sistema productivo que consumía mano de obra barata, permitiendo un rápido crecimiento. Dependiendo de la tradición industrial de cada ciudad se iniciará antes o después.

La nueva industria se situó en regiones similares a la época de la Revolución Industrial, pero ya no tuvo en cuenta la cercanía a las fuentes de energía utilizando antiguos núcleos rurales periféricos o lugares cercanos a los principales ejes de comunicación. Progresivamente aparecerían los llamados barrios dormitorio para recibir a los inmigrantes que iban a trabajar en la nueva industria. Eran parajes poco urbanizados, carentes de servicios, adosados a las industrias y en algunos casos aislados.

Poco a poco fue creciendo un tejido urbano de clase media-baja entre los ensanches y los nuevos núcleos, de forma no planificada, utilizando el automóvil como herramienta de movilidad, sin grandes ejes viarios y, cómo decíamos, equipamientos deficitarios. La edificación fue impulsada por la iniciativa privada y sin demasiada regulación produciendo modificaciones en el ancho de las calles y la altura y el número de pisos de los edificios acorde al máximo beneficio del promotor y sin tener en cuenta el entorno. Los núcleos colindantes también crecieron de la misma manera, pero de forma más discreta.

Los ejes hacia el exterior se prolongaron, del centro de la ciudad hacia la periferia, de forma radial, mientras que la circulación entre barrios continuaba siendo muy complicada. Como el ferrocarril resultaba deficitario se construyó una red de autopistas para comunicar ciudades de forma rápida. No existía la comunicación interna en las ciudades de esta época, que hacían la función de centro industrial y de servicios, siendo las zonas residenciales más parecidas a “almacenes” de personas. De esta guisa se constituyeron los CBD (Central Business District) entorno a uno o dos grandes ejes viarios, con una gran concentración de servicios, administración y centros de decisión y de poder. En los CBD no existía prácticamente suelo residencial y exigían muy buena comunicación, en el caso de los CBD situados en ensanches se creó una convivencia entre edificios nuevos y viejos. También aparecieron los barrios de lujo para la nueva burguesía franquista, en zonas exteriores de la ciudad o directamente fuera de ellas, para disfrutar del privilegio de la falta de ruido y ausencia de contaminación.

En la siguiente entrada veremos las características de la autarquía franquista y en mayor detalle cómo se produjo el desarrollismo que desembocó en la ciudad de la Transición política  a la democracia en 1975.

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