Los robots de Asimov

Una serie de ciencia ficción

Imagen: Isaac Asimov firmando un ejemplar de su libro de 1983 La mente errabunda, colección de 62 ensayos sobre multitud de temas, en la librería neoyorquina The Mysterious Bookshop. Fuente.

En estos días de confinamiento es probable que muchas personas quieran dedicar las horas que pasan en casa a la lectura. En esta entrada vamos a recomendar una de las más conocidas series de novelas del prolífico escritor de ciencia-ficción Isaac Asimov. Si bien la más famosa es su serie Fundación, aquí vamos a hablar de la serie de los Robots, aunque, como veremos más adelante, también estaremos hablando de la primera.

Asimov (1920-1992) es uno de los más conocidos escritores de ciencia-ficción y colaboró a su desarrollo en la llamada Era Dorada del género durante los años cuarenta del siglo XX, continuando escribiendo durante décadas. Aunque era de origen ruso-judío se crio enteramente en el barrio neoyorkino de Brooklyn. Graduado en bioquímica continuó sus estudios con un postgrado y un doctorado en química. Fue miembro de la Universidad de Boston, pero sus ingresos principales provenían de su labor como escritor.

Escribió prácticamente sobre todos los temas posibles y estaba obsesionado por escribir llegando a publicar más de 500 libros. Progresista, racionalista y humanista plasmaba en sus obras su amor por la ciencia y la historia. Asimov no inventó a los robots, pero fue quien introdujo la palabra robótica y el creador del cerebro positrónico, un elemento indispensable para la ciencia-ficción desde entonces.

Robot proviene del checo robota que significa trabajo forzado o servidumbre, corvea. Karel Čapek y su hermano Josef fueron los inventores de la palabra en su obra Robots Universales Rossum (1920) donde aparecen seres humanos artificiales llamados robots creados para servir como trabajadores.

A continuación vamos a reseñar las obras que componen la serie de Robots de Asimov, intentando no desvelar demasiado de la trama ni de sus protagonistas y centrándonos más en sus aspectos sociales, morales o científicos.

Yo, Robot (1950)

Colección de nueve relatos publicados inicialmente en las revistas Super Science Stories y Astounding Science Fiction entre 1940 y 1950. Los relatos plantean escenarios independientes entre sí en diversos periodos del futuro de la humanidad (hasta más de mil años desde el siglo XX), y encontramos situaciones donde las tres leyes de la robótica de Asimov, a pesar de cumplirse, paradójicamente provocan conflictos de índole moral o filosófica, poniendo a prueba el alcance de las leyes.

Las tres leyes fueron planteadas en las historias de Asimov como el mecanismo de seguridad por el cual un robot nunca pudiera suponer un peligro para ningún ser humano y además ser eficaz en sus tareas:

  1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

Bóvedas de acero (1954)

La acción de esta novela transcurre siglos más tarde de los relatos de Yo, Robot. En el siglo XLVII la Tierra está superpoblada y la humanidad vive en ciudades subterráneas (cuyas aceradas bóvedas sobresalen hasta la atmósfera) mientras que la superficie se utiliza para el cultivo de alimentos. Al mismo tiempo existen 50 mundos espaciales colonizados por humanos que utilizan los robots de forma habitual, algo que en la Tierra es raro. Los espaciales tienen una esperanza de vida de siglos en planetas poco poblados, mientras que en la Tierra las viviendas son minúsculas y las vías de transporte están siempre congestionadas. Un puerto espacial, Espaciópolis, es el único lugar de la tierra donde espaciales y terrestres entablan relaciones comerciales y diplomáticas.

La novela utiliza una trama de asesinato para plantear cuestiones sobre la decadencia cultural humana, la superpoblación, el uso de robots, las consecuencias de una sociedad aislada o el abuso de la tecnología, que puede llevar al estancamiento social. En la Tierra se rechazan los robots, sobre todo cuanto más humanoides son, en cambio en los mundos espaciales se promueve una sociedad individualista, servida por los robots y buscando la salud y las actividades que uno desee hacer. La sociedad terrestre tiene problemas graves (agorafobia, provincianismo, hacinamiento, xenofobia y rechazo de la tecnología) propios de una sociedad encerrada en sí misma. Pero, aunque pueda parecer lo contrario, tal vez las soluciones espaciales no sean las mejores posibles.

El sol desnudo (1957)

Continuación directa de la anterior novela, desarrolla aún más los temas de la anterior. Teniendo al mismo detective protagonista, Elijah Baley, la trama vuelve a centrarse en un asesinato, esta vez en el mundo espacial de Solaria. En ambas novelas la cuestión sobre quién, cómo y por qué pudo realizar el crimen gira alrededor de las leyes de la robótica planteadas en Yo, Robot. En esta ocasión la víctima es un espacial de un planeta en el que sus habitantes viven completamente aislados unos de otros, un extremo entre los mundos espaciales. Tienen a su servicio miles de robots que realizan todas las tareas en residencias de miles de hectáreas (solo hay 20.000 habitantes en todo el planeta), que incluyen una vivienda lujosa, jardines, bosques y campos de cultivo. Las relaciones interpersonales se realizan mediante videoconferencias de hologramas tridimensionales, excepto en lo que se refiere al sexo dentro de la pareja, cuando se suceden breves encuentros meramente para el acto reproductivo. Los solarianos son expertos diseñadores de robots y tienen pánico incluso a estar en la misma habitación que otro ser humano.

Dos temas son analizados por Asimov en esta novela. El primero es el miedo a las amenazas naturales, a lo impredecible, que puede llevar al ser humano a crear un ambiente completamente controlado, aislado y artificial, para evitarlas. En este caso estaríamos hablando de las ciudades subterráneas terrestres, que provocan miedo al exterior, a la colonización de nuevos espacios potencialmente amenazantes (en este caso planetas) y, a un nivel interno, estancamiento social y una posible extinción como especie. En esta novela el protagonista ve por primera vez un sol con sus ojos, un sol al desnudo.

El segundo es el aislamiento social individual, diferente del aislamiento de la sociedad en su conjunto que sería el primer tema. Aquí Asimov trata de los peligros resultantes de una capacidad tecnológica que permite a los seres humanos evitar las relaciones sociales personales. En Solaria, de forma muy parecida a nuestro presente, las personas pueden vivir perfectamente sin salir de casa: los alimentos son cultivados y procesados por robots, todos los bienes materiales son hechos y transportados por máquinas y mediante la informática pueden comunicarse, divertirse y trabajar a distancia. Al carecer de trabajo real el ocio es el único pasatiempo y al no haber retos que requieran esfuerzo humano se produce otro tipo de decadencia: un estancamiento, que si bien goza de comodidad y salud, evita cualquier innovación, adaptación y, sobre todo, cooperación.

Los robots del amanecer (1983)

La cuarta entrega de la serie de Robots empieza a unificar tanto los relatos de la primera entrega, inicialmente independientes y poco conectados con el resto de historias, como la serie de la Fundación, gran éxito de Asimov, la cual merecería otra entrada detallada para hablar de ella. Además también fue finalista tanto del premio Locus como del premio Hugo en 1984.

La sociedad de Fundación difería enormemente de la presentada en la serie de Robots, sin embargo en Los límites de la Fundación (1982) se mencionaba la existencia de robots en el pasado. Para poder enlazar una serie con otra Asimov empezó a dirigir los acontecimientos de Los robots del amanecer hacia un escenario consistente con lo explicado en Fundación. De nuevo el detective Baley tiene que investigar un crimen, en este caso el borrado de la mente de un robot humanoide en el planeta Aurora, principal mundo espacial (en el título original The Robots of Dawn, dawn puede traducirse como amanecer, alba o aurora). El único al parecer capaz de hacerlo es su diseñador, Hans Fastolfe, pero niega haberlo hecho. Como Fastolfe apoya a la facción política favorable a la Tierra, teme que haya un complot para acusarle del crimen y Baley deberá demostrar su inocencia para evitar el descalabro de su partido.

A partir de las experiencias de Baley en Solaria empieza a haber un deseo por parte de varios terrestres de colonizar otros planetas y abandonar su vida de reclusión, pero aún son minoría. En Aurora, como comentábamos, existe una facción política a favor de apoyar a estos nuevos colonos, pero también existe una facción contraria que pretende aislar a la Tierra, considerada atrasada y bárbara, y colonizar la galaxia mediante robots humanoides que terraformarían los planetas para los nuevos colonos, que posteriormente crearían sociedades como las del planeta Aurora.

En la novela se sigue ahondando en la capacidad de los robots de cumplir con las leyes de la robótica, pero además trata temas como las relaciones ser humano-máquina desde el punto de vista de la sexualidad, o la promiscuidad y la paternidad en sociedades informatizadas e individualistas. Aurora no es una sociedad tan aislante como Solaria, pero utilizan los robots constantemente, sus ciudades tiene muy poca densidad de población, los hijos son criados separados de los padres y sus relaciones sociales son escasas y coreografiadas. Aparece aquí un elemento que es muy importante en la serie Fundación, la psicohistoria, y que acabará siendo parte del misterio final de la novela.

Robots e imperio (1985)

La última novela de esta serie sucede 200 años después de la anterior entrega. Los primeros colonos terrestres han empezado a poblar nuevos mundos, mas con dificultades, y los proyectos de colonización mediante robots humanoides de Aurora han fracasado. Los nuevos colonos no utilizan robots, basándose en su habilidad y cooperación para resolver los problemas que se van encontrando. El método de colonizar mediante robots humanoides unido a la baja natalidad de los espaciales está haciendo, en el momento descrito en la novela, que la población terrestre ocupe mucho más territorio espacial, relegando a la sociedad de Aurora y el resto de planetas espaciales a meramente sus 50 planetas.

Aún más, en los dos siglos que han pasado algún planeta, como Solaria, se ha visto despoblado. Es solo cuestión de tiempo que la sociedad espacial se cierre en sí misma y desaparezca, como hubiera sucedido con la Tierra si no se hubiera iniciado la colonización espacial. Asimov plantea aquí que el futuro de la humanidad necesita de un crecimiento continuo, de estímulos que fuercen su habilidad y provoquen la convergencia social. Además también plantea se debe evitar el uso de herramientas que, como los robots, conviertan a los humanos en personas dependientes e incapaces de desarrollar nuevas capacidades.

Una trama central de la novela provocará, en los siglos posteriores, el abandono de la Tierra, lo que acrecentará la colonización de toda la galaxia. Para resolver esa trama los dos robots protagonistas R. Daneel Olivaw y R. Giskard Reventlov (la R es de Robot, una costumbre terrestre para identificar claramente a los robots, sobre todo a los humanoides) inventan la Ley Cero, capaz de sobreponerse a la Primera Ley:

  • Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño.

Como la presencia de los robots estaba siendo perjudicial para la humanidad, la solución lógica era que estos desaparecieran. El desenlace de la novela da pie a la Trilogía del Imperio Galáctico, que a su vez desembocará en la serie de Fundación. Los acontecimientos en esta novela y en las anteriores han tenido como hilo conductor a unos cuantos robots que, y aquí les invito a que descubran cómo y porqué en los libros, se convirtieron en los cimientos del futuro Imperio Galáctico.

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