El bosque en España (I)

Imagen: superficie forestal en España (en verde), el límite del país se indica con una línea roja. El mapa está diseñado por Robert Szucs. Fuente.

Introducción

El cambio climático es un hecho patente en España. Las series climáticas desde 1971 muestran un aumento de la temperatura media anual, sobre todo en los últimos 10 años, la expansión del clima semiárido y un mayor número de noches tropicales (aquellas con una temperatura mínima mayor de 20⁰) (AEMET, 2019). Todos estos factores van a afectar a la vegetación española. En estas entradas vamos a describir la situación de la vegetación forestal en la Península Ibérica en la actualidad y como los cambios climáticos y la acción humana pueden afectarla.

Es complicado definir qué es un bosque. Los factores más frecuentes que se utilizan son la altura de la vegetación, la densidad de plantas, la estructura y niveles de los árboles, el tipo de suelo, el paisaje que nos transmite y los límites que observamos. Los árboles son la unidad básica del bosque. Se suelen considerar árboles las plantas de más de 7 metros de altura, siendo matorral arbustivo las que tienen entre 3 y 7 metros y matorral las menores de 3 metros, hasta llegar al sotobosque de vegetación inferior al metro y medio de altura.

Un ejemplo de definición de bosque podría ser el de “una agrupación espesa de árboles” o el de “lugar poblado por árboles y matas”. Sin embargo dejan algunos aspectos propios del bosque fuera que podríamos incluir en una definición como “estructura suficientemente densa de vegetación que genera un microclima propio, diferente del entorno circundante”. Aunque también podemos optar por una definición más simple, pero efectiva: “un bosque deja de serlo cuando los árboles son la excepción y no la norma”.

En la Península Ibérica existen unos factores paleogeográficos inamovibles desde el inicio del periodo cuaternario como son las mesetas, valles y cordilleras que han obligado a la vegetación a adaptarse a ellos. El poblamiento humano de la península data, al menos, desde hace 800.000 años y junto a la adopción de la agricultura, como mínimo desde -5000, ha alterado y antropizado la vegetación en la mayor parte del territorio. Aun así, desde el cuaternario siempre ha habido espacios boscosos en la península, variando su tamaño según las circunstancias climáticas. Normalmente se ha tratado de especies adaptadas a altas temperaturas y a poca humedad, combinándose el bosque a menudo con la estepa.

La cubierta forestal ibérica ha estado integrada desde el Plioceno por frondosas y coníferas instalándose cada tipo de especie en espacios diferentes y no compitiendo entre sí: el clima de cada época afectaba al tamaño de la cubierta de cada una. Las frondosas se caracterizan por bosques cerrados de especies relativamente actuales que buscan espacios húmedos, sin frío, suelos duros y sotobosque sombrío. Las coníferas en cambio son especies más antiguas, heliófilas, de bosque abierto y sotobosque denso, toleran el frío y la sequía y son poco exigentes con el suelo. Ninguna de las dos ha dominado el espacio ibérico, sino que han coexistido y además nunca en entornos puros, siempre mezcladas con otras especies.

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Pinar del Geoparque Villuercas-Ibores-Jara ejemplo de bosque de coníferas de la España Seca. Fuente.

En España hay una gran diversidad de flora, tanto en variedad como en cantidad, y eso ha dificultado la clasificación de las formaciones vegetales de la península. En Europa los bosques forman estructuras transversales de Este a Oeste con barreras latitudinales o incluso de relieve, como los Alpes. En América sucede al revés, con estructuras longitudinales de Norte a Sur, formando bosques mixtos. Las estructuras españolas crean un modelo europeo con pocos bosques mixtos. Además cuando más nos alejamos del ecuador menos especies nos encontramos, la co-dominancia ecuatorial da paso a la mono-especie, debido a las peores condiciones climáticas. España se encuentra en una situación intermedia entre ambos extremos con una superficie amplia con diversidad de ambientes, siendo el resultado una gran variedad de especies y una alternancia de co-dominancia y mono-especie.

La humedad alta constante, un relieve suave, regularidad térmica y falta de heladas  crean un ambiente idóneo para la co-dominancia y la creación de bosques mixtos. Esto sucede principalmente en la costa Norte y Noroeste de la península y parte de la costa Noreste. Hay muy pocos bosques mixtos en el interior y en las montañas, y si existen es en lugares con poca acción antrópica. La poca humedad de la costa Sur y del Mediterráneo dificulta la creación de bosques mixtos.

Normalmente el bosque mixto se crea cuando dos formaciones diferentes entran en contacto en una región donde las condiciones ecológicas son aceptadas por ambas, formando una banda ecotónica, más o menos ancha dependiendo de la topografía. Los grandes cambios climáticos ayudan a crear estos bosques o a hacerlos desaparecer. El ser humano, por su lado, también crea un proceso de cambio debido al aprovechamiento selectivo de especies y a la roturación excesiva.

Un bosque puede ser dominante solamente si la situación lo permite, con suelos, precipitaciones y temperaturas adecuados. Cuando las condiciones se alteran el bosque se reduce y se degrada llegando incluso a cambiar hacia formaciones arbustivas. En el cuaternario el bosque resulta dominante en la Península Ibérica, con tamaños variados y espacios de matojos y llanos. Actualmente la situación forestal es el resultado de la herencia cuaternaria y la acción antrópica posterior. A partir del Neolítico y la explotación agrícola, ganadera, minera y maderera se produce un retroceso del bosque sistemático hasta el siglo XX. Solamente la actitud de la propiedad privada que buscara la protección de determinadas áreas permitía conservar esos bosques, por ejemplo en la reserva señorial de la Edad Media. A partir de 1950 sin embargo se invierte ese proceso, la presión sobe el bosque disminuye debido a la reducción de la actividad agraria, las reforestaciones para evitar procesos de erosión y, como factor más importante, a la utilización de combustibles fósiles. La superficie actual es de unos 18 millones de Ha, el 35% de la superficie española, cuando en 1990 era el 25%.

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Regiones biogeográficas de España. Fuente.

España se sitúa entre dos regiones vegetales, la Eurosiberiana y la Mediterránea, junto a las Islas Canarias que pertenecen a la región Macaronésica. La primera región corresponde al Norte, desde Galicia hasta los Pirineos y la segunda al resto de la península; de todas maneras hay islas de ambas regiones en la otra, ya sea por efecto del relieve o de microclimas. A grandes rasgos se corresponden con la Iberia húmeda y la Iberia seca, llegando esta última a ser la Iberia desértica, sobre todo en el Sureste y el Valle del Ebro. La primera se caracteriza por árboles caducifolios que realizan una parada biológica que les permite superar el frío, la segunda contiene árboles perennes xerófilos con hojas pequeñas, duras y estrechas que les permite perder poca agua y, finalmente, en la tercera no hay capacidad para el bosque, solamente para matojos y árboles raquíticos.

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