100 años de superhéroes (V)

Imagen: portada del número 2 de Kingdom Come por Alex Ross de junio de 1996 donde podemos ver a los personajes del bando de Superman y al sacerdote Norman McCay, observador, junto al Espectro, del conflicto que se narra en esta serie de 4 números. Fuente.

Nostalgia y redefinición (1996-2001)

En la última entrada de esta larga serie sobre los 100 años de superhéroes del cómic dejamos la industria de este género bastante dañada comercialmente y con un estilo de cómics basado en un dibujo espectacular lleno de culturistas, modelos de lencería y armas de fuego enormes. Al cabo de unos años empezaron a surgir voces en contra de este modelo un tanto inmaduro de hacer cómics y que miraban a una idealizada Edad de Plata, donde los cómics tenían unos valores morales definidos, los cuales carecían los cómics de los 90.

El punto de viraje definitivo fue Kingdom Come de Mark Waid y Alex Ross para DC en 1996. Ross ya había mostrado su talento en Marvels dos años antes y colaboró con Waid en esta tragedia de superhéroes donde se criticaba de forma explícita a los cómics de la época. De hecho el villano de la historia, Magog, recopila todo lo que no les gusta a Waid y a Ross de los personajes típicos de los 90, sobre todo la creación de Rob Liefeld para Marvel, Cable. La premisa básica trataba sobre el retorno de los héroes clásicos de DC para poner orden en un mundo lleno de violencia donde ya no se distinguía apenas entre héroes y villanos, pero criticando a su vez el abuso de poder que se puede ejercer en nombre de lo que es justo.

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Portada de Supreme #41, por Joe Bennet y Marlo Alquiza, agosto de 1996. Fuente.

Otro cómic que marcó este cambio está basado, paradójicamente, en otra creación de Liefeld, Supreme. Supreme es un trasunto de Superman, bastante autoritario, violento y egoísta que entonces era editado por Image. En el número 41 de su serie (agosto de 1996) Alan Moore tomó la batuta y reinventó completamente al personaje incluyendo conceptos como la ‘revisión de la realidad’ que explicarían los cambios en los personajes de cómics a lo largo de los años. Junto a múltiples dibujantes como Ian Churchill, Rick Veitch o Chris Sprouse, Moore escribió historias retrospectivas como si el cómic hubiera existido desde los años 40 y utilizó todo el amplio imaginario de Superman, pero subvirtiéndolo, haciendo un cómic muy alejado de la corriente principal y que homenajeaba el pasado de los cómics, más inocente, pero también más original e imaginativo.

Las revistas de cómic tuvieron una bajada de las ventas durante todo este periodo. El principal motivo fue la explosión de la burbuja de producción que elevó muchísimo el mercado, pero también habían otros factores como el abandono por parte de los lectores jóvenes del género de superhéroes en favor de otros medios de entretenimiento, como los videojuegos, la animación, otros géneros (como el manga) y el mayor acceso a Internet a medida que pasaban los años. En cambio, los tomos recopilatorios que incluían varias revistas juntando arcos argumentales o sagas famosas empezaron a ganar demanda. Gracias a comics como Watchmen o Maus las librerías empezaron a dar importancia al medio y al formato de cómic en libro. Este método de publicación permitió salvar en gran medida la industria del cómic ampliando el mercado y obligando al comprador ocasional a comprar varios números de una serie a la vez. Este cambio en el modelo ha hecho que las historias se empiecen a organizar acorde a la futura recopilación en arcos argumentales que empiecen y finalicen en un mismo tomo.

La serie de dibujos animados la Patrulla X de 1992 hizo subir aún más las ventas de la franquicia mutante hasta su cénit alrededor de 1995 cuando se publicó la Era de Apocalipsis (agosto de 1995). Figuras de acción, videojuegos, cartas coleccionables, camisetas, etc. inflaban los beneficios de Marvel. Cuando reventó la burbuja del mercado de especulación la línea más afectada fue la de los mutantes, que redujo drásticamente sus publicaciones y otros productos relacionados. En 1996 con la llamada Marvelution la línea mutante empezó a caer en barrena y, excepto momentos puntuales, nunca ha vuelto a ser el éxito de ventas ni de crítica que había sido.

Pero no solo los mutantes se vieron muy afectados por la Marvelution, las ventas bajaron muchísimo para los personajes clásicos de Marvel y decidieron volver a apostar por los autores que habían inflado la demanda a cotas estratosféricas unos años antes, cancelando las series en curso e iniciando nuevas series desde el número 1. El proyecto se llamó Heroes Reborn y contó con Brandon Choi y Jim Lee para Fantastic Four (vol. 2), Jim Lee, Scott Lobdell y Whilce Portacio para Iron Man (vol. 2), Jeph Loeb y Rob Liefeld para Avengers (vol. 2) y Jeph Loeb y Rob Liefeld para Captain America (vol. 2). Las series empezaron a publicarse entre agosto y septiembre de 1996.

La idea fue un fracaso de crítica y ventas y tras finalizar el periodo establecido por contrato Marvel decidió volver a una visión más clásica de sus personajes dejando de lado toda la moda de principios de los 90. Las historias, en muchos casos, eran versiones actualizadas de las mismas tramas que habían protagonizado estos héroes durante los años 70 y 80. El título comercial fue Heroes Return y contó con una nueva numeración de las series, algo que desde entonces es muy habitual, al menos cada 5 años. Entre enero y julio de 1998 se iniciaron nuevos volúmenes: Avengers (vol. 3) de Kurt Busiek y George Pérez, Captain America (vol. 3) de Mark Waid y Ron Garney (aunque Andy Kubert se encargaría al poco tiempo de los dibujos), Thor (vol. 2) de Dan Jurgens y John Romita Jr., Iron Man (vol. 3) de Kurt Busiek y Sean Chen, y  Fantastic Four (vol. 3) de Scott Lobdell (pronto sustituido por Chris Claremont) y Alan Davis.

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Portada de Avengers (vol. 3) #1 por George Pérez y Tom Smith, febrero de 1998. Fuente.

Mientras tanto la editorial Image iba diversificando su estilo, los diferentes autores habían creado distintos sellos, como Maximum Press (luego Awesome) de Rob Liefeld, Top Cow de Marc Silvestri o Wildstorm de Jim Lee que poco a poco fueron dejando el grupo Image. En muchos casos empezaron a publicar historias muy alejadas de la línea que ellos mismos habían iniciado, con autores muy diversos. En septiembre de 1998 dentro del sello Wildstorm se editó Planetary de Warren Ellis y John Cassady. Planetary analiza y disecciona la cultura popular del siglo XX, en especial la de los superhéroes, pero también el pulp, el kaiju japonés o el cine de Hong Kong. Cogiendo la premisa de Alan Moore en Supreme los autores implantan un pasado ficticio en un universo de superhéroes a partir de unos arqueólogos de lo extraño (Elijah Snow, Jackita Wagner y el Baterista) lo que les permite criticar los actos de los personajes de ese pasado y por ende los personajes originales en los que se basan.

También dentro de Wildstorm se publicó en mayo de 1999 The Authority del mismo guionista, Warren Ellis, junto a Bryan Hitch. La serie introdujo un aspecto visual panorámico que formaría la base de los cómics posteriores, así como una destrucción y violencia a gran escala que no era frecuente en el género por entonces. Estas técnicas estaban influidas por el manga japonés, menos encorsetado a las historias de 24 páginas del cómic americano y menos ceñido a unos límites morales. La revista mostraba a un grupo cínico de superhéroes (Jenny Sparks, Apolo, Midnighter, Swift, Engineer, el Doctor y Jack Hawksmoor) que decide utilizar cualquier medio necesario para resolver las situaciones que se encuentran, incluido tomar decisiones unilaterales y no democráticas, de ahí su nombre, la autoridad. La serie continuaría con los guiones de Mark Millar y los dibujos de Frank Quitely a partir del año 2000 hasta 2002.

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Portada de The Authority #1 por Bryan Hitch y Paul Neary, mayo de 1999. Fuente.

Un aspecto interesante de Authority es que mostraba abiertamente la relación homosexual de dos de sus miembros, Apolo (trasunto de Superman) y Midnighter (trasunto de Batman), llegando a adoptar a un bebé. Pocos personajes hasta entonces habían mostrado su tendencia sexual fuera de la heterosexualidad. En DC comics encontramos a Extraño en 1988, envuelto en medio de una polémica transmisión del VIH por parte de un villano y siendo criticado por representar un estereotipo gay muy manido, pero ningún personaje de primera fila. Marvel había prohibido los homosexuales por mandato de Jim Shooter en los 80, pero en 1992 se desveló a Estrella del Norte como gay en las páginas de Alpha Flight #106 (Scott Lobdell y Mark Pacella, marzo de 1992), otros personajes de Marvel, como Mística y Destino, mostraban insinuaciones a su relación, pero nunca explícitamente.

Un grupo muy diferente de superhéroes dentro de Wildstorm fue la Liga de los Hombres Extraordinarios de Alan Moore y Kevin O’Neill. El cómic trataba sobre superhéroes de la Era Victoriana en Gran Bretaña utilizando a personajes clásicos de la literatura fantástica como el Capitán Nemo, el Hombre Invisible o Mr. Hyde. Cuenta con varias etapas, un volumen 1 (marzo de 1999 a septiembre de 2000) y un volumen 2 (septiembre de 2002 a noviembre de 2003). Aunque posteriormente se publicarían varias continuaciones: Black Dossier (2007) y la serie Century (2009 a 2012) ya situada en el siglo XX, sin tanto éxito.

Junto a la Liga, Moore también escribió durante estos años cómics con reminiscencias de superhéroes en la línea ABC (America’s Best Comics) dentro del sello Wildstorm, que en esa época aun formaba parte de Image (actualmente es parte de DC). Tom Strong (con Chris Sprouse) homenajeaba a los héroes del pulp, Top 10 (con Gene Ha) hablaba de una comisaría de policía en una ciudad donde todo el mundo es un superhéroe y Promethea (con J. H. Wiliams III), trataba de una superheroína greco-egipcia que servía de excusa a Moore para hablar sobre sus creencias en la magia y el paganismo.

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Portada de League of Extraordinary Gentlemen #1 por Kevin O’Neill y Benedict Dimagmaliw, marzo de 1999. Fuente.

En el año 1998 Marvel consiguió por fin reorganizarse tras la bancarrota de 1996. Entre otras cosas nombró a Joe Quesada editor de la línea llamada Marvel Knights que publicaría revistas de personajes más duros y dirigidas a adultos como Daredevil, Pantera Negra o el Castigador. Quesada incorporó a autores de renombre como Kevin Smith, Garth Ennis o Steve Dillon lo que supuso un éxito de ventas y que en el año 2000 se le nombrara editor en jefe substituyendo a Bob Harras. Harras había sido el responsable del auge de los mutantes durante los 80 y 90, copiando su estilo en series como los Vengadores, pero tuvo que lidiar con la crisis de 1996, lo que le pasó factura.

Además de Marvel Knights y la potenciación de los tomos recopilatorios, Quesada ideó junto a Bill Jemas, Brian Michael Bendis y Mark Millar la exitosa e influyente línea Ultimate, la cual marcaría el cambio de siglo. En esta nueva línea Marvel habría nuevos orígenes y personalidades para los personajes, una actualización a la forma narrativa cinematográfica (al estilo de Authority) y la eliminación de la continuidad, lo que supondría una reinvención de Marvel al estilo de Crisis en Tierras Infinitas, pero manteniendo la continuidad anterior de forma paralela.

Fue todo un éxito de ventas y de crítica. Los personajes eran más jóvenes, más frescos, con un lenguaje más adaptado a la manera de hablar de principios de los 2000 y no tan estereotipados como en la línea normal de Marvel. Además el texto se redujo en favor de una mayor espectacularidad gráfica. Hay que tener en cuenta que el volumen de los bocadillos de texto, de apoyo y de pensamiento hasta el momento era muy grande, teniendo además que explicar multitud de sucesos que pasaban en otras colecciones o que habían ocurrido años atrás. Todo esto se evitó en la línea Ultimate. En octubre de 2000 empezaría la publicación de Ultimate Spider-Man con Brian Michael Bendis y Mark Bagley, en febrero de 2001 seguiría Ultimate X-Men con Mark Millar y Adam Kubert y, finalmente, The Ultimates (la versión de los Vengadores de este universo) vería la luz en marzo de 2002 con Mark Millar y Bryan Hitch.

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Portada de The Ultimates #1 por Bryan Hitch y Paul Mounts, marzo de 2002. Fuente.

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