100 años de superhéroes (I)

Imagen: Portada de la revista All-Story Weekly número 9 de agosto de 1919, donde se inició el serial «La Maldición de Capistrano» que presentó al personaje del Zorro por primera vez. Fuente.

En los últimos años ha habido una gran proliferación de películas, series y videojuegos basados en superhéroes, sobre todo en los personajes de las dos grandes editoriales norteamericanas Marvel y DC. Aunque existen seriales de radio, series de televisión y películas de estos personajes desde hace décadas la mayor parte de sus aventuras han sucedido, y suceden, en el llamado noveno arte, el cómic. En este artículo vamos a hacer un repaso de la historia de los superhéroes estadounidenses desde el que podemos considerar el primer personaje del género como tal, el Zorro, y centrados más en el medio de la historieta. No es un resumen exhaustivo y seguro que nos dejamos a grandes autores en el tintero, pero intentaremos hacer justicia a los grandes, y bajos, momentos de este género.

Precedentes

Tal vez el primer precedente sea la Pimpinela Escarlata de 1903, un noble británico que usa una doble identidad para ayudar a aristócratas franceses a librarse de la guillotina durante el Terror de la Revolución Francesa. La Pimpinela incluye convenciones del género súper-heroico tales como una identidad secreta, el disfraz y una habilidad e ingenio superior para derrotar a sus enemigos, pero no podemos llamarle aún superhéroe ya que el propósito de sus acciones es muy particular y centrado en un momento histórico concreto.

En 1919 el Zorro (creado por Johnston McCulley) hizo su aparición prácticamente copiando las premisas de la Pimpinela, ya dentro de las revistas pulp y no en un ámbito literario, por tanto más accesible al público en general y a las clases obreras en particular; debido a su influencia posterior en todos los superhéroes y su apertura a la cultura popular, lo hemos elegido como iniciador del género. Además el Zorro tiene un sentido más universal de la justicia que la Pimpinela (aunque también es más abstracto en sus motivaciones, como la mayoría de personajes del género). En las historias pulp y las tiras de prensa existían personajes muy variopintos que influyeron en los primeros proto-superhéroes tales como John Carter (Edgar Rice Burroughs, 1911), Tarzan (Edgar Rice Burroughs, 1912), Buck Rogers (Philip Francis Nowlan, 1929), Dick Tracy (Chester Gould, 1931), Dan Dunn (Norman Winfield Marsh, 1933) o Flash Gordon (Alex Raymond, 1934).

A partir de este punto, junto a las historias de misterio, eróticas y de aventuras, surgen héroes que copian el estilo del Zorro mezclado con la acción en entornos exóticos (en la Tierra o fuera de ella) o combatiendo el crimen organizado al estilo del pulp como la Sombra (Walter Gibson, 1931), Doc Savage (Henry Ralston y John Nanovic, 1933), Mandrake (Lee Falk, 1934) o el Hombre Enmascarado (Lee Falk, 1936).

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Primera tira dominical del Hombre Enmascarado (The Phantom), 28 de mayo de 1939. Por Ray Moore. Fuente.

La Edad Dorada (1938-1945)

Durante los años 60 del siglo XX se acuñó este término comparando la producción de cómics de esa época con la que había existido durante los años de la II Guerra Mundial, muy prolífica, y que se denominó retrospectivamente Edad Dorada de los cómics (siendo los años 60 una nueva era de bonanza y acabando denominándose Edad de Plata).

En junio de 1938 se publicó el Action Comics número 1 con la primera aparición de Superman. Superman acabaría de trasformar los superhéroes de los años 30 en la imagen icónica que tenemos hoy en día de ellos. Recoge todas las influencias de las décadas anteriores, pero añade una gran cantidad de fantasía con poderes sobrehumanos, un origen en otro planeta y un uniforme ajustado de colores básicos y vistosos (influido por los forzudos circenses). Los creadores de Superman fueron Jerry Shiegel y Joe Shuster y, entre otras influencias como el pulp o la novela negra, basaron muchos de los poderes marca de la casa del personaje en el protagonista de la novela Galdiator (Philip Wylie, 1930). Superman se convirtió en un éxito de ventas y obligó al resto de editoriales a crear personajes que lo imitaran, además de incentivar en la propia editorial madre (National Publications, que acabaría llamándose DC comics) crear derivados como Batman (Bob Kane y Bill Finger, 1939), Flash (Gardner Fox y Harry Lampert, 1940), Green Lantern (Martin Nodell, 1940) o Wonder Woman (William Moulton Marston, 1941). Por su parte Fawcett Comics crearía en 1940 el personaje más vendido de la época, un imitador casi total de Superman, el Capitán Marvel (actualmente llamado Shazam por un tema de derechos) de Clarence Beck y Bill Parker. Mes tras mes aparecían nuevos personajes.

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Portada de Action Comics #1, junio de 1938. Por Joe Shuster. Fuente.

El ambiente prebélico en los EUA y la guerra en Europa influyeron mucho en las historias de los cómics de superhéroes. La editorial rival de National, Timely (posteriormente Atlas y más adelante Marvel Comics) creó a personajes como Namor, el hombre submarino (Bill Everett, 1939), la Antorcha Humana original (Carl Burgos, 1939) y el Capitán América (1941) de Joe Simon y Jack Kirby. La segunda guerra mundial estaba muy presente en el trasfondo de los cómics de la época así como el espionaje, los saboteadores y el crimen organizado. El nazismo era ridiculizado igual que los japoneses, llegando a ser marcadamente racistas en sus representaciones (con frases como “Slap a Jap” – abofetea a un ‘japo’, común en carteles de la época) a partir de la entrada de los EUA en la contienda.

The Spirit (1940) de Will Eisner, por su parte, continuó la estela de los héroes pulp, sin derivar en las historias más fantasiosas de los superhéroes. El resto de personajes se caracterizaban por llevar trajes ajustados de colores algo chillones, al estilo de Superman, y utilizar sus habilidades (sobrehumanas o no) para combatir el crimen, las injusticias y, en gran medida, el nazismo y los japoneses. Los superhéroes de los años 30 y 40 utilizaban métodos bastante expeditivos para lidiar con los problemas, siendo relativamente violentos y, en ocasiones, amorales. El público objetivo no eran niños ni adolescentes, sino soldados y adultos y en consecuencia las historias (influidas por el pulp) trataban asuntos bastante sórdidos.

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Portada de Action Comics #58, marzo de 1943. Por Jack Burnley. Fuente.

Aunque los superhéroes eran predominantes en los cómics de la época, los títulos de humor y de temática adolescente seguían teniendo gran representación. Los cómics de aventuras como el Príncipe Valiente (Harold Foster, 1937), Flash Gordon o Tarzan, también continuaron publicándose sin demasiados altibajos.

El crepúsculo de los héroes (1946-1955)

Tras la guerra las ventas empezaron a mermar para el cómic de superhéroes, los personajes estaban muy ligados a la II Guerra Mundial y a la época de crisis de los años 30 y 40, una vez finalizado el conflicto, cuando mejoraron las condiciones de vida, la población estadounidense empezó a demandar otro tipo de historias. Paradójicamente el género bélico se volvió más popular (tal vez porque representaba más de cerca las vivencias de los veteranos de guerra) y subieron con mucha fuerza la ciencia ficción (paralelamente a la literatura del mismo género), la serie negra y el terror. Otros géneros en auge incluyeron el romance y el lejano oeste.

En 1953 un subcomité del senado de los Estados Unidos de América dirigió una investigación para abordar el problema de la delincuencia juvenil, en auge durante la década. Influidos por el libro La seducción del Inocente (1954) de Fredric Wertham, que afirmaba una relación directa entre los cómics y el comportamiento violento y delictivo de los jóvenes, acosaron a las editoriales que publicaban historias de terror y suspense, que fueron llevadas a juicio.

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Portada de Crime SuspenStories #22, mayo de 1954. Por John Craig. Fuente.

Las historias de superhéroes también fueron acusadas de promover la violencia y finalmente se creó el Comics Code Authority (CCA, 1954) un organismo que censuraba y aprobaba los cómics publicados en esa época acorde a un estricto código moral. Aquellos cómics que no llevaban el sello de la CCA en portada cayeron en picado, en consecuencia editoriales como EC Comics cancelaron toda su línea de cómics de horror y otras se autocensuraron para poder llevar el mencionado sello.

A finales de 1954 casi todas las series de superhéroes habían sido canceladas excepto las más icónicas de DC que incluían a Superman, Batman y Wonder Woman. Aun así durante los años 50 los guiones de estas historias representaban a los personajes de forma bastante ridícula, poco definidos y con un elenco de secundarios cada vez más numeroso y absurdo.

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Portada de Batman #97, febrero de 1956, por Win Mortimer. Fuente.

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