La política estadounidense en Oriente Medio

Imagen: Soldados estadounidenses en Irak en 2009.

La Guerra del Golfo de 1991 es un momento histórico importante, implica una re-fundación de la situación del mundo árabe. El orden mundial había cambiado tras el fin de la Guerra Fría y el siglo XX corto de Hobsbawm había terminado, empezaban los fundamentos del siglo XXI que ahora nos toca vivir. La hegemonía de los Estados Unidos de América (EUA) era patente y se pretendía realizar una política pro-americana en Oriente Medio, acorde a la opinión de Israel de la situación estratégica de la región.

En el escenario bélico resultante de la guerra los EUA no permiten, por tanto, que las Naciones Unidas negocien una salida diplomática a la invasión de Kuwait por Irak. De esta manera se elige una vía de conflicto que buscaría sustentar las bases del nuevo orden mundial: toda la comunidad internacional debía seguir a los EUA.

Tras la guerra se establece una nueva división del mundo, de forma arbitraria, entre estados legítimos y estados «bastardos», «canallas» o «parias» (Rogue states). Casi todos estos estados son musulmanes, excepto Corea del Norte y Venezuela; como ejemplos notables tenemos a Irán, Sudán, Siria, Afganistán, Irak o Libia. George W. Bush en 2002 utilizaría la expresión «Eje del Mal» para referirse a algunos de estos estados dándole un toque fundamentalista cristiano. Así pues tenemos una serie de estados aliados y clientes de los EUA y otros que no se doblegan ante el poder hegemónico de la potencia. No hay otros criterios de división ya que países que no respetan los derechos humanos, no tienen libertad de mercado o no son democráticos están dentro del primer grupo de países respetados.

El tratamiento que reciben estos estados es acorde a su acomodamiento a la política estadounidense. El foco de atención de los cambios de gobierno se centraba en si aceptaban a los EUA como líder no en si había un cambio de poder o de reparto de la riqueza. En otras palabras, en plegarse a las líneas políticas y estratégicas internacionales de los EUA, mientras en el interior de las fronteras todo podía seguir igual. Ejemplos de estos cambios se produjeron en Sudán y Libia.

A partir de 1991 se crea una red militarizada en la región centrada en Arabia Saudí y en los Emiratos del Golfo Pérsico. Los EUA quieren garantizarse un estado de clientelismo de las elites gobernantes y que estas sean incapaces de defender sus intereses regionales sino los de los estados unidos. Hay que entender que en estas sociedades hay una relación de gran desigualdad y falta de legitimación entre los gobernantes y la población. Los primeros monopolizan el bien público y los sistemas económicos del país, además de existir una gran corrupción y prácticas de tortura. Todos estos factores son generadores de radicalización entre la población.

Los regímenes resultantes son muy vulnerables y no pueden mantener el poder sin el apoyo externo de los EUA. Ese apoyo se da de forma política, diplomática, económica y militar, además de una concesión de impunidad para la gestión interna de la sociedad creando un proceso creciente de vulneración de los derechos humanos. Un claro ejemplo es el Egipto de Mubarak.

Mientras tanto en Occidente se produce una enajenación respecto a los problemas de Oriente. Tras la Guerra Fría se desplaza el eje del conflicto de la ideología a la cultura, mediante una revisión del culturalismo colonial del XIX y el orientalismo. Se plantea una superioridad cultural de la hegemonía, todo lo autóctono es anti-moderno, y se establece el modelo europeo como universal y civilizado. Así se desvía el problema político a una incompatibilidad de culturas y un choque con «bárbaros», «salvajes», «retrasados» y «razas». No se piensa en responsabilidades políticas sobre las decisiones tomadas y sus consecuencias si no en el choque religioso y cultural, en factores inherentes en el Islam como los productores de los problemas. El principal instigador de estas tesis es Samuel Huntington con su libro El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial.

La información occidental esta muy impregnada del culturalismo y se produce un procesos de des-humanización de los musulmanes que junto al terrorismo justifica la guerra por encima de los derechos humanos. La guerra, el culturalismo, la tortura y la corrupción radicalizan a su vez las posturas de los terroristas generando un sistema que se retro-alimenta.

Existe también una des-localización de la tortura en Occidente, llevando a prisioneros a países árabes para que sean torturados allí, juntamente a leyes anti-terroristas en los países clientes que sirven para aplicarlas a cualquier disidente político local. Además los líderes de los nuevos estados surgidos de las guerras son ciudadanos americanos inmigrantes de esos países que son colocados en el gobierno para favorecer los intereses norteamericanos.

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