Heidelberg, ciudad del paisaje romántico

Imagen: Piedra conmemorativa a Eichendorff en Heidelberg en el Philosophenweg (Paseo de los universitarios).

«In dieses Märchens Bann verzaubert stehen
Die Wandrer still. – Zieh weiter, wer da kann!
So hatten sie’s in Träumen wohl gesehen,
Und jeden blickt’s wie seine Heimat an,
Und keinem hat der Zauber noch gelogen,
Denn Heidelberg war’s, wo sie eingezogen.»

– Joseph Freiherr von Eichendorff (1788-1857) studierte 1807-1808 in Heidelberg.

«Por este hechizo de cuento de hadas déjate encantar.
Los viajeros se detuvieron ¿quién podría continuar?
Así lo habían visto en sus sueños,
y a todos les parecía su hogar,
y ninguna magia nunca ha mentido,
se fueron a Heidelberg a mudar.»

– Joseph Freiherr von Eichendorff (1788-1857) estudió de 1807 a 1808 en Heidelberg.

Heidelberg, junto a Dresde y Berlín, se puede considerar uno de los centros del Romanticismo Alemán. Es aquí donde el interés romántico pasa por las leyendas, la historia y el saber popular. Hölderlin llamaba Madre (Mutter) a Heidelberg, y fue tal vez cierto, ya que en la ciudad podemos observar, en cierta medida, el nacimiento del nacionalismo alemán.

Es la vinculación de la tierra natal, el paisaje, con la propia alma, el re-descubrimiento de la historia pasada, de lo que nos une, del recuerdo y, en buena medida, de lo irracional que hay en todos nosotros. Observar el paisaje, lo exterior, era necesario para entenderse a uno mismo, lo interior. Eichendorff creó allí una poesía donde el paisaje es reflejo del alma y Novalis buscó en ese mundo externo la ascensión mística del alma del poeta.

Ya en el siglo XVIII empieza el interés por el paisaje en Alemania, pero no será hasta el XIX cuando, tras las guerras contra Napoleón, ensalcen el Volkgeist, el espíritu común que emana de la tierra, que cala las almas de sus habitantes y se refleja en el paisaje. Gracias al auge del patriotismo y el nacionalismo fruto de las Guerras Napoleónicas se ve en esos cuentos del pasado una manera de restaurar algo que se había perdido, una reacción contra las ideas de la Revolución y a la vez una resistencia contra el invasor extranjero.

La revista Zeitung für Einsiedler (Periódico para eremitas), el equivalente de Heidelberg del Athenäum de Jena, recopila canciones populares e inicia el periodismo político moderno al oponerse a Napoleón en sus textos. Los conocidos hermanos Grimm iniciaron la lingüística y filología alemanas y elaboraron, a partir de tradiciones populares, sus famosos cuentos. La mitología nórdica, la nostalgia y la Edad Media caracterizan al grupo de autores de Heidelberg: Arndt, Arnim, Brentano, Creuzer, Görres, Eichendorff, Motte-Fouqué y Werner [1]

El Romanticismo se expresa como una crisis de consciencia provocada por la Revolución Industrial y la Revolución Francesa, un intento de conciliar la vida moderna de la Ilustración con todo lo anterior. Muestra lo indefenso del individuo frente a la potencia de la máquina y la abrumadora razón y es la sensibilidad de ese individuo (Die Leiden des Jungen Werther) el punto de partida. Es en Alemania entre 1793-1797, en Berlín y en Jena con Shakespeare’s Behandlung des Wunderbaren y Der blonde Eckbert, cuando se da el inicio de una tendencia a sintetizar lo nuevo y lo moderno [2], el primer Romanticismo, el Frühromantik, tras el Sturm und Drang. Entre los años 1806-1808 se produce la cumbre de ese Romanticismo en Heidelberg cuando Arnim y Brentano publican Des Knaben Wunderhorn (una recopilación de antiguas canciones).

Heidelberg destaca en desarrollar el canon romántico de las Geisteswissenschaften (Humanidades), muchas veces con personalidades contradictorias, que intentan encajar la razón y la emoción. La tradición neo-platónica les caracteriza, a veces, queriendo utilizar los nuevos avances de la Ilustración junto a las ideas alquímicas medievales, por ejemplo. Ligado a éstos está el estudio del símbolo, de la lengua, la fonética y del significado propio de Creuzer y también de los Grimm [3].

En definitiva, podemos considerar a la ciudad de Heidelberg como núcleo de la segunda fase del Romanticismo Alemán, el Hochromantik, entre 1800 y 1815. Posteriormente, gracias al esplendor de ciudades como Heidelberg, el Romanticismo alcanzaría gran popularidad, pero ya con menos vitalidad, hasta 1835 con el Romanticismo Tardío, el Spätromantik.

Podemos ver que hay una doble vertiente en la poesía romántica del paisaje: Una interior, de acercamiento a lo divino, del deseo de lo ideal, de Dios y de la consciencia de la imperfección del mundo (Novalis, Hölderlin); mientras hay otra vertiente que percibe ese ideal en la naturaleza, el pueblo y las gestas, más grandes que la vida misma, que éste puede realizar (Eichendorff).

Eichendorff creía que el ser humano debía encontrar la felicidad en el entendimiento de la naturaleza y de sus cambiantes estados de ánimo y aspecto. Los viajes, el amor y la melancolía son partes de un ansía humana que en realidad lo que busca es la paz interior. Aunque muy relacionado con la poesía de otros románticos, Eichendorff parece mucho más positivo en su angustia existencial.

No es el caso de Hölderlin, cuya esquizofrenia afectó en gran medida a su poesía de tintes muy pesimistas. Sus primeras obras cantan a la inocencia del mundo natural mientras que al final de su vida, tras verse también afectado por la muerte de seres queridos, afirma que el mal y la corrupción también existen en la naturaleza y el ser humano es un producto de ellos. Novalis en cambio observa su entorno desde un punto de vista místico, casi mágico. Su objetivo es crear, sintetizar, una armonía a partir de lo material y lo espiritual, de lo natural y de lo divino.

Es el romántico quien cultiva más profundamente el género del paisaje en literatura y pintura, y es en Alemania donde residen sus más ilustres autores. El sentimiento religioso, la alegoría, el interés por lo sobrenatural y la búsqueda de lo celestial empapan las obras de Caspar David Friederich y de Carl Gustav Carus [4]. En conclusión podemos afirmar que la combinación de la cultura, la religiosidad y las peculiaridades paisajistas alemanas producen un sentimiento diferente, una mística nada desdeñable y la ciudad de Heidelberg se convierte en una visita obligada para entender qué fomentó las pasiones románticas del siglo XIX.

[1] Gras Balaguer, M. (1983). El Romanticismo como espíritu de la modernidad. Barcelona: Montesinos, p. 68-71.

[2] Jamme, C. et al. (1998). El movimiento Romántico, Madrid: Akal, p. 12-15.

[3] Ferraris, M. (2002). Historia de la Hermenéutica, México: Siglo XXI, p. 112-114.

[4] Martínez, L. (2007). El paisaje: el Romanticismo como búsqueda de lo sobrenatural, de lo trascendental, de la divinidad en la naturaleza. Valencia: UPV.

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