Asia y sus estructuras agrarias

Cereales y sociedad del año 500 al 1500

La dieta en Asia durante la edad media tenía unas características bastante distintas de la dieta europea, pero que en parte perduran hoy en día. En el continente asiático prácticamente el cien por cien de las calorías provenían del arroz entre los siglos VI al XVI. Dentro de sus alimentos no encontramos producto lácteo alguno y el consumo de carne es muy bajo, sólo el pescado era importante en algunos casos (como el de Japón). Las proteínas debían de proceder, por tanto, de otra fuente, en este caso de la soja, y las bebidas preferidas eran el té y los destilados del arroz.

El cultivo de regadío predominaba en el paisaje rural asiático y tenía un rendimiento distinto de los cultivos europeos, de secano y basados en el trigo. Mientras que el trigo producía, según las condiciones técnicas de entonces, 600 Kg por Ha, el arroz llegaba a 2300 Kg. A su vez el trigo requiere una cuarta parte de la cosecha para su renovación, mientras que el arroz sólo requiere una centésima parte. De esta manera la cosecha neta de trigo se situaba en 450 Kg/Ha mientras que la de arroz en 2277 Kg/Ha. Gracias a una cuidada selección de semillas entre los siglos X y XII, se podían realizar dos cosechas anuales.

El arroz soporta excelentemente el almacenaje, no fermenta sino que mejora de un año a otro y por tanto permitía una mejor administración y gestión de las crisis. Hay que tener en cuenta que 1 Ha de trigo alimentaba a una persona, mientras que 1 Ha de arroz lo hacía para ocho. El arroz se complementaba con sorgo o caña de azúcar. Al ser un cultivo que requiere una alta intensidad de trabajo y tiempo, así como un control del agua, se produjo una sociedad donde el trabajo era colectivo, que requería una alta inversión de capital y producía un elevado control social. La aldea era la unidad administrativa base contra la familia que lo era en el mundo europeo.

El sistema de regadío oriental (según Wittfogel) implicaba una gran disciplina y gobierno centralizado, un despotismo hidráulico de jerarquía piramidal regulado por un puñado de burócratas con una gran masa de campesinos pobres. El gobierno imperial chino gobernaba por la «Gracia del Cielo» y el emperador era el representante de la «Armonía». Mientras existiera esa armonía, esa virtud, el emperador podía gobernar, en el caso de que hubiera guerras, terremotos, hambrunas o desastres de cualquier tipo el emperador podía ser depuesto.

El imperio chino se gobernaba mediante los mandarines, más de diez mil burócratas que administraban el imperio. El poder era básicamente arbitrario y se regía por muy pocas leyes. Los mandarines regulaban el calendario, las construcciones, las canalizaciones e impartían justicia. Les estaba prohibido trabajar con las manos y practicaban el confucionismo. El cargo no era hereditario y se elegía mediante oposiciones estatales en Pekín cada cierto tiempo, pero en cambio sí era vitalicio.

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